jueves, 4 de abril de 2013

DÍA INTERNACIONAL DEL LIBRO INFANTIL (2 de abril). Un poco de historia



“Recuerdo como si fuera ayer el día en que llegó jadeante a la puerta de la posada, seguido por alguien que le llevaba su baúl de a bordo en una carretilla; era un hombre alto, grueso, de tez curtida, con una coleta embreada que le caía sobre los hombros del sucio capote azul; tenía las manos callosas y llenas de cicatrices, y las uñas rotas y sucias, y en la mejilla la cicatriz de un sablazo, de color blanco sucio y lívido. Recuerdo cómo se detuvo a contemplar la caleta, silbando bajito, y después empezó a canturrear aquel viejo aire marinero que tantas veces repetiría después: “Quince hombres van en el cofre del muerto,
                                                                          ¡ja, ja, ja, y una botella de ron”[...]

El fragmento pertenece a un clásico de la literatura juvenil, La isla del tesoro, de R.L. Stevenson.


Para mí –independientemente de lo que puedan decir los diccionarios- es “un clásico” un libro que puede leerse por todos los públicos en todas las épocas de la historia y cada uno encuentra algo que le fascina y que le emociona, aunque no sea lo mismo para todos ni en todas las épocas.

Aunque hay quien remonta el nacimiento de la literatura infantil y juvenil en España a El Libro de las bestias, de Ramón Llull - por ejemplo, el director de la Biblioteca Juvenil Internacional de Munich, dijo en 1972: “El libro de los animales, de Llull, y El Conde Lucanor son los primeros libros infantiles europeos”-, los expertos no se ponen de acuerdo. Están quienes se refieren a los aleluyas y silabarios como primeros libros de imágenes ilustrados, o hablan del Orbis Pictus, publicado en 1657, (nombre e ilustración de las principales cosas que existen en el mundo. Por ejemplo, en la viñeta 136 aparecen 11 juegos infantiles de la época - el siglo XVII- entre ellos: los bolos, la peonza, el columpio o los zancos) como el primer libro infantil de la Historia.


Y qué es literatura infantil y juvenil?¿La escrita expresamente para jóvenes? ¿La consumida por ellos?

Mi parecer es que literatura infantil y juvenil son los libros que los niños han adoptado como propios y que, además, siguen interesando a una generación tras otra independientemente de la época o del movimiento literario que rija en ese momento.

Algo que comparte casi todo el mundo es que “la invención de la niñez” es cosa del siglo XIX. Antes, los niños eran pequeños ciudadanos, hombres y mujeres en pequeño, que vestían igual que sus padres/madres (hecho que se puede ver en la moda y en los cuadros relativos a siglos anteriores) y se iniciaban en las actividades que luego les corresponderían: la guerra y la caza o las labores domésticas de bordar y tejer.

En el siglo XIX empieza a hablarse de las niñeras, los cuartos de jugar, los periódicos y revistas infantiles o los “children´s books”.

En España, los primeros cuentos infantiles, publicados por Saturnino Calleja,- con formato cuento- aparecen en 1884. Todo el mundo habrá oído la frase: “Tienes más cuento que Calleja”. Antes, la escritora Fernán Caballero, seudónimo de Cecilia Bölh de Faber, había publicado en el periódico infantil “La educación pintoresca” algunos de sus cuentos de encantamientos, p.e. “El pájaro de la verdad”.

Se dice que la lectura surge como medio de moralización. “Los primeros libros infantiles surgieron para formar buenos ciudadanos”. De hecho la máxima- tanto en los periódicos como en los libros infantiles- es la de “instruir deleitando”.

En 1891, Carlos Frontaura, gran conocedor del mundo editorial y experimentado en empresas periodísticas, escribe en “La edad dichosa”: “Quisiera poder en cada número recomendaros la lectura de buenos libros, propios para vuestra edad, pero estamos en España y estos libros son escasos”. Lo cierto es que antes de 1900 apenas hay anuncios de cuentos en los periódicos salvo “Cuentos de la aldea”, de Doña Faustina Sáez de Melgar y “Cuentos de niñas”, de Doña María del Pilar Sinués, ambos de la editorial Bastinos, de Barcelona, citados en la publicación “Los Niños”  (1883). Juegos infantiles como el tejo, la comba, la gallina ciega, el milano, el aro, la peonza, la linterna mágica o la cometa aparecen ilustrados con litografías o grabados.

A partir de 1900, la oferta de cuentos será amplia y variada: autores ya consagrados como escritores para adultos, publicarán en revistas infantiles p.e José Mª de Pereda y “El raquero”, que luego aparece en “Escenas Montañesas”,
Emilia Pardo Bazán, Armando Palacio Valdés (“El pájaro en la nieve”) entre los españoles, y otros extranjeros, traducidos o adaptados (Andersen, Grimm, el canónigo Schmid (“Genoveva de Brabante”), las novelas de Salgari en forma de folletín...

También es extensa la lista de libros infantiles y juveniles ofrecidos por las editoriales en anuncios, o que se regalan como premio a los ganadores de los concursos. Se sortean obras de Salgari, se regala “Corazón”, de Edmundo de Amicis, el romancero de El Cid...

En 1914 surge el semanario “Muchachos”, que durará cuatro años. Luego, tras la I Guerra Mundial y hasta la Guerra Civil Española (1919-1936), es el período más fecundo en cuanto a calidad y cantidad de revistas, autores e ilustradores. Sus secciones incluyen cuentos, que podían ser fantásticos, de viajes y aventuras; historietas, chistes, curiosidades, concursos, pasatiempos y colaboraciones infantiles. “Pinocho”, definida como “la gran revista de los años 20 españoles” nace en 1925, dirigida por el ilustrador Salvador Bartolozzi (el de Pinocho y Chapete o Pipo y Pipa).  “Macaco” surge en 1928, dirigida por K-Hito, seudónimo de Ricardo García López, considerado como el “verdadero creador del cómic español”;  “El perro, el ratón y el gato”, en 1930, dirigida por Antoniorrobles, “el primer escritor infantil” – a juicio de Ramón Pérez de Ayala. Y la revista Mickey, de la editorial Molino, en 1935.

Junto al cine, la historieta y el cómic ocuparán cada vez mayor espacio dentro de los periódicos infantiles. De hecho, el humor gráfico tendrá un gran desarrollo durante los años 20 y 30. Pero eso no quiere decir que desaparezcan los cuentos y las narraciones fantásticas inventados por Manuel Abril, Antoniorrobles [“26 cuentos infantiles en orden alfabético”, en 1930, “Hermanos Monigotes”, Premio Nacional de Literatura, en 1932, etc. Aunque, ya exiliado en Méjico, Antoniorrobles (1895-1983) confesará: “Había escrito cientos de cuentos para niños, pero no había leído ninguno; no conocía Caperucita, ni Blancanieves, ni Corazón”. En su infancia, reconoce no haber sido aficionado a la lectura: “ni fui travieso, ni fui estudioso; ni deportista, ni beato. Me gustaba, allá en El Escorial, pasear por el campo”], Magda Donato, Mª Teresa León o Mª Luz Morales. Ilustrados, a su vez, por exquisitos dibujantes, como: Bartolozzi, Penagos o Mihura (“El perro Trespelos”).


Por entonces, además de la citada Editorial Calleja, han aparecido, en 1923, la editorial Juventud y, en 1935, la editorial Molino. Precisamente, en “El libro de las niñas”, publicado por Juventud en 1935, aparece una interesante lista de libros –clasificados por edades, de 8 a 18 años, en distintos periodos- “que podrían servir de base a una biblioteca” femenina. Junto a los tradicionales Cuentos de Grimm, de Andersen, de Perrault, de Madame  D´Aulnoy, de Schmid, de Madame Leprince de Beaumont (“La Bella y la Bestia”), del Padre Coloma (“Ratón Pérez”), otros como “Maya, la abeja” (1912), de Waldemar Bonseis que, mucho más tarde, hemos conocido en forma de dibujos animados; Emilio y los detectives, de Eric Kästner; Bibí, de Karin Michaelis, o Sin familia, de Héctor Malot, best sellers infantiles/juveniles en  décadas más recientes. Entre 10 y 13 años, la recomendación es “historias infantiles y adaptación de obras maestras” como “Heidi”, “Corazón” o “El maravilloso viaje de Nils Holgersson a través de Suecia”, de la premio Nobel Selma Lagerloff. De 13 a 15 años, “novelitas y relatos de aventuras y viajes”, como las obras de W. Scott, J. Verne o Ch. Dickens, Los viajes de Gulliver, La isla del tesoro o Las minas del rey Salomón. De 15 a 18 años, “obras clásicas, novelas, biografías y poesía”, alguna incluso en inglés (“en el caso de que se conozca o estudie la lengua inglesa”) o francés (“es de suponer que entre quince y dieciocho años una señorita española conoce bastante el francés”) como: “Flor nueva de Romances viejos”, de Menéndez Pidal, “Campos de Castilla”, de Antonio Machado, “Rimas”, de Bécquer, “Romancero gitano”, de Lorca, “Las cien mejores poesías de la lengua castellana”, “La Odisea”, “La Eneida”, “Don Quijote de la Mancha”, “Sotileza” y “Peñas Arriba”, “La esfinge Maragata” y “Altar Mayor”, “Guerra y Paz” o “La vida de las abejas”, de Maeterlink. Y además, “Todas las novelas publicadas por La Novela Rosa, y otras colecciones similares, especialmente dedicadas a la juventud femenina”. P.e. “La niña de Luzmela” y “Dulce nombre”, de Concha Espina;  “Kety, amor y dinero”, de L.H. Porter (la de Mary Poppins); “Los amores de Rosa”, de Berta Ruck; “Los enigmas de María Luz”, de Juan Aguilar Catena; “La Pasajera”, de Guy de Chantepleure o “Papaíto piernas largas”, de Jean Webster. 


En la revista Mickey se anuncia la serie Popular Molino: “interesantísimas aventuras de deportes, detectives, piratas, indios, cowboys y mineros”, con héroes como Nick Carter, Diamond Dick o Buffalo Bill. La editorial Molino sigue en nuestros días editando a: Julio Verne, Zane Grey, Perry Mason, Agatha Christie, o Sherlock Holmes.

La misma revista recomienda -con motivo de la Feria del Libro del 23 de abril- adquirir una serie de libros de aventuras clásicas de la literatura juvenil como: Dos años de vacaciones, La isla misteriosa, El último mohicano o Robinson Crusoe.


Por otro lado, en forma de folletín a pie de página, o de aventura serializada, e incluso, en forma de cómic, se darán a conocer obras de Salgari, Mayne-Reid, Oliver Curwood o Rider Haggard.

Guillermo el Travieso, de R. Crompton, héroe infantil por muchas décadas, aparecerá en “Mickey” en versión “continuará” y “Dos años de vacaciones”, de J. Verne, se publica en forma de historieta.

En cuanto al teatro infantil, desde Jacinto Benavente y su “El Teatro de los Niños” en 1909-10, donde se representará “El príncipe que todo lo aprendió en los libros” (un título clásico en la literatura infantil española), “Ganarse la vida” o “El nietecito”, adaptación del cuento de los hermanos Grimm “El abuelo y el nieto”, habrá que esperar al “Teatro de Pinocho”, que inaugurará “El duquesito de Rataplán”, de Bartolozzi o el “Teatro de Macaco”, que inaugurará “Los ojos del bosque”, firmado por “El caballero del cisne”, en los años 20-30.

Durante la II República, las bibliotecas serán uno de los medios para llevar la cultura a los rincones más lejados. En Cantabria, fueron 78 las creadas entre 1932 y 1933 en localidades fundamentalmente rurales (p.e. La Abadilla de Cayón, Bárcena de Ebro, Bolmir, Matamorosa, Prases, San Miguel de Luena, Soto-Iruz, Valdeolea, Voto, etc).

Eran dotadas con un fondo inicial de 100 volúmenes que incluían obras de la literatura universal y española, clásica y moderna, arte, ciencias aplicadas, historia, geografía, técnicas agrícola e industrial, educación, ciencias naturales, ensayos, sociología, lecturas infantiles, viajes, biografías, diccionarios, etc.

Los autores preferidos por los lectores infantiles -los más solicitados- eran los clásicos: Perrault, Grimm, Andersen, Hoffmann, Las mil y una noches, Homero y Dante, en ediciones extractadas para los niños; las novelas de aventuras de Swift, Poe, Mayne-Reid, Lagerlöf o Kipling; y biografías de hombres ilustres como Alejandro Magno, Gonzalo de Córdova, Cervantes, Napoleón, Franklin o Livingstone, con una clara preferencia por Miguel Servet.

Tras la Guerra Civil, en 1945, estos eran algunos de los títulos preferidos por los niños madrileños: en primer lugar, “Celia” y “Cuchifritín”, de Elena Fortún; luego, Mickey, de Walt Disney; Tarzán, de Burroughs; las novelas de Salgari; “Las aventuras de Pinocho y Chapete”, de Bartolozzi; los cuentos de Calleja, de Andersen y de Grimm; El libro de la selva, de Kipling; Las aventuras de Guillermo Brown, de R. Crompton; o los Cuentos de hadas, de la editorial Molino, entre otros.


 Dejemos para otro día los últimos sesenta años, a partir de 1950…



miércoles, 27 de marzo de 2013

WANGARI MAATHAI, LA MUJER "QUE PLANTABA ÁRBOLES"

El 21 de marzo se celebró el Día Internacional de los Bosques. Jean Giono, autor de El hombre que plantaba árboles, publicada hace 60 años, en 1953, nació un 30 de marzo. ¿Por qué no hablar, también, de “la mujer árbol”, Wangari Maathai…?


Sus padres pertenecían a la tribu kikuyu, “uno de los 42 grupos étnicos de Kenia”. Su clan, Anjiru, está relacionado con el liderazgo. Wangari en lengua kikuyu significa “de leopardo”. Así fue su vida: con los pies en el suelo, pero mirando al cielo; defendiendo sus convicciones, siendo pionera, luchando contra las discriminaciones de todo tipo.


En 2006 publica Unbowed (traducido en España como Con la cabeza bien alta), dedicado a sus padres  y a sus tres hijos. “Escribir estas memorias fue como trazar el viaje de unos sesenta años de mi vida. Me trajo muchos recuerdos y me hizo reflexionar sobre acontecimientos pasados y presentes, relaciones, amistades y colaboraciones, así como recuperar momentos de grandes dificultades y enorme alegría”.          

“Fui la tercera de seis hijos y la primera niña después de dos varones”…-comienzan sus memorias. “Cuando nací, la región de Ihithe era todavía exuberante, verde y fértil…”. Wangari nació en 1940 en una aldea del centro del país con el sagrado monte Kenia ante sus ojos. Kenia era entonces una colonia británica. “Cuando yo nací, nuestro mundo ya estaba desapareciendo…”.

Una actitud positiva ante la vida

“Ser la primera hija en una familia kikuyu implica convertirse en la segunda mujer de la casa. Haces lo mismo que tu madre y estás todo el tiempo con ella”.
Sus primeros alimentos fueron el jugo de plátanos verdes, la caña de azúcar, los boniatos y el cordero.
“Mi madre me cedió un pedazo de tierra de unos 5 metros cuadrados y me instruyó en la plantación y el cuidado de los cultivos. En la estación de lluvias, siempre me decía: “No holgazanees cuando llueve. Aprovecha para plantar algo…Lo que más me gustaba era cultivar los campos al atardecer. No hay nada más hermoso que cultivar el campo a la caída de la tarde…Siempre presté mucha atención a la naturaleza”.
Con once años va interna a la escuela Santa Cecilia hasta los quince. “Me encantaba aprender”.
En 1956 acude a un instituto para chicas en las afueras de Nairobi. Una de las religiosas, la madre Teresia, “despertó en mí un interés inagotable por la ciencia, primero por la química y, más tarde, por la biología”.  
Cuando se gradúa, en 1959, su país está en el camino para lograr la independencia de los británicos (esta se produce en diciembre de 1963). Se necesita gente formada para cubrir los puestos vacantes en la administración y en el gobierno. Por esa época, Estados Unidos crea un programa de becas para que estudiantes africanos puedan acceder a una educación superior. Ella será una de las 300 kenianas seleccionadas. Su destino es una universidad de Kansas. “Con 20 años me subí a un avión por primera vez en mi vida”.
En una cafetería de Indiana sufre el primer episodio de discriminación racial en Estados Unidos: no pueden sentarse en el local a tomar algo, sólo comprarlo y beberlo fuera. “Los cuatro años que pasé en Mount  me sirvieron para escuchar y aprender, pensar de manera crítica y analítica, y plantearme cuestiones, actitud que he mantenido desde entonces”.
Tras obtener la licenciatura en Ciencias, hace un máster en biología en la universidad de Pittsburg. Cuando está a punto de terminar, es entrevistada por representantes de la que luego sería la universidad de Nairobi para un puesto de ayudante de investigación de un profesor de biología. Y, sin esperar a la graduación, se incorpora a un proyecto de control de la langosta del desierto en Kenia. Pero cuando llega para trabajar allí, ya le han ofrecido su puesto a otra persona. Este es su primer contacto con la injusticia y la discriminación étnica.
Pero ella no deja de intentarlo, y consigue trabajo en la Facultad de Medicina Veterinaria. Allí, con el tiempo, pasará a formar parte del equipo docente y de investigación.
Trabajar duro, ayudar a los pobres y ocuparse de las personas más vulnerables de su país, serán sus objetivos a partir de entonces.   “Estados Unidos me enseñó a no desperdiciar las oportunidades y a hacer cuanto estuviera en mis manos”.
En 1966 conoce a su futuro marido, que también había estudiado en Estados Unidos. Tras volver de Alemania, donde lleva a cabo un trabajo de investigación, se casan en 1969. A partir de entonces, ayudará a su marido en su aventura política, seguirá trabajando en la universidad y ejerciendo de esposa, ama de casa y madre de tres hijos.
En 1971 termina su doctorado, la primera mujer en toda África Central y Oriental en obtenerlo, y le ofrecen un puesto como profesora titular. En la universidad luchará por la igualdad de derechos de mujeres y hombres.

Concienciación medioambiental: Por qué árboles

Desde pequeña, había vivido prácticas culturales de su comunidad que propiciaban la conservación de la biodiversidad, como el respeto por las higueras. Pero es desde ONGs como el Centro de Coordinación Medioambiental y a través de sus investigaciones para la universidad, cuando comienza a concienciarse del deterioro del entorno, en concreto, de la erosión del suelo. Las mujeres le hablan de la desnutrición de sus hijos desde que los cultivos comerciales como el té o el café sustituyen a los tradicionales de maíz, judías y vegetales verdes, y las madres dan a sus hijos  alimentos procesados.
En 1972 había tenido lugar en Estocolmo la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente, uno de cuyos resultados es la creación del PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente), primer organismo de las Naciones Unidas que tiene su sede en un país en desarrollo (en Nairobi, Kenia).
En 1975 se celebra en México la I Conferencia de Naciones Unidas sobre la Mujer. En la preparación de la agenda que llevar a México, hablando con las mujeres de sus problemas, llega a la conclusión de que todo está relacionado y piensa: ¿Por qué no plantar árboles? “Así fue como surgió el Movimiento Cinturón Verde”.


Wangari Maathai falleció en 2011.
En España, la Fundación Mujeres por África (http://mujeresporafrica.es) le rindió homenaje plantando un pequeño bosque de 71 árboles (los años que tenía cuando murió) en su memoria.

PARA SABER MÁS

Movimiento Cinturón Verde (www.greenbeltmovement.org)

LIBROS

Corazón kikuyu. Stefanie Zweig. Edelvives, 2004. Kenia y la cultura kikuyu vistas por una niña alemana en 1938.


Un puñado de semillas. Monica Hughes y Luis Garay. Ekaré, 1996. "Recuerda guardar semillas para la próxima siembra -dijo la abuela-. Así nunca te faltará de comer".


El hombre que plantaba árboles. Jean Giono.


El jardín secreto. F.H. Burnett. Everest, 2013.


lunes, 18 de marzo de 2013

ELOGIO DE LA LENTITUD (EN NUESTRA ACELERADA VIDA MODERNA)



Este es el título de un libro publicado por primera vez en castellano en 2005. Su autor: Carl Honoré, un periodista canadiense que vive en Londres. El subtítulo en inglés, explica: Cómo un movimiento mundial está cambiando el culto a la velocidad.

El libro se abre con una cita de Ghandi: “En la vida hay algo más importante que incrementar su velocidad”. Después, a lo largo de 230 páginas analiza nuestro modo de vida moderno -donde hasta el colacao es turbo para que se disuelva antes y no forme grumos- y lo salpica de chispeantes anécdotas y muestras de humor negro, para concluir con un muestrario de diversas experiencias a lo largo y ancho del mundo en las que se buscan unas ciudades “lentas”, una comida “lenta” (frente a la fast food) o un sexo “lento”.

Sin embargo, aclara: “Este libro no es una declaración de guerra a la velocidad…sino a actuar con rapidez cuando tiene sentido hacerlo y ser lento cuando la lentitud es lo más conveniente”.

En 2013, tras Bajo presión: Cómo educar a nuestros hijos en un mundo hiperexigente (2008), publica La lentitud como método: Cómo ser eficaz y vivir mejor en un mundo veloz.

DEFENSA DE LOS DESOCUPADOS. 187…


En el último tercio del siglo XIX, entre 1876 y 1879, R.L. Stevenson escribe este ensayo donde desarrolla la filosofía del “saber disfrutar de no hacer nada”.

“En estos tiempos  en que todo el mundo está obligado, bajo pena de lesa respetabilidad, a entrar en alguna lucrativa profesión y trabajar en ella con bríos casi cercanos  al entusiasmo, la opinión de los del partido opuesto, que se contentan con tener lo suficiente, sin aspirar a más, y prefieren ser meros espectadores y gozar mientras tanto, parece que suena un poquillo a bravata y fanfarronería. Y, sin embargo, no debía ser así. La llamada indolencia, que no consiste en no hacer nada, sino en hace mucho de lo que no está reconocido en los dogmáticos formularios de las clases dirigentes, tiene tanto derecho a mantener su posición como la misma laboriosidad”.

Stevenson abre el ensayo con un diálogo entre Boswell y Johnson:
- Boswell: Cuando no hacemos nada, nos aburrimos.
- Johnson: Eso es porque, como los demás están ocupados, nos falta compañía. Pero si tampoco ellos hicieran nada, no nos aburriríamos: nos divertiríamos los unos a los otros.

Al final, concluye: “Si una persona no puede ser feliz más que estando ociosa, ociosa debe permanecer”.

Carl Honoré recoge que la palabra inglesa boredom, aburrimiento, no existía antes de 1850: “El hastío es una invención moderna”.

MOMO y los hombres grises.1973.


Casi cien años después de Stevenson, Michel Ende publica la novela Momo, subtitulada “Los hombres grises”.

Estos deciden apoderarse de uno de los bienes más preciados que poseen las personas: su tiempo. Momo llega al lugar de donde viene el tiempo para recuperarlo porque “el tiempo es vida. Y la vida reside en el corazón”.

2003. FERNANDO SAVATER Y SU PROPÓSITO DE NO TRABAJAR

En el prólogo de su autobiografía razonada “Mira por dónde”, lo confiesa sin rebozo: “En el comienzo estuvo siempre mi firme propósito de no trabajar…”.

En 2013, los españoles hemos perdido mucho. Según una encuesta, apenas el 7 % tiene tiempo para echar una cabezadita después de comer. La famosa “siesta” española está desapareciendo en España cuando empiezan a reivindicarla en Japón o Estados Unidos.

2013. EL MOVIMIENTO SLOW EN EL MUNDO

“Un mundo realmente lento requiere nada menos que una revolución del estilo de vida”.

Hasta el momento, el Movimiento Slow carece de sede social y de página web, no tiene un dirigente único ni un partido político. Son una serie de iniciativas dispersas por el mundo pero que tienen la misma filosofía de base: lograr el equilibrio en el acelerado mundo actual.

ALGUNAS EXPERIENCIAS

-   Austria. Sociedad por la Desaceleración del Tiempo (www.zeitverein.com). Conferencia Anual en Wagrain cada octubre.

- Italia. Slow Cities. Ciudades Lentas (www.cittaslow.org). http://www.cittaslow.org/network/country/30 (Slow Cities en España: Begur, Pals, Bigastro, Lekeitio, Mungia y Rubielos de Mora).

-       Japón. Sloth Club. El Club de los perezosos. (www.sloth.gr.jp).

-       Estados Unidos. Fundación por un Largo Ahora (www.longnow.org


MÁS INFORMACIÓN

http://www.youtube.com/watch?v=_9wLTMK-EKY. Carl Honoré en Málaga en el
I Congreso de Mentes Brillantes, 2010. 

http://www.carlhonore.com. Página web de Carl Honoré.

http://movimientoslow.com/es/filosofia.html. Filosofía del Movimiento Slow.




martes, 26 de febrero de 2013

JOE GOULD, UN PERSONAJE DE NUEVA YORK



Se define a sí mismo como “poeta, historiador, salvaje bailarín chippewa,  o máxima autoridad mundial en la lengua de las gaviotas”.

Gould nació, de acuerdo con sus propias palabras, en Norwood, Massachusetts, en 1899. Se graduó en Harvard, en 1911, y llega a Nueva York  en 1917.

Una frase de Yeats, “La historia de una nación no está en los parlamentos ni en los campos de batalla, sino en lo que las gentes se dicen los días de fiesta y de trabajo, y en cómo cultivan, se pelean y van en peregrinación”, le pone en el camino de lo que será su vida: tratar de escribir la “Historia Oral de Nuestro Tiempo”. Para ello, decide no aceptar empleos estables (que le robarían tiempo a la obra de su vida), recortar sus necesidades al mínimo y sobrevivir con la ayuda de amigos y desconocidos a los  que pide pequeñas cantidades para ir tirando.

El profesor Gaviota y El secreto de Joe Gould, dos ejemplos de periodismo magistral

Al periodista Joseph Mitchell (1908-1996) le cuenta que han aparecido algunos adelantos de su Historia oral en varias publicaciones: la revista Exile, de Ezra Pound, en 1927; o Dial, de 1929, editada por la poeta Marianne Moore, donde Gould dice que han publicado varios escritores y obras famosas (entre ellos, cita a Unamuno). Sin embargo, el mayor material está en un sótano de una granja en Huntington.

“Tengo una memoria anormal, una memoria absoluta” -le explica en cierta ocasión. Quizá por ello se dedica a reescribir siempre los mismos pasajes una y otra vez: la muerte de su padre, la muerte de su madre, los indios de Dakota del norte (donde estuvo en 1916, midiendo sus cabezas, en un momento de obsesión por la eugenesia) y su adicción al ketchup. Su perfeccionismo, o su incapacidad, hacen que nunca llegue a completar su idea.

Cundo Gould muere en 1957, sus antiguas amistades y conocidos piensan en encontrar la verdadera y grandiosa Historia oral. Pero Mitchell ya tenía claro que no existía. Por ello, en 1964, escribe El secreto de Joe Gould para contar su versión y todo lo que sabe.

La historia es  llevada al cine en el año 2000 por el director Stanley Tucci, quien interpreta el papel de Joseph Mitchell. Susan Sarandon hace el papel de Alice Neel, la pintora que le retrata desnudo en 1933. Y el actor Ian Holm encarna a Joe Gould. En España se estrena en 2003.

 El periodista Joseph Mitchell

“Lo primero que leí y disfruté leyendo en mi vida fueron los textos de las lápidas en los camposantos de mi infancia, junto a los pantanos de North Carolina. Piedra y mármol a los que nos les faltaba ni les sobraba una palabra…exactamente así es como yo veo el mundo” -escribió en cierta ocasión. Una verdadera declaración de intenciones.

“Una vez yo había pensado escribir una novela…” -es una de las revelaciones que Mitchell hace al relatar “El secreto de Joe Gould” (dedicado a sus hermanas Elizabeth, Linda y Laura). “Por entonces tenía 24 años y acababa de caer bajo el hechizo del Ulises de Joyce. Mi novela iba a ser sobre Nueva York. También iba a tratar de un día y una noche en la vida de un joven reportero neoyorquino…Me ponía a escribirla mentalmente…Pero lo cierto es que de hecho nunca había escrito una sola palabra…Empecé a comprender a [Joe] Gould”.

Un buen tema para un “Perfil”

Podríamos decir que Mitchell, al escribir sobre Joe Gould, también escribe sobre sí mismo. Al narrarle a él, introduce datos de su vida. “Conocí a Joe Gould en el invierno de 1932. Por entonces yo era reportero de un periódico y trabajaba sobre todo en información de sucesos. De vez en cuando cubría algún caso del Tribunal de Mujeres, que en aquellos días estaba en el juzgado de Jefferson Market, entre la Sexta Avenida y la Calle 10, en Greenwich Village…Una tarde, durante un descanso del tribunal, yo tomaba café [en un restaurante griego llamado Atenas, en la calle siguiente] cuando entró un curioso hombrecillo…”.

Tras hacer la descripción de Joe Gould, continúa: “A fines de los treinta dejé los periódicos y entré a trabajar en The New Yorker. Más o menos por la misma época empecé a ver a Gould con frecuencia…Por entonces yo trabajaba mucho de noche y, de vez en cuando, camino de casa hacia las dos o las tres de la madrugada, lo veía andar por la Sexta Avenida…Una mañana del verano de 1942…se me ocurrió que podía ser un buen tema para un Perfil”. Así nace el relato El profesor Gaviota.

¿Qué fue de Joe Mitchell entre 1964 y 1996?

Mitchell fue miembro de la Junta directiva de la Gipsy Lore Society. Participó en la fundación del South Street Seaport Museum. Fue uno de los primeros Amigos de la Arquitectura en Hierro Fundido, y durante cinco años formó parte del Comité para la Conservación de los Monumentos de Nueva York.

Coleccionista de “reliquias”

Después de su muerte, en 1996, sus hijas Nora y Elizabeth (Liz) encontraron entre sus pertenencias: rocas de 1974 en cajas de Brooks Brothers; clavos en cajas de Tiffany´s; chapas (badges) por acudir a la escuela dominical de los tiempos de su infancia, y un  pomo del Hotel Plaza que afanó en la boda de su hija Liz y que le ofreció como regalo de boda.

Fascinado por las “brownstones”, como Maeve Brennan

“Una de esas casas antiguas que para mí siempre han sido la esencia del Village: ladrillo rojo, tres plantas, una escalera empinada que lleva a la planta de  la sala y un ailanto que crece inclinado delante”.

PARA SABER MÁS




lunes, 18 de febrero de 2013

MANUEL LLANO Y LA LITERATURA INFANTIL EN CANTABRIA

Manuel Llano, nacido en Sopeña en 1898, sarruján en su infancia, lazarillo de su padre ciego, mancebo de botica, corrector de pruebas, empezó a escribir hacia 1920 en los principales periódicos de la vida santanderina. Recopilador del folklore montañés, allí vieron la luz muchas de sus estampas, cuadros y esbozos, así como las críticas y noticias a medida que iba publicando sus obras.

Manuel Llano, "Nel", se ocupa de los niños en muchos de sus escritos: algunos, son relatos de experiencias y recuerdos infantiles ("Rabel", "Cuando fui lazarillo"); otros, narran cuentos y leyendas en un intento de recuperar y conservar tradiciones orales en vías de extinción; y en muchos aboga por un mejoramiento de la infancia desvalida, denunciando esa literatura "¡nada más que literatura!, del niño trapero, del niño mendigo, del niño abandonado".

A la lectura y a la literatura infantil dedica íntegramente dos artículos: uno, publicado en "El Pueblo Cántabro", en enero de 1925, en que se hace eco de un folleto presentado por Alberto López Argüello en el Congreso de Pediatría de San Sebastián. El otro, aparece en "El Cantábrico" en noviembre de 1936, y termina diciendo: "Mi pluma, amigo Urano Macho, está al servicio de los niños".

LA LITERATURA INFANTIL EN EL PRIMER TERCIO DE SIGLO XX

En el primer artículo, de 1925, asume las afirmaciones de López Argüello en el sentido de que carecemos de nombres que poner al lado de los Perrault, Andersen, Grimm... y añade que en Cantabria falta un experto que recoja "los deliciosos cuentos infantiles de nuestra tierra".

En el de 1936 (ya había estallado la Guerra Civil, con lo que supuso para Llano de enfrentarlo a horrores inconcebibles para su espíritu tolerante), se pronuncia por una literatura infantil que aporte conceptos ejemplares de humanidad, que sea sincera; ni gazmoña ni ramplona o siempre a vueltas con el premio y el castigo; una literatura con un humor ingenioso que se ría de todo lo falso y lo afectado; de todo lo que signifique, en definitiva, miedo al mundo y a la vida.

Esta preocupación por el desarrollo de la lectura, porque se potencie y se difunda, es el tema también de "Carta a un niño", publicado en 1935, donde con su característica generosidad, le responde: "Tú pides lo que te falta (libros) y yo debo dártelo porque lo tengo. Si no lo tuviera, tendría que buscarlo; tendría que pedírselo a otras personas que lo tienen...".

Es lo que hace en un artículo anterior titulado "Unas horas con los boy-scouts santanderinos", donde, sin ningún reparo, pregunta en alta voz y se pregunta "si no habrá en Santander un señor espléndido que regale a estos muchachos la colección de Verne y Salgari".

LECTURAS DE MUCHACHO

Sobre las lecturas de chaval de Llano, es posible rastrear alguno de sus escritores favoritos en su obra "La Braña" donde aparecen citados Madame de Genlis y sus "Veladas de la quinta", Nesbit y sus cuentos, -que siguen reeditándose en nuestros días-, y el autor de "Las tardes de la granja", también conocida como "Lecciones del padre" [F.G. Ducray Duminil]. 

De ellas dice Llano que eran sus "devocionarios", maravillosas en su criterio adolescente. Y narra igualmente su dolor al verlas destrozadas por el hijo del boticario, "el hijo del señor", en una experiencia temprana de aprendizaje de quiénes son los poderosos en una comunidad. Dolor por ver desbaratado en un momento el esfuerzo de su padre y la privación de tantas pequeñas cosas para comprárselos.

Así sigue desgranado en cientos de páginas los juegos de niño, los cantares, los sueños, la escuela, y su encuentro con las jerarquías sociales y la injusticia. Todo ello sin indignación, sin ira, con esa tristeza mansa con que Llano cuenta los hechos más terribles.

Para los niños dejará cientos de leyendas que pululan entre recopilaciones y números de revistas como "La Montaña", publicada en La Habana, o "Cantabria", editada en Buenos Aires. Títulos como "El primer árbol del mundo"  o "El duende de los extravíos", que debieran ser recuperados por alguna editorial de ámbito nacional para que salieran de un circuito tan restringido.


EL DESEO DE MARÍA LÁZARO, SU VIUDA

En 1988, cuando se cumplía el cincuentenario de su muerte, su viuda, María Lázaro, solo tenía un deseo: "que sus obras fueran leídas por la gente, que estuvieran en la calle y que se le pudiera conocer por lo que escribió". Se han hecho esfuerzos, pero aún hoy, más de cien años después de su natalicio, no ha obtenido el reconocimiento que se merece. El último, a escala nacional, fue la reedición, en 1992, de su Retablo infantil por la editorial Anaya, pero sus artículos, por ejemplo, siguen desperdigados por multitud de periódicos y revistas, también de fuera de España.

En mayo de 1998 se constituyó la Comisión del Centenario de Manuel Llano con los objetivos de fomentar estudios y programar actividades para la promoción y difusión de la obra del escritor.

Desde entonces para acá, grupos, instituciones y particulares han pensado en diversas formas para rendirle homenaje, desde dar su nombre a plazas, colegios o parques, a teatro, conferencias y reediciones. En 2007, por ejemplo, Cantabria Tradicional editó el libro-CD Manuel Llano, un legado de leyenda, con cuentos del autor ilustrados y dramatizados por Patricia Prida y Alberto Sebastián, y prólogo de Julio Sanz Saiz.


Este año, 2013, 75 aniversario de su muerte, se le dedica el Día de las Letras de Cantabria.

MI ENCUENTRO CON MANUEL LLANO

Fue siendo adolescente. Mi padre compró un día las obras completas, editadas por la Fundación Botín, y yo forré los dos tomos como suelo hacer con los libros que me gustan mucho.


Al ir leyendo las narraciones, iba apuntando en una hojita lo que me sugerían, copiando algunos romances y poniendo un asterisco a los que más me gustaban. También anotaba palabras montañesas para buscarlas luego en el glosario que venía detrás de la novela "El sol de los muertos".

Muchos años después, en esos papelucos, hoy amarillentos, leo: "poeta lleno de ternura", "compasivo", "preocupaciones sociales", "socarreña", "cambera", "escanillo"...Entre los relatos preferidos, entonces marqué: "Recuerdos", "Campesinos en la ciudad", y todos los que hacían referencia a mitos y leyendas: el Roblón, el Musgoso, el Trenti, El Arquetu...

Sin embargo, uno de los párrafos que más me impresionó y que nunca he olvidado, fueron las palabras de Federico Rückert, recogidas por Llano al principio de una de sus estampas. Decían así: "Oíd que rápida solución halló Poro, rey de los persas: "Donde un pobre muera de hambre dentro de nuestros muros, tomaré por cada pobre un rico. Y en la prisión también él morirá de hambre". Nadie murió de hambre en aquel país. Y los ricos no tuvieron que pasar hambre con los pobres, sino repartir algo de su abundancia". Quizá fuera que me pareció entonces una solución tan sencilla y que exigía tan poco... 

Hoy, en 2013, en mitad de una crisis que parece no tener fin, los ejemplos y las buenas noticias/ideas se cuelan, de cuando en cuando, en los medios. Parece que cada vez haya más gente dispuesta a prescindir de "un poco" de lo suyo en favor de los más desfavorecidos. Llano siempre decía "Hay que tornar a la verdad, a la sencillez, a la belleza, al manantial".  En nuestros días, otros han dicho: "Si el mundo tiene futuro, éste ha de ser ascético". Quizá otro mundo sea posible…