viernes, 20 de abril de 2018

2018. AÑO LORCA EN EL CENTENARIO DE IMPRESIONES Y PAISAJES




En abril, su primer libro, Impresiones y paisajes, cumple cien años, y se cumplen 120 del nacimiento del poeta y dramaturgo el 5 de junio.

Concha Méndez, compañera de Generación (La del 27), se refiere a él en sus memorias (Memorias habladas, memorias armadas), en varias ocasiones…

LA ALEGRÍA MISMA

“Federico recitaba expresándose con las manos; no era solo de la voz de donde emanaba la poesía, sino de todo su cuerpo” -cuenta sobre cuando le oyó recitar en el Palacio del Cristal del Retiro, en 1925. “Fue esa noche, cuando al volver a casa en silencio, por la alegría, escribí mis primeros poemas”…

“Yo invité a García Lorca [conferencia Imaginación, inspiración y evasión en la poesía] y a Rafael Alberti [en 1929] a dar una lectura de poemas [en el Lyceum Club Femenino]…”.

Mientras Concha estuvo en Londres, recibió la visita de este y de Fernando de los Ríos “…de paso, rumbo a Nueva York [en 1929]…Los acompañé a conocer algunas cosas; y recuerdo que a Federico le daba muchísimo miedo atravesar las calles: se acalambraba y había que cogerlo de la mano para guiarlo. Los dejé en el tren que los llevaría al puerto para tomar el barco; años después nos dedicaría, a Manolo [Altolaguirre] y a  mí, un poema de su libro Poeta en Nueva York [En la cabaña del farmer. (Campo de Newburg)]”.

Él es quien le presenta al que se convertirá en su marido, Manuel Altolaguirre, en 1932. “Federico era divertidísimo, nos sorprendía por su manera de mirar las cosas; las flores y la gente se amplificaban por su personalidad”.

En su habitación del hotel Aragón, donde tienen la imprenta de mano, se reúnen los poetas de la Generación del 27: “Todos los días…iban a vernos [Cernuda, Aleixandre, Lorca…] y a ver las revistas que nosotros imprimíamos con cosas suyas”…

“Cuando acudía Federico [a la casa de Vicente Aleixandre, en Velintonia, 3], las reuniones eran divertidísimas; se sentaba al piano y cantaba una letra que él había compuesto para el Vals de las Olas; luego bailaba con una servilleta atada como si fuera un traje: bailaba simulando ser una cupletista…Recuerdo que nos retorcíamos de risa al oír a Federico. Es curioso cómo podía existir en él aquel contraste tan grande: sus obras de teatro son una verdadera tragedia y, en cambio, él era la alegría misma”.

El 5 de junio de 1932, Federico asistió a su boda con Altolaguirre en la iglesia de Chamberí [la parroquia de Santa Teresa y Santa Isabel en la glorieta de Joaquín Sorolla. Vivían en la cercana calle Viriato].

En la primavera de 1936, cuando sale publicado La realidad y el deseo, de Luis Cernuda, se reúnen los poetas en su casa de Viriato. “Esa noche fue diferente. Siempre que nos reuníamos había mucho jolgorio…; sin embargo, esa noche estuvimos todos tranquilos, silenciosos, en una atmósfera como de ensueño. Vi a Federico apoyado contra el muro; elogiaba a Luis Cernuda por su libro, algo fuera de lo común, porque cuando se trataba de alguna publicación, Federico no elogiaba a nadie, pero esa noche sí lo hizo. Al día siguiente, al despertar, recordé que había soñado la muerte de Federico…”.

La última vez que lo vio

“Una mañana muy temprano [el 13 de julio de 1936?] fue García Lorca a nuestra casa: quería estar a solas con Manolo y conmigo; se le veía triste y pensativo, en comparación a su carácter de siempre, alegre, yendo a casa a buscar gente. Estuvimos juntos toda la mañana y salió diciendo, muy amable: “¡Adiós, adiós…!”. Yo salí a despedirlo a la puerta y me dijo: “Concha, habrá un concurso de teatro en el que voy a formar parte del jurado, y seguro que el premio será para ti, por tu Carbón y la rosa [El carbón y la rosa]…Fue la última vez que le vi. Ese mismo día, por la noche, fuimos a la embajada de Chile; estábamos esperando a Federico, cuando llegó Rafael Martínez Nadal, que era su mejor amigo, para decirnos que lo acababa de dejar en el tren rumbo a Granada…”.

Concha tenía cartas ilustradas de Federico, que perdió con la guerra, como tantas otras cosas…

IMPRESIONES Y PAISAJES, 1918

Cuando se publicó el libro, en abril de 1918, Lorca tenía 19 años. Es su primer libro (antes solo había publicado un trabajo literario, Fantasía simbólica,  en el Boletín del Centro Artístico y Literario de Granada, con motivo del centenario de Zorrilla).

Un año antes, en 1917, había realizado un viaje de estudios por la entonces Castilla la Vieja y otros lugares junto al catedrático de la universidad de Granada, Martín Domínguez Berrueta. Sus compañeros de viaje: Paquito L. Rodríguez, Luis Mariscal, Ricardo G. Ortega, Miguel Martínez Carlón y Rafael M. Ibáñez. A todos ellos, y a su maestro de música [Antonio Segura Mesa, recientemente fallecido. “Él fue quien me inició en la ciencia folklórica”], les dedica el libro, con portada de Ismael [de la Serna, de la tertulia del Rinconcillo en el café Alameda, de Granada].

BURGOS, LA PUERTA ESTRECHA POR DONDE YO HABÍA DE PASAR


En el Diario de Burgos publica los primeros artículos que luego formarán parte de ese libro; en concreto: La ornamentación sepulcral (31 julio 1917); San Pedro de Cardeña. Paisaje (3 agosto 1917); Las monjas de Las Huelgas (7 agosto 1917); Las reglas de la música (18 agosto 1917); y Mesón de Castilla (22 agosto 1917).

Sobre Burgos escribirá años después a su amigo Melchor Fernández Almagro: “Yo estoy nutrido de Burgos, porque las grises torres de aire y plata de la catedral me enseñaron la puerta estrecha por donde yo había de pasar para conocerme y conocer mi alma”...





lunes, 9 de abril de 2018

CONCHA MÉNDEZ, DE NUEVO, EN SUS MEMORIAS, REEDITADAS



Quiero agradecerle a Paloma Ulacia Altolaguirre compartir las memorias de su abuela y a la editorial Renacimiento reeditarlas (en su Biblioteca del Exilio) este 2018.

Estaba trasteando por las novedades sobre las mesas de la librería y casi no podía creerlo: tenía tantas ganas de leerlas y eran tan caras en Iberlibro... Siempre me pregunto: ¿por qué libros tan maravillosos acaban descatalogados en vez de como lectura obligatoria en los colegios e institutos…? Descatalogadas están también las fantásticas memorias de Carmen Baroja, esperando alguna editorial que las rescate. Que sea pronto, por favor…

Son estas unas memorias con otra mirada, con otro ritmo, con la puesta del foco en otros motivos. Todo ello enriquece y aporta valor a la reconstrucción de la historia.

“Concha…, actualísima, desenfadada y leal”- la define María Zambrano en su presentación de 1990. “A Concha le entusiasmaba el recuerdo de su vida”- cuenta su nieta en el prólogo. “Realizamos 23 horas de grabaciones los sábados; ella se guiaba con apuntes que iba tomando a lo largo de la semana…Cada dos sábados, sobre las once de la mañana, destapábamos una botella de jerez y, sin necesidad de preguntarle nada, de un cajón que tenía en su mesa de trabajo, sacaba unos papeles chicos y ordenados…”.

El resultado son unas “memorias habladas, armadas por su nieta”, unas memorias depuradas: “Nos dio una versión purificada, más poética que novelada…Mi preocupación principal consistió en respetar la verdad que ella quiso darle a su vida…fui extrayendo los hechos más importantes que coincidían con aquellos que…habían sido los más desarrollados por ella” – cuenta Paloma Ulacia sobre su trabajo.

Al final del prólogo nos dice por qué sus memorias deben ser conocidas y leídas hoy en día: “Los que se interesen en la vida social española de principios del siglo XX encontrarán aquí un testimonio excepcional…cómo era la burguesía madrileña y, sobre todo, las mujeres de esta clase social. El libro ofrece también una historia de emancipación personal, tema atractivo para la historia del feminismo en España…Pero, esencialmente…, este libro presenta la historia de una carrera poética, de una vocación, más que asumida, conquistada con paciencia, fe y amor…”.

Sus Memorias son apenas 130 páginas, pero están llenas de alegría, de espontaneidad. Son divertidas, entretenidas, ¡geniales! Debería leerlas todo el mundo. “He vivido muchísimo y, además, muy aprovechado…”.

VERANOS EN SANTANDER
“Los primeros veraneos de mi infancia [hacia 1903-1904] los pasé en el Sardinero, cerca de Santander…Aquellos veraneos en el Sardinero están llenos de luz…Nosotros nos hospedábamos en el hotel París, situado en la Alameda…”.


LOS POEMAS ME SALÍAN INVOLUNTARIAMENTE
Aunque había escrito poemas antes, en la adolescencia, ella sitúa sus primeros poemas “espontáneos” tras asistir en el Palacio de Cristal del Retiro a una lectura de poemas de Lorca. “Federico recitaba expresándose con las manos…la poesía emanaba de todo su cuerpo”. Ese día conoce a la pintora Maruja Mallo y con ella empieza a recorrer Madrid.
En el gimnasio del doctor Bartrina, donde Concha estaba como ayudante, dará su primer recital de poesía, antes de 1930. “Los poemas me salían a todas horas y en todas partes sin proponérmelo…Tenía montones, y la idea de publicarlos surgió en un pinar cercano de mi casa [en la calle Joaquín Costa]…Cuando tuve el libro en las manos [Inquietudes, 1926] y salí con él a la calle, me pareció que la luz del día me saludaba…”.



SUEÑOS DE LA ESCUELA: SUEÑOS DE MAR Y CIELO
“Mis atracciones de infancia no me han abandonado nunca”… En sus sueños de niña, una noche era capitán de barco, y otra, piloto aviador. Uno de sus poemas posteriores, lo dice todo: “Los mapas de la escuela/todos tenían mar,/todos tenían tierra./¡Yo sentía un afán/ por ir a recorrerla!.../Soñaba el corazón/con mares y fronteras,/y misteriosas selvas…”.
Pero la mayoría de edad para las mujeres eran entonces los ¡25 años! Es 1923 y Concha quiere viajar. ”Me obsesionaba ver el mundo”. “Tomé un barco mercante rumbo a Inglaterra…”.
SU AMBIENTE FAMILIAR: DESPRECIO Y NINGUNEO
“Yo soy la hija mayor de 11 hermanos…”. “A mí me jubilaron [con 14 años, cuando deja el colegio]… “Me gustaba mucho aprender, sobre todo geografía…ya no tenía nada, me encontraba en un desierto. Mis padres no me dejaban coger un libro, si siquiera el periódico…”.
Entonces, le da por pintar y, aunque reconoce que no sirve para ello, su familia, de todos los cuadros que hace, no guarda ninguno. “Creían que, por haber sido pintados por una mujer, no tenían  valor”…
Le hubiera gustado ir a la universidad. Un día acude de oyente a un curso de literatura geográfica. Cuando su madre se entera por un hermano chivato, le pega con el teléfono en la cabeza y le abre una brecha.
En otra ocasión, Maruja Mallo la estaba pintando envuelta en un mantón de Manila, reclinada en un sillón, en su casa, cuando su madre entró y exclamó: “Pero si pareces la Maja desnuda de Goya…”. Cuando se fugó de casa, sus padres acuchillaron la pintura.
Y el día que gana un concurso de natación en San Sebastián, en 1921, y sale retratada en la prensa, su padre le espeta: “Apareces retratada como cualquier criminal…”.


“De toda mi familia, la única que terminó por comprenderme fue mi madre…”.

LO QUE MÁS QUERÍA: ESCRIBIR Y VIAJAR

“Viajar era viajar, pero era también liberarme de mi medio ambiente, que me impedía crear un mundo propio, propicio para la poesía”.

Ya lo escribía en su primer poemario, Inquietudes: “¡Alas quisiera tener/ y recorrer los espacios/viviendo la libertad/deliciosa de los pájaros…!”.

PORQUE EL SURREALISMO ESTABA EN EL AIRE

“Como era la época surrealista, le propuse a Manolo [Altolaguirre] que nos vistiéramos de verde [para casarnos]…Iríamos los dos de verde y yo llevaría en la mano un ramito de perejil…”.

En una ocasión, ya con veintitantos años, y la primera vez que pisaba un cementerio, se le ocurrió decirles a unos amigos de su padres que iban a ver su mausoleo recién comprado: “¿Ustedes saben lo agradable que sería salirse de la tumba en las noches de luna y ponerse a jugar a la baraja…?”.

COSAS QUE PERDÍ CON LA GUERRA

“Aquella biblioteca [Me habían regalado en Buenos Aires una colección de teatro universal traducida al español] la perdí con la guerra, como todas las otras cosas, las cartas [Rafael Alberti me escribió unas cartas preciosas…junto con otras ilustradas de Federico, las tenía guardadas en una caja de banco, que perdí con la guerra], el puñal labrado, los afectos, los amigos…”.

PREMONICIONES Y SUEÑOS

Concha cuenta varios episodios de presentimientos y sueños premonitorios: “Cuando salió publicado La realidad y el deseo, de Luis Cernuda, en [la primavera de] 1936, festejamos su aparición en nuestra casa. Como siempre, fue todo el mundo: Lorca, Alberti y otros…Al día siguiente, al despertar, recordé que había soñado la muerte de Federico…”.

Ya durante la guerra civil, narra: “En Valencia teníamos un cuarto amplio con dos camas y otra pequeña para la niña [Paloma, su segunda hija, nacida en 1935 en Londres], junto a un balcón…Sin saber por qué, de golpe, me entraron unas ganas terribles de marcharme y me puse a conseguir barco…En Oxford…recibí una carta de Manolo [su marido, Manuel Altolaguirre]…” El día que dejaste Valencia, a las 3 de la mañana, cayó una bomba en el balcón de nuestro cuarto, destrozando la cama de la niña”…

Le parece que el destino cuida de ellos: “Conseguimos un tren hacia Figueras…Íbamos a subirnos a los vagones últimos, pero, por un presentimiento, abordamos el centro; y fue que, al llegar  a la segunda estación de Barcelona, cayó una bomba en la cola del tren, quedando destrozados los vagones…”.

Ya en el exilio, en Cuba, sueña con la II Guerra Mundial: “A los pocos días de llegar, no podía dormir pensando en la guerra. Luego soñé que llegaba otra guerra y, sobresaltada, desperté a Manolo para contárselo. A la mañana siguiente un vecino nos llevó la noticia de que había estallado la II Guerra Mundial…”.


Y en la despedida de su exmarido, para llevar una película al festival de San Sebastián de 1959, también intuye una despedida para siempre: “Vino a despedirse y salí a acompañarle a la puerta. Subió al coche y detrás de los cristales me dijo adiós con la mano…Aquel gesto con los dedos me recordó un sueño que tuve sobre mi madre un poco antes de que muriera…A los 20 días recibimos la noticia telefónica de que se había accidentado en un automóvil viajando por España…”.

LA VEJEZ. CADA MAÑANA ME PONGO UN CORAZÓN NUEVO

“Yo, que fui atleta, me veo ahora, a los 82 años, sujeta y detenida por dos muletas…”.

En su tercer viaje a España, en 1969 (con más de 70 años), se rompe una pierna  y tarda más de dos años en rehabilitarse. Tiene una depresión y quiere morirse, pero cuando vuelve del sanatorio, al levantarse para ir al baño la noche de su llegada, “vi un amanecer precioso…y me entró de golpe una gana de continuar, un anhelo de vida, una alegría por despertar cada mañana…”.

Entonces empieza a escribir “todos los días, a cualquier hora, al amanecer, dormida, comiendo…”. El tema de sus poesías es ahora diferente: “son recuerdos o estados de ánimo…rápidos esbozos”.

“Estoy colaborando con la psicoanalista argentina Ana María von Padre en un libro de sueños de viejos. Yo sueño mucho, tres o cuatro sueños por noche, y otro más en la siesta de la tarde…cada vez que se concluye un sueño, me despierto y lo escribo”.

“A mí me ha gustado estudiar el inconsciente”- le cuenta a su nieta en el capítulo final. Un primo le regaló en su juventud La interpretación de los sueños, de Freud, “y me lo estudié. Después leí varios libros sobre el inconsciente porque me interesaba y con ellos podía comprender mejor a las gentes”.

En esa mejor comprensión de las personas, el viaje que realizó a Las Hurdes “acompañando a una de las doncellas que trabajaban en casa…, me transformó el mundo…Me volví mejor al conocer la injusticia”...

Ya al final de su vida, le queda una esperanza…“Pienso que a través de mi obra estaré en comunicación con gentes a las que no conozco…cuando uno se comunica así, no puede morir del todo…”.

Leer sus memorias, leer sus obras es hacerla vivir de nuevo.


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jueves, 29 de marzo de 2018

NOCHES AZULES. SOBRE LA FRAGILIDAD Y EL MIEDO



Cuando Joan Didion escribió El año del pensamiento mágico, entre el 4 de octubre y el 31 de diciembre de 2004,  no podía saber que su hija Q. moriría en agosto (el día 26) de ese año que empezaba, 2005, tras una concatenación de hospitales y de estar al borde de la muerte en varias ocasiones. “Veinte meses [desde diciembre de 2003, en que murió su marido, con Quintana en la UCI en ese momento] durante los cuales ella tal vez solo tuvo fuerzas suficientes para caminar por sí misma durante un mes en total…”.

No pensó en rectificar o ampliar el libro y, a cambio, escribió uno entero dedicado a su hija: “Blue Nights”, “Noches Azules”.

“Este libro se titula “Noches azules” porque en la época en que lo empecé a escribir sorprendí a mi mente volviéndose cada vez más hacia la enfermedad, hacia la muerte…Durante las noches azules (aquella hora de la tarde de principios de la temporada estival),  uno piensa que el día [la vida] no se va a acabar nunca…”.

Es un libro sobre la fragilidad y el miedo.

Publicado en 2011, Joan tenía 75 años cuando lo escribió. De hecho, comienza un 26 de julio de 2010, día del séptimo aniversario de la boda de su hija Quintana…, si viviera.

“Cuando empecé a escribir estas páginas, yo creía que iban a hablar de los hijos…Cuando hablamos de mortalidad, estamos hablando de nuestros hijos…Pero a medida que las páginas avanzaban se me ocurrió que su tema real…era…la negativa a afrontar las certidumbres del envejecimiento, la enfermedad y la muerte…El envejecimiento y sus evidencias constituyen los acontecimientos más previsibles de la vida y, sin embargo, siguen siendo asuntos que preferimos dejar sin mencionar, sin explorar…”.

Ella sí habla de las evidencias…“Tengo miedo a caerme por la calle…Me siento inestable, carente de equilibrio… ¿Y si los músculos se me traban…? ¿A quién quiero que avisen en caso de emergencia…?”.


“Las frases de mamá”

“Cepíllate los dientes”, “Cepíllate el pelo”, “No hagas ruido, que estoy trabajando”…- eran las frases que Quintana oía y que colgó en el garaje de su casa de la playa, en Malibú. Allí viven entre 1971 y 1978, de los 5 a los 12 años de Quintana.

Lo que Joan no supo ver

Didion se pone a analizar las palabras, los gestos: lo suyos y los de Q…Obsesiva, minuciosamente…

Sus cambios de estado de ánimo

Quintana era una niña especial, adoptada al nacer: con 5 años llamó en una ocasión al hospital mental de Camarillo “para averiguar qué tenía que hacer en caso de volverse loca”…En la escuela femenina Westlake realiza un ejercicio de investigación sobre el estrés…”¿Por qué necesitaba ella tanto adoptar un rol adulto…?”.

Su diagnóstico médico iba cambiando de nombre: de trastorno maniaco-depresivo a trastorno obsesivo-compulsivo o trastorno límite de la personalidad. “Ella estaba deprimida. Ella tenía ansiedad. Y como estaba deprimida y tenía ansiedad, bebía demasiado. A esto lo llamaron automedicarse…”.

Sus miedos

“Uno de sus miedos más pertinaces era que se muriera John [su padre] y no quedara nadie más que ella para cuidar de mí…Ella me veía como alguien frágil…alguien que necesitaba ser cuidada…”.

En un diario que Quintana escribe en 1984, con 18 años, habla del “miedo que le tengo actualmente a la vida”…

Su fragilidad

“Tengo entendido que los hijos adoptados temen que sus padres adoptivos los vayan a abandonar igual que los abandonaron sus padres naturales…”- explica Joan.

Quintana siempre supo que era adoptada, pero hasta 1998 (ya tenía 32 años), en que su hermana de sangre se pone en contacto con ella, no conoce a su madre biológica (de Tucson, Arizona). Confiesa que “está siendo un up and down emocionalmente, un drama…”.

La culpa

“¿Acaso nosotros le exigíamos que fuera adulta…? ¿Acaso era yo el problema? ¿Acaso fui yo siempre el problema…?”- se pregunta Joan Didion. “En cuanto nació ella, ya nunca dejé de tener miedo…”. Los miedos de todos los padres por sus hij@s...

SABER MÁS

Las canciones de su vida

https://www.youtube.com/watch?v=SEUCoPkECQ4. Do you wanna dance, por The Mamas and The Papas (1966).


lunes, 19 de marzo de 2018

JOAN DIDION. El año del pensamiento mágico



El libro comienza con “las primeras palabras que escribí después de que pasara”: “La vida cambia deprisa./ La vida cambia en un instante./Te sientas a cenar y la vida que conocías se acaba./ La cuestión de la autocompasión…”.

Lo que “pasó” fue que la noche del 30 de diciembre de 2003, su marido, el también escritor John Gregory Dunne, tuvo un “infarto masivo y repentino” que le causó la muerte.

Ese día, martes, habían visitado a su única hija, Quintana -en la UCI del hospital Beth Israel desde el día de Navidad-, y Joan se hallaba haciendo la cena, cuando su marido se paró en mitad de la conversación…

Lo que sigue es la descripción de su estado emocional y los cambios que experimenta en su vida. “El dolor por la muerte de un ser querido, cuando llega, no es en absoluto como esperamos que sea…”.

La necesidad de informarse y saber, para mantener el control: “Desde niña me habían enseñado que, cada vez que surgían problemas, había que leer, aprender, resolver los interrogantes y acudir a la literatura especializada…”.


“Soy consciente de cuánta energía he dedicado durante los últimos meses a contar esos días y esas horas…”- dice hacia el final del libro. “Mientras escribo esto, me doy cuenta de que no quiero terminar esta crónica. Y tampoco quiero terminar el año [2004]…porque sé que a medida que pasen los días…la imagen que tengo de John…se volverá más remota, más difusa…Sé por qué intentamos mantener con vida a los muertos…También sé que si queremos seguir vivos llega un momento en que tenemos que dejar ir a los muertos…”.

THE DIDION-DUNNES, LOS DIDION-DUNNES

En su crónica, aparecen los recuerdos juntos…“Un verano, cuando vivíamos en Brentwood Park, incurrimos en el hábito de parar de trabajar a las cuatro de la tarde para ir a pasar un rato en la piscina…”. …íbamos a pasear a primera hora de la mañana por Central Park…No siempre juntos, porque nos gustaban rutas distintas, pero teníamos en mente la ruta del otro y volvíamos a cruzarnos antes de salir del parque…”. “Si, por casualidad, andábamos por los alrededores de Newport, John me llevaba al Portsmouth [Priory, el internado benedictino al que lo enviaron después de morir su padre, católico] a escuchar los cantos gregorianos vespertinos. Era algo que le conmovía…”. “¿Acaso teníamos una dependencia inusual el uno del otro durante el verano en que nadábamos y veíamos Tenko [una serie de la BBC] e íbamos a cenar al Morton´s…?”. “En [la misión católica de] San Juan Bautista nos casamos nosotros. Una tarde de febrero [de 1964] en que asomaban las flores nuevas en los huertos que flanqueaban la 101. Cuando todavía había huertos junto a la 101…”. “John y yo habíamos vivido en el condado de Los Ángeles desde 1964 hasta 1988…”. “Casi nunca habíamos estado muy alejados el uno del otro, ni durante mucho tiempo. Como mucho, dos o tres semanas de cuando en cuando… Siempre trabajamos los dos en casa. Nos pasábamos veinticuatro horas al día juntos…éramos incapaces de imaginar la realidad de la vida sin el otro…”.

TRAGEDIA MÚLTIPLE. Las cosas pueden ir a peor...

Su única hija, Quintana, de 38 años, tras salir de la UCI del Beth Israel el 22 de enero de 2004, es ingresada el 25 con una embolia pulmonar. El 3 de febrero le dan el alta de nuevo y celebran, por fin, el funeral de John el 23 de marzo. Dos días después, el 25, está siendo operada de emergencia en un hospital de Los Ángeles, el UCLA. Joan permanecerá a su lado las siguientes 5 semanas, alojándose en el hotel Beverly Wilshire, “el único sitio donde yo podía estar a salvo, el único sitio donde todo seguiría igual…”. Fuera de esta “zona franca”, tenía que planear sus rutas para que los recuerdos no la devoraran…”Ni una sola vez durante aquellas cinco semanas fui con el coche a la parte de Brentwood en que habíamos vivido entre 1978 y 1988…Ni una sola vez en cinco semanas fui con el coche por la Pacific Coast Highway hasta Malibú…donde habíamos vivido entre 1971 y 1978…Podía evitar pasar por el cruce de Sunset con Beverly Glen por donde yo había girado durante seis años para ir a la Westlake School for Girls [donde Quintana había ido al colegio]…

En el UCLA  aprende los nombres de muchas bacterias hospitalarias resistentes a los antibióticos: la Acinetobacter baumannii [Según la OMS, tiene una prioridad crítica en la I+D de nuevos antibióticos], la Staphylococcus aureus, la Staphylococcus epidermidis…

El 30 de abril se realiza su traslado al New York University Hospital para iniciar su rehabilitación neurológica en el Instituto Rusk durante los meses de mayo, junio y julio.


Cuando Quintana deja el hospital, es cuando Joan iniciará el proceso de duelo.”Hasta ahora solo había pasado por el dolor, pero no por el duelo…El dolor era algo que te pasaba. Pero el duelo, el acto de lidiar con el dolor, requería atención…”.


Decide aceptar la oferta de cubrir la convención demócrata en Boston (solo había estado allí una vez con su marido y no piensa ir a los sitios que con él frecuentó). Pero el recuerdo se agazapa en cualquier lugar…Se da cuenta de que el primer día de la convención -26 de julio-, coincide con la fecha de boda de su hija Quintana, el año anterior…Y con la boda rememora una frase de su marido: “Más que un solo día más”, que ella también le repitió a su hija en el hospital…Los recuerdos se van encadenando en un proceso incontrolable…

“HABLAR DE JOAN ES HABLAR DE NUESTROS PROPIOS MUERTOS” (Griffin Dunne, sobrino de Joan)


Mientras leía el libro, yo iba apuntando lo que me sugería sobre mi muerto más cercano y querido: mi hermano David, Vid:

“Me di cuenta de que había muerto de verdad cuando vi su nombre escrito en la esquela”.

“Fui a ayudar a vaciar su armario justo después de su muerte; si hubiera tardado más, no sé si hubiera podido”.

“Durante mucho tiempo, quise pensar que estaba de vacaciones o trabajando en Madrid y que, por eso, no nos veíamos”.

“Durante varios meses, quizá más de un año, no pude ver en la tele los accidentes de tráfico: siempre hacía zapping”.

"Tuve la intuición de cómo murió: sucedió un día que iba a Comillas, sola, en mi coche. Durante unos segundos, se me cerraron los ojos. Un coche de frente me pitó, culeé, y recuperé el control. David no pudo…”.

CARTAS A VID













SABER MÁS





"Siempre he pensado que si analizo algo, me da menos miedo. La teoría dice que si la serpiente se mantiene en tu campo visual, no te morderá. Eso se asemeja bastante a cómo me enfrento yo al dolor", dice Joan en el documental. 

https://www.youtube.com/watch?time_continue=1&v=99NaRJQzXiM. Tráiler del documental El centro cederá.

https://www.vanityfair.com/news/2004/03/dunne200403. Habla el hermano de John, Nick (en inglés).

https://www.youtube.com/watch?v=XLPlUWhDVDc. Entrevista a Joan Didion y a su marido John, en 1992 (en inglés).


https://www.youtube.com/watch?v=NkGf1GHAxhE. How High the Moon, la canción de “su” generación. Por Les Paul y Mary Ford (1951).

El año del pensamiento mágico, al teatro


El año del pensamiento mágico ha tenido varias representaciones teatrales: en 2007, la actriz Vanessa Redgrave llevó a cabo el monólogo en Broadway. En 2008, se representó en Barcelona en la sala Beckett. En mayo de 2015, producida por Teatro Guindalera, se llevó a los escenarios del Teatro Español y Naves del Español, en Madrid…





jueves, 8 de marzo de 2018

EL CUENTO DE LA CRIADA, UNA ALERTA DE HACE TREINTA AÑOS


The Handmaid´s Tale “es una narración de ciencia ficción distópica y feminista”- dice la Wikipedia.

Su autora, Margaret Atwood (n. Ottawa, Canadá, 1939) está acostumbrada a responder  a tres preguntas, desde que lo publicó en 1985, hace más de 30 años: ¿es una novela feminista?,  ¿es una novela en contra de la religión?, y ¿es una predicción?

“En la primavera de 1984 empecé a escribir una novela que inicialmente no se iba a llamar El cuento de la criada…” -revela en la introducción. “…se llamaba Offred, el nombre de su personaje principal. Está compuesto por el nombre de pila de un hombre, Fred, y el prefijo que denota posesión [en inglés, of: “de Fred”]…El nombre insinuaba también otra posible interpretación: “offered”, “ofrecida”…En algún momento, durante la escritura, el título pasó a ser El cuento de la criada, en parte como homenaje a Los Cuentos de Canterbury, de Chaucer, pero también en referencia a los cuentos de hadas y a los relatos folklóricos.

La escritora cuenta que, desde la época del instituto, era lectora de novelas de ciencia ficción, “ficción especulativa, utopías y distopías”, pero, ¿sería capaz de escribir una…? La norma que se impone, al atreverse, es: “no incluir en el libro ningún suceso que no hubiera ocurrido ya…, así como ningún aparato tecnológico que no estuviera disponible”. Lo cual hace la historia mucho más aterradora…

“El cuento de la criada se nutrió de…: ejecuciones grupales, leyes suntuarias, quema de libros, el programa Lebensborn de las SS y el robo de niños en Argentina por parte de los generales; la historia de la esclavitud, la historia de la poligamia en Estados Unidos…y la literatura testimonial”.

La novela comienza: “Dormíamos en lo que, en otros tiempos, había sido el gimnasio…catres del ejército dispuestos en fila y separados entre sí para que no pudiéramos hablar…Con la cabeza pegada a la cama, tendidas de costado, nos observábamos mutuamente la boca. Así, de una cama a otra, comunicábamos nuestros nombres…”- termina el primer e inquietante capítulo.

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