viernes, 6 de octubre de 2017

CARMEN DE BURGOS, COLOMBINE: MIS VIAJES POR EUROPA


El texto publicado en 1917 es el mismo que el de Peregrinaciones, dado a la luz un año antes, en 1916.

“Viajar fue una de las pasiones de Carmen de Burgos”, dice en la introducción Concepción Núñez Rey. Su primer viaje europeo lo inició el 5 de octubre de 1905 (tenía entonces 38 años). Durante un año, la autora recorrió varias ciudades de Francia e Italia con una breve visita a Suiza, deteniéndose sobre todo en París (“A Carmen una de las cosas que más le gustan de los viajes es pasar por París”- escribe su pareja entonces, Ramón Gómez de la Serna), Niza, Nápoles y Roma. A su regreso publicó Por Europa, su primer gran libro de viajes.

En las navidades de 1910, con Ramón Gómez de la Serna emprendió desde París un viaje que los llevó primero a Londres y, atravesando Suiza, por Italia hasta Nápoles.

En 1912, Cartas sin destinatario recoge el itinerario que la escritora hizo en 1911 por los Países Bajos.

Mis viajes por Europa reúne  esos 3 relatos: Por Europa, Cartas sin destinatario y Peregrinaciones.

“SI YO SUPIESE QUE NO IBA A VIAJAR MÁS, ME MORÍA”

Esto revela Ramón Gómez de la Serna en el Epílogo, como algo que Carmen suele decir. “El deseo de los viajes es insaciable en Carmen…”. Carmen viaja con un atlas, “un atlas del instituto, sencillo, con colores simples y bobalicones, como iluminado por niños”. Es un atlas de Esteban Paluzie (1806-1873). “Carmen repasa constantemente su atlas…”.


IMPRESIONES + AMBIENTE, SU IDEAL DE LAS DESCRIPCIONES DE VIAJE

Por Europa, lo escribió inspirándose en Heine, Maupassant, Pierre Loti y Edmundo D´Amicis. “[Estos] Mezclan con singular acierto las impresiones personales con el ambiente de la región que visitan”- dice.

Otro referente es Larra. “Yo leía sus obras con devoción de creyente, recorrí sus lugares consagrados por él y más de una vez fui a visitar su tumba cuando dormía olvidado en el viejo cementerio de San Nicolás, donde iban pocas personas”.

EL PRIMER TESTIMONIO DE UNA VIAJERA ESPAÑOLA POR LOS PAÍSES ESCANDINAVOS


Hablando de Estocolmo, cita a “ilustres escritoras suecas: Anna Carlota Leffler, Victoria Benedictsson, Maria Lenngren, Emilia Carlén, Sofía von Knorring, Sofía Elkan, Hilma Strandberg, Anna Wahlenberg y Matilde Anna Ross. Las más conocidas entre nosotros son, sin duda, Federica Bremer, Ellen Key y Selma Lagerlöf”. Federica Bremer [escritora y activista sueca, 1801-1865. Novela Hertha, 1856] “que ha legalizado ese feminismo…, que conquistó los derechos de la mujer…”; Selma Lagerlöf [escritora y feminista sueca, 1858-1940,  primera mujer en recibir el premio Nobel de Literatura, en 1909. El maravilloso viaje de Nils Holgersson a través de Suecia, 1906]  que “en pocos años…se ha puesto al frente de la literatura del país”; y Ellen Key [escritora y feminista sueca, 1849-1926. Amor y matrimonio, 1903], “la inteligencia más vigorosa de esta tierra, la más original, la más completa y poderosa. Verdadera artista, creadora y libre…”.


En este año en que se cumplen 150 de su nacimiento, es un buen momento para recuperar a “otra escritora olvidada”, leyéndola…

Si quieres saber más…




viernes, 22 de septiembre de 2017

2017: 110 AÑOS DE LA LLEGADA A SORIA DE ANTONIO MACHADO

En 2007 se conmemoró el centenario de la llegada a Soria de Antonio Machado en tren. En septiembre tenía lugar un homenaje a Leonor -la esposa niña- en el cual Ouka Leele participó con una performance titulada El hada más hermosa.

“El buen machadiaño tiene que ir a Soria y subir a la cumbre de la montaña de Santa Ana que inspiró el gran poema de Machado A orillas del Duero;  desde ella se ve toda la llanura de Numancia y las ruinas…”- dijo Ian Gibson, que acababa de publicar no hacía mucho la biografía titulada “Ligero de equipaje”.

“…Allí me casé, allí murió mi esposa [el 1 de agosto de 1912], cuyo recuerdo me acompaña siempre…”- escribía Antonio en 1917.

“En 1907 obtuve cátedra de Lengua francesa, que profesé durante cinco años en Soria…”

En mayo de 1907, Antonio  toma posesión en el Instituto de Soria. Y escribe “ A orillas del Duero”. El 21 de septiembre de ese año conoce a Leonor Izquierdo Cuevas, que entonces tenía 13 años; se casan dos años después, el 30 de julio de 1909. La Junta de Ampliación de Estudios lo envía a París a asistir a un curso de filología con Bédier, pero prefiere acudir a las clases de filosofía de Bergson. “Si algo estudié con ahínco fue más de filosofía que de amena literatura”- escribirá más tarde.

“Durante el curso de 1910 a 1911 asistí a las lecciones de Henri Bergson”.

“El aula…estaba siempre rebosante de oyentes. Bergson es un hombre frío,  de ojos muy vivos. Su cráneo es muy bello. Su palabra es perfecta, pero no añade nada a su obra escrita. Entre los oyentes hay mujeres”.

Pero Leonor sufre una hemoptisis y Rubén Darío le presta dinero para volver a España.

El 1 de noviembre de 1912, tres meses después de la muerte de su esposa, toma posesión de su cátedra en Baeza.

1939. Collioure, “un sencillo pueblecito de pescadores”, el exilio

“En este sencillo pueblecito de pescadores, en un sencillo cementerio cerca del mar, lo hemos enterrado -escribe su hermano José al hispanista John Brande Trend, quien le había ofrecido por carta  a Antonio  el puesto de lector en su Departamento de Español en Cambridge. En la placa del nicho, unas sencillas palabras: “ICI REPOSE ANTONIO MACHADO MORT EN EXIL LE 22 FÉVRIER 1939” (“Aquí reposa Antonio Machado muerto en el exilio el 22 de febrero de1939”).

En la estación de Cerbère, un panel en francés, castellano y catalán, recuerda: “Del 28 de enero al 10 de febrero de 1939, más de 100.000 españoles, hombres, mujeres y niños, pasaron por este túnel y esta estación de Cerbère forzados al exilio después de 3 años de lucha contra el franquismo. Fueron las primeras víctimas de la Segunda Guerra Mundial”.

Eulalio Ferrer, empresario de la comunicación y publicista en México, a donde llegó exiliado, relata en Mi Santander, el inicio de un nuevo diario (el anterior fue quemado en su huida de Santander un 24 de agosto de 1937) un 14 de abril de 1939, ya en el campo de Argelès. En él se refiere a Machado: “Pasamos Cerbère y acampamos en Banyuls. En la placita del pueblo, sentados en un banco, Luis [Cillán] descubre a Antonio Machado y a su madre. Nos miran con gratitud cuando les hablamos. “Nos han prometido que vendrán a recogernos”, dice don Antonio. Pero nadie sabe nada de nada. Observa mi capote militar y se lo entrego impulsivamente, como si así quisiera rendir homenaje a este gran poeta que tanto admiro. Lo junta a la manta que cubre los dos cuerpos, necesitados de más abrigo. Alguna palabra musitan, pero solo percibimos la luz que pasa de unos ojos a otros, patéticamente tristes, buscando la tranquilidad de la despedida”.

“Estos días azules y este sol de la infancia”

Este fue el último verso, que se le encontró en el bolsillo de la chaqueta cuando murió en Colliure (Francia) un 22 de febrero de 1939.

SABER MÁS

lhttp://ccaa.elpais.com/ccaa/2014/02/03/madrid/1391435228_984282.htm. Machado y Madrid. 75 años  de su muerte en 2014



Recuerdos de infancia

“Nací en Sevilla una noche de julio de 1875, en el célebre palacio de las Dueñas…”.

“Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,/ y un huerto claro donde madura el limonero…”.

“El buen perfume de la hierbabuena, / y de la buena albahaca,/ que tenía mi madre en sus macetas…”.

JUAN DE MAIRENA, ENTRE LA LITERATURA Y LA FILOSOFÍA


Subtitulado “Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo”, contiene notas, “impresiones sobre temas”, consejos, sentencias, “diálogos de clase”, “fragmentos de lecciones”…

“Hace mucho tiempo yo escribí unas notas…cuando me acumularon la cátedra de literatura del Instituto de Segovia…”. Eso era en 1919.

En 1938, desvela en una entrevista: “Juan de Mairena es mi “yo” filosófico, que nació en épocas de mi juventud…Es un filósofo amable, un poco poeta y un poco escéptico…”. Con la palabra “escéptico” quiere decir “en actitud de búsqueda” permanente. De hecho, el apócrifo Juan de Mairena recomienda a sus alumnos: “No me toméis demasiado en serio. Pensad que no siempre estoy yo seguro de lo que os digo…”. Aunque se “moja”: “Debéis hacer política…a cara descubierta; en el peor caso con máscara política, sin disfraz de otra cosa; por ejemplo, de literatura, de filosofía, de religión”.

Sobre “la política y la juventud” diserta en ocasiones Mairena: “La política, señores, es una actividad importantísima…Yo no os aconsejaré nunca el apoliticismo, sino, en último término, el desdeño de la política mala, que hacen trepadores y cucañistas, sin otro propósito que el de obtener ganancia y colocar parientes”.

Fidelidad a la propia máscara

Las virtudes públicas de un político pueden resumirse en una: ser fiel a la propia máscara -habla Mairena. “No hay lío político que no sea…una confusión de máscaras…Procurad, sin embargo, los que vais para políticos, que vuestra máscara sea, en lo posible, obra vuestra; hacéosla vosotros mismos, para evitar que os la pongan – que os la impongan vuestros enemigos o vuestros correligionarios; y no la hagáis tan rígida, tan imporosa e impermeable que os sofoque el rostro, porque, más tarde o más temprano, hay que dar la cara”.
Se puede decir más alto pero no más claro.

La poesía y el ir de lo uno a lo otro

“La poesía es el diálogo de un hombre con su tiempo”.
“La poesía es el reverso de la filosofía”.
“Los grandes poetas son metafísicos fracasados”.
“Hay hombres que van de la poética a la filosofía; otros que van de la filosofía a la poética. Lo inevitable es ir de lo uno a lo otro, en esto, como en todo”.
“Si vais para poetas, cuidad vuestro folklore. Porque la verdadera poesía la hace el pueblo”.

Un paseante peripatético

Que piensa mientras camina. “Converso con el hombre que siempre va conmigo…”- escribe en 1908. “Mis aficiones son pasear y leer”: “Yo iba haciendo mi camino,/ absorto en el solitario crepúsculo campesino”.

A mí, a ratos, se me hace demasiado enjundioso. Y me salto párrafos hasta que detecto algunas palabras que me llegan...

SABER MÁS

http://www.abelmartin.com/. Revista de estudios sobre Antonio Machado. Editor: Jordi Doménech.




viernes, 8 de septiembre de 2017

GEORGE W. SEBALD: “MI MEDIO ES LA PROSA”


“Nacido en 1944 en (Wertach im) Allgäu [Baviera, 18 de mayo]”-, comienza su Discurso de Ingreso ante el Colegio de la Academia Alemana.

También habla de: “Mi infancia en los Prealpes”… “La casa de mis abuelos en Plattling”… “Apenas tengo recuerdos de mi época escolar”… “En la época de la posguerra me crié en Allgäu”.

Un grabado, base de sus escritos

“El pintor Jan Peter Tripp, con el que fui al colegio en Oberstdorf…me regaló uno de sus grabados en el que puede verse al presidente del Senado, Daniel Paul Schreber, enfermo mental [escribió Memorias de un enfermo de nervios en 1903], con una araña en el cráneo -¿qué hay más horrible que las ideas que continuamente bullen en nosotros?-. En ese grabado se basan muchas de las cosas que he escrito luego”.

La restitución por la literatura

“Hay muchas formas de escribir; pero solo en la literatura, por encima del registro de los hechos y de la ciencia, puede intentarse la restitución”.

Explica Javier Marías: “Los libros de Sebald son eclécticos. Son muy sui generis: una mezcla de ficción, autobiografía, biografía y viajes entretejida con fotos, siempre en blanco y negro y sin leyendas”.

1995. LOS ANILLOS DE SATURNO, UN CLÁSICO


En la traducción española, al título le han añadido la leyenda: “Una peregrinación inglesa”. Quizá para que no pensáramos que se trataba de ciencia ficción…

Tres citas anteceden al texto: una de John Milton en Paraíso perdido sobre que “el bien y el mal crecen juntos inseparablemente en el mundo”. Otra de Joseph Conrad, en francés, a Marguerite Podarowska sobre el “peregrinaje a pie” y, finalmente, la descripción de los anillos de Saturno en una Enciclopedia.

“En agosto de 1992,…emprendí un viaje a pie a través del condado de Suffolk,…con la esperanza de poder huir del vacío que se estaba propagando en mí después de haber concluido un trabajo importante”- comienza el libro.

Caminar, sana

“Raras veces me he sentido tan independiente como entonces, caminando horas y días enteros por las comarcas, escasamente pobladas, junto a la orilla del mar”.

“Justo en el mismo día, un año después del comienzo de mi viaje, fui ingresado en un estado próximo a la inmovilidad absoluta, en el hospital de Norwich”.

En el segundo capítulo, retoma el relato del primero: “Era un día completamente cubierto de nubes cuando, en agosto de 1992, bajé a la costa en el viejo tren diesel…que entonces hacía el recorrido entre Norwich y Lowestoft”.

En un momento, se pregunta: “Hölderlin… ¿Cuántos viajes a pie ha hecho ya en sus apenas treinta años de vida…?”, o confiesa: “Mis largos vagabundeos por la ciudad de Manchester”…

Documentación e investigación

Sebald narra sus andanzas, pero no todo es observación sino que antes (¿), durante (¿) y después hay un trabajo riguroso de investigación y documentación que, a veces, se explicita: “el folleto explicativo de la película…que he conseguido encontrar hace poco”, “célebres pintores de batallas navales… de los que con la mayor atención he estudiado algunas de sus producciones… en el Museo de la Marina en Greenwich”. “Pese a largas investigaciones…”- dice refiriéndose a unos vagones del ferrocarril de vía estrecha entre Halesworth y Southwold.

Además, incluye las conversaciones de las distintas personas con las que se va encontrando: el jardinero de Somerleyton; el holandés Cornelis de Jong en el bar del Hotel Crown, de Southwold…

Preferencias y los fantasmas de la repetición

También nos enteramos de cosas sobre el autor. “Cuando estoy en Southwold, la Sailor´s Reading Room [que abre a las 7 de la mañana todos los días, hasta medianoche] es, con mucho, mi lugar preferido…Se puede leer, escribir cartas, estar absorto en los propios pensamientos o, durante la larga época invernal, mirar sencillamente afuera, al mar tempestuoso”.

“En otoño de 1966, cuando llegué a Manchester procedente de Suiza…entre aquellas primeras amistades que hice en Manchester estaba la de Stanley Kerry…”. Como Paul Auster, habla de coincidencias: “Igual que Michael [Hamburger], estuve en Burnley en el año cuarenta y cuatro…”.

Expresa opiniones muy particulares, como que “en Bélgica, aún a día de hoy, hay una fealdad particular, impresa en la época de la explotación desinhibida de la colonia del Congo, manifiesta en la atmósfera macabra  de ciertos salones y en una deformidad llamativa de la población…”.

“Me gusta ir al cine especialmente en ciudades extranjeras”…

La actualidad

Noticias del momento también pasan a formar parte del discurso y del libro. “En la noche del segundo día después de mi llegada a Soutwold, la BBC… emitió un documental sobre Roger Casement, a quien yo desconocía hasta ese momento, ejecutado en 1916 en una cárcel inglesa por alta traición”. Se queda dormido en el sillón y solo recuerda que el escritor Joseph Conrad le conoce en el Congo y le tiene por la única persona franca entre todos los europeos corruptos que pululan por allí. Sebald decide reconstruir la historia, que se ha perdido durmiendo, “partiendo de sus fuentes”.

Círculos concéntricos y coincidencias

Por momentos, el libro me recuerda a la estructura con que los estudiosos de Proust denominaban a su manera de componer: “en rosetón”.

Lugares como Lowestoft se convierten en cantera donde convergen sus gentes y se interrelacionan a lo largo de siglos. Las primeras lecturas inglesas de Konrad Korzeniowski, luego Joseph Conrad, fueron el Lowestoft Standard y el Lowestoft Journal...

OTRAS OBRAS

1990. VÉRTIGO

Beyle o el extraño hecho del amor

Se refiere a Henri Beyle (Grenoble, 1783- Paris, 1842), “uno de los pocos participantes de esta travesía legendaria de los Alpes [con Napoleón, en 1800] que no acabaron en el anonimato”.

No lo dice en el relato, pero se trata de Stendhal, el escritor. Este era uno de sus seudónimos. En 1822,  Stendhal escribe Sobre el amor. Al parecer, tuvo una decena de amantes de las que se conocen nombre y apellidos.  El epitafio que hizo escribir en su lápida: «Henri Beyle, milanés. Escribió, amó, vivió 59 años, 2 meses. Murió el 23 de marzo de 1842».

1993. LOS EMIGRADOS

A partir de personas con las que tiene contacto (circunstancial, por historia personal o familiar), narra la historia de ese personaje en relación también con él. El recuerdo y la indagación, la reflexión, la investigación y la documentación, forman parte de sus escritos. En ellos, aparecen, a menudo, en la lengua original de su informante, pensamientos u opiniones.

“A finales de septiembre de 1970, poco antes de tomar posesión de mi cargo en la ciudad de Norwich, en el este de Inglaterra, partí con Clara en dirección a Hingham en busca de casa…”.

Así comienza el relato Doctor Henry Selwyn, [en realidad, Hersch Seweryn] al que acompaña la leyenda: “Queda el recuerdo; no lo destruyáis”.

“En enero de 1984 me llegó de S. la noticia de que Paul Bereyter, que fuera mi maestro en la escuela primaria, había puesto fin a su vida…”. Este es el inicio del relato titulado Paul Bereyter.

Para él, visto desde el momento actual, personificaba [en los días en que le dio clase, en primaria] el movimiento alemán de los Wandervögel (“Aves de paso”), un movimiento juvenil fundado en Alemania en 1901 bajo el ideal de la autoeducación, libre de la influencia de los adultos.

“Aquel Paul casi carcomido del todo por su soledad interior…Leía y leía…sobre todo a escritores que se habían quitado la vida o estaban en trance de hacerlo…Altenberg, Trakl, Wittgenstein, Friedell, Hasenclever, Toller, Tucholsky, Klaus Mann, Ossietzky, Benjamin, Koestler y Zweig”.

“Apenas si guardo algún recuerdo personal de mi tío abuelo [Ambros] Adelwarth”- comienza el relato Ambros Adelwarth. La leyenda en este caso es en inglés: “My field of corn is but a crop of tears”,  “Mi maizal no es más que una cosecha de lágrimas”.

Sus estudiosos dicen: “El tema central de la obra de Sebald es la memoria, y en su caso muy relacionada con el exilio y la persecución política, y lo doloroso de vivir con ella y lo peligroso de vivir sin ella para naciones e individuos”.

Sebald falleció en 2001. Enterrado en Framingham Earl, en la parroquia de St. Andrews, cerca de donde vivió. Murió en un accidente de coche, resultado de un aneurisma. Vivía en una vieja rectoría en las afueras de Norwich, en Inglaterra.









viernes, 25 de agosto de 2017

GEOGRAFÍAS DE GERARDO DIEGO

Siguiendo la exposición de José Luis Sampedro sobre sus “Geografías literarias”, haremos lo mismo con la obra en prosa de Gerardo Diego, “el escritor viajero”. Nacido en 1896. Fallecido en 1987. Casi cien años de historia…


“La obra en prosa de Gerardo Diego es la gran desconocida de toda su producción literaria”- dice Díez de Revenga en la introducción al tomo IV de las Obras completas, en la edición de 1997.

Son artículos de prensa y radio (“radiotextos”) principalmente,  escritos a lo largo de más de sesenta años que superan los 3.500 originales en el archivo familiar. Entre ellos, muchos recuerdos autobiográficos. “Todo lo que ha cabido en mi memoria lo he trasladado a mis papeles, impresos o inéditos”- confiesa en el artículo  titulado “El valor de los recuerdos”, publicado en 1979.

“Soy nada más un hombre que ha vivido”

“Mis recuerdos de lo que he visto, escuchado y sentido constituyen para mí la única historia verdadera”- escribe Gerardo Diego.

“Recuerdos de juegos, de fiestas, de tradiciones, de costumbres familiares, de personajes vinculados a su infancia…”- sigue Díez de Revenga.

“Los datos de mi vida están en mis libros”

A veces en tercera persona: … “un viejo nacido en el siglo XIX, que ha recibido cariñosos cachetes de don Marcelino Menéndez Pelayo (“Más de una vez le sigue por las calles a verle entrar en el Suizo y pedir La Época”)…, que ha contemplado y aplaudido infinitas veces a Galdós durante los últimos años de residencia en Santander…”.  “…Con un carácter tímido, meditativo, algo rabioso, huraño…Con un deseo paradójico de precisión y de aventura: el reloj y el tren son sus aficiones favoritas…Ese deseo paradójico se va concretando en vocaciones más intelectuales: la geometría y la cosmografía…Y la música…Y por fin, un día, la temible retórica…”.

“La vida es verso, prosa y aledaños”

E incluso en verso: “Todo lo que he escrito, singularmente en verso, es memoria mía, es biografía incompleta…un poeta lírico se pasa la vida hablando o cantando de sí mismo”. De hecho, muchas veces -al final de un artículo-, coloca el poema alusivo a lo que ha tratado en prosa. “Mi libro Mi Santander, mi cuna y mi palabra, es un poco mi libro de memorias”- dirá.

“Niño astrónomo y marino”

O en primera persona: “…soñaba con ser balandrista, relojero, geómetra creador, pianista, compositor musical, torero o filólogo”- escribe en otras de sus columnas, en 1968. “Yo soy muy tímido y en los viajes suelo quedarme mudo, contemplando el paisaje o soñando, alguna vez leyendo”- explica en 1974. “A mí me hubiera gustado más que nada en este mundo ser músico de entresueños”.

Juegos de niños

La gallina ciega, a los toros “en los prados libres”; el marro, las canicas, las cuatro esquinas, la pelota o los bolos (“no se le dan mal el birle, la siega y el emboque”); todos, con su calendario que no se podía transgredir o adelantar.


“La aparición mágica del gran tiovivo en los jardines de Pereda, en el Santander de mis once años…; los días de nordeste…íbamos mis hermanos mayores y yo, ellos con su cometa…Globos libres, mi mayor ilusión de niño y aun de hombre”.

“Mi primera aventura de niño…cinco años…a las 4 de la tarde…la escapatoria desde la tienda paterna [una tienda de telas en los bajos del número 7 de la calle Atarazanas, desaparecida en el incendio de 1941, hoy Calvo Sotelo] hasta una relojería próxima…”.


Lecturas

Cuando empieza el instituto, además de libros de aventuras, ya había leído el Quijote, “y algún que otro libro moderno, del Padre Coloma [Jeromín], de Pereda o de Enrique Menéndez” -relata en 1971. “De poesía, poco menos que nada…”.

Sobre Santander

“Mi ciudad es la menos a propósito para el pedaleo, porque, al revés de Holanda o de Castilla la Vieja, todo en ella son cuestas, salvo los terrenos robados a la bahía”- cuenta en 1971 a propósito de su profesor de instituto en 1909, “don Narciso” (Alonso Cortés), que iba a clase en bicicleta.

Deusto y Bilbao

Allí va a estudiar Filosofía y Letras en 1912 (los tres primeros cursos). Los primeros años, con patrona. “Tenía que levantarme a las seis y media para estudiar las lecciones y salir antes de las 8 de la alameda de Recalde, atravesar la vía de Portugalete y la Campa de los Ingleses, muchos días con lluvia, y pasar la ría en el bote…; en mi tercer curso me fui a vivir frente a la Alhóndiga…”.

El escritor viajero

“He viajado lo que he podido y todos mis viajes me enseñaron mucho y dejaron huella en mi obra poética”- escribe en 1978.

En 1925, visita Andalucía. Falla le hará de cicerone en Granada y le traza el plan de viaje en Cádiz. “Fueron dos sus principales recomendaciones. La primera, subir al mediodía a la Torre de Tavira. La segunda, visitar en casi segura soledad el Museo de Bellas Artes, y en él los zurbaranes”.

En 1928 va a Buenos Aires “en el Infanta Isabel de Borbón”, con escala en Tenerife. En 1929 es su “bautismo de aire”: un vuelo Sevilla-Madrid. En 1934 visita Filipinas. En 1941, “la bella, dulce y blanda tierra portuguesa”. Viaja a México en 1958. En 1964, va a Perú, Ecuador, Venezuela, Nicaragua y Guatemala…

Relación con otros literatos, artistas…

“Fue en diciembre de 1920 cuando yo visité por primera vez al poeta [Antonio Machado]…Al ya glorioso músico [Manuel de Falla] le vi por vez primera, como espectador yo y él como pianista, en un concierto dirigido por Turina en el teatro de la calle de Cedaceros…Solo pude al fin conocer y hablar largo y tendido a don Manuel de Falla en su “Antequeruela Alta”, en la semana de Pasión de 1925…”. Respecto a Federico García Lorca, no recuerda si fue en el Ateneo o en la Residencia de Estudiantes donde lo conoció, pero para 1920 “ya éramos amigos instantáneos”- dice.

El gusto por el mundo del futuro

“Vivía yo en mi niñez pendiente de la navegación aérea. Primero, de los globos…Luego…, biplanos o monoplanos, cuyos pilotos inventores sabía de memoria…”.

“Las nuevas máquinas eléctricas, computadoras y ordenadoras…”- escribe en 1983, tres años antes de su muerte, que permite “casi editarse la obra antes de darla a la imprenta”.
Él, que había conocido desde el tranvía de mulas hasta el trolebús, pasando por el tranvía de vapor y el eléctrico…

En 1966, tres antes de que Armstrong pisara el satélite, escribe: “Anoche he soñado que había viajado a la Luna y que paseaba por ella”.

“Si uno no fuera tan viejo - escribe en 1977- se embarcaría con ilusión en algún viaje interplanetario…”.

SABER MÁS


http://www.fundaciongerardodiego.com. Fundación Gerardo Diego. 





UNO DE MIS FAVORITOS

“Río Duero”, una fusión entre paisaje y sentimiento…

Río Duero, río Duero,
nadie a acompañarte baja,
nadie se detiene a oír
tu eterna estrofa de agua.
Indiferente o cobarde
la ciudad vuelve la espalda.
No quiere ver en tu espejo
su muralla desdentada.
Tú, viejo Duero, sonríes
entre tus barbas de plata,
moliendo con tus romances
las cosechas mal logradas.
Y entre los santos de piedra
y los álamos de magia
pasas llevando en tus ondas
palabras de amor, palabras.
Quién pudiera como tú,
a la vez quieto y en marcha,
cantar siempre el mismo verso
pero con distinta agua.
Río Duero, río Duero,
nadie a estar contigo baja,
ya nadie quiere atender
tu eterna estrofa olvidada,
sino los enamorados
que preguntan por sus almas
y siembran en tus espumas
palabras de amor, palabras.

viernes, 11 de agosto de 2017

DE CAMINO A OKU. Andar en Japón en el siglo XVII


Matsuo Basho nació en 1644 en Ueno, en la provincia de Iga, en Japón. Es considerado el poeta más famoso del periodo Edo y uno de los 4 grandes maestros del haiku, junto a Yosa Buson, Kobayashi Issa y Masaoka Shiki.

En 1662, con 18 años, publicó su primer poema y, a partir de 1680, ya se dedica al oficio de poeta a tiempo completo. Incluso tiene discípulos…

Ese invierno, a sus 36 años, se decide a llevar una vida más solitaria. Sus discípulos le construyen una cabaña y le plantan un banano (basho), que pasará a ser su sobrenombre.
Cuatro años más tarde, a los 40, en 1684, realiza el primero de sus 4 grandes viajes. “No sigo el camino de los antiguos: busco lo que ellos buscaron”.

1684. Primer diario: Recuerdos de viaje de un demacrado saco de huesos

Este comienza: “Siguiendo el ejemplo de un antiguo sabio chino, que había recorrido miles de leguas sin preocuparse de la comida hasta alcanzar el estado de suprema vacuidad, un día abandoné mi humilde choza junto al río Sumida y me puse a caminar. Fue durante la octava luna de otoño del año 1684 y soplaba un viento helador…”. Lo concentra en el haiku: “Saco de huesos./Toca mi corazón/ el viento frío”.

Aquí y Ahora. “El haiku es sencillamente lo que sucede en un lugar y en un momento dado”.

Su hogar estaba en ese momento en la llanura Musashino; en el trayecto, duerme en cama de hierba muchas veces; lleva sandalias, bastón y sombrero. El sonido de las hachas de los leñadores y de las campanas de los templos cercanos le conmueven profundamente. Llega a casa en su aldea natal a tiempo para celebrar el Año Nuevo.

1687. Diario de Kashima

“Durante mucho tiempo había deseado, influenciado por este poeta [Teishitsu], ver la luna llena alzándose por entre las montañas que rodean el santuario de Kashima [dedicado  a una deidad patrona de las artes marciales]…”. Ese es el desencadenante del viaje. Va acompañado de “un samurai sin señor  y un monje peregrino”, los tres con sombreros de ciprés que les han regalado.

1689. De camino a Oku


“…Un día, de pronto, se despertó en mí este deseo irresistible de dejarme llevar por el viento como este hace con las nubes…tuve la necesidad de echarme otra vez al camino…Parecía haber sido poseído por el espíritu del viaje…El día veintisiete del mes de marzo, a primeras horas de la mañana, me puse en marcha…”.

Antes, remienda sus “raídos” pantalones, repara su sombrero de bambú y se echa artemisia moxa en las piernas, “para fortalecerlas”. También presta a una familia su choza de hierbas. Su obsesión es contemplar la luna llena sobre Matsushima y los paisajes de Kisakata. Por delante, tres mil millas y el paso fronterizo de Shirakawa, “la puerta de entrada a las regiones del norte” en esa peregrinación al norte lejano…

Basho tiene una enfermedad crónica y un precario estado de salud a sus 45 años. Sin embargo, ni para ni vuelve atrás: ser un peregrino y contemplar los lugares que han cantado otros antes que él le hacen sentirse vivo.

Soryu, a quien Basho pide que pase a limpio De camino a Oku, dice en el epílogo: “En este cuadernito de viaje se ha recogido todo lo que hay bajo el cielo. No solo lo manido y seco, sino también lo nuevo y colorido. No solo lo que es imponente y perdurable, sino también lo que es frágil y efímero…”.

1691. Diario de Saga

“En el día 18 del cuarto mes del cuarto año de Genroku, viajé hasta Saga, a la Casa de los Caquis Caídos de Kyorai” -comienza este nuevo diario.

En la casa, han dispuesto para él “una mesa baja, un tintero, una caja con útiles de escritura y una serie de libros: los poemas de Bo Juyi [uno de los grandes poetas chinos de la dinastía Tang junto a Li Po], los Poemas chinos de autores japoneses, la Historia de una Sucesión, la Historia de Genji, el Diario de Tosa y la Antología de la Hoja de Pino”…


“Aprovecho para tomar notas para el texto que quiero escribir…Me entretengo escribiendo lo primero que pasa por mi cabeza…Nada me seduce tanto como la soledad” – son algunas de sus entradas. 

1704, póstumo. Diario de mi mochila

“…Fue a principios de octubre…que decidí emprender un viaje…”. Amigos, familiares y estudiantes le donan dinero “para comprar sandalias de paja”, y prendas de vestir: “impermeable de papel encerado, sombrero, manto de algodón y otras…”.

“Desde tiempos inmemoriales el arte de llevar un diario de viaje ha sido una actividad muy popular”. Pone ejemplos como el diario del señor Ki [Ki-no-Tsurayuki, El diario de Tosa], de Chomei [Kamo-no-Chomei, Notas desde mi cabaña de monje] o de la monja Abutsu [Abutsu-Ni,  "Diario de la luna de la decimosexta noche"].



“Los lectores de mi diario encontrarán entre estas páginas una variopinta selección de lo que me ha ido conmoviendo a medida que avanzaba por el camino…Lo que he intentado ha sido proponerles interesantes temas de conversación y serles útil en caso de que alguno de ellos se animara a hacer este mismo trayecto”.

El equipaje del viajero

“Como me gusta viajar ligero, me desprendí de un montón de cosas accesorias…”. Pero hay otras necesarias que debe portar: “impermeable, abrigo, tinta, pincel, papel de escribir, algunas medicinas, la cesta de la comida”. También lleva un sombrero de ciprés que le protege de las inclemencias del tiempo.

A pesar del cansancio y de los pies desollados, “disfruté mucho con las inigualables bellezas naturales [cascadas, cerezos en flor] con las que me topaba en las montañas y en las costas, visitando las ermitas en las que se recluyeron durante algún tiempo ciertos sabios del pasado y, muy especialmente, reuniéndome con personas que lo habían abandonado todo para cultivar alguna disciplina artística”.

Sus únicas preocupaciones: encontrar un lugar apropiado para pasar la noche e “intentar calzar sandalias de paja que fueran de mi talla”. Sin un itinerario fijo, se deja llevar por el camino.

Al llegar a su lugar natal, Ueno, la contemplación del lugar al amanecer,  “campos rojizos de trigo y chozas de pescadores rodeadas de amapolas blancas”, le hace componer un haiku: “Pescan al alba./Entre amapolas blancas,/ rostros morenos”.

Basho muere en 1694, a los 50 años.

En otoño de 1693, había escrito: “Son pocos los que alcanzan los setenta años. El periodo de máximo florecimiento corporal y mental es raro que sobrepase los veinte años. Nuestros primeros cuarenta años, edad a partir de la cual comienza la vejez, transcurren tan rápidos como el sueño de una única noche. A los cincuenta y los sesenta cada vez enfermamos más y presentamos un aspecto lamentable. Nos cansamos pronto, como consecuencia de lo cual nos dormimos al atardecer y nos levantamos en medio de la noche, errando de hora en hora sin saber muy bien qué hacer”. Esto lo decía ¡hace 324 años…!

Basho escribió unos dos mil haikus, tantos como discípulos tuvo. En el haiku es obligatoria una palabra (llamada kigo) que indique a qué época del año se refiere. “Al releerlo [su haiku recién terminado, escrito de manera espontánea], me di cuenta de que le faltaba la palabra estacional”- escribe en el Diario de mi mochila.

SABER MÁS

Thoreau, el equipaje del viajero en el siglo XIX en Estados Unidos


Su amigo Emerson lo describe así en su semblanza: “Llevaba bajo el brazo un libro viejo de música para recoger dentro de él las plantas; en el bolsillo llevaba el diario y el lapicero, un catalejo, un microscopio, la navaja y bramante. Usaba sombrero de paja, botas fuertes, pantalones grises y de mucha resistencia para que no los desgarrasen los arbustos, o para subir, si preciso fuera, aun árbol en busca de un nido de halcón o de ardilla…”. 

Y el de una peregrina del siglo XXI...


"Llevo un saco ligero, un “quita y pon”  de ropa, más otro juego, por si no se seca; los bastones; en vez de toalla, más gruesa y pesada, un fular multiusos. Y más cosas esenciales...".