miércoles, 21 de junio de 2017

PEREGRINOS DE LA BELLEZA. Viajeros por Italia y Grecia


Este es el primer libro de María Belmonte. Mientras lo escribía su sueño era que se publicara en la editorial Acantilado (como así ha sido). Ahora que estamos a punto de empezar las vacaciones de verano, es un buen momento para hablar de lugares a viajeros literarios…

“La belleza es lo único que salva al ser humano de la absoluta soledad”- dice su autora en el prólogo. En su seguimiento, se ha rodeado de una serie de “mentores” que “han agudizado mi mirada, ensanchado mi percepción y guiado mis pasos por el Mediterráneo”. Ellos han sido Lawrence Durrell, Kevin Andrews, Patrick Leigh  Fermor y Henry Miller – en el caso de Grecia, y Winckelmann, Wilhelm von Gloeden, Axel Munthe, D.H. Lawrence o Norman Lewis, en el caso de Italia. “Cuando sigo las huellas de un personaje que me es querido, el viaje se transforma en una especie de peregrinación a los Santos Lugares…”.

LLEGAR A SER MEDITERRÁNEO

“Es posible – cualquiera que sea nuestro lugar de nacimiento o residencia -llegar a ser mediterráneo” – escribe el autor bosnio-croata Predag Matvejevic en su Breviario mediterráneo.

María Belmonte comenzó pronto: “El primer libro que compré con nueve años fue Mitología griega y romana, de Herman Steuding…Ya de adolescente, en París,  escuché por primera vez el sonido de la lengua griega moderna en boca de un poeta…y decidí aprenderla”. En su primer viaje a Florencia, se quedó extasiada ante la catedral de Santa María del Fiore, el “Duomo”. “Nunca había sentido tanta felicidad”. Quizá es lo que le lleve a estudiar Historia y Antropología…

Ahora, visita las islas griegas “de la mano de Larry Durrell”, sube al monte Olimpo “siguiendo a Kevin Andrews”, recorre “la misteriosa región de Mani [parte central de la península del Peloponeso]” con Paddy Leigh Fermor y conoce “los rincones más secretos de Capri” gracias a Axel Munthe. “La historia de San Michele formaba parte de la biblioteca de mis padres y fue uno de los primeros libros que leí en la adolescencia…” - confiesa la autora.


“Todo el Mediterráneo…parece surgir del sabor agrio y picante de las olivas negras entre los dientes…Toda la belleza del mundo está contenida en una gota de aceite griego recién prensado”- escribe Larry Durrell en La celda de Próspero.

EL VIAJE AL SUR

Un profesor de historia del arte durante la carrera es quien le descubre a Winckelmann, considerado el fundador de la Historia del Arte y de la Arqueología modernas. Principal teórico del movimiento neoclásico en el siglo XVIII, sostenía que “si queríamos alcanzar la perfección, era preciso imitar a los antiguos griegos”. “Nada hay que pueda compararse con Roma…si deseas comprender a la humanidad, éste es el lugar para hacerlo”- escribió. Él mismo decía que su año real de nacimiento había sido 1756, cuando con 39 años se traslada a Roma, y no 1717.

Impulsados por sus descubrimientos y sus palabras, muchos jóvenes (y no tan jóvenes) del norte de Europa se pondrían en marcha hacia el sur, buscando confirmar su experiencia (en el llamado Grand Tour). Entre ellos, Goethe, a sus 37 años. Su Viaje a Italia, publicado en 1816, fue, a su vez, un aliciente para otros.


Por ejemplo, Wilhelm von Gloeden, “el barón fotógrafo”, nacido en Alemania en 1856  quien, en 1878, parte rumbo a Italia y se enamora de Taormina, en Sicilia. Allí se dedicará a fotografiar a jóvenes lugareños (campesinos, pastores y pescadores) a la manera de las estatuas griegas. “Gloeden consiguió plasmar el ideal erótico-estético de Winckelmann encarnado en el Apolo de Belvedere”.

También viajó “al sur” Axel Munthe en 1876 desde Estocolmo. En 1870, con veintitrés años, llega de recién casado a Capri en su luna de miel. Años más tarde, establece allí su residencia. “Vivo en las mismas condiciones que la gente pobre que me rodea…Como lo mismo que ellos, llevo sus mismas ropas…Trabajo varias horas al día en un campo y en la viña, cuido de los enfermos, escribo cartas para ellos y leo las esperadas respuestas…” – escribirá  a un amigo.

Allí construyó su casa, la Villa San Michele, de 1895 a 1899. “Mi casa estará abierta al sol, al viento y a las voces del mar, como un templo griego – y luz, luz, luz por todas partes”.

D.H.Lawrence hizo lo propio en 1912, desde Múnich hasta Gargnano, en Lombardía,  a pie. En busca del sol para un tuberculoso. Luego, vendrían  Fiascherino, Florencia, Capri y Taormina, o Cerdeña.  Los últimos años de su corta vida, solo 44 años, los pasa explorando los lugares donde se encuentran restos etruscos, para él un pueblo que identifica con la “alegría de vivir”: el Palazzo Vitelleschi, en Tarquinia, sede del Museo Nacional Etrusco, o la necrópolis de Cerveteri, en el Lacio.

Norman Lewis desembarcó en Paestum (en la Campania italiana) en plena II Guerra Mundial (un 9 de septiembre de 1943) y quedó fascinado con los tres templos “iluminados por los últimos rayos del sol, resplandecientes, rosados y espléndidos”. “Fue como una revelación” -escribió en su libro Nápoles 1944.

Henry Miller llegó a Grecia en junio de 1939, poco antes de que estallara la II Guerra Mundial. Su estancia dará para un libro, El coloso de Marusi, publicado en 1941 y considerado por algunos “el libro más influyente sobre Grecia desde la guía de Pausanias [en el siglo II D.C., considerada la primera Guía de viajes de la historia] y, por otros, el mejor libro de viajes jamás escrito”.

Miller recorrió el país en estado de “éxtasis”…, “un sentimiento de admiración y alegría”. Visita Delfos, Tirinto, Epidauro, Micenas, Eleusis, Cnosos… En Marusi, al nordeste de Atenas, conoce a Yorgos Katsimbalis, protector de escritores y poetas, a quien titula como “El coloso”. Lo que más le gusta del país, “la luz… y la pobreza”. “La vida puede vivirse magníficamente a cualquier escala, en cualquier clima y cualquier condición”- les agradece a sus amigos griegos, ejemplos de eso mismo.

Patrick Leigh Fermor decide viajar a pie desde Holanda a Constantinopla, en 1933, con 18 años, para ir al monte Athos, siguiendo la estela de Robert Byron y su libro The Station, publicado en 1928. Ese viaje lo contará muchos años después en dos libros: El tiempo de los regalos y Entre los bosques y el agua. (El último tramo.De las puertas de Hierro al Monte Athos, que aparece póstumo, e inacabado, en 2014, es considerado la tercera parte de la trilogía). Pero a Grecia le dedica otros dos libros: Mani. Viajes por el sur del Peloponeso y Roumeli. Viajes por el norte de Grecia. Y dividirá su vida futura entre Kardamili, en la península de Mani, y Worcestershire, en Inglaterra.


Kevin Andrews llegó a Grecia en 1947, en plena guerra civil, y se puso a cartografiar fortalezas bizantinas y venecianas en el Peloponeso entre 1948 y 1951. El resultado fue el libro El vuelo de Ícaro. Viajes por Grecia durante una guerra civil. En 1975 se nacionaliza griego, y allí muere, entre la isla de Kythira y el islote de Avgo, un 1 de septiembre de 1989,  intentando alcanzar a nado el lugar donde se supone que nació Afrodita.

SENTIRSE EN CASA

Lawrence Durrell, “filoheleno e islomaníaco”, llega a Corfú en 1935, recién casado con Nancy Myers. Alquilan la Casa Blanca a un pescador, en Kalami. Allí escribe su segunda novela y El libro negro, mientras lleva una vida sencilla ajustada al ritmo solar.

Posteriormente, publica una trilogía sobre las islas griegas: La celda de Próspero, sobre Corfú, en 1945; Reflexiones sobre una Venus marina, acerca de Rodas, en 1953, y Limones amargos, sobre Chipre, en 1957. “Los libros de Larry Durrrell sobre las islas griegas enseñan a ver cosas que pasan desapercibidas para la mayoría de ojos mal entrenados, pero no para la mirada de un poeta” -escribe María Belmonte. Para ella, siempre será “el que me enseñó, como nadie, a apreciar la belleza del paisaje griego, y en su paisaje, la historia griega y, en su historia, a percibir, en los recodos de sus caminos, el espíritu del lugar”.

VIAJERA LITERARIA

María Belmonte parte en busca de los lugares de sus viajeros reseñados: la catedral de San Giusto en Trieste -ciudad donde fue asesinado Winckelmann-, y su monumento mortuorio, construido en 1832 por suscripción popular “en honor del insigne intérprete de la Antigüedad”. La Villa San Michele, en Capri, y la gruta de Matromania, la preferida de Axel Munthe. Las sendas bizantinas construidas sobre antiguas calzadas romanas que unen Esparta con el puerto de Kardamili, recorridas por Patrick Leigh Fermor. Los “santos lugares durrellianos”: la Casa Blanca en Kalami (ahora, un restaurante), la ermita de San Arsenio y la ensenada donde se bañaba…Pero si tuviera que elegir un solo lugar, se quedaría con el templo Malatestiano de Rímini, un edificio inacabado, “el símbolo más elocuente de ese ideal inalcanzable de perfección física y espiritual…que surgió hace siglos en las riberas del Mediterráneo”.

Su explicación -una mezcla de recuerdos personales y de datos bien traídos, como en el caso de Los senderos del mar-, es comprensiva y amena, un disfrute de lectura y acompañamiento.

ESOS LIBROS QUE LEÍMOS UNA VEZ…

…Y que quedaron en el imaginario como algo mágico, especial. Me pasó con La historia de San Michele o con Los encantadores, de Romain Gary, libros que había en casa y que leí en la adolescencia. Libros apasionantes, diferentes, cautivadores.

SABER MÁS


SER VIAJERA LITERARIA




lunes, 5 de junio de 2017

LOS SENDEROS DEL MAR. Un viaje a pie por la costa vasca


El lema este año para el Día Mundial del Medio Ambiente (5 de junio) es: “Conectar a las personas con la naturaleza”. El libro de María Belmonte puede contribuir a ello, precisamente en un territorio que sigue siendo un gran desconocido: el mar y los océanos. “¿Quién mantiene estable el clima de nuestro planeta? Los responsables son esos pequeños organismos marinos…que, una vez muertos, se depositan en el fondo de los océanos  y se transforman en nuestra conocida roca caliza…Hay veinte mil veces más carbono retenido  en las rocas de la Tierra que en la atmósfera…solo un dos por ciento de las aguas oceánicas del mundo goza de algún tipo de protección”...

TODO EMPIEZA POR UN OLOR

“Uno de los recuerdos más persistentes que guardo en la memoria es un olor…”. Así comienza la introducción de este libro a medias entre ensayo y libro de viajes donde se mezclan recuerdos autobiográficos con observaciones y una amplia documentación, todo sabiamente administrado.

“Adoro viajar a pie”- continúa. “Caminando experimentamos el mundo en nuestros cuerpos, con todos los sentidos”. María Belmonte habla de la “alegría” del viajero, del caminante, y de fundirse con el camino hasta ser uno. “Me gusta caminar porque a fuerza de recorrer senderos…se desarrolla una capacidad de transformar el mundo en un espacio nuevo sorprendente y maravilloso”.

“La costa vasca se puede recorrer a pie en menos de quince días”- dice. Y eso es lo que ella hace acompañada por escritores y científic@s que le van susurrando al oído: Rachel Carson, bióloga marina, y su libro La orilla del mar, “fuente de inspiración y germen de este libro”; Robert MacFarlane, viajero, autor de The Old Ways, A Journey on Foot (Los viejos caminos. Un viaje a pie), y otr@s...

RECUERDOS AUTOBIOGRÁFICOS

Estos aparecen, de tanto en cuando, al hilo del relato:

Su antiguo colegio en Saint-Amand, en Bayona (Francia). “En las afueras de esa ciudad se encontraba el colegio en el que pasé los veranos de los once a los quince años”. F.G., el primer chico que le gustó. “Con él recorrí, a lomos de su mobylette, los parajes más bonitos de la costa vasco-francesa”.

Nos cuenta sobre sus gustos y “disgustos”: “Me encanta visitar acuarios y, sin embargo, detesto profundamente los zoológicos”. “Me puedo demorar durante horas ante los caballitos de mar”. “En mi próxima reencarnación me gustaría ser surfista”. “Me encantan los nombres de las playas”. “Adoro San Sebastián”. “Me atraen las viejas piedras”. “Me encanta visitar castillos y casas antiguas”.  “No me gustan las fiestas veraniegas”. “Sentarme a la sombra de un faro siempre me resulta una experiencia agradable”. “Un lugar que sigue siendo muy querido: el Museo de Bellas Artes de Bilbao”.

Se declara nómada, petromaniaca y salvadora de caracoles.

OBSERVACIONES

La propia observación, o la de otros, forman parte también de la narración:

“La mayor parte de las olas que llegan al golfo de Vizcaya y rompen contra la costa vasca nacen en el tempestuoso y agitado mar de Labrador, al este de Terranova y al sur de Groenlandia…pueden haber recorrido más de cinco mil kilómetros”.

“El fitoplancton es responsable del cincuenta por cien del oxígeno presente en el planeta y de la fijación del dióxido de carbono mediante la fotosíntesis…capta anualmente tanto carbono de la atmósfera como el conjunto de la biosfera vegetal terrestre”.

“Un litro típico de agua de mar contiene aproximadamente dos cucharaditas y media de sal común”.

“El musgo fue el primer vegetal puente entre la vida acuática y terrestre…no le gusta el agua salada…Los líquenes, en cambio, pueden sobrepasar la línea costera y adentrarse en el mar”.

DOCUMENTACIÓN

Al final del libro aparecen una lista de lecturas y páginas web recomendadas, desde el clásico Pasear, de Thoreau, a otros que pueden ser más desconocidos o minoritarios como Sendas de Oku, de Matsúo Basho.

Pero en cada capítulo hay alusiones a personajes que han habitado o hablado de esos lugares de la costa vasca, o que tienen relación con el mar: “Entre los rusos más famosos que pasaban sus veranos en Biarritz se cuentan Antón Chéjov, Ígor Stravinski y, mi favorito, Vladímir Nabokov”. “La primera persona que midió la fuerza de una ola en el mar fue Thomas Stevenson, padre del escritor Robert Louis Stevenson”. “Aristóteles fue uno de los primeros en estudiar detenidamente los animales y plantas que viven en la orilla del mar”. “El aceite de ballena dejó de ser el combustible que procuraba luz a la humanidad en 1859, cuando Edwin L. Drake perforó en busca de petróleo en una granja de Titusville, Pensilvania”. “Matthew Fontaine Maury (1806-1873), oficial de la marina de Estados Unidos,…descubrió los caminos del mar en los que vientos y corrientes eran especialmente favorables y sus cartas náuticas redujeron la duración de los viajes transoceánicos en una tercera parte”.

LUGARES MÁGICOS. PAISAJES QUE PERMANECEN EN NUESTRA MEMORIA

Labetxu, el valle de los colores; los paramoudras  de Jaizkibel; Sakoneta, un “mar petrificado”; el flysch de Zumaya, una alternancia de capas de roca caliza y margas, o San Juan de Gaztelugatxe son algunos de esos paisajes que nunca se podrán olvidar una vez que se han visto.

PERSONAJES

Josetxo Mayor a quien titula como “el guardián de los caminos de Ulía”, nacido en San Sebastián, y que ha fallecido precisamente este año, el 26 de abril de 2017, a los 83 años. Se dedicó, él solo, como voluntario, a recuperar y cuidar los senderos del monte Ulía durante más de veinte años, como un moderno Santo Domingo de la Calzada.

Iñaki Perurena, “el hombre que abraza las piedras” y su museo, a ellas dedicado, en Leitza, Navarra. De levantador de piedras (harrijasotzaile) a bertsolari que hacer versos a sus “piedras queridas”.

PROYECTOS

Al final del libro, en la “última etapa”, la autora se hace eco de varios proyectos para “sanear”, proteger o conocer mejor el mar: El de Boyan Slat, un estudiante de ingeniería aeroespacial, que se propone hacer “la limpieza más grande de la historia”, un proyecto contra el plástico en los océanos. El de Enric Sala, biólogo marino, que impulsa la creación de áreas marinas protegidas, lo mismo que existen parques nacionales en tierra. O el de Claire Nouvian, fundadora de la Asociación Bloom y autora del libro “Criaturas abisales”, sobre fauna submarina y fondos marinos.

Con este libro, mientras lees y disfrutas, aprendes. Consultas imágenes en google, buscas nuevos datos…María lo cuenta sin erudición, sin pasarte por los morros “todo lo que sé” (es doctora en Antropología)…Divagar mientras vagas o Vagar mientras divagas, he ahí el secreto del libro. Yo me he identificado con muchas de las sensaciones y sentimientos a la hora de caminar.

SABER MÁS

Unos libros llevan a otros…Mientras leía el libro de María Belmonte Barrenechea, me han venido a la mente: Las huellas de la vida, de Tracy Chevalier, sobre Mary Anning, la recolectora de fósiles o La evolución de Calpurnia, de Jacqueline Kelly, el primer contacto de una niña con el mundo de la ciencia.

ENLACES

https://twitter.com/robgmacfarlane?lang=es. Twitter de Robert MacFarlane.



https://www.ted.com/talks/enric_sala?language=es. Enric Sala, Atisbos de un océano prístino.

PONER MÚSICA A UNA CIUDAD

https://www.youtube.com/watch?v=QtH_g9RQvuQ. Jan Garbarek, saxofonista. “San Sebastián…Si tuviera que traducirla a música, sería un fraseo de saxo de Jan Garbarek”.

https://www.youtube.com/watch?v=xC6Xk5kGR8U. Vals nº 2 de la Suite para orquesta variada, de Dimitri Shostakóvich. “El espíritu de Bilbao [mi ciudad natal] estaría ahí atrapado para mí…una melodía entre melancólica y festiva”.

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viernes, 26 de mayo de 2017

ANTÓNIO LOBO ANTUNES: “ESCRIBIR ES OÍR CON FUERZA”

Portugal está de moda: país invitado en la Feria del Libro de Madrid, sus socios de la UE le reconocen que ha hecho bien los deberes para salir de la crisis (sin dejar atrás a una mayoría...). 

Hoy, Lobo Antunes. A mí, algunos de sus libros me resultan difíciles, pero me enamoran sus Crónicas y las Cartas desde la guerra de Angola. Es el Duque de los Cocodrilos en el Reino de Redonda y a sus 74 años convive con la muerte “como si fuese una antigua amistad”.


En sus crónicas, se autorretrata:

“Me llamo António, hago libros, algunas veces me siento angustiadísimo. Voy aprendiendo a disimularlo”.

“Yo solo soy un sujeto sencillo que hace libros…las cosas que tengo en la cabeza no son precisas ni bajan a la mano”.

“Yo odio distraerme, tener que ser simpático, oír cosas que no me interesan. No voy a presentaciones, fiestas, bares. Casi no concedo entrevistas. No hablo. No aparezco. No me ven. No hago promoción de mis libros. No tengo tiempo”.

También incluye algunas notas autobiográficas:


“Crecí en una casa con una acacia…”. “Me encantan los árboles…”.

“Crecí en los suburbios de Lisboa, en Benfica (en la Travessa dos Arneiros)…Crecí junto al castillete de las Portas…Hoy ya no existe la palmera de Correos, la quinta de los Lobo Antunes fue vendida…Tal vez solo resista la acacia de mis padres”.

“Y entonces a principios de agosto nos íbamos a la Praia das Maças”.

“La Praia das MaÇas (Playa de las Manzanas) es habitual en mis libros. Como Nelas, pueblo amado, al que vuelvo siempre que puedo”.

“En el colegio aprendí… a odiar el colegio”. “Escribir es sujeto, predicado, complemento directo, punto final y se acabó, ¡animal!”.

“Como mi padre era médico, fui al Liceo Camoes”.

“Cuando era niño, en la escuela, nos obligaban a una cosa llamada “Mocidade Portuguesa” [Juventud Portuguesa], que incluía uniforme, marchas, discursos patrióticos y tonterías de ese tipo. Nos llamaban “afiliados”, y había un librito u opúsculo con el dibujo de un afiliado feliz, con el brazo en alto, como los nazis”.

“A los doce años, en el año en que murió [mi abuelo], decidí ser escritor. Mis influencias: Salgari, Flash Gordon y el Almanaque Bertrand, lleno de sonetos entusiastas. Mi poeta favorito se llamaba general  Fernandes Costa…De los doce a los trece años no escribí otra cosa [que sonetos de almanaque]”.

“Qué estupidez el instituto: hicieron lo posible por transformarme en un secretario de Estado en germen o en un gestor de empresas…”.

“Mi padre me inculcó el odio sin piedad a tres cosas: la falta de honestidad, la cobardía y la falta de rigor…Aprendí de él el desprecio o indiferencia por las cosas materiales, la frugalidad y, sobre todo, el mencionado amor por las cosas bellas”.

“Cuando estaba de prácticas en el  Hospital de Santa Maria me colocaron en un servicio de pediatría en el que había niños con enfermedades terminales…A veces se me ocurre pensar que escribo para ese pie [el piececito de un niño que murió de cáncer]…Nunca quise ser médico”.

“Cambié el Hospital de Santa Maria por el Hospital Miguel Bombarda…”.

“Me avergüenza haber trabajado en el hospital [Miguel Bombarda]. Haber sido médico allí. Haberme callado tantas veces…”. [En 1981 escribe Conocimiento del infierno basado en esa experiencia].

[A los psiquiatras]“Los he conocido bien (… “ocho años metido en la jerga”), sé de lo que hablo. “Disminución de la superficie de contacto con la realidad”- dicen”.

“Aún hoy me molesta pasar por Mafra…Mafra y todos aquellos alrededores por donde anduve, siendo cadete…Con una estrella al hombro y L. Antunes bordado en el uniforme, pasé un hambre de perros…No conocí a un solo cadete que fuese hijo de una persona importante de la Dictadura…”.

Y sobre la escritura:

“Escribir es oír con fuerza”.

“No quiero contar historias, no quiero explicar, no quiero demostrar nada. Cuando escribo solo quiero liberarme de lo que escribo…, dar a ver…Mi trabajo consiste solamente en conseguir oír…”.

“Me siento a la mesa y me quedo esperando: así trabajo. Poco a poco una especia de ola o lo que sea va adueñándose de mí. Mi tarea consiste en quedarme quietecito, aceptando esa ola o lo que sea. Y entonces llega la primera palabra. Llega la segunda…”.

“Aquí estoy sentado, esperando que venga la crónica. Nunca tengo una idea: me limito a esperar la primera palabra, la que arrastra a las demás. Unas veces viene enseguida, otras tarda siglos”.

“Algunas veces, como ahora, es así: me pongo delante del papel y no sale nada…”.

“El secreto es partir sin ideas, sin planes. Dejar venir. No añadir ni quitar. Recibir la inocencia con humildad…ir cavando, cavando…Un trabajo de minero…Una profesión de silencio hasta que nos lleguen las voces…No sé de qué tratan mis libros, no sé para qué sirven…Son mi desánimo y mi alegría…El libro ni siquiera es mío. Andaba por allí, lo atrapé. Lo fui atrapando a medida que lo escribía”.

“Escribir consiste en sacar a la superficie. Si cogemos lo que está en la superficie hacemos lo que se ve en las librerías…lo obvio…”.

“No escribir es estar muerto, y hasta en la guerra, todos los días, seguía escribiendo”.

“Escribir es una ocupación que muy raramente asocio al placer”.

“El próximo libro va viniendo muy despacio. De momento es una sombra difusa, ni siquiera tiene palabras, una especie de segunda atmósfera que me rodea poco a poco y donde distingo con dificultad jirones de voces, olores, ruidos…”.

Lo que más estimo (en un artista): “el sentido ético de la escritura y de la vida, un trabajo paciente, una fidelidad total a su modo de encarar la literatura…Valentía, modestia, exigencia…La conquista paciente que es cada libro, y el dolor amargo de escribirlo”.

“Pasear por páginas ajenas…por Oblomov, por los diarios de Cheever…por los versos de Wallace Stevens…la biografía de Thomas Mann me hace repudiar al hombre, en la primera versión de Guerra y Paz, publicada ahora, me animan algunos procedimientos técnicos, estudio sus desarrollos, las maneras, vuelvo a Conrad para ver cómo se mete una narración dentro de una narración, pienso en mi forma para solucionar este asunto, comparo, mido, pruebo mentalmente otro camino…”.

“Prepararme para las decepciones, los entusiasmos, los desánimos, las opciones equivocadas, para esperar que la novela se forme como le plazca…una novela tiene su carácter, su fisonomía, su temperamento que no son los míos, aceptarlos…”.

También en las cartas aparecen muchos de sus recuerdos más preciados... 

CARTAS DE LA GUERRA [DE ANGOLA]. DE ESTE VIVIR AQUÍ EN ESTE PAPEL DESCRITO


Los protagonistas son el (lento) paso del tiempo, la nostalgia de los recuerdos, el suspiro de amor de un recién casado, la guerra presente y cotidiana; la admiración y el asombro, pese a todo, de un continente y un país desconocido, la lectura voraz y la escritura compulsiva como modo de evadirse de esa contienda en el fin del mundo…

El (lento paso del) tiempo

“Ya solo faltan 103 semanas…”. “Hoy hace un mes que nos despedimos…”. “Pasado mañana ya hace un mes y medio de esto. Solo faltan veintidós y medio…”. “Hoy hace dos meses que me marché en barco…Dentro de veintidós estaré ahí de una vez para siempre”.

María José, su esposa, su prenda querida (“minha joia querida”)

“Me acuerdo del primer día que la vi, de su perfil de Botticelli, me acuerdo del año siguiente en la playa, de su cabello recogido atrás y de su raya al medio, de su aspecto de retrato de Ingress, me acuerdo de su pelo corto y de su aire de modistilla parisiense…”.

“Soñé que teníamos  una niña…Me gustaría que se llamase Maria José, en homenaje a su madre…Nuestra Zézinha”.

Recuerdos

“Llevo tantas cosas conmigo…paseando por Praia Grande al anochecer…Las mañanas de Praia da Rocha, aquel puente de Portimao, la vista de la ventana de Penina…Me acuerdo de todo: del día de la boda, y de nuestro noviazgo, de las salidas de los sábados con Jorge…Me acuerdo mucho también del Rossio…del reloj de la estación y del anuncio de Sandeman”.

“Hoy me he acordado mucho de Tomar…allí fue donde hice a mi hijo; no me puedo olvidar del Mouchao, del convento, del verde por todas partes, de las flores en las calles, del río y sus peces, de la Corredoura, de los momentos felices que pasé allí". 

“Cuando era niño pasaba todo el tiempo que podía oyendo, fascinado, las conversaciones de las criadas”.

“Amo las flores de plástico, las boinas rústicas en los cristales retrovisores, los bambis de porcelana…”.

El viaje a Gago Coutinho, el fin del mundo (a 10.000 km de Lisboa, 9 días de viaje)

“Ayer llegué, por fin, a Gago Coutinho tras un viaje apocalíptico…salimos en camionetas de Luanda hacia Nova Lisboa…tras 600 km de carretera, nos metieron en el tren hacia Luso: 2 días de viaje en vagones de 4ª clase…en grandes montones de piernas y  de brazos, de armas  y de cabezas…comía conservas que inundaban el suelo de latas y salsas…nos metieron en camionetas de carga para los 500 km minados que separan Luso de Gago Coutinho…a la camioneta en la que yo iba, la última, se le rompió la dirección: tres brazos rotos, 2 piernas, otras lesiones varias y yo con 6 puntos en el labio y 3 en la lengua…Esto es el fin del mundo: pantanos y arena. La peor zona de la guerra de Angola…Minas por todas partes”.

“De los 60.000 habitantes de Gago Coutinho, ahora viven aquí solo 5.000. Los demás están en el bosque o en Zambia, apoyando al MPLA [Movimiento Popular de Liberación de Angola]”.

“Este continente está lleno de vida, de energía, de juventud, de imaginación…África es un continente fabuloso, un país maravilloso y joven…”.

“¡Hay tanto que contar de todo esto, de esta tierra de arena, platanales y pantanos…!”.

“Los nativos hacen un merengue [un tipo de danza]…Estos merengues son fabulosos en ritmo y belleza salvaje”.

 “Luanda es de un horrible mal gusto…Qué diferencia con Lisboa. No se puede vivir en una ciudad sin pasado”.

La guerra

“Empiezo a entender una cosa que Jorge me dijo en una carta: no volveré a ser la persona que fui, nunca más”.

Perros por todas partes, diarrea...

“Me siento feliz por haber por fin dominado tranquilamente mi pánico a la muerte”.

“Aquí no tengo amigos: la rigidez de la jerarquía impide todo lo que vaya más allá de una camaradería ocasional y, por otra parte, el trabajo es tanto que no deja tiempo para ninguna otra cosa”.

Leer

“He acabado Borges, estoy acabando Le Clezio…Prefiero libros a revistas…Si mi madre, en vez de los Matchs…me mandase las páginas literarias del Diário de Lisboa y de Capital

“Sugerencias de libros para que me mande la familia…: Contos e Novelas, volumen I de las obras completas de Almada Negreiros. Reflexoes sobre a vaidade, de Matias Aires…". 

“En vez de mandarme comida en conserva, preferiría libros, si pudiese ser. Estoy harto de las conservas”.

Escribir. “Las cartas son lo más importante que tenemos”

“Ayer me nació una poesía…Se llama Helderberg College… y empieza así: “y sentí, entonces, un gran miedo a morir”.

“He empezado a escribir un nuevo Diluvio…Mi historia va avanzando y me parece genial…Espero tenerlo listo y genial antes de las vacaciones…Me gustaría que fuese una cosa sarcásticamente trágica, un retrato natural de nuestra amarga condición de portugueses”.

“En cuanto a los aerogramas, necesito 120 al mes, para poder escribir mis habituales 3 cartas al día…Cada día te escribo a ti y a otra persona”.

Ahora, se está estrenando en España la película, Cartas da guerra...










sábado, 13 de mayo de 2017

FERNANDO PESSOA: PASEO EL ARTE DE SOÑAR A TRAVÉS DEL AZAR DE EXISTIR

Ahora que parece que Portugal está de moda (el intérprete Salvador Sobral ganó  el festival de Eurovisión con una canción en su idioma, Amar pelos dois, Amar por los dos), quizá es un buen momento para pasar revista a uno de sus escritores insignia: Fernado Pessoa y su Libro del desasosiego.


Pessoa (1888-1935) trabajó en El libro del desasosiego durante toda su vida, desde su inicio, en 1913.

“Se llama Libro del desasosiego a causa de la inquietud y la incertidumbre que son sus notas dominantes”-escribe a Joao  de Lebre el 3 de mayo de 1914. Una  producción “enfermiza” -todo fragmentos, fragmentos, fragmentos-, un libro “suave” que parece escrito en medio de una depresión.

UN LIBRO DE SENSACIONES

“La única realidad, para mí, son mis sensaciones” -dirá. La filosofía y la metafísica forman parte de sus cuestionamientos. “Soy un poeta impulsado por la filosofía”- escribe en sus Diarios. En 1906: “Tengo que leer más poesía para neutralizar el efecto de la perfecta filosofía”.

AUTORRETRATO(S)

Su retrato es el de una persona anodina, sin rasgos físicos pronunciados -una nariz aguileña, un mentón prominente.... Con la mirada perdida tras unas gafas gruesas, un cigarrillo caído, un bigote igual a otros mil bigotes, no resulta especialmente atractivo; nada, en definitiva, que aliente los deseos por conocerlo. Como si fuera un personaje de Kafka  o ese empleado de oficina gris que nunca sale de la rutina.

“Nunca tuve una idea noble de mi presencia física…Parezco un jesuita insignificante. Mi cara delgada e inexpresiva ni tiene inteligencia, ni intensidad…El metro sesenta de estatura y los sesenta y un quilos de peso en que consisto físicamente…”. “Siempre he tenido cierta aversión a sacarme retratos” -le confiesa a Ofelia en una carta, a su petición de enamorada, en 1920. A pesar de todo, es cuidadoso de su aspecto: se arregla la barba y se corta el pelo. “Un individuo  con una nariz de contador de gas”- escribe a Ofelia en 1929.

No se tiene en gran estima: “Soy en todo un diletante... Estoy hecho de las ruinas de lo inacabado... Todo en mí es incierto... Soy mitad sonámbulo y mitad nada”.
“Soy tan inerte, tan pobrecillo, tan falto de gestos y de actos”. Inseguro, “yo soy muy nervioso”…

“Estoy mal de salud y  de los nervios”- le escribe a Ofelia en 1920. En octubre, le confiesa: “ Tengo la intención de irme a un sanatorio el mes que viene, para ver si allí encuentro algún tratamiento que me permita resistir  a la ola negra que está abatiéndose sobre mi espíritu”.

Pero desde que vive, se narra, y el libro, es él. En él deja constancia de “la tristeza sin causa”, y de las tristezas con causa: “Yo no soy pesimista, soy triste”.

LECTURAS DE NIÑEZ Y ADOLESCENCIA

“Leí Las peregrinaciones de Childe Harold y los Cantos I y II de las Melodías hebreas de Byron; La víspera de Santa Agnes, de Keats, los primeros capítulos de Hombre criminal, de Lombroso y un pequeño poema de Schiller…El primer alimento literario de mi infancia fueron los numerosos relatos de misterio y horribles aventuras…No me fascinaba lo improbable, sino lo imposible”.

VIEIRA, UN AUTOR DE CULTO

“De tener que escoger como lectura única, entre Chateaubriand o Vieira, escogería a Vieira sin pensármelo dos veces”.

EL PASEO COMO TERAPIA

“Me gusta, en las tardes lentas de verano, el sosiego de la parte baja de la ciudad...La Rua do Arsenal, la Rua da Alfândega...toda la línea distante de los muelles en calma...”. “Las calles intermedias de la Baixa, tantas veces recorridas por mí…”.

“Uno de mis paseos favoritos…es el de perderme lentamente por las calles, antes de la apertura de tiendas y almacenes, y oír los jirones de frases que los grupos de muchachas y muchachos…dejan caer…”.

SU LISBOA

“Amo el Tajo porque hay una gran ciudad en sus orillas. Disfruto del cielo porque lo veo desde un cuarto piso de una calle de la Baixa. Nada me puede dar el campo o la naturaleza que valga la majestad irregular de la ciudad tranquila, a la luz de la luna, vista desde GraÇa [barrio] o [convento] Sao Pedro de Alcantara. No existen para mí flores como, a la luz del sol, el variadísimo colorido de Lisboa”.

SU FORMA DE ESCRIBIR. ¿CÓMO ESCRIBO?

“Mi sistema de estilo asienta en dos principios…: decir lo que se siente exactamente como se siente- con claridad, si es claro; oscuramente, si es oscuro; confusamente, si es confuso-;[y] comprender que la gramática es un instrumento, y no una ley”.

LA ESCRITURA COMO TERAPIA

“Me sucede a veces…que me aparece en medio de las sensaciones un cansancio tan terrible de la vida…esta sensación…la curo escribiéndola”.

LOS HETERÓNIMOS

Charles-Robert Anon. Aparece por primera vez en la firma de un artículo en un periódico local de Durban, en 1904.En 1906, escribe: “Yo, Charles-Robert Anon…hombre, de dieciocho años de edad, soltero (con ciertas excepciones), megalómano, con rasgos dipsómanos, dégénéré supérieur, poeta, con vocación de escritor satírico, ciudadano universal, filósofo idealista…”.

Álvaro de Campos. El 5 de abril de 1920 aparece mencionado por primera vez en las cartas que le escribe a Ofelia: “Álvaro de Campos, ingeniero”. Ella comenta en su relato Fernando y yo, muchos años después: “Fernando era un poco confuso, principalmente cuando se presentaba como Álvaro de Campos….Me decía: “Hoy no soy yo quien ha venido, sino mi amigo Álvaro de Campos”. Se comportaba en estas ocasiones de una manera totalmente diferente. Con un aire de tarambana, decía cosas sin nexo…Raramente hablaba de Caeiro, de Reis o de Soares”.

CARTAS A OFELIA

Ella lo cuenta así: “CÓMO CONOCÍ A FERNANDO. Respondí  a un anuncio del Diario de Noticias. Tenía diecinueve años, era alegre, despierta, independiente…Recibí en casa la respuesta al anuncio. Era de una empresa del textil, de brocas y lanzaderas, con oficinas en la Rua da AssunÇao 42, 2º: Félix Valladas & Freitas, Lda”.

Empiezan a escribirse en marzo de 1920. “Nosotros nunca tuvimos noticia del noviazgo…Fernando jamás se refirió a ello”- confesará años más tarde, tras su muerte, su hermanastra Henriqueta. “Él no tenía posibilidades económicas para formar una familia…No quiso supeditarse a un horario. Quería tener libertad para trabajar en su obra”.

A menudo Pessoa le escribe desde el Café da Arcada. A menudo quedan a la puerta o en los alrededores de la Librería Inglesa.

En noviembre de 1920 rompen. En octubre Fernando le había escrito que pensaba irse a un sanatorio mental en busca de un tratamiento para resistir “la ola negra abatiéndose sobre mi espíritu”.

Nueve años más tarde, a consecuencia de una foto, vuelven a reanudar durante unos meses la relación, él ya con 41 años y ella con 29. “No sé escribir grandes cartas. Es tanto lo que escribo por obligación…”. Casa Abel, una taberna,  parece ser un lugar habitual de parada. Pessoa incide más en su locura: “Está para ir a Telhal o a Rilhafolles”. “Estoy loco, y lo he estado siempre, y es de nacimiento”.
También se sincera sobre sus prioridades en la vida: “ Mi vida gira en torno a mi obra literaria…Todo lo demás en la vida tiene para mí  un interés secundario…Para realizar esta obra, necesito sosiego y un cierto aislamiento…Queda por saber si el casamiento, o el hogar son cosas que se concilian con mi vida de pensamiento. Lo dudo…”.

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