domingo, 1 de enero de 2012

LITERATURA Y EDUCACIÓN AMBIENTAL: EL MEDIO AMBIENTE EN LOS LIBROS DE LECTURA

Con la educación ambiental (hoy, educación para el desarrollo sostenible), pasa como -dicen- en el amor y en la guerra: ¡Vale Todo!

Existen libros estupendos, tanto actuales como de siglos pasados que, sin pretenderlo, abordan temas ambientales. Estos son solo algunos ejemplos que se han instalado entre mis favoritos:

En el siglo XIX, encontramos un libro sorprendente de R.L. Stevenson (1850-1894), más conocido por la aventura de La isla del tesoro o la truculencia de Jeckyll y Hyde; se trata de Virginibus puerisque (A los muchachos y muchachas, en latín), un conjunto de ensayos entre los que brillan Defensa de los desocupados o Excursiones a pie.

Pero además, en 1880, durante su viaje de Nueva York a California en busca de su amada Fanny, escribe dos relatos. En uno de ellos, Los bosques y el Pacífico,  se refiere ya a los incendios como uno de los grandes peligros de California: “…no solamente se destruyen los bosques, sino que también peligran el clima y el suelo, y esos incendios evitan las lluvias del invierno siguiente y secan los manantiales perennes”. Y hace una comparación: “En su tiempo, California fue una tierra de promisión, como Palestina; pero si los bosques siguen consumiéndose de esa forma, puede llegar a convertirse, también como Palestina, en una tierra de desolación”.  

El escritor estuvo a punto de ser linchado por pirómano al tratar de hacer un experimento: “Quería asegurarme si era el musgo el que se inflamaba con tanta rapidez cuando la llama tocaba por primera vez el árbol”.  No se le ocurrió mejor idea que prender un pino cercano medio quemado…

Anterior es una joya del americano H.D. Thoreau (1817-1862), Pasear, un canto al arte de caminar, o sea, de pasear tranquilamente. “Me alegra ver que el ser humano y sus asuntos, la Iglesia, el Estado y la escuela, el tráfico y el comercio, la industria y la agricultura, y hasta la política -lo más alarmante de todo- ocupan tan poco espacio en el paisaje” -escribirá.


 El paseo es algo terapéutico que ayuda a vivir: “Si no pasara al menos cuatro horas al día…errando por los bosques, las montañas y los campos, absolutamente libre de todo compromiso mundano, creo que no podría conservar la salud ni el ánimo”. Es consciente de que en la Naturaleza están muchos de los remedios para curar nuestras enfermedades: “Los tónicos y las cortezas que animan a la Humanidad provienen del bosque y del monte…”.

A principios del siglo XX, la escritora anglonorteamericana Frances Hodgson Burnett, escribe El jardín secreto, la historia de tres niños, un jardín, y la estrecha relación entre mente, cuerpo y paisaje para recuperar la salud.


También en este siglo, El hombre que plantaba árboles, del francés Jean Giono (1895-1971), es un canto poético de lo que un hombre solo puede hacer con constancia y perseverancia. La historia de Elzéard Bouffier, un pastor imaginario que durante muchos años se dedicó a plantar árboles en una extensa zona de Provenza, convirtiendo en una zona llena de vida y frescura lo que antes era un erial. “El pastor fue a por un saquito y vertió un montón de bellotas sobre la mesa. Comenzó a inspeccionarlas, una por una, con gran concentración, separando las buenas de las malas…Tras separar una cantidad suficiente de bellotas buenas, las fue contando por decenas, al tiempo que eliminaba las más pequeñas o las que presentaban alguna grieta…Cuando hubo seleccionado cien bellotas perfectas, puso fin a la labor y se acostó”.


Pero, además, se ha escrito sobre problemas ambientales desde el relato o la novela, muchos de ellos, en colecciones juveniles: El camello de hojalata, del palestino Ghazi Abdel-Qadir, cuenta -casi como una parábola o un relato de Las mil y una noches, interrumpido y reiniciado día a día-, el problema del agua, cómo nos afecta a todos y cómo lo que uno haga repercute en los demás,  a través de la historia de dos tribus que se dejan cegar por la codicia.


El soriano Avelino Hernández ha escrito sobre los pueblos abandonados en La sierra del Alba, y sobre la Historia de San Kildán, un archipiélago al norte de Escocia donde vivía un pueblo de origen celta que, en 1930, fue evacuado hacia la metrópoli al terminar -ellos mismos- con su modelo de vida sostenible.

 

También están las memorias de Forrest Carter, “Pequeño Árbol”, que, huérfano de padre y madre, a los cinco años se va a vivir con  sus abuelos cheroquis a las montañas de Tennesse. La estrella de los cheroquis, (La educación de Pequeño Arbol, en el título original), narra sus vivencias en contacto con la naturaleza y con la sabiduría de sus antepasados.


El camino, de Miguel Delibes que, aunque tiene más de cincuenta años a sus espaldas, aún nos conmueve con los pensamientos de Daniel el Mochuelo que cree que, a sus once años, ya sabe cuanto puede saber un hombre y que no desdeña ser un quesero como su padre: tener una pareja de vacas, un pequeño huerto y, los domingos, cazar, pescar o jugar  a los bolos- como ideal de vida.


APIA. VI CONGRESO NACIONAL DE PERIODISMO AMBIENTAL. Madrid, noviembre 2005.

BIBLIOGRAFÍA

- Virginibus puerisque. R.L. Stevenson. Alianza Editorial.
- De praderas y bosques. R.L. Stevenson. Península.
- Pasear. H.D. Thoreau. Olañeta.
- El jardín secreto. F.H. Burnett. Siruela.
- El hombre que plantaba árboles. J. Gino. Olañeta.
- El camello de hojalata. Ghazi Abdel-Qadir. Alfaguara.
- La sierra del Alba. A. Hernández. Edelvives.
- La historia de San Kildán. A. Hernández. Edelvives.
- La estrella de los cheroquis. Forrest Carter. SM. Gran Angular.
- El camino. M. Delibes. Destino.

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