jueves, 1 de mayo de 2014

CORTÁZAR, CARTAS 1937-1954: "MI COPIOSA CORRESPONDENCIA...MI VIDA"


Desde Chivilcoy, donde trabaja como profesor, le escribe a Marcela Duprat el 16 de agosto de 1940 (Cortázar tiene entonces 26 años),  con espíritu clarividente: “Ya sé que cuando yo muera (de alguna manera rara, ya verá) ustedes los amigos publicarán mis obras completas, y que, en bellos apéndices, agregarán mi copiosa correspondencia…”.  “Mi vida entera podría ser trazada leyendo las cartas (“cartas-río”) que llevo escritas…He dejado en cada una de ellas mucho de mí…”.

Y como este año -en que se cumplen cien de su nacimiento- es el Año Cortázar…

Julio Florencio Cortázar, o Julio Denis – su seudónimo- escribe largas y abundantes cartas a máquina, con su “fiel Royal”: “se trata en mí de una costumbre…mi letra es casi ininteligible…no sé escribir sin ella…formamos un compuesto indisoluble”. Para ello necesita “paz y silencio”, condiciones sine qua non de su “capacidad epistolar”. “Si uno no guardase celosamente una hora para sí mismo, terminaría por aniquilarse…Creo, con Rilke, que si el hombre tiene algún mensaje que dar a sus iguales, ese mensaje debe nacer en el silencio”.  “No sé escribir cartas de circunstancias, y debo esperar un momento propicio”- le comunica a Lucienne Chavanne. “Amo contestar las cartas que invitan a la reflexión y al comentario”- escribe a Mercedes Arias. Para él es una ceremonia “un poco sagrada”, que necesita de un cierto clima interior, ciertas músicas, ciertos aromas… “Me siento a la máquina y dejo correr el vasto río de los pensamientos y de los afectos”.

La primera carta de la edición realizada por Aurora Bernárdez y Carles Álvarez, (Alfaguara, 2012), data del 23 de mayo de 1937 -Cortázar tiene 23 años- y está dirigida al profesor Eduardo Castagnino desde Bolívar, localidad en  la que Cortázar ejerce de profesor en un Colegio Nacional: se asombra de que sus alumnos de tercer año no sepan quién es Beethoven; le envía un poema suyo, “Ataraxia”, y le informa de que ha escrito un “estudio crítico” sobre Federico [García Lorca].

Lo cotidiano se aúna con sus preferencias literarias y sus reflexiones personales: “Mañana tengo clase a la primera hora…ello significa levantarse a las seis y media”. “Federico es la cúspide”. “Sigo trabajando para Sopena”. “Trescientos kilómetros me pesan mucho…¡Si vieras la librería máxima de Bolívar…! El orgullo del dueño es tener una colección literaria completa y encuadernada: la de la Delly [novelas sentimentales]”.

Un sábado en Bolívar

“Son las cuatro de la tarde y me dispongo a tomar mate…Encenderé la radio, y escucharé media hora de música de jazz. Jazz negro, que es el genuino. [Air in D Flat por Spike Hughes. http://www.youtube.com/watch?v=Rn0RWBYPpHs. Just a kid named Joe, de los Mills Brothers. http://www.youtube.com/watch?v=cZ_9dJ62m1E. Marian Andersdon y Deep River. http://www.youtube.com/watch?v=2bytFrsL4_4“No sé nada más bello, más hondo, más mío que el folklore y la religión negroamericanos”]. Después, volveré a la lectura de Madame Bovary…aún no la conocía. Más tarde…voy a escribir algo. Ni siquiera en Bolívar me abandona la enfermedad poética” [En 1938 publica en Buenos Aires, con seudónimo, el libro de sonetos Presencia: “A mis amigos no les gusta…silencio absoluto de la crítica].

Las alternativas no son muchas, como cuenta, con humor, acerca de la manera de divertirse en Bolívar: “Consta de dos partes: a) ir al cine. b) no ir al cine. La sección b) se subdivide a su vez: a) ir a bailar al Club Social. b) recorrer los ranchos de las cercanías, con fines etnográficos. Esta última sección, admite, a su vez, ser dividida en: a) concurrir, pasado un cierto tiempo, a un dispensario. b) convencerse de que lo mejor es acostarse a las nueve de la noche”.

Años más tarde, en 1942, le confesará a Mercedes Arias: “Nunca leí, nunca estudié y nunca medité tanto como en esos dos años que pasé allá”.

México, su aspiración

En esos momentos, México es su lugar ideal para residir y trabajar: “allí ha vivido siempre una juventud llena de ideales, trabajadora y culta, que apenas se encuentra en Buenos Aires”. Pero “No hay barcos que vayan a Méjico saliendo de Buenos Aires…”. Es preciso partir de Chile.
En 1940, le confiesa a Luis Glagiardi: “Podría irme a Méjico sin dinero; pero, ¿podría volver?...Ya no me desespero…Soy solamente una cifra mensual, que debe llegar  a manos de una familia que depende íntegramente de mí. Si me voy, la cifra puede desaparecer”. “Siempre pienso en Méjico”- le escribe aún en enero de 1941.

Estudiante de lenguas autodidacto

Estudia los idiomas “a pelo”, con obras literarias y la ayuda de un diccionario.

“¿Sabe que estoy estudiando alemán?…Compré un excelente diccionario, y me procuré dos libros de ¡Rainer María Rilke!...Creo que en un año leeré sin grandes dificultades a Heine. (¡Y a Hölderlin!)”.

“Mi alemán progresa mucho: ya leo de corrido la Biblia de Lutero”. Incluso se atreve con ¡la metafísica de Heidegger!

“¿Sabe que mi experiencia de slang, acumulada en mis tiempos de traductor, es valiosísima para leer a Steinbeck, al gran Faulkner y a Richard Wright?”.  (En 1944 traduce Robinson Crusoe para una “edición de lujo”).

“Leer [en inglés] a Keats, leer Romeo y Julieta – algunas de cuyas escenas son de una musicalidad idiomática como jamás se ha logrado en el teatro, leer al joven Winston [Churchill], a Ellery Queen…”.

Chivilcoy, su segundo destino

El 20 de agosto de 1939 le  escribe a su amigo Eduardo Castagnino: “Soy ciudadano confirmado de la muy progresista y nacionalista ciudad de Chivilcoy, con 16 horas en la Escuela Normal. Habito en una infame fonda llamada HOTEL (¡) RESTELLI y dicto geografía, historia e instrucción cívica”. Más tarde,  se alojará en la pensión Varzilio.

Tiene miedo de convertirse en pueblero: “Chivilvoy es aburridor, como todo pueblo de provincia”. “Chivilcoy es un pueblo como todos…Buenos Aires, a dos horas y media de tren…Viajo todos los sábados, y regreso los lunes por la noche. Resignado y para resistir mis dieciocho horas semanales y el clima horizontal de esta ciudad”. En el cuento titulado “Bruja” trata de reflejar ese ambiente provinciano.

En Buenos Aires aprovecha para escuchar música  en directo: “No podré olvidar jamás la Novena Sinfonía [de Beethoven] dirigida por Toscanini”; los conciertos de Menuhin, “pero si solo tiene veinticuatro años”, y de su preferido, [Jascha] Heifetz. Y en la radio, escucha lo mismo la Sonata en La, de César Franck  [http://www.youtube.com/watch?v=U_oPIkcWMpY] que Woogie, de Count Basie [http://www.youtube.com/watch?v=OByckZIxtCE] o Shine, de Louis Armstrong [http://www.youtube.com/watch?v=LcsfxP9oEoA]. A este último lo verá y oirá en directo en París en 1952, “después de veintidós años de amor y fidelidad”, uno de sus “dioses de adolescencia”, un magnífico “cronopio”.

Mendoza, un trabajo universitario

En julio de 1944, le ofrecen dar unas clases en la universidad  de Cuyo. Tras el golpe de estado de junio de 1943, en Chivilcoy le acusaban de “escaso fervor gubernista, comunista y ateo”, por lo cual ve el cielo abierto: son seis horas a la semana en vez de dieciséis, y puede enseñar lo que le gusta (“Es la primera vez que enseño las materias que yo prefiero”): “En Literatura Francesa me ocupo de la “nueva poesía”, desde Baudelaire a Mallarmé…Entre mis alumnos tengo una monja, un señor que podría ser mi bisabuelo, y una chica tan idéntica a Lucille Ball que a veces siento deseos de dictar la clase en inglés por miedo a que no entienda el español”.

La vida cultural parece más floreciente: “Hay espléndidos cines en Mendoza, y los últimos estrenos de Buenos Aires. Anoche vi Madame Curie y hace dos días Los verdugos también mueren [de Fritz Lang]. Se anuncian ocho o diez películas excelentes, entre ellas Casablanca que por fin podré ver…”.

Pero tres cursos simultáneos “es demasiado…no salgo, no paseo, no miro las montañas…acabo en una tarde libros de 250 páginas…traducciones hasta altas horas de la noche…”. Además, la universidad es muy grande, “pero es provinciana hasta la médula; el nivel estudiantil deja que desear, hay espantosas rencillas políticas entre profesores y autoridades, y la vida intelectual no tiene la hondura que podría esperarse”.

Con Mercedes Arias, amiga que le salvó “del tedio de Bolívar”, se sincera: “Después de haber abandonado Chivilcoy bajo vehementes sospechas de comunismo, anarquismo y trotskismo, he tenido el honor de que en Mendoza me califiquen de fascista, nazi, sepichista, rosista y falangista”.

Pronto quedarán atrás sus años de docencia (doce en total). El 8 de marzo de 1946 es nombrado gerente de la Cámara Argentina del Libro, plaza ganada por concurso (“Mis nuevas funciones…, leer toda clase de papeles raros, aprender cosas que hasta hoy había desdeñado, y adquirir esa soltura que en una gerencia se llama eficacia”)   hasta 1949 en que se “pasa” a las labores de traductor público nacional “en inglés y francés” (en el bufete/estudio de Zoltan Havas).

La II Guerra Mundial

El 1 de septiembre de 1939 Alemania invade Polonia. El 15 de septiembre, en carta a Luis Gagliardi, se refiere, por primera vez, a la guerra: “Aquí [en Chivilcoy] se sigue con absoluta indiferencia…Yo sufro esta guerra en mi propia carne, porque comprendo sus raíces, abarco lo que supondrá dentro de cinco años, cuando la generación que nos sigue a nosotros empiece a hacer preguntas, a buscar maestros, a demandar libros…”.

En diciembre, le comenta a Mercedes Arias: “Me gustaría no hablarle de la guerra…Pero nos rodea, nos envuelve…Nosotros, colonia comercial del Reino Unido, ¿seremos arrastrados al torbellino?”. “Vivo la guerra con cada fibra”.

Europa, su horizonte

En enero de 1947, le informa a su amigo Sergio Sergi: “Empiezo ahora una monumental biografía de Pushkin,…trabajo para cinco meses [de traducción]. Si lo cobro de una vez, me voy a Europa (Y no vuelvo nunca más, se entiende)”. 
  
En marzo de 1949, le cuenta a Fredi Guthmann: “A Europa hay que ir por no menos de tres meses…La gente que vuelve de allá…lo ponen a uno en la obligación moral de dar el salto”. Le han dicho que necesita al menos mil quinientos pesos mensuales. “Insisto en irme a Europa”. Piensa en pasar un mes en París y dos en Italia. “Me voy a Europa hasta mayo”- comunica el 4 de enero de 1950.  “París es perfecto”- escribe el 18 de marzo a Jorge y Dorita Vila Ortiz. A pesar de ser “atrozmente caro para nosotros”.

De vuelta en Argentina, solo piensa en volver: “Tengo  la nostalgia europea…si pudiera irme por siempre allá, lo haría sin vacilar…Me elijo europeo”.

En 1952 el gobierno francés le concede una beca para estudiar diez meses en París. A partir de 1953, se convertirá en su residencia definitiva. “Sé que es necesario que esté aquí”.

De su colección de doscientos discos solo se lleva “un viejísimo blues de mi tiempo de estudiante (Stack O´Lee Blues, http://www.youtube.com/watch?v=IUgSoZEMIyI) que me guarda toda la juventud”.

En París, traduce para la UNESCO (“loados sean los contratos breves, libres de las jornadas interminables y los documentos en jerigonza”), dobla películas, hace de locutor para la radio… “Me tuteo con el Louvre…devoro cuadros y museos, necesito ver y aprendo a ver, y un día sabré ver”. Primero en bici; luego en vespa, y andando o en auto-stop, recorre los alrededores: Versailles, Fontainebleau, Reims, Rouen… “Veo bastante teatro…”. Le confían traducir todas las obras en prosa de E.A. Poe. “Traduzco diez páginas diarias como promedio…He traducido 1.300 páginas de Poe…jornadas de nueve horas de trabajo…”.

Su CV en 1949

En carta a su padre, Julio José Cortázar Arias, le dice el 2 de agosto: “Con mi nombre Julio Cortázar he publicado un libro y numerosos ensayos  en revistas de B.A…”.                                   
A otro que le solicita datos bibliográficos, le envía escuetamente: “Nací en 1914 en Bruselas. Publiqué Los reyes en 1949. Escribo ensayos y cuentos…”.

Cortázar, poeta

“Sé que soy oscuro – y acaso tenebroso- en mis poemas”- le escribe a Mercedes Arias.
“Envié a un certamen, organizado por la Sociedad Argentina de Escritores, los originales de un libro de poemas [De este lado]”- comunica a Luis Gagliardi en febrero de 1940. En el jurado está Jorge Luis Borges.

“Estoy muy lejos de Mallarmé. En cambio, ¡qué cerca me siento de Rimbaud!...Amo a mis grandes contemporáneos…Rafael Alberti, García Lorca, [Ricardo] Molinari [“Creo que es la gran voz en la Argentina”], y el más grande poeta de América: Pablo Neruda”- le comunica a Lucienne Chavance.

Cortázar, profesor

“Empiezo lentamente a querer mi trabajo; me gusta advertir señales de progreso en los chicos…Usted dirá que es tonto consagrarse tanto a los alumnos…Entre la instrucción cívica, la historia de la Mesopotamia y las montañas de Brasil, para no mencionarle las costumbres feudales, los viajes de Colón, etc, etc, estoy al borde mismo del surmenage [agotamiento]”- se sincera con Mercedes Arias. “Me gusta enseñar”. “Soy más maestro de  lo que pensaba…”.

Lector empedernido: “He leído hasta el abuso…hasta el agotamiento”.

“¿Leyó La condición humana [de André Malraux]?...Es una admirable novela…Plotino me absorbe…¿Quiere leer a un gran poeta?...Rafael Alberti”.

“Rilke – un grande y admirable poeta, a pesar de haber nacido en Praga y pertenecer al ciclo germano…”- le escribe a Marcela Duprat en abril de 1940, en plena II Guerra Mundial.

Pero también devora a Agatha Christie: “¿Leyó The Murder of Roger Ackroid?”- le pregunta a Mercedes Arias en julio de 1941. O a Ellery Queen.

Sus preferencias son omnívoras: poemas de Salinas y de León Felipe, “la fascinante historia del Renacimiento, de John Aldington Symonds, una bella edición de Virgilio, Le Grand Meaulnes [de Alain Fournier] y mis gramáticas alemanas”. Son sus lecturas de un fin de semana en Chivilcoy; en distintos idiomas, de diferentes géneros…”El vicio de leer es peor que el tabaco”.

Y escritor. De dónde surgen los cuentos

“Tengo muchos deseos de publicar este año un tomito con algunos relatos fantásticos que no me disgustan”- escribe a Lucienne Chavance en marzo de 1944.

El 14 de junio de 1952 escribe a Eduardo Jonquières: He escrito dos cuentos, uno de ellos muy bueno…Se llama “Axolotl”, nombre de unos animalitos mexicanos que descubrí en los acuarios del Jardin des Plantes [en París], y que me produjeron terror…Hay algo atroz en esas larvas…No he podido volver al acuario, les tengo miedo”.

Antes, a María Rocchi le ha informado: “Me han nacido unos nuevos bichos que se llaman cronopiosson la objetivación espontánea de esos juegos de la palabra consigo misma…Los anoté en la calle, en los cafés, y solo dos o tres pasan de una carilla. No los considero obra seria, sino un descanso bien merecido después de Keats [“Hay diez años de mi vida ahí…ocho de lectura y dos de trabajo”]…Me gusta leer en alta voz estos pequeños cuentos…Son materia juglaresca, pícara”. Es su lado más liviano y pueril.

Pero no le gustan a todo el mundo. “Mis historias de cronopios y de famas han repugnado a Baudi, a Daniel y a Aurora [su mujer]. Las encuentran moralizantes”- escribe a su amigo Eduardo Jonquières. En marzo de 1953, le confiesa que “Las puertas del cielo” sigue siendo -para él, para Cortázar- su mejor cuento.

En 1954 escribe a Juan José Arreola, escritor mexicano: “Ya es tiempo de que en las universidades se cree la cátedra de cuentos, como suele haberla de poética…Un cuento es siempre el vellocino de oro…la novela es la historia de la búsqueda del vellocino”.

El sentimiento religioso

 “Me falta”- le escribe a Luis Gagliardi. “Mi pensamiento es irreligioso…y yo soy el primero en deplorarlo”.

Y, sin embargo, a pesar de su “lejanía” de la fe,  “siente” a San Juan de la Cruz, a Fray Luis de León, Sor Juana Inés de la Cruz o Charles Péguy, “que con frecuencia me emociona”. No le ocurre lo mismo con [Paul] Claudel, a quien encuentra “un poco pesado y sentencioso”.

Sus muertos

El primero de quien habla y a quien echa de menos es Alfredo Mariscal, fallecido el 16 de abril de 1941. “A él le está dedicada la Fábula de la muerte”. El segundo es su cuñado, casado con su hermana apenas hacía dos años. El tercero, Francisco (Paco) Reta, compañero de estudios “desde quinto año del profesorado”. Aún lo recuerda diez años después…

El paso del tiempo

Cortázar fue siempre muy consciente del paso, y del peso, del tiempo. Remonta su juventud a los “dorados” veinte años (que luego alarga hasta los 25. “La juventud fue mi tiempo de estudiante”, que asocia con la canción Stack O´Lee Blues, http://www.youtube.com/watch?v=IUgSoZEMIyI. “Los años cruciales, de los 23 a los 30”). Al cumplir 28, les pregunta a sus amigas Lucienne y Marcel, “¿Recuerdan ustedes que alguna vez les dije que no esperaba vivir más de treinta?...No me quejo de la vida; he vivido bien”. Enumera sus deseos, en ese momento, no cumplidos: París, el Everest, el poema perfecto…Es el año 1942.

En la última carta del volumen, a Eduardo Jonquières, ya con cuarenta años, (27 de noviembre de 1954), Julio le hace un repaso desde los días de la juventud (“Cuántos muertos, cuántos ausentes”), y concluye: “Ahora tengo cuarenta años, vivo de otra manera, quiero de otra manera. Soy todo lo feliz que yo soy capaz de ser y, sobre todo, la alegría me visita…”.

Una vida vivida

En 1982, dos años antes de su  muerte, se sinceraba con su madre por carta: “Creo que soy un hombre que jamás se aburrió un solo segundo a lo largo de toda su vida”. Quizá fuera por “esa capacidad que tengo para asombrarme”…

Treinta años antes, en 1952, había escrito su epitafio: “J.C. Cualquier ranita le ganaba”. En 1951 se había descrito ante Edith Aron como  “Largo, flaco, feo y aburrido”.



ALGUNAS FRASES “CORTAZIANAS”

El teléfono…ese insecto monstruoso, dotado del don de la palabra”.

“Hace un frío de las mancuspias”. (Término escuchado, según él, al catedrático de griego y latín, Ireneo Fernando Cruz).

“¿Ha pensado usted en el mordisco de una máquina de escribir? ¿Y en el beso que podría dar un teléfono…?”.

“Su carta era melancólica, verde, anémica…”.

“Una exposición capaz de desesclosarle las meninges a cualquiera”.


“Los quesos son bastante gloriosientos”.

“Si quieres alguna cosa, chifuléame”.

“Ando con copias de mis últimos crefundeos”.

“Trabaje. Es el único colagogo seguro”.

 CURIOSIDADES

Grandes cronopios para Cortázar: el pintor Zao Wu Ki, Juan José Arrreola, Sidney Keyes o Louis Amstrong, entre otros.

Le encantan Matisse, en especial la muchacha con “la blusa rumana”, Picasso, Miró y Klee.
 
ENLACES





http://www.youtube.com/watch?v=tXyxCgXfxiw. Canción del cronopio, por Los Brujos.

http://www.youtube.com/watch?v=OE0THMdbadM. El cuento de los cronopios, por Espécimen.

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