sábado, 8 de noviembre de 2014

SYLVIA PLATH, DIBUJANTE EN BENIDORM


Nórdica Libros acaba de publicar una cuidada obra titulada Sylvia Plath: Dibujos, con una introducción de su hija Frieda. Los dibujos están agrupados según el lugar en que fueron concebidos: Inglaterra, Francia, España y Estados Unidos. Al frente de cada parte,  un pequeño texto explicativo, sea una carta o una entrada a su Diario.

El 5 de noviembre de 1956, Sylvia publica en The Christian Sciencia Monitor el artículo Cuaderno de bocetos de un verano español.

El texto, ilustrado a pluma por ella misma con barcos sardineros descansando en la playa, comienza [la traducción libre es mía]: “Después de un duro invierno británico, buscamos el calor del sol en un pequeño pueblo de pescadores, Benidorm, al borde del Mediterráneo, para un verano de estudio y dibujo.

Aquí, a pesar de los hoteles turísticos a lo largo de la orilla, los nativos viven de una manera tan sencilla y pacífica como lo han hecho durante siglos, pescando, cultivando la tierra y atendiendo a sus pollos, conejos y cabras.

Todas las mañanas nos levantamos temprano para oír el repique de la esquilas de las cabras cuando el pastor cruza la calle conduciendo a su hato de cabras negras hacia los pastos…

El mercado al aire libre comienza a la salida del sol. Los nativos  despliegan sus artículos sobre mesas de madera o esteras de juncos en los cruces entre pueblos blancos que refulgen al sol como cristales de sal.

Mujeres campesinas vestidas de negro regatean con los vendedores por las sandías, higos envueltos en sus propias hojas, ciruelas amarillas, pimientos verdes, coronas de ajos, higos chumbos. Dos cestas de paja que cuelgan de una balanza sirven de báscula y piedras corrientes  se usan como pesas.

Una mujer sostiene un pollo negro que aletea y chilla mientras ella continúa haciendo la compra tranquilamente…

Por la mañana, en los mostradores se apilan sardinas plateadas junto a algunos cangrejos y almejas. Peces extraños de todas las formas y tamaños yacen unos junto a otros, moteados o estriados, con el brillo del arcoiris en sus aletas.

Hay peces pequeños con franjas negras en básculas relucientes azul pálido, pescado destellante rosa y rojo, y una morena de ojos negros con el dorso surcado por un espléndido brocado amarillo.

Nunca tuvimos ánimo suficiente para elegir nuestra cena de entre la pila de pulpos, con sus largas patas enredadas y enroscadas como una pila de gusanos resbaladizos.

Toda nuestra comida y bebida proviene de las granjas de los alrededores…”.

“Tomate, pimiento, cebolla y huevos fritos para el almuerzo”- relata Sylvia en su Diario. En el pueblo, en las casas cercanas, compran vino y aceite, leche y pan…

Ted Hughes en el poema “Drawing”, “Dibujo” (de su libro “Birthday Letters”), deja constancia de Sylvia dibujando el mercado de Benidorm, “el retrato de un lugar que aún duerme en la Edad Media”, de los dueños de los puestos acercándose a mirar cómo los inmortaliza y si los refleja fielmente.


En otro poema titulado “Fiebre” (“Fever”), Ted hace referencia a un problema de salud en el que él hace de “enfermera” y le prepara una “enorme sopa”  a base de zanahorias, tomates, pimientos y cebollas, “pura vitamina C”…

El 25 de agosto, ya en París, Sylvia escribe a su madre desde el hotel Des Deux Continents: “Disfruté la última semana en Benidorm más que ninguna hasta la fecha…y deambulé con Ted  haciendo bocetos detallados  con pluma y tinta, mientras él leía, escribía o meditaba sin más sentado a mi lado…El mercado campesino (los campesinos arremolinados como niños curiosos, y un hombrecito que quería que también incluyera su puesto, colgó artísticamente sobre él una corona de ajos para que la dibujara); una composición de tres barcos sardineros con sus elaboradas luces en la bahía y una del promontorio acantilado con las casas sobre el mar. Voy a escribirles un artículo y mandarlos al Monitor [una publicación de Boston, su lugar de nacimiento]”.

Dicho y hecho. El 23 de octubre de 1956 comunica a su madre que The Christian Science Monitor le ha pagado “unos 26 dólares” por “un articulito breve sobre Benidorm (ese encantador pueblecito español en el que pasamos cinco semanas en nuestra luna de miel)”. También le compran 4 esbozos a pluma y tinta: “El de los barcos sardineros es el más difícil…Por diseño, el castillo y las casas de la roca es de mis favoritos; la escalera es el que menos me gusta…”.

Según su Diario, “nuestra nueva casa es magnífica (antes, habían pasado una semana, no muy feliz, en casa de la viuda Mangada)…nuestra casa blanca con su brillante arriate de geranios rojos de fuerte aroma…el mar al final de la calle, las colinas al principio”.

El 23 de julio relata una escena captada desde el comedor: “Por la calle empinada suben del pueblo los últimos carros tirados por burros, familias que vuelven a sus hogares en las montañas, lentos, tintineantes las campanillas de los borricos. Una pareja de chicas que ríen. Un niñito delgaducho que lleva a un perro flaco atado con una correa. Una familia que habla en francés. Una madre con un bebé alborotador con adornos de encaje blanco…Un grillo en algún sitio…”.

También describe un paseo a la luz de la luna con su marido, ambos enfurruñados: “Me encamino, colina arriba, hacia las montañas carmesíes, blandas y extrañas, donde los almendros son negros y se retuercen sobre el paisaje inundado de blancura…Deprisa, más deprisa, hasta más allá de la estación de ferrocarril. Al volvernos, el mar está lejos, plateado por la luz. Nos sentamos aparte, sobre piedras y erizada hierba seca…Las piedras son ásperas y claras, implacablemente recortadas a la luz de la luna. Nubes que atraviesan el cielo, campos que se oscurecen y un perro cercano que ladra a los dos extraños…”.


En el Diario, además del artículo “con apuntes a lápiz sobre Benidorm, para The Christian Science Monitor, dice querer escribir dos relatos: “el cuento sobre la corrida y quizá uno acerca de la viuda Mangada”, ¿en tono de comedia? -se pregunta entre paréntesis…


Y, si quieres leer más…:

SYLVIA PLATH Y TED HUGHES: ¿Cómo podrían vivir juntos un león y un escorpión...?

En una carta a su madre, poco después de casarse, Sylvia le escribe: " Ted es increíble, madre... Siempre lleva el mismo jersey negro y una chaqueta de pana con los bolsillos llenos de poemas, truchas frescas y horóscopos".

Sylvia, por su parte, antes de cambiar de casa, suele informarse sobre el lugar que ocupan los planetas y consulta las cartas del tarot. Ambos son supersticiosos.

Sylvia Plath nació en Boston (USA) el 27 de octubre de 1932.

Sylvia o Sivvy había pensado a menudo en cómo sería su hombre ideal: físicamente, deseaba un coloso e intelectualmente, un hombre que no sintiera celos de su creatividad. Ted era ambas cosas: "el hombre más fuerte del mundo... un Adán desgarbado y saludable, con voz de dios tronante... un león...". Un apoyo en lo mental, que le da ideas, estabilidad, seguridad...

Porque Sylvia es una personalidad compleja: introvertida en su adolescencia, perfeccionista hasta la enfermedad ("Me resulta insoportable la idea de ser mediocre") y exigente consigo misma, se debate continuamente entre ser un ama de casa clásica ("la simple vida burguesa de la que provengo") o una soltera inteligente y solitaria. A los 21 años, en el verano de 1953, había tenido una crisis nerviosa; sin embargo, a pesar de haberla superado, es consciente de que su demonio- el pánico, su Johnny Panic- sigue por ahí agazapado, refugiándose en sus escritos devueltos y en los pequeños autorreproches cotidianos por las cosas no realizadas.

Ted se mueve por otros caminos. Mucho más apegado a la tierra (nace en Mytholmroyd, Yorkshire, en 1930), la patria de las Brontë o de “El jardín secreto”, se parece más a Dickon que a Colin. En los años 60 profundiza en la mística tibetana y en el chamanismo; le fascinan las religiones primitivas, las costumbres atávicas, las lenguas antiguas...

En marzo de 1998, año de la muerte de Ted Hughes en Devon (Inglaterra), aparece su último libro, “Birthday Letters” (Cartas de cumpleaños), que fue escrito en secreto durante más de treinta años. “Tu diario me contó la historia de tu tortura”, revela en uno de los poemas. Los Diarios de Sylvia Plath aparecen en castellano en 1996 y, un año antes, en inglés. Ted la había abandonado por otra mujer, Assia Wevill, con quien tuvo en común una hija, Shura, a quienes dedicó en 1970 su libro “Cuervo”. (Esta se suicidaría el 23 de marzo de 1969 con Shura, entonces de dos años).

Sylvia necesitaba la fidelidad total de un hombre y se reconocía incapaz de aceptar el desengaño de las devoluciones de sus escritos. En octubre de 1962 se separa de Ted y escribe los poemas de Ariel, su obra más auténtica, pero no es capaz de superar febrero- un mes de muerte- y ver su libro impreso. ¿Quién puede saber lo que hay en el corazón de un/a suicida...?




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