viernes, 21 de agosto de 2015

LA ISLA DEL PADRE, SUPERANDO EL MIEDO MUTUO


“Las palabras que elijo para contar quién fue mi padre cuentan en realidad quién soy yo”- escribe Fernando Marías (Bilbao, 1958) al comienzo del libro.

Así, nos enteramos de que siempre odió las matemáticas; que los fortines sitiados le fascinan  desde que vio El Álamo y Beau Geste de niño. Que Grupo salvaje fue la película que cambió su vida (“…resolví que consagraría mi vida, fuese cual fuese el precio, a narrar historias”) o cómo se enamoró en Soldado azul de Candice Bergen (“El cine tiene mucho que ver con el amor”). Que nunca ha viajado con mochila, “ni siquiera de joven”, y que no sabe conducir. Pero también de sus problemas con el alcohol (“maleante en Madrid”).

Elige cinco palabras, cinco nombres: Pagasarri, Árbol, Aurora, Temblores y H.; tres de ellos, “momentos importantes junto a mi padre” en sus excursiones – a lo largo de la vida- al Pagasarri, monte cercano a Bilbao, su lugar de nacimiento y de vida hasta octubre de 1975.

La isla del padre – explica a un conocido-, trata “del miedo mutuo que desde el primer momento nos tuvimos mi padre y yo y de cómo logramos superarlo”. Ese hombre, marino mercante, al que conoce por primera vez, conscientemente, cuando él tiene 18 meses, en uno de sus regresos del mar (“¿Quién es ese hombre…? ¿Y se va a quedar…?”).

Pero también es la historia de la casa familiar y sus rincones, dependencias y objetos (la terraza, el secreter, el mejor reloj del mundo…). “Esta casa en la que, desde 1912, cuando la alquilaron mis abuelos, ha vivido nuestra familia… la casa en la que nuestra madre fue niña y en la que nosotros fuimos niños”.  “Hemos acordado [mis hermanos y yo] entregar las llaves al comprador cuando yo termine este libro”.

Y la explicación de por qué es novelista: “Soy novelista porque en un lugar donde nunca he estado una bala disparada por un viejo fusil mató a un hombre veintiún años y seis meses antes de que yo naciera”.

El encuentro con un mendigo que se parecía a su padre, cerca de Sol, será- debidamente transformado- el embrión de su primera novela, La luz prodigiosa, en 1991, Premio Novela Corta Ciudad de Barbastro, y lo que le decide a seguir por el camino de la literatura.

Un camino que regresa al Pagasarri para cerrar el círculo, y un color, el azul celeste, con el que el autor ve su libro terminado, porque, para él, “todos los libros tienen un color”.


El 13 de junio de 2033 -día de su cumpleaños-, Fernando Marías tiene una nueva cita “en el mismo banco de la misma plaza” para “echar la vista atrás y hacer balance” desde sus 75 años de serenidad. Quizá nos lo cuente, o no...

No hay comentarios:

Publicar un comentario