sábado, 3 de mayo de 2014

CARTAS DE VICENTA LORCA A SU HIJO FEDERICO


Son 34 cartas que se publican por primera vez completas (la primera que se conserva está fechada el 28 de octubre de 1920; la última con fecha es del 1 de diciembre de 1933), “textos que nunca fueron escritos para que vieran la luz”- como explica en la introducción Víctor Fernández, su editor.

“Mi madre, a quien yo adoro, es maestra. Dejó la escuela por las galas de labradora andaluza, y ha leído en alta voz por las noches para todos, y no ha desmayado un momento en este amoroso afán por la cultura” – dirá Federico en una carta a Carlos Martínez-Barbeito.
“Uno de los más tiernos recuerdos de mi infancia es la lectura del Hernani de Víctor Hugo  en la gran cocina del cortijo de Daimuz [en Valderrubio, uno de los lugares favoritos de Federico] para gañanes, criados y la familia del administrador. Mi madre leía admirablemente…”- cuenta en otra ocasión.


Su madre se preocupa por él, lo alienta y le “tapa” frente a su padre. “Me parece muy bien que no hayas tomado más que dos asignaturas para que seriamente cumplas con ellas y no descuides tu Literatura…la carrera por excelencia para ti y para mí”. “ …tu padre, que ya sabes que es buenísimo, pero que nos está costando trabajo que se convenza de ciertas cosas porque seguramente él pensaba en otras…”.“Yo no quiero que abandones lo tuyo, lo que te gusta…cuéntame a mí sola en una cartita”.

Disfruta haciendo un seguimiento de los progresos literarios de su hijo: “que te traigas las cosas que tengas hechas para que las veamos”. “Tengo unas ganas locas de conocer lo que estás haciendo”. “Dime si tus preocupaciones  son porque no consigues en tus cosas el resultado que tú quisieras aunque trabajes, o son preocupaciones de público o porque no estés satisfecho de ti mismo porque lo quieras mejor todavía”.

A veces le reprocha: “Tú no has nacido más que para hacer lo que a ti te agrada y trepe el que trepe”.  Parece que su hijo acostumbra a dejar las cosas “para mañana”: “Te cansas de tus cosas y acabas porque nada te gusta y de ahí nace tu apatía y tu dejadez”. Y le apremia: “No pierdas el tiempo”, “Que el tiempo vuela y muy pronto cumplirás veintitrés años y es la hora de trabajar y lanzarse decididamente a ser”. “…Te veamos pronto en plan de ganar dinero; ya te irás tú convenciendo de que sin ese señor tan necesario no se puede vivir”.  “Ya tienes edad y condiciones para demostrar con hechos que eres grandecito”. “Aprende a irte acostumbrando a manejarte tú solico con lo que ganes”.

Otras le demanda un poco de atención: “No puedes dedicarnos de vez en cuando siquiera diez minutos para que sepamos de ti”. “Contesta pronto, aunque sea poquito”. Cuando no pueda ser una carta extensa, una tarjeta al menos.

También queda sitio para cosas de la “intendencia”: “Habrás recibido cien pesetas que te ha mandado papá para tus gastos particulares”…”Hoy te ha girado papá cien pesetas para que te compres calzado”. “Lo que no me gusta (como siempre) es el pelo tan largo”.

Le conoce muy bien: “Eres el hombre que siempre lleva la alegría consigo”, pero “No tienes mucha calma para estas cosas (machacar en el inglés mientras está en Estados Unidos).

En 1931, Federico se instala en su nueva casa, un ático en la calle Ayala número 60. “Yo creo que cuando esté Paquito (su hermano menor) contigo debéis tener las cosas necesarias y arreglaros vosotros el desayuno y la merienda, y que la portera os limpie los cacharros…No tienes costumbre de esas cosas”. “Ya estoy harta de que estemos separados sin que tengáis vosotros colocación fija, pues yo creo que lo pasáis mal y al mismo tiempo hay el peligro de una enfermedad y que os encontréis solos”.

En 1933, cuando él se va a Argentina, la madre le informa de los avatares políticos: “Azaña cayó, entró Lerroux y duró veintiún días y después a ninguno de los que llaman puede formar gobierno, así es que no se sabe lo que va a pasar…”. 

Si queréis leer más sobre “madres” y “maternidad”: http://quefluyalainformacion.blogspot.com.es/2012/11/maternidad-y-creacion-ser-madre-y.html. Madres escritoras.

jueves, 1 de mayo de 2014

CORTÁZAR, CARTAS 1937-1954: "MI COPIOSA CORRESPONDENCIA... MI VIDA"


Desde Chivilcoy, donde trabaja como profesor, le escribe a Marcela Duprat el 16 de agosto de 1940 (Cortázar tiene entonces 26 años),  con espíritu clarividente: “Ya sé que cuando yo muera (de alguna manera rara, ya verá) ustedes los amigos publicarán mis obras completas, y que, en bellos apéndices, agregarán mi copiosa correspondencia…”.  “Mi vida entera podría ser trazada leyendo las cartas (“cartas-río”) que llevo escritas…He dejado en cada una de ellas mucho de mí…”.

Y como este año -en que se cumplen cien de su nacimiento- es el Año Cortázar…

Julio Florencio Cortázar, o Julio Denis – su seudónimo- escribe largas y abundantes cartas a máquina, con su “fiel Royal”: “se trata en mí de una costumbre…mi letra es casi ininteligible…no sé escribir sin ella…formamos un compuesto indisoluble”. Para ello necesita “paz y silencio”, condiciones sine qua non de su “capacidad epistolar”. “Si uno no guardase celosamente una hora para sí mismo, terminaría por aniquilarse…Creo, con Rilke, que si el hombre tiene algún mensaje que dar a sus iguales, ese mensaje debe nacer en el silencio”.  “No sé escribir cartas de circunstancias, y debo esperar un momento propicio”- le comunica a Lucienne Chavanne. “Amo contestar las cartas que invitan a la reflexión y al comentario”- escribe a Mercedes Arias. Para él es una ceremonia “un poco sagrada”, que necesita de un cierto clima interior, ciertas músicas, ciertos aromas… “Me siento a la máquina y dejo correr el vasto río de los pensamientos y de los afectos”.

La primera carta de la edición realizada por Aurora Bernárdez y Carles Álvarez, (Alfaguara, 2012), data del 23 de mayo de 1937 -Cortázar tiene 23 años- y está dirigida al profesor Eduardo Castagnino desde Bolívar, localidad en  la que Cortázar ejerce de profesor en un Colegio Nacional: se asombra de que sus alumnos de tercer año no sepan quién es Beethoven; le envía un poema suyo, “Ataraxia”, y le informa de que ha escrito un “estudio crítico” sobre Federico [García Lorca].

Lo cotidiano se aúna con sus preferencias literarias y sus reflexiones personales: “Mañana tengo clase a la primera hora…ello significa levantarse a las seis y media”. “Federico es la cúspide”. “Sigo trabajando para Sopena”. “Trescientos kilómetros me pesan mucho…¡Si vieras la librería máxima de Bolívar…! El orgullo del dueño es tener una colección literaria completa y encuadernada: la de la Delly [novelas sentimentales]”.

Un sábado en Bolívar

“Son las cuatro de la tarde y me dispongo a tomar mate…Encenderé la radio, y escucharé media hora de música de jazz. Jazz negro, que es el genuino. [Air in D Flat por Spike Hughes. http://www.youtube.com/watch?v=Rn0RWBYPpHs. Just a kid named Joe, de los Mills Brothers. http://www.youtube.com/watch?v=cZ_9dJ62m1E. Marian Andersdon y Deep River. http://www.youtube.com/watch?v=2bytFrsL4_4“No sé nada más bello, más hondo, más mío que el folklore y la religión negroamericanos”]. Después, volveré a la lectura de Madame Bovary…aún no la conocía. Más tarde…voy a escribir algo. Ni siquiera en Bolívar me abandona la enfermedad poética” [En 1938 publica en Buenos Aires, con seudónimo, el libro de sonetos Presencia: “A mis amigos no les gusta…silencio absoluto de la crítica].

Las alternativas no son muchas, como cuenta, con humor, acerca de la manera de divertirse en Bolívar: “Consta de dos partes: a) ir al cine. b) no ir al cine. La sección b) se subdivide a su vez: a) ir a bailar al Club Social. b) recorrer los ranchos de las cercanías, con fines etnográficos. Esta última sección, admite, a su vez, ser dividida en: a) concurrir, pasado un cierto tiempo, a un dispensario. b) convencerse de que lo mejor es acostarse a las nueve de la noche”.

Años más tarde, en 1942, le confesará a Mercedes Arias: “Nunca leí, nunca estudié y nunca medité tanto como en esos dos años que pasé allá”.

México, su aspiración

En esos momentos, México es su lugar ideal para residir y trabajar: “allí ha vivido siempre una juventud llena de ideales, trabajadora y culta, que apenas se encuentra en Buenos Aires”. Pero “No hay barcos que vayan a Méjico saliendo de Buenos Aires…”. Es preciso partir de Chile.
En 1940, le confiesa a Luis Glagiardi: “Podría irme a Méjico sin dinero; pero, ¿podría volver?...Ya no me desespero…Soy solamente una cifra mensual, que debe llegar  a manos de una familia que depende íntegramente de mí. Si me voy, la cifra puede desaparecer”. “Siempre pienso en Méjico”- le escribe aún en enero de 1941.

Estudiante de lenguas autodidacto

Estudia los idiomas “a pelo”, con obras literarias y la ayuda de un diccionario.

“¿Sabe que estoy estudiando alemán?…Compré un excelente diccionario, y me procuré dos libros de ¡Rainer María Rilke!...Creo que en un año leeré sin grandes dificultades a Heine. (¡Y a Hölderlin!)”.

“Mi alemán progresa mucho: ya leo de corrido la Biblia de Lutero”. Incluso se atreve con ¡la metafísica de Heidegger!

“¿Sabe que mi experiencia de slang, acumulada en mis tiempos de traductor, es valiosísima para leer a Steinbeck, al gran Faulkner y a Richard Wright?”.  (En 1944 traduce Robinson Crusoe para una “edición de lujo”).

“Leer [en inglés] a Keats, leer Romeo y Julieta – algunas de cuyas escenas son de una musicalidad idiomática como jamás se ha logrado en el teatro, leer al joven Winston [Churchill], a Ellery Queen…”.

Chivilcoy, su segundo destino

El 20 de agosto de 1939 le  escribe a su amigo Eduardo Castagnino: “Soy ciudadano confirmado de la muy progresista y nacionalista ciudad de Chivilcoy, con 16 horas en la Escuela Normal. Habito en una infame fonda llamada HOTEL (¡) RESTELLI y dicto geografía, historia e instrucción cívica”. Más tarde,  se alojará en la pensión Varzilio.

Tiene miedo de convertirse en pueblero: “Chivilvoy es aburridor, como todo pueblo de provincia”. “Chivilcoy es un pueblo como todos…Buenos Aires, a dos horas y media de tren…Viajo todos los sábados, y regreso los lunes por la noche. Resignado y para resistir mis dieciocho horas semanales y el clima horizontal de esta ciudad”. En el cuento titulado “Bruja” trata de reflejar ese ambiente provinciano.

En Buenos Aires aprovecha para escuchar música  en directo: “No podré olvidar jamás la Novena Sinfonía [de Beethoven] dirigida por Toscanini”; los conciertos de Menuhin, “pero si solo tiene veinticuatro años”, y de su preferido, [Jascha] Heifetz. Y en la radio, escucha lo mismo la Sonata en La, de César Franck  [http://www.youtube.com/watch?v=U_oPIkcWMpY] que Woogie, de Count Basie [http://www.youtube.com/watch?v=OByckZIxtCE] o Shine, de Louis Armstrong [http://www.youtube.com/watch?v=LcsfxP9oEoA]. A este último lo verá y oirá en directo en París en 1952, “después de veintidós años de amor y fidelidad”, uno de sus “dioses de adolescencia”, un magnífico “cronopio”.

Mendoza, un trabajo universitario

En julio de 1944, le ofrecen dar unas clases en la universidad  de Cuyo. Tras el golpe de estado de junio de 1943, en Chivilcoy le acusaban de “escaso fervor gubernista, comunista y ateo”, por lo cual ve el cielo abierto: son seis horas a la semana en vez de dieciséis, y puede enseñar lo que le gusta (“Es la primera vez que enseño las materias que yo prefiero”): “En Literatura Francesa me ocupo de la “nueva poesía”, desde Baudelaire a Mallarmé…Entre mis alumnos tengo una monja, un señor que podría ser mi bisabuelo, y una chica tan idéntica a Lucille Ball que a veces siento deseos de dictar la clase en inglés por miedo a que no entienda el español”.

La vida cultural parece más floreciente: “Hay espléndidos cines en Mendoza, y los últimos estrenos de Buenos Aires. Anoche vi Madame Curie y hace dos días Los verdugos también mueren [de Fritz Lang]. Se anuncian ocho o diez películas excelentes, entre ellas Casablanca que por fin podré ver…”.

Pero tres cursos simultáneos “es demasiado…no salgo, no paseo, no miro las montañas…acabo en una tarde libros de 250 páginas…traducciones hasta altas horas de la noche…”. Además, la universidad es muy grande, “pero es provinciana hasta la médula; el nivel estudiantil deja que desear, hay espantosas rencillas políticas entre profesores y autoridades, y la vida intelectual no tiene la hondura que podría esperarse”.

Con Mercedes Arias, amiga que le salvó “del tedio de Bolívar”, se sincera: “Después de haber abandonado Chivilcoy bajo vehementes sospechas de comunismo, anarquismo y trotskismo, he tenido el honor de que en Mendoza me califiquen de fascista, nazi, sepichista, rosista y falangista”.

Pronto quedarán atrás sus años de docencia (doce en total). El 8 de marzo de 1946 es nombrado gerente de la Cámara Argentina del Libro, plaza ganada por concurso (“Mis nuevas funciones…, leer toda clase de papeles raros, aprender cosas que hasta hoy había desdeñado, y adquirir esa soltura que en una gerencia se llama eficacia”)   hasta 1949 en que se “pasa” a las labores de traductor público nacional “en inglés y francés” (en el bufete/estudio de Zoltan Havas).

La II Guerra Mundial

El 1 de septiembre de 1939 Alemania invade Polonia. El 15 de septiembre, en carta a Luis Gagliardi, se refiere, por primera vez, a la guerra: “Aquí [en Chivilcoy] se sigue con absoluta indiferencia…Yo sufro esta guerra en mi propia carne, porque comprendo sus raíces, abarco lo que supondrá dentro de cinco años, cuando la generación que nos sigue a nosotros empiece a hacer preguntas, a buscar maestros, a demandar libros…”.

En diciembre, le comenta a Mercedes Arias: “Me gustaría no hablarle de la guerra…Pero nos rodea, nos envuelve…Nosotros, colonia comercial del Reino Unido, ¿seremos arrastrados al torbellino?”. “Vivo la guerra con cada fibra”.

Europa, su horizonte

En enero de 1947, le informa a su amigo Sergio Sergi: “Empiezo ahora una monumental biografía de Pushkin,…trabajo para cinco meses [de traducción]. Si lo cobro de una vez, me voy a Europa (Y no vuelvo nunca más, se entiende)”. 
  
En marzo de 1949, le cuenta a Fredi Guthmann: “A Europa hay que ir por no menos de tres meses…La gente que vuelve de allá…lo ponen a uno en la obligación moral de dar el salto”. Le han dicho que necesita al menos mil quinientos pesos mensuales. “Insisto en irme a Europa”. Piensa en pasar un mes en París y dos en Italia. “Me voy a Europa hasta mayo”- comunica el 4 de enero de 1950.  “París es perfecto”- escribe el 18 de marzo a Jorge y Dorita Vila Ortiz. A pesar de ser “atrozmente caro para nosotros”.

De vuelta en Argentina, solo piensa en volver: “Tengo  la nostalgia europea…si pudiera irme por siempre allá, lo haría sin vacilar…Me elijo europeo”.

En 1952 el gobierno francés le concede una beca para estudiar diez meses en París. A partir de 1953, se convertirá en su residencia definitiva. “Sé que es necesario que esté aquí”.

De su colección de doscientos discos solo se lleva “un viejísimo blues de mi tiempo de estudiante (Stack O´Lee Blues, http://www.youtube.com/watch?v=IUgSoZEMIyI) que me guarda toda la juventud”.

En París, traduce para la UNESCO (“loados sean los contratos breves, libres de las jornadas interminables y los documentos en jerigonza”), dobla películas, hace de locutor para la radio… “Me tuteo con el Louvre…devoro cuadros y museos, necesito ver y aprendo a ver, y un día sabré ver”. Primero en bici; luego en vespa, y andando o en auto-stop, recorre los alrededores: Versailles, Fontainebleau, Reims, Rouen… “Veo bastante teatro…”. Le confían traducir todas las obras en prosa de E.A. Poe. “Traduzco diez páginas diarias como promedio…He traducido 1.300 páginas de Poe…jornadas de nueve horas de trabajo…”.

Su CV en 1949

En carta a su padre, Julio José Cortázar Arias, le dice el 2 de agosto: “Con mi nombre Julio Cortázar he publicado un libro y numerosos ensayos  en revistas de B.A…”.                                   
A otro que le solicita datos bibliográficos, le envía escuetamente: “Nací en 1914 en Bruselas. Publiqué Los reyes en 1949. Escribo ensayos y cuentos…”.

Cortázar, poeta

“Sé que soy oscuro – y acaso tenebroso- en mis poemas”- le escribe a Mercedes Arias.
“Envié a un certamen, organizado por la Sociedad Argentina de Escritores, los originales de un libro de poemas [De este lado]”- comunica a Luis Gagliardi en febrero de 1940. En el jurado está Jorge Luis Borges.

“Estoy muy lejos de Mallarmé. En cambio, ¡qué cerca me siento de Rimbaud!...Amo a mis grandes contemporáneos…Rafael Alberti, García Lorca, [Ricardo] Molinari [“Creo que es la gran voz en la Argentina”], y el más grande poeta de América: Pablo Neruda”- le comunica a Lucienne Chavance.

Cortázar, profesor

“Empiezo lentamente a querer mi trabajo; me gusta advertir señales de progreso en los chicos…Usted dirá que es tonto consagrarse tanto a los alumnos…Entre la instrucción cívica, la historia de la Mesopotamia y las montañas de Brasil, para no mencionarle las costumbres feudales, los viajes de Colón, etc, etc, estoy al borde mismo del surmenage [agotamiento]”- se sincera con Mercedes Arias. “Me gusta enseñar”. “Soy más maestro de  lo que pensaba…”.

Lector empedernido: “He leído hasta el abuso… hasta el agotamiento”.

“¿Leyó La condición humana [de André Malraux]?...Es una admirable novela…Plotino me absorbe…¿Quiere leer a un gran poeta?...Rafael Alberti”.

“Rilke – un grande y admirable poeta, a pesar de haber nacido en Praga y pertenecer al ciclo germano…”- le escribe a Marcela Duprat en abril de 1940, en plena II Guerra Mundial.

Pero también devora a Agatha Christie: “¿Leyó The Murder of Roger Ackroid?”- le pregunta a Mercedes Arias en julio de 1941. O a Ellery Queen.

Sus preferencias son omnívoras: poemas de Salinas y de León Felipe, “la fascinante historia del Renacimiento, de John Aldington Symonds, una bella edición de Virgilio, Le Grand Meaulnes [de Alain Fournier] y mis gramáticas alemanas”. Son sus lecturas de un fin de semana en Chivilcoy; en distintos idiomas, de diferentes géneros…”El vicio de leer es peor que el tabaco”.

Y escritor. De dónde surgen los cuentos

“Tengo muchos deseos de publicar este año un tomito con algunos relatos fantásticos que no me disgustan”- escribe a Lucienne Chavance en marzo de 1944.

El 14 de junio de 1952 escribe a Eduardo Jonquières: He escrito dos cuentos, uno de ellos muy bueno…Se llama “Axolotl”, nombre de unos animalitos mexicanos que descubrí en los acuarios del Jardin des Plantes [en París], y que me produjeron terror…Hay algo atroz en esas larvas…No he podido volver al acuario, les tengo miedo”.

Antes, a María Rocchi le ha informado: “Me han nacido unos nuevos bichos que se llaman cronopiosson la objetivación espontánea de esos juegos de la palabra consigo misma…Los anoté en la calle, en los cafés, y solo dos o tres pasan de una carilla. No los considero obra seria, sino un descanso bien merecido después de Keats [“Hay diez años de mi vida ahí…ocho de lectura y dos de trabajo”]…Me gusta leer en alta voz estos pequeños cuentos…Son materia juglaresca, pícara”. Es su lado más liviano y pueril.

Pero no le gustan a todo el mundo. “Mis historias de cronopios y de famas han repugnado a Baudi, a Daniel y a Aurora [su mujer]. Las encuentran moralizantes”- escribe a su amigo Eduardo Jonquières. En marzo de 1953, le confiesa que “Las puertas del cielo” sigue siendo -para él, para Cortázar- su mejor cuento.

En 1954 escribe a Juan José Arreola, escritor mexicano: “Ya es tiempo de que en las universidades se cree la cátedra de cuentos, como suele haberla de poética…Un cuento es siempre el vellocino de oro…la novela es la historia de la búsqueda del vellocino”.

El sentimiento religioso

 “Me falta”- le escribe a Luis Gagliardi. “Mi pensamiento es irreligioso…y yo soy el primero en deplorarlo”.

Y, sin embargo, a pesar de su “lejanía” de la fe,  “siente” a San Juan de la Cruz, a Fray Luis de León, Sor Juana Inés de la Cruz o Charles Péguy, “que con frecuencia me emociona”. No le ocurre lo mismo con [Paul] Claudel, a quien encuentra “un poco pesado y sentencioso”.

Sus muertos

El primero de quien habla y a quien echa de menos es Alfredo Mariscal, fallecido el 16 de abril de 1941. “A él le está dedicada la Fábula de la muerte”. El segundo es su cuñado, casado con su hermana apenas hacía dos años. El tercero, Francisco (Paco) Reta, compañero de estudios “desde quinto año del profesorado”. Aún lo recuerda diez años después…

El paso del tiempo

Cortázar fue siempre muy consciente del paso, y del peso, del tiempo. Remonta su juventud a los “dorados” veinte años (que luego alarga hasta los 25. “La juventud fue mi tiempo de estudiante”, que asocia con la canción Stack O´Lee Blues, http://www.youtube.com/watch?v=IUgSoZEMIyI. “Los años cruciales, de los 23 a los 30”). Al cumplir 28, les pregunta a sus amigas Lucienne y Marcel, “¿Recuerdan ustedes que alguna vez les dije que no esperaba vivir más de treinta?...No me quejo de la vida; he vivido bien”. Enumera sus deseos, en ese momento, no cumplidos: París, el Everest, el poema perfecto…Es el año 1942.

En la última carta del volumen, a Eduardo Jonquières, ya con cuarenta años, (27 de noviembre de 1954), Julio le hace un repaso desde los días de la juventud (“Cuántos muertos, cuántos ausentes”), y concluye: “Ahora tengo cuarenta años, vivo de otra manera, quiero de otra manera. Soy todo lo feliz que yo soy capaz de ser y, sobre todo, la alegría me visita…”.

Una vida vivida

En 1982, dos años antes de su  muerte, se sinceraba con su madre por carta: “Creo que soy un hombre que jamás se aburrió un solo segundo a lo largo de toda su vida”. Quizá fuera por “esa capacidad que tengo para asombrarme”…

Treinta años antes, en 1952, había escrito su epitafio: “J.C. Cualquier ranita le ganaba”. En 1951 se había descrito ante Edith Aron como  “Largo, flaco, feo y aburrido”.



ALGUNAS FRASES “CORTAZIANAS”

El teléfono…ese insecto monstruoso, dotado del don de la palabra”.

“Hace un frío de las mancuspias”. (Término escuchado, según él, al catedrático de griego y latín, Ireneo Fernando Cruz).

“¿Ha pensado usted en el mordisco de una máquina de escribir? ¿Y en el beso que podría dar un teléfono…?”.

“Su carta era melancólica, verde, anémica…”.

“Una exposición capaz de desesclosarle las meninges a cualquiera”.

“Los quesos son bastante gloriosientos”.

“Si quieres alguna cosa, chifuléame”.

“Ando con copias de mis últimos crefundeos”.

“Trabaje. Es el único colagogo seguro”.

 CURIOSIDADES

Grandes cronopios para Cortázar: el pintor Zao Wu Ki, Juan José Arrreola, Sidney Keyes o Louis Amstrong, entre otros.

Le encantan Matisse, en especial la muchacha con “la blusa rumana”, Picasso, Miró y Klee.
 
ENLACES





http://www.youtube.com/watch?v=tXyxCgXfxiw. Canción del cronopio, por Los Brujos.

http://www.youtube.com/watch?v=OE0THMdbadM. El cuento de los cronopios, por Espécimen.

martes, 25 de febrero de 2014

ANTONIO MACHADO Y SEGOVIA. TRECE AÑOS DE CLASES Y PASEOS


Antonio Machado estuvo en Segovia de 1919 a 1932 ininterrumpidamente a excepción de los fines de semana en que se desplazaba a Madrid a casa de su hermano Manuel, en General Arrando, 4. En Segovia, vivía en una fonda de la calle de los Desamparados. Convertida en Casa-Museo, hoy [1995] se yergue -triste y sola- en una ciudad declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad.

De mi Diario de viaje (en 1995)

Siempre había tenido a Antonio Machado asociado a Soria. Por eso, cuando en el plano de Segovia leí "Casa-Museo de Antonio Machado", me picó la curiosidad.

El primer día, no encontré el sitio y me perdí por calles intrincadas. Pregunté a un señor mayor y me dijo -casualidad- que él había sido alumno suyo y que le había dado clases de francés. "Iba siempre con la chaqueta manchada de sardinas o de huevo"- comentó todavía incrédulo aun después de tantos años.

Un guardia municipal intentó orientarme -y orientarse él primero- pero no acababa de saber cómo situar el plano y yo ya llegaba tarde a una conferencia.

Pero no iba a rendirme tan fácil. Al día siguiente cogí por la calle de Daoíz, la última recomendación del bienintencionado guardia y, pasando la catedral, a la derecha, vi la placa "Calle de los Desamparados: en el número 5 de esta calle estuvo la fonda donde se hospedaba don Antonio Machado". ¡Al fin!- pensé. Sin embargo, cuando llegué al número 5, otra vez la desilusión: en el edificio, recién pintado, ponía: Convento de San Juan de Dios.  ¡Vaya, pues sí que está actualizado este folleto! -pensé.

De todas formas, teniendo quizá en el subconsciente la imagen del "6 bis" de algunos portales de Madrid, decidí andar un poco más.

Una vez pasada la iglesia adosada al convento, un metido y, de repente, ahí estaba: una casa de pueblo con un jardín, un busto de Machado y un pájaro en una jaula. Como ponía que se podía visitar de 4 a 6, decidí subir a verlo.

Un hombre de apariencia más bien triste: "ahora en invierno no viene mucha gente y uno se aburre mucho" -encendió las luces y se dispuso a enseñármelo. A la entrada, un arcón desvencijado y un pasillo, muy largo, de madera. En esta fonda estuvo el poeta alojado trece años -desde 1919 a 1932.

La leyenda del plano decía: "en el interior se conserva un pequeño museo con muebles y objetos que utilizó". Realmente, no se puede decir que fuera un museo: era, para mi gusto, demasiado pobre. Solo se conservaba amueblada la habitación del poeta: una cama de hierro, la cómoda, los orinales... y la cocina. Pero le faltaba el calor de otras recreaciones cotidianas.

También había unas fotos de Antonio con algunos de sus antiguos alumnos, uno de los cuales fue -al parecer- quien compró la casa o, al menos, hizo fuerza para que se conservara. La patrona, ya muy mayor, aparecía en otra de las fotos.

Finalmente, discordando con el supuesto ambiente del primer tercio de siglo, una mesa con las obras -últimas ediciones- de Antonio Machado y cintas con sus versos recitados o cantados.

La impresión, cuando bajaba las escaleras, era la de haber visto una casa definitivamente vacía. Y pensé que quizá el poeta, para superar el desaliento, saliera a menudo a recorrer el camino que rodea la muralla y conduce a la Fuencisla, o se parara junto al río, bajo el Alcázar, a observar los árboles vestidos de amarillo.


 Una vez en casa…

Cuando llegué a casa, empecé a revolver entre los papeles, queriendo saber más. En mi libro de literatura encontré que, efectivamente, había vivido en Segovia, algo que cuando estudiaba me pasó totalmente desapercibido.

Antonio Machado enseña en el Instituto de Segovia desde el curso 1919-1920. En 1906 había hecho oposiciones a cátedras de francés, obteniendo la de Soria. Allí se casa en 1909 y de allí se va en agosto de 1912, a la muerte de su esposa Leonor. Al irse, escribe: "Adiós, campos de Soria/ donde las rocas sueñan, /cerros del alto llano, / y montes de ceniza y de violeta./ Adiós, ya con vosotros/ quedó la flor más dulce de la tierra./ Ya no puedo cantaros,/ no os canta ya mi corazón, os reza...".

En noviembre de 1912 ya está en Baeza: "Sobre el olivar, / se vio a la lechuza/ volar y volar./ A Santa María/ un ramito verde/ volando traía./ ¡Campo de Baeza/ soñaré contigo/ cuando no te vea!".

En 1913 escribe una autobiografía para una supuesta antología de Azorín. En ella cuenta, entre otras cosas: "No tengo vocación de maestro y mucho menos de catedrático. Procuro, no obstante, cumplir con mi deber...".

En Segovia se aloja en la fonda de doña Luisa Torrego, situada en la calle de los Desamparados 11. Para llegar a su cuarto -y según narra José María Valverde- tenía que atravesar el de otro huésped, Luis Recuero, empleado del catastro aficionado a tocar la guitarra, e insomne. Muchas veces le leerá versos hasta que le entre el sueño. Los fines de semana se va a Madrid a la casa de su hermano  Manuel en la calle general Arrando 4. Quizá comprara yemas de Almazán, de la casa Gil, en la mantequería de la esquina o se extasiara contemplando las "legumbres finas de Castilla". Solo una vez no acude a la cita y es cuando Unamuno ("Mi maestro") va a Segovia de visita.


El escultor Emiliano Barral cincela en los años 20 el busto de Antonio en piedra rosada que hay a la entrada. A su quehacer dedica Antonio un poema:

" Y tu cincel me esculpía/ en una piedra rosada,/ que lleva una aurora fría/ eternamente encantado./ Y la agria melancolía/ de una soñada grandeza,/ que es lo español (fantasía/ con que adobar la pereza)/ que surgiendo de esa roca,/ que es mi espejo,/ línea a línea, plano a plano,/ y mi boca de sed poca./ Y, so el arco de mi cejo,/ dos ojos de un ver lejano,/ que yo quisiera tener/ como están en tu escultura:/ cavados en piedra dura/ en piedra, para no ver."

En los años 50, por iniciativa del Gobierno Civil de Segovia, se preserva la fonda - con el busto en el jardín- que luego se convertirá en Casa-Museo.

Aunque la casa se ha restaurado desde entonces, entre las postales de Segovia no pude encontrar una dedicada a la casa- museo de Antonio Machado.

CODA. En abril del año 2000, coincidiendo con la celebración de un Congreso Internacional y, tras pintar las paredes y cubrir grietas, vuelve a abrirse al público la casa-museo. Quizá a partir de entonces resulte menos desangelada que cuando la visité en 1995...

[Artículo inédito escrito en 1995]

martes, 21 de enero de 2014

ANDAR PARA SABER. VIAJE A PIE, DE PLA, SESENTA AÑOS DESPUÉS


Publicado originalmente en 1949, es rescatado en 2013 por Ediciones 98.

Comienza con una “Invitación al viaje” de Josep Pla  “a esos muchachos…que, encontrándose en el umbral de la puerta de la vida…preguntan: “¿Qué hemos de hacer…?”. Yo les aconsejaría un viaje a pie”.

Su propuesta es “un corto viaje” por el entorno más cercano a cada cual (en su caso, las comarcas del bajo Ampurdán, su “país”) “a base de un itinerario que comprendiera un número de poblaciones muy pequeñas…que no pasaran de quinientos habitantes”. Y de ir por los caminos y senderos vecinales en vez de por las carreteras.

“Su viaje debería tener un objetivo: informarse, enterarse de lo que es el país, de cómo vive en él la gente, empaparse de la manera de ser básica, inalienable, insoluble, del material humano”.

Y sigue haciendo recomendaciones: “La primera vuelta no debería durar más de quince días. Quienes demostraran resistencia, podrían luego emprender un viaje de un mes o mes y medio, siempre a pie y pasando por poblaciones del tamaño ya dicho”.

Las tareas, dos, ambas “muy interesantes”: pasear y hablar con la gente.

Esto lo escribía en 1948, aún en la posguerra, cuando describía los pueblos pequeños “en un estado de abandono inenarrable, insondable, abrumador”.

“Nada hay, me parece, que ofrezca tanto interés para el ciudadano como saber exactamente en qué consiste su país…De los pueblos pequeños, nadie se ocupa…Es muy posible que ese desequilibrio sea fatal para la salud colectiva”.

Y concluye este primer capítulo: “Ver la política desde los pequeños pueblos campesinos tiene un interés apasionante…A base de hablar con la gente se llegaría- si uno sabe hablar con la gente de los pueblos, cosa que no es fácil- a tocar, a ver, a presentir nuestra manera de ser más auténtica y real”.

A continuación, cuenta cómo se plantea él la experiencia: “Cada año, cuando empiezan a ceder los rigores estivales y aparecen las agradables temperaturas de septiembre, me permito una corta evasión de ocho o diez días y realizo un pequeño viaje a pie”.

Pero con tranquilidad: “No devoro kilómetros ni colecciono paisajes; jamás se me ocurrió escalar picachos, ni descender a las profundidades de la tierra. No suelo ir vestido de excursionista ni de acampado…”.

Viaja generalmente por la tarde (“Con la rociada se puede coger frío”); se levanta “a una hora decente”, sobre las 10, y una vez tomado el desayuno, que debe incluir un zumo de naranja, “hay que salir de la fonda en busca de una sombra propicia”. Y esperar a la hora del almuerzo. En los pueblos, a la sombra de los árboles, es donde se reúne la gente y hace sus tertulias. “Para aprender, hay que escuchar  a los demás”.

Tras el almuerzo y las dos tazas de café “de rigor”, él suele dormir una horita a la sombra de un pinar o de una arboleda. Luego, continúa al pueblo más cercano a cuya posada suele llegar con la puesta de sol, “en septiembre, un espectáculo muy bello”.

Un andar moroso

“Mi andar por las carreteras transcurre a muy poca velocidad: a dos kilómetros y medio o tres, máxime, por hora…es una excelente velocidad si de lo que se trata es de ver algo…Viajar por los senderos es una deliciosa ocupación”.

En el otoño de 1948, cuando se produce este “viaje a pie”, Pla tiene 51 años.

Pero a pesar de los más de sesenta años transcurridos, sus recomendaciones esenciales hoy valen para todos: para el ciudadano de a pie, cualquiera que sea su edad y su género, y para nuestros políticos, que andan allá por Babia, y no precisamente la de León. Para ejercitarse en el silencio y la meditación en esta vida acelerada; para ejercer la observación y obtener nuestras propias conclusiones, de primera mano, no manipuladas.

El resto del libro está dedicado a la reflexión, análisis y descripción de sus paisanos, los payeses. Eso lo dejo para otro día.

sábado, 9 de noviembre de 2013

ÁNGELES MASTRETTA, LA EMOCIÓN DE LAS COSAS



“Uno inventa para indagar, no al revés”- escribe en uno de los breves pasajes que componen La emoción de las cosas. “Solo la precisión conmueve y solo conmover importa”. Eso es lo que ella hace: empatizar con nosotros, los lectores, a partir de recuerdos familiares y experiencias cotidianas en los que nos podemos reconocer.

Su última obra, publicada en abril de 2013, está dedicada a sus hermanos: Verónica, Carlos, Daniel y Sergio. Y se abre con una frase de Antonio Machado: “Solo recuerdo la emoción de las cosas”.

Un libro que en la página 53 dice aún no saber si será “una memoria, una indagación en el pasado de mis padres, una búsqueda o una tontería!”. Páginas que van de un recuerdo a otro, sin orden.

Por el medio, se cruzan varias frases que nos afectan: “Siempre necesitamos saber cuando ya no podemos”, “El pasado se recupera en atisbos”, “Mis muertos van conmigo a todas partes”…

Y reflexiones sobre la escritura y el oficio de escribir: “Cuando el deber me aburre, invento”, “Casi ningún recuerdo es del tamaño de una novela”, “Lo que más me gusta de todo este oficio: la precisión…Si algo debe sentirse, conseguir que se sienta. Si algo debe verse de cerca, que podamos tocarlo”.

También en forma de pregunta: “¿Escribimos para recordar o para ir adivinando lo desconocido?”.

Y afirmaciones seguras: “Escritor es quien escribe siempre que algo le asombra”, “Escritor es quien explica lo inexplicable”.

Nacida en Puebla, México, en 1949, ha cumplido 64 años en 2013.

“Cuando nos toman los sesenta años…empezamos a tener, en la lista de nuestros seres queridos, tantos vivos como muertos; en nuestros libros más la tendencia a recontar el pasado que a inventarlo…”.

Y, sin embargo, es el momento de hacer locuras, de dejar que “lo insólito” se cuele, alguna vez, en nuestras vidas. Ella, por ejemplo, decide aceptar el reto, antiguo, de  Joaquín Sabina, y cantar con él en el Auditorio Nacional el tango “Arráncame la vida”, título de su primera novela, convertida en película en 2008.

El mejor regalo, las palabras de su hija Catalina, al terminar: “Se habla mucho de las alegrías que les dan los hijos a los padres, pero poco de las que dan los padres a los hijos. Gracias, ma”.

El libro termina con el relato de la reunión de las cenizas de sus padres (su padre, fallecido en 1971, demasiado pronto, y su madre, que muere tras quince meses de enfermedad) en el jardín, bajo los árboles. Y con un agradecimiento: “Escribo todo esto agradecida con ustedes, que han venido a leerlo y a conversar con mi memoria”.

Sí, es cierta la frase de Machado: Solo se recuerda la emoción de las cosas.

PARA SABER MÁS

http://delabsurdocotidiano.nexos.com.mx/?p=1822. Blog de Ángeles Mastretta en Nexos.
http://www.youtube.com/watch?v=_Fg6_pFaBOQ. Sabina y Ángeles Mastretta cantando “Arráncame la vida”.
http://www.youtube.com/watch?v=Pn3F_7nGbiM. Tráiler de la película "Arráncame la vida".