sábado, 22 de octubre de 2016

UN PARIENTE: AURELIO HERREROS, MAESTRO LAICO


En casa contaban que, de pequeño, se cayó jugando en La Llana [Sierrapando,Torrelavega] y se rompió la muñeca; por eso, los padres le dieron estudios (en tiempos en que lo más que algunas familias podían dar era un oficio: carpintero, cantero, dependiente de comercio…). Dicen que le pagaron la carrera de maestro en Madrid.

Mi padre piensa que muchas de las fotografías que tienen en la huerta de Sierra se las hizo este pariente, que él recuerda con barba blanca, como un santón. Mi padre nació en 1927, así que cuando él puede recordarle (en 1933/1934, Aurelio podía tener unos 60 años.



En 2016 (24 de agosto), gracias a la ayuda de María, en Ciriego, hemos encontrado que, cuando murió, el 28 de febrero de 1955, con 84 años, vivía en la Avenida Pedro San Martín, número 15, en Santander.  

Aurelio nació en 1872 en Sierrapando (hijo de Fausto Herreros López, “cantero labrante, casi un escultor”, y de Gavina Fernández Díaz de Celis). En el mismo lugar, en 1874, nacía mi abuelo paterno, Alfredo Herreros Hijosa, su primo,  hijo de Hermenegildo Herreros López, cantero, y de Teodora Fernández Díaz de Celis, “dedicada a sus labores propias de su sexo”.


Según la crónica de La Región del 21 de abril de 1936 (“Emocionante homenaje al querido profesor laico don Aurelio Herreros”), desde 1902 era profesor del Centro de Enseñanza Integral y Laica en la calle de Magallanes nº 21 [hoy, 31] de Santander. En el momento del homenaje tenía 64 años.



Según la “Evocación” que hace Eulalio Ferrer para el periódico Claridades de México el 4 de junio de 1955, tras la muerte de "don Aurelio", “había salido, casi huyendo, del remoto pueblo en que nació, cerca de Torrelavega. Sus ideas alarmaban en una de las provincias más conservadoras de España…”. Fidel Campo me contó que su padre, Fausto, le había construido la escuela en la huerta de Sierra.

Retrato de don Aurelio Herreros, “un maestro ejemplar”

“Soy hijo de una escuela y de un maestro, a quienes debo la insaciable ambición de aprender, que es la esencia del autodidactismo”- dirá Eulalio Ferrer en 1981, en México, en los salones del Casino Español. Nunca dejará de reconocer la influencia de su maestro [y de su padre] en la persona que ha llegado a ser. En una entrevista que le hacen en 1972, a la pregunta de “¿Quiénes son los hombres que más han influido en su vida?” – contestará, sin dudar: “Mi padre y mi maestro”. “Que es de montañeses ser leales…”.

Así lo describe en su semblanza: “Alto y bien plantado, tan recto en el andar como en el pensar, de cabeza elevada y rotundamente calva…, tenía unos grandes ojos azules…Era manco de la mano izquierda…Vestía con sencilla elegancia…Parco en el comer, ni fumaba ni bebía…Gustaba de la naturaleza en toda su plenitud…Su pasión era la fotografía…”.

Un bastón ligero de mango redondo y  un sombrero de paja, en verano, completaban su estampa delgada. Su voz era clara, y suave el tono. “Sus frases, sentenciosas. A menudo ocurrentes, con ingenio socarrón”. Pero, al parecer,  eran demoledoras cuando desmontaba cualquier tipo de fanatismo.

En cuanto a su carácter, “su defecto podría ser el de la impaciencia. Su exceso, el de la lógica. Todo lo convertía a leyes naturales, tratando de lograr siempre la comprensión de lo más difícil. Situaba a cada alumno en la medida adecuada de lo posible, dentro de una exigencia que maximizaba con justicia…Era un maestro renovador…postulaba, junto con la libertad de enseñanza, la libertad de pensamiento…lo que más le preocupaba es que de aquella Escuela el individuo saliera transformado en hombre”.

Fotógrafo “amateur”

Así consta en La Región (8 de mayo de 1933) en una noticia sobre “La primera excursión de la Juventud Socialista” [a Sarón y Liérganes]. El párrafo dice así: “El culto profesor y excelente fotógrafo “amateur”, don Aurelio Herrero(s), tiró unas cuantas placas al pie del puente romano existente en Liérganes”.

El 30 de mayo de 1933, su nombre vuelve a aparecer, asociado a la fotografía: “Don Aurelio Herreros, el artista de la cámara oscura y culto profesor, tiró una placa en honor de las lindas muchachas socialistas”…

5 de julio, fin de curso

Según recuerda Ferrer en carta (de 23 de mayo de 1975) a Eusebio del Prado, condiscípulo de la Escuela, el 5 de julio era cuando se terminaba el curso escolar y se repartían calificaciones y premios.



Firma y sello


El 2 de enero de 1937, Aurelio Herreros Fernández, director del Centro de Enseñanza Integral y Laica de Santander, certifica que “el ciudadano Manuel Gándara tiene un hijo matriculado en este Centro, a cuyas clases asiste asiduamente hace seis años”.


Antes, el 13 de julio de 1933, aparece en un listado de “Maestros laicos  históricos de toda España”, aquellos que “han servido en Escuelas laicas privadas durante el dominio de la Monarquía”.

Junto a él (61 años y 30 de servicios, en Santander) aparecen: Elisa Pérez, maestra de 72 años, con 40 años de servicio y residencia en Torrelavega e Ignacio Linazosoro Pérez, de 42, con 20 de servicio y residencia igualmente en Torrelavega. Con residencia en Santander, Amelia Lavín Laspiazu, de 41 años, maestra, con 26 años de servicio; María Mozo, 30 años y 6 de servicio, y Miguel Comos López de Haro, 30 años y 5 de servicio.

Correspondencia

“Guardo la correspondencia de tu padre como un tesoro testamental. Debería publicarse algún día…”- le escribe a su hija, Mercedes Herreros de Andraca, Ceditas, el 29 de mayo de 1955, tras la muerte del padre, en febrero. “Mi deuda con don Aurelio era inmensa. Incancelable…”.

Un retrato en 1948

Está pintado por Ángel Medina (Ampuero, 1924- Santander 2009) y fechado el 20 de julio de 1948, el año que el pintor ingresó en la escuela Central de Bellas Artes de San Fernando tras estudiar en la Escuela de Artes y Oficios con Daniel Alegre.



[Gracias a Ramón Viadero y a Antonio Santoveña por sus informaciones].

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