viernes, 14 de abril de 2017

LA FORJA DE ARTURO BAREA, UNA AUTOBIOGRAFÍA NOVELADA


Ha sido todo un descubrimiento. (Gracias a quienes me la han regalado).  Es verdad que de cuando en cuando tenía el pensamiento de leerla, pero nunca llegué a comprármela ni a sacarla de la biblioteca. Tampoco vi la serie en la tele.

Arturo Barea nació en Badajoz en 1897, pero su vida se desarrolló en Madrid hasta su exilio a Inglaterra en 1939.

El hijo de la señora Leonor, la lavandera


El primer título de la trilogía, La forja, está dedicado  “A dos mujeres: la señora Leonor (mi madre) e Ilsa (mi mujer)”. Su madre había muerto en 1931, diez años antes de la publicación de La forja en Inglaterra. Ilsa es su segunda mujer.

Por su madre, Barea siente adoración: “Mi madre tiene las manos muy pequeñitas…Algunas veces las yemas se le llenan de las picaduras de la lejía que quema. En el invierno se le cortan las manos…Los días que no lava en el río [Manzanares] hace de criada en casa de los tíos y guisa, friega y lava para ellos…Tan pequeñita, tan fina, desgastada por agua del río…”.

Curiosamente, el primer capítulo de La forja no tiene título, pero podría haberse llamado “Madre”, como el primer artículo que publica en El Sol el 23 de mayo de 1937. O, simplemente, Mamá. Su obsesión durante su juventud será sacar a su madre del río.

Lecturas de infancia

“Todos los domingos, mi tío me compra las Aventuras del capitán Petroff…”. También lee Los hijos del capitán Grant, de Julio Verne. Y a Dickens, a Tolstoi, a Dostoievsky, a Dumas y a Víctor Hugo, en la colección La Novela Ilustrada, cuyo director literario era Blasco Ibánez (“un anarquista muy malo”, según los curas de su colegio, las Escuelas Pías de San Fernando). Estos apuestan por la colección de la Casa Calleja, La Novela de Ahora, donde puede leer las aventuras de Mayne Reid, Salgari o los clásicos españoles.

De mayor seré ingeniero

“Me gusta mucho la mecánica y cuando sea mayor seré ingeniero”- dice, cuando niño. Su tío, que lo ha prohijado, le promete la carrera de ingeniero si termina el bachillerato. “Seré ingeniero para que todos estén contentos, pero sobre todo para que mi madre no lave y no sea más la criada de nadie…”.

Pero el sueño acaba, a la muerte de su tío, en dependiente de tienda, y luego, en empleado de banco (del Crédit Étranger). A los 13 años.

El Barrio del Avapiés, “mi Madrid de niño”

En 2017 (4 de marzo) se inaugura en Madrid la plaza de Arturo Barea, en el hoy barrio de Lavapiés, entonces del Avapiés.

“Allí aprendí todo lo que sé, lo bueno y lo malo. A rezar a Dios y maldecirle. A odiar y a querer. A ver la vida cruda y desnuda, tal como es. Y a sentir el ansia infinita de subir y ayudar a subir a todos el escalón de más arriba”. Allí, además, vivió su madre…

Temprano aprendizaje de la injusticia y de la dignidad


El capítulo anteúltimo de La forja se llama Revisión de la infancia. En él hace un repaso de las incongruencias de sus mayores: “… ¡No se chilla! ¡Los niños no blasfeman! Luego las personas mayores se chillaban unas a otras y la mayoría blasfemaba contra Dios y la Virgen…Hasta los padres del colegio…Me enseñaron a leer y después me enseñaron que no debía leer más que lo que ellos me dejaran…Nada de lo que me han enseñado sirve para vivir…”.

Frente a ello, la rabia y las ideas claras: … “A pesar del traje y de las manos finas…,¡obreros!...Un año de meritorios [trabajando sin cobrar, haciendo méritos en el banco], cinco duros al mes; doce, catorce horas de trabajo…”.

Al final del primer volumen, con 17 años, deja el banco para buscar nuevos horizontes. Con su pico de oro y su capacidad de observación intacta.

Un narrador nato


Así lo define su segunda esposa, Ilse (Ilsa) Kulcsar en el prefacio de El centro de la pista, 14 relatos seleccionados por ella y publicados por Ediciones Cid en Madrid en 1960. Recuerda a Isak Dinesen en Memorias de África o a “un narrador de zoco marroquí”, por la fascinación que produce. No puedes dejar de leer y, cuando contaba en voz alta, de escuchar.

Las descripciones son tan vívidas que lo ves ante tus ojos; es como si tuviera memoria fotográfica. ¿Se documentaría para La forja mientras escribía en Francia o en Inglaterra…?. “Por la agilidad de estilo, el poder descriptivo, la capacidad de conmover, por lo que no dice más que por lo que dice…”- explica Pedro Corral en El País del 5 de marzo de 2017.

Los bombardeos de la Telefónica le “lanzan” a escribir

Eso cuenta el 12 de septiembre de 1940 en su Historia literaria. Antes, con su firma, durante su estancia en Marruecos (1920-1924), había hecho llegar al periódico La Libertad un cuento titulado “El moro ciego”, a un concurso de crónicas sobre la guerra (quizá algo cercano  a lo que escribiera en La ruta, segunda parte de la trilogía La forja de un rebelde). Pero la autoridad militar lo retiene. También, hacia 1917, bajo el nombre de un compañero, había enviado un cuento de Reyes a un concurso de la revista Blanco y Negro, que fue premiado.

El origen de alguno de sus cuentos

“Muchos de los cuentos reunidos en este libro nacieron de alguna anécdota que me había contado delante de las brasas de una chimenea inglesa, mezclando las crudezas de una crónica despiadada con nostálgica ternura”- escribe su mujer Ilsa al inicio de los 14 relatos de El centro de la pista. “…El cuento Las tijeras [escrito en Inglaterra en abril de 1939, al poco de llegar], inspirado por un informe que publicó un diario francés en 1938, y trasplantado por Arturo a un ambiente español en 1939…La fantasía científica Bajo la piel arrancó de un artículo sobre experimentos biológicos y de su odio a la legislación racial de la Unión Surafricana”. En La rifa, el germen está en “las ingenuas reminiscencias de una sobrina suya”.

La lección fue la última historia que escribió, en el otoño de 1957 (un recuerdo sobre su abuela paterna, “La Abuela Grande”, sobre lo que de verdad importa: “Para andar por la vida hay que no dejarse pisar por nadie”). Arturo murió la víspera de Navidad de 1957, de un infarto al corazón.

Sus charlas en la BBC


En 1940 había empezado a trabajar para la sección de América Latina del Servicio Mundial de la BBC. Casi todas las semanas escribía y presentaba una charla de un cuarto de hora bajo el seudónimo de “Juan de Castilla”. Fueron 856 charlas en total, la última, el 23 de diciembre de 1957, un día antes de su muerte.

Su mujer, en carta a uno de los responsables de la emisora, el 25 de julio de 1939, le cuenta en qué consiste su propuesta: “…Sería hacer una serie, en castellano, bajo el título “Un español descubre Inglaterra”. No serían charlas políticas sino describir, de una forma vívida y personal, las impresiones de un español en Inglaterra, especialmente la vida rural, el paisaje, sus tradiciones liberales y democráticas… Y vuelve a repetir: “nada político”, sino unos esquetches.

Con ellos empieza Barea hacia octubre de 1940, en plena II Guerra Mundial: Las patatas de Frank, el tabernero del pueblo; el “fabricante” de claveles; su viejo puchero de barro para hacer café; la señora Lewis, que se dedica a limpiar casas porque querían pagarle menos que a un hombre por cavar y sembrar como uno de ellos…

Los pueblos donde vive en Inglaterra

El primero es Puckeridge, en Hertfordshire. Ilsa, en un primer momento (ag. 1939), va a trabajar para el Servicio de Escucha del Gobierno británico, cerca de Evesham, en el condado de Worcestershire. Él se queda, con los padres de Ilsa, en Puckeridge.

El segundo, Fladbury, en Worcestershire. Ilsa y Arturo viven aquí con los padres de ella y una amiga, Margaret Rink.

El último, Eaton Hastings, en Oxfordshire, cerca de Faringdon, en la casa de Middle Lodge. Aquí vive los últimos diez años de su vida.

Nigel Townson, profesor en la Universidad Complutense de Madrid (Dto. Del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos), ha sido el gran estudioso de la vida y obra del escritor y quien ha introducido muchos de sus textos.


LA RAÍZ ROTA, SU ÚLTIMA NOVELA

Publicada en 1952, la acción está situada en 1949. Para mí, es una especie de hipótesis de la vuelta a España de un exiliado en la que Barea intenta -en un diálogo autocrítico consigo mismo- saldar sus cuentas con el pasado (“¿…has pensado alguna vez que por mantener tus manos limpias has hecho que las mías se ensucien…?”- pregunta uno de los hijos al padre, en la ficción).

 “Los personajes de este libro [Luisa, Amelia, Pedro, Juan…] son invención mía”- aclara en nota al principio de la novela. “Los detalles de la escena española y los episodios fuera del argumento del libro son auténticos y podrían comprobarse…”. “Se documentó sobre la realidad social en España a través de las emisoras de radio y de su contacto con otros exiliados…y de personas que habían estado en el país”- relata en el prólogo Nigel Townson.

Pero también aparecen sentimientos que pueden ser suyos, como las nostalgias del exiliado…:“…siempre  había echado de menos en el aire espeso y húmedo de Inglaterra: los colores puros, el aire de cristal, el olor picante de los jardines y las piedras de Madrid”. El personaje y protagonista, Antolín, contempla desde la plaza de la Armería los lugares de su infancia y el campo de batalla diez años antes, durante la Guerra Civil.

DE LAS RAÍCES A LA RAÍZ ROTA

En algún momento, Barea pensó titular su trilogía Las raíces. De hecho, el sustantivo y su significado aparecen varias veces en su última novela, La raíz rota. “…¿Qué raíces le había arrancado la guerra…?...Había encontrado la raíz rota. Siempre había tenido miedo de la soledad…”. “¿Qué le puedo decir [a su hijo Pedro]?, pensaba Antolín. No puedo llegar a sus raíces, que están enterradas en lodo…”. “Aquí…Todos tenemos las raíces rotas…La mayoría de la gente daría cualquier cosa por marcharse a América. Saben que aquí no tienen esperanza…”. Y, sin embargo, las raíces, rotas, que parecen huesos, perduran y renacen al final del libro, un punto de esperanza para el futuro.

CARTAS A SU HIJA ADOLFINA



A Brasil, precisamente, fueron a parar sus hijos tras la guerra. Su hija Carmen, en concreto, nacida en 1924, en 1953, con sus tres hijos: Teresa, de 13 años; Mª Carmen, de 9, y Serafín, de 3, como consta en su ficha de emigración. Con Adolfina (fallecida en 2005) mantiene una relación epistolar hasta su muerte. Estas cartas inéditas llegan al periodista británico William Chislett, como cuenta en El País Tereixa Constenla. Habrá que esperar su edición...

SABER MÁS

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2017/03/04/madrid/1488648978_654630.html. Su primer artículo, “Madre”. Domingo, 23 de mayo de 1937, diario El Sol. 

http://archive.spectator.co.uk/article/11th-august-1939/13/a-spaniard-in-hertfordshire. Primer éxito literario en Inglaterra, Un español en Hertfordshire.

http://www.rtve.es/television/forja-rebelde. La forja de un rebelde, serie en TVE, 1990.

http://www.jotdown.es/2012/09/una-tona-de-la-mina-de-oro. La Mina de Oro, lugar de trabajo de Arturo Barea.



http://censoarchivos.mcu.es/CensoGuia/fondoDetail.htm?archivoId=1&id=1405580&eventDescendiente=descendienteDetail. Su artículo en el Daily Express, This was written under shell fire. 31.8.1937.



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