viernes, 25 de septiembre de 2015

ELENA QUIROGA (2) : ESCRIBIENDO DESDE LA LIBERTAD, A CONTRACORRIENTE

Lo dijo en una entrevista… “Yo he escrito siempre con libertad”.

“Una mujer que en épocas difíciles escribió cosas que entrañaban un cierto riesgo [por ejemplo, sobre el divorcio en Algo pasa en la calle, 1954]”- dijo Carmen Conde al apoyar su candidatura como académica de la Lengua en 1983.

Análisis psicológico y fluir de conciencia (la llamada “novela subjetiva” del monólogo interior) son dos de las características de las novelas de Elena Quiroga que se destacan, junto al tono existencial. En los años 1950 y 1960 la tildaron de “faulkeriana”, pero yo la relaciono más con Virginia Woolf. En los procedimientos formales, utiliza distintas grafías (letra cursiva) para separar pasado y presente, y la técnica del perspectivismo (distintos puntos de vista aportados por diferentes interlocutores) para perfilar a un personaje…

A pesar de que en 1992, Phyllis Zatlin la pusiera al lado de Carmen Laforet, Ana Mª Matute o Carmen Martín Gaite (“Desde hace cuarenta años, Elena Quiroga figura entre las escritoras españolas más destacadas”), en 2015 esto ya no es así y, junto a Dolores Medio, es hoy una escritora que relacionan más con el nombre de un colegio o un instituto que con su obra, inexistente incluso en las Ferias del libro antiguo y de ocasión. La última reedición fue, en 2013, de su novela La enferma, en Cátedra.

LA AUTOBIOGRAFÍA EN TRISTURA Y ESCRIBO TU NOMBRE


En las entrevistas y cartas con Phyllis Zatlin, en 1975,  le confiesa que la protagonista, Tadea, “tiene mucha vivencia mía aunque no sea exactamente mi vida”. Respecto a la experiencia del internado, sí refleja “el ambiente”: “Ha sido nuestro mundo de niñas, de adolescentes y de jóvenes”.

Para Zatlin, “es muy posible que Escribo tu nombre sea el retrato más completo de la paralela experiencia femenina [de estudiar en un internado religioso] en toda la literatura hispánica moderna” -escribe en 1992 en la introducción a Escribo tu nombre para Espasa-Calpe.

LA RELIGIÓN, OMNIPRESENTE

Phyllis Zatlin cuenta que cuando Elena Quiroga tenía nueve años “la mandaron interna a un colegio de monjas cerca de Bilbao… Como adolescente se rebeló en contra del ambiente represivo del colegio, y su padre permitió que fuera a Roma para continuar sus estudios. En navidades de 1937, en plena guerra civil, regresó a Galicia por el sur de Francia… Aprovechó la biblioteca del abuelo paterno -pone la etiqueta “volteriana” a esta colección de libros-, y en 1942, tras la mudanza de su padre a La Coruña, siguió allí sus lecturas en la biblioteca municipal”.

En Escribo tu nombre son constantes los comentarios alusivos al “tempo religioso” y a sus ritos:

“En religión nos tocaba aquel año el Nuevo Testamento y comentarios. En cuarta división daría Historia de la Iglesia. En quinta, Apologética del cristianismo, y en sexta, Apologética segundo… Esta es la asignatura más importante del colegio -decía [la madre Prefecta]”.

“Ni un día sin examen de conciencia, ni una noche sin una oración fervorosa, ni una hora sin un acto de agradecimiento a Dios. Ni una conversación sin el recuerdo de la presencia de Dios. Ni una ofensa recibida sin un perdón indulgente. Ni una culpa sin arrepentimiento. Ninguna buena acción sin humildad”.
-      
“Aquel año no habían colocado la cuna en el pasillo. Nos había repartido a cada una un rosario pequeño, de solo un misterio, que prendíamos a la faltriquera con un imperdible. Se llamaba “conciencia”. Bajabas una cuenta por cada sacrificio o mortificación”.

“- Todo lo que sea molicie, blandura hasta del pensamiento, todo conduce  a lo mismo…pérdida de voluntad…Mientras hablaba había sacado del cajón un grupito de cintas y las había depositado sobre la carpeta. Las desenrollaba  con naturalidad y vi los pinchos del revés de la cinta…- No se deje dominar por la pereza, es una forma de sensualidad…”.
-       
“Recién salidas de Navidades entramos en ejercicios…Andábamos todas a vueltas con  la vocación…Los ejercicios cambiaron de signo: no se nos habló tanto de la muerte, del pecado, de la condenación”.

“…Un tiempo morado, el tiempo de Oficios…por vez primera pensé que tras Pascua de Resurrección llegaría Pentecostés. Y las vacaciones (No pensé: “Vacaciones”. Pensé: “Salir”)”.

“En Pascua dábamos la merienda a los pobres”….

GUARDAR LAS FORMAS, ESENCIAL. PROHIBICIONES Y “LETANÍAS”

 “La forma en todo preocupaba desde que nacíamos… "En casa era el “las niñas no tienen que hacer nada en la cocina, las niñas no tienen nada que hablar con el servicio”.

 “En casa de la abuela, prohibido jugar con tierra y con agua, prohibido hablar de madres y de niños, mirar a la Diana [la perra], tocar a la Diana”.

“Jugar era un deber, tenía sus horas…De once a doce, juego”.

En ambos libros, aparecen muchas de las frases y refranes que los mayores decían a los niños en esa época…: 

-       Ale, a jugar.
-       Con el agua de lluvia crece el pelo.
-       Lo que pica, cura.
-       A correr para entrar en reacción.
-       A tomar el aire.
-       No manches el banco
-       ¿Dónde vas? Se juega en los plátanos.
-       No saltes así. Ten compostura.
-       El pelo, recogido.
-       Tápate las rodillas. No cruces las piernas. Las piernas juntas.
-       No te tumbes en el diván, no te hundas en la butaca.
-       En el cuarto de baño no se tarda: haces lo que vas a hacer y sales.
-       No te cierres por dentro en el retrete.
-       No te mires al espejo. Un día te va a salir el demonio.
-       Las cosas de la religión no se preguntan.
-       No se habla al oído. No se hacen muecas.
-       Las niñas no se aburren.
-       Las niñas no están nunca tristes.
-       No bosteces. Pon la mano delante de la boca.
-       Sin cogerse del brazo. No va uno cogido del brazo.
-       Con las compañías hay que tener cuidado con el contagio.
-       No hables con las muchachas. No vayas a la cocina. ¿Qué tienes que decirle a Mariano? No tienes que meterte en las cosas de los mayores? ¿Por qué miras? ¿Qué estás escuchando? Una niña no escucha, no mira a los lados. ¿No tienes a tus primos para hablar? Juega. No hay que tener las manos desocupadas. A correr, a la comba, jardín entero para vosotras, no salgáis de los plátanos… ¿Qué hacen las niñas frente a las dalias? Las niñas no están solas, las niñas no hacen apartes, todo lo que se habla se puede decir delante de la profesora. En todas partes te ve Dios: en los plátanos, en los pasillos, en la cama. Hasta cuando estás dormida, está Dios. No hay que tenerle miedo a nada. Las muchachas con las muchachas, las niñas con las niñas. ¿Qué tienes que ir donde está la Diana? Los niños no andan con los perros. Deja a la Diana. Todas las horas del día ocupadas. La imaginación es mala consejera. No se echa una así sobre las cosas. Se anda despacio. Buenos modales…. No levantes la voz, no somos sordos. Articula, que la abuela no te oye. ¿Ahora qué te pasa? No se llora. Se traga una las lágrimas. No se puede andar así, exhibiéndose. Pudor. Pudor…Una niña no piensa…”.

En el colegio, interna:
-       (Para dormir). "Las manos a los lados del cuerpo, separadas. La cabeza hacia arriba…Decúbito supino… Boca arriba".

Lecturas – controladas-  en el colegio

“Teníamos una clase nueva; ética, que alternábamos con religión. Seguía habiendo literatura, y se nos permitió leer determinados textos...: Fray Luis, San Juan, Las Moradas, una antología que contenía poesía de Rubén Darío y Bécquer…Yo tenía curiosidad por seguir la obra de Ortega, a quien tío Juan admiraba tanto…Había leído las Sonatas de Valle Inclán en el mirador…En clase terminábamos la novela en Pérez Galdós, y la poesía en Campoamor y en Bécquer. Leíamos Trozos escogidos, de Galdós, que me parecía totalmente exento de encanto, y las rimas lacrimosas de Bécquer. [Pero Machado, revelado por Carola Higuer, compañera de colegio, le fascina].

-… “[la Madre] Nos ha pegado La vida es sueño
- Será por lo del frenesí.
No me acordaba de nada que hubiera en La vida es sueño.
-¿Qué te crees que tienen las hojas pegadas?...”.

“Los jueves repartían las cartas…La madre Prefecta…entregaba las cartas abiertas…”.

“…la Madre Hornedo trajo a clase: Viajes alrededor de mi cuarto…Nos lo hizo leer en alta voz durante los últimos cuartos de hora de clase. Me aburría profundamente. Nada me interesaba que no tuviera conexión conmigo”.

“Leía la Imitación de Cristo…[el último curso del Bachillerato].

ACONTECIMIENTOS HISTÓRICOS EN LA NOVELA

En Escribo tu nombre, aparecen distintos momentos y circunstancias históricos: La quema de conventos. La visita de Alcalá Zamora a Santander en el Miguel de Cervantes en agosto de 1932…


El incendio del Club Marítimo [Náutico]. La intentona [militar] del 10 [agosto 1932]: la “sanjurjada” en Sevilla. (El general Sanjurjo será llevado a la prisión de El Dueso, en Santoña)…:

“Aquel verano salieron las monjas para votar [1933]”.

“Pusieron una bomba en la iglesia de la Consolación…Quisieron incendiar las Reparadoras…”.

“El 6 de octubre de 1934 no comenzó el curso porque “los ánimos andaban soliviantados”…-¿Es verdad lo que dicen por ahí, que vienen cinco mil mineros asturianos sobre Santander…?”.

“- Está ahí el Alfonso Pérez…Lo han fondeado en la bahía, con ellos dentro…Dicen que están las cárceles llenas, y han tenido que usar el barco…”.

“Empezaban a cubrir los muros de la ciudad letras en rojo, signos que decían; UGT, UHP, FAI, CNT. No sabía lo que significaban, pero perfectamente su relación con los obreros…Habían dejado la huella de esas letras, a brochazos rojos, en los muros de la Catedral, en las tapias de las fincas del paseo de la Concepción [hoy, Menéndez Pelayo], del Alto de Miranda o del Paseo del Alta…CNT UGT UHP se leía en el grueso muro de nuestro jardín y en el de los salesianos…En la universidad, los estudiantes, unos de la FUE y otros de FE o de la CEDA…”.

LA FAMILIA. EL TÍO JUAN, COMO MENTOR

El tío de Tadea es “de ideas avanzadas, votó a la república…una postura de las intelectuales…hablaba de política o de moral…inacabables parrafadas:…las dictaduras eran una disminución del hombre…había que enseñar virtudes cívicas a todos…Austeridad…Libre pensamiento…”.

“- De los del mirador puedes coger los [libros] que quieras; de mi despacho [en la biblioteca de detrás], dímelo antes…Y así comencé aquella formidable aventura de leer…Diario de un poeta recién casado [de JRJ]…De una manera irremediable, la poesía me acercaba al mundo…Había descubierto mi corazón en soledad”.

“El concierto número tres de Beethoven [https://www.youtube.com/watch?v=k46fdX_3xDM]. …de pequeñita te gustaba ya…[le dice el tío Juan]…Te pondré unos discos de La Argentinita, de unas canciones arregladas por García Lorca. Canela fina…Tío Juan dijo que debían llevarnos a ver una gitana que se llamaba Carmen Amaya, que era como de fuego, y tía Concha bajó los ojos y dijo, apretando los labios:
-       No digas esas cosas delante de las niñas”.

“El libro de Aleixandre, el Mesías de Haendel, eran un terreno en común” [con el tío Juan]...
-        [Pedro] Salinas…A lo mejor viene a la universidad de verano…”.

Su tío admirado, que, no obstante, también miente…, y que le decepciona cuando se va dando cuenta de las cosas. “Tío Juan pensaba bien y no obraba de acuerdo”.

EL PROCESO DE CAMBIO Y LOS NUEVOS DESAFÍOS

Y ella, Tadea, intentando entenderse y entender el mundo: “Aquella incapacidad de comunicación me agarrotaba…Me tenía a mí misma por torpe y desdichada…-No se puede leer a través de usted…Es usted cerrada” -le dice la madre Prefecta… No se deja aconsejar. Se defiende…Espíritu crítico. No es conveniente… Me aislaba por dentro, había aprendido a aislarme…”.
-    
“Me pareció que estábamos cambiando… aquella inconformidad con todo…Me exasperaba la pregunta: - ¿Qué habéis hecho?¿Qué vais a hacer ¿De qué hablabais? ¿En qué pensabas?... Mi confesión empezó a ser hosca, defensiva…Escapar fue nuestra diversión continua…¿Qué sucedía porque dos chicas bajaran solas La Atalaya o la calle del Monte?...Me gustaba el cine…Fuimos [su prima Clota y ella, Tadea] a ver Cristina de Suecia”.
https://www.youtube.com/watch?v=Bb-eO8VAT7QLa reina Cristina de Suecia,1933.

En el caso de los chicos, es siempre diferente:

“Se van a los bailes de modistillas o a bailar con las taxi-girls…-dice su prima Clota, de su hermano Odón, de dieciséis años.

La apertura…que no duró

Pero la ilusión se trunca, en el colegio, y en las calles:

“La Madre Gaytán…nos comprendía y procuró abrirnos caminos, darnos vuelo…No habrá bandas de conducta, no habrá premios, ni puestos en la clase...”. 

Cuando se despiden en junio (hasta octubre de 1936), una compañera de internado le pregunta a la protagonista: "Me olvidaba la cartera...¿Tú no te dejaste nada?...Nada"- le contesta Tadea, en una especie de remedo del final de la novela de Carmen Laforet: "De la casa de la calle de Aribau no me llevaba nada. Al menos, así creía yo entonces...".




viernes, 21 de agosto de 2015

LA ISLA DEL PADRE, SUPERANDO EL MIEDO MUTUO


“Las palabras que elijo para contar quién fue mi padre cuentan en realidad quién soy yo”- escribe Fernando Marías (Bilbao, 1958) al comienzo del libro.

Así, nos enteramos de que siempre odió las matemáticas; que los fortines sitiados le fascinan  desde que vio El Álamo y Beau Geste de niño. Que Grupo salvaje fue la película que cambió su vida (“…resolví que consagraría mi vida, fuese cual fuese el precio, a narrar historias”) o cómo se enamoró en Soldado azul de Candice Bergen (“El cine tiene mucho que ver con el amor”). Que nunca ha viajado con mochila, “ni siquiera de joven”, y que no sabe conducir. Pero también de sus problemas con el alcohol (“maleante en Madrid”).

Elige cinco palabras, cinco nombres: Pagasarri, Árbol, Aurora, Temblores y H.; tres de ellos, “momentos importantes junto a mi padre” en sus excursiones – a lo largo de la vida- al Pagasarri, monte cercano a Bilbao, su lugar de nacimiento y de vida hasta octubre de 1975.

La isla del padre – explica a un conocido-, trata “del miedo mutuo que desde el primer momento nos tuvimos mi padre y yo y de cómo logramos superarlo”. Ese hombre, marino mercante, al que conoce por primera vez, conscientemente, cuando él tiene 18 meses, en uno de sus regresos del mar (“¿Quién es ese hombre…? ¿Y se va a quedar…?”).

Pero también es la historia de la casa familiar y sus rincones, dependencias y objetos (la terraza, el secreter, el mejor reloj del mundo…). “Esta casa en la que, desde 1912, cuando la alquilaron mis abuelos, ha vivido nuestra familia… la casa en la que nuestra madre fue niña y en la que nosotros fuimos niños”.  “Hemos acordado [mis hermanos y yo] entregar las llaves al comprador cuando yo termine este libro”.

Y la explicación de por qué es novelista: “Soy novelista porque en un lugar donde nunca he estado una bala disparada por un viejo fusil mató a un hombre veintiún años y seis meses antes de que yo naciera”.

El encuentro con un mendigo que se parecía a su padre, cerca de Sol, será- debidamente transformado- el embrión de su primera novela, La luz prodigiosa, en 1991, Premio Novela Corta Ciudad de Barbastro, y lo que le decide a seguir por el camino de la literatura.

Un camino que regresa al Pagasarri para cerrar el círculo, y un color, el azul celeste, con el que el autor ve su libro terminado, porque, para él, “todos los libros tienen un color”.

El 13 de junio de 2033 -día de su cumpleaños-, Fernando Marías tiene una nueva cita “en el mismo banco de la misma plaza” para “echar la vista atrás y hacer balance” desde sus 75 años de serenidad. Quizá nos lo cuente, o no...

P.S. Ha sido que no...Murió el 6 de febrero de 2022, a los 63 años...DEP. 


viernes, 24 de julio de 2015

ELENA QUIROGA ABARCA, DESCONOCIDA Y OLVIDADA. SU RELACIÓN CON SANTANDER EN SU OBRA

A pesar de ser miembro de la RAE (la tercera mujer en su historia), de ser premio Nadal, en 1950, y de la Crítica, en 1960, su obra apenas existe hoy  en las bibliotecas de Santander y está descatalogada en las librerías.

Debería reeditarse para leerla a la vera de la quinta Altamira, el chalet Mora, hoy Conservatorio Ataúlfo Argenta. Para que no se pierda la memoria…

Elena Quiroga nació en Santander en 1921 (un 26 de octubre),  aunque creció en la casa familiar  de Villoria, en El Barco de Valdeorras,  “la aldea”, en Ourense.

Sin embargo, las temporadas pasadas en la casa de la abuela, en Santander,  en los años 30, dejaron su huella en la novela Tristura (luego renombrada Secreto de la infancia. Novela de una niña), escrita treinta años después (y Premio de la Crítica, en 1960) y su continuación, Escribo tu nombre, en 1965.


“La puerta del jardín se abría desde la cocina…”- comienza Tristura. En cursiva, van los recuerdos, contrapuestos, de  “la aldea”. La protagonista, una niña sin madre, acostumbrada a la libertad del pueblo, a sus hermanos, a la alegría, en un lugar lleno de prohibiciones y con la libertad recortada. “Para que no te criases como un chico…”. La soledad y el desamor, el peso de la orfandad -de la que no se puede hablar-, el silencio. Y ella queriendo escapar, y escapando con la mente, subida a la escalera del jardín,  mirando los caminitos desde el muro, y deseando irse por ellos. Tristura, tristeza…La de la injusticia, la del miedo (“Tengo miedo de Dios”), la del pecado. “Todo era peligro de morir, de muerte eterna. Estaba llena de culpas”- cuenta Tadea, su alter ego, en Escribo tu nombre.


La casa de su abuela era la actual Finca Altamira, hoy conservatorio municipal, que mantiene la estructura y el interior (azulejos, escaleras, baño, suelos…) de la reforma de 1920, la que Elena conoce en 1930, con nueve años.

http://www.conservatorioataulfoargenta.es/historia. Historia del conservatorio Ataúlfo Argenta.

http://portal.ayto-santander.es/portal/page/portal/inet_santander/ciudad/inventario_arboreo.

Inventario arbóreo del parque Altamira.

En 2015, lo que más destaca en la finca son los eucaliptos (13 eucaliptos azules, según el inventario arbóreo, cinco muy cerca de la casa principal junto a tres palmeras). La magnolia está hecha una pena. Los Salesianos ya no se ven, ocultos por un enorme polideportivo, y un edificio de pisos tapa las vistas hacia la bahía. Al lugar le falta armonía y silencio y le sobran colores chillones…Pero uno puede abstraerse tratando de imaginar los caminos de guijo, la glorieta, el pozo…Usando los planos de la época.


ESCRIBO TU NOMBRE

En 1965 (en Escribo tu nombre) continúa el periplo de Tadea Vázquez, la protagonista de Tristura, ahora entre el internado y la casa de su abuela, durante la época de la República (hasta junio de 1936).

“Había llegado al colegio en octubre de 1930. Cumpliría diez años en enero…”- así comienza el primer capítulo de Escribo tu nombre. “Preparaba ingreso y primero para junio”…

“Escribo tu nombre” es un verso de un poema de Paul Éluard, titulado “Libertad”, con el que se abre el libro. En cursiva, antes de la primera parte, siete capitulillos, a modo de introducción: “Algún día escribí “libertad”. Mucho más tarde. No aquel invierno primero del colegio, ni el siguiente…Tendría trece años cuando escribí “libertad” en la esquina de mi cuaderno…”.

Antes, recién llegada al colegio, con nueve años, escribió otra palabra: “mamá”…

En el colegio, Tadea es solo el “número 40”. “Un número por el cual se nos llamaba en las camaretas, al baño, durante el recreo de los domingos si te reclamaban del recibidor, durante el estudio para ir al cuarto de la Prefecta, Cuatro timbrazos cortos, pausa, un timbre sostenido…Número 40, te llaman…”. En el perchero, en la ropa interior, en los libros de estudio… “Un número que encontré en todo al llegar al colegio”.

CARTA A CADAQUÉS, IMPRESA EN SANTANDER


En 1961, en la imprenta Bedia de Santander, Elena Quiroga hace una autoedición del poemario Carta a Cadaqués, para los amigos (María y Juan Torra-Balari) que le cedieron una casa en esta localidad mientras escribía Tristura (“en cuya casa de Cadaqués/- alto faro sobre la mar tendida-/he escrito un libro”. “Escribir/era/hacer humildad…”.


LA INÉDITA GRANDES SOLEDADES. ¿HABLARÍA TAMBIÉN DE LA CASA FAMILIAR…?

Leo que allá por 1985 – diez años antes de su muerte- “confesaba estar revisando la tercera versión de la novela…inédita e inacabada, final de la trilogía iniciada con Tristura y continuada con Escribo tu nombre…Cuenta las grandes soledades que suceden durante la guerra e inmediatamente después…”. 

No he conseguido dar con ella (en algunos sitios, consta como publicada, en 1983). ¿Hablaría, de nuevo, de la casa familiar de Santander…? Si, como decía Rilke, “la patria de un hombre es su infancia”, está claro que en esta trilogía la máxima se cumple, pues Quiroga es capaz de recrear observaciones, pensamientos y sentimientos de aquellos años de infancia y adolescencia en “La Montaña”.

En la contestación de Rafael Lapesa al discurso de entrada en la RAE de Elena Quiroga, refiriéndose a ambas novelas, este escribe: “¿Qué será de esta muchacha [Tadea Vázquez] llena de inquietudes, con quien nos hemos encariñado? Esperamos que Elena Quiroga aclare el enigma en las Grandes soledades con que se dispone a completar la trilogía”.

Víctor García de la Concha, en un artículo escrito en ABC [el 4 de octubre de 1995] con motivo de su muerte [el 3 de octubre], relataba: “Terminaba el curso académico [en junio de 1995] y Elena Quiroga soñaba -me decía- con marchar pronto a su pazo gallego de Nigrán: “Quiero terminar una novela que abandoné, ya avanzada, hace unos años. Tenía pensado titularla “Se acabó todo, muchacha triste”, pero ahora prefiero llamarla “Grandes soledades”. ¿Qué te parece?”.

La estudiosa Phyllis Zatlin, en la introducción que realiza en 1992 para Escribo tu nombre en Espasa-Calpe, también recoge esta información: “El tercer tomo, que todavía no se ha publicado, tendrá que ver con los años de guerra, pasados en la relativa tranquilidad de un pueblo gallego. Un primer borrador, en preparación en los años setenta, llevaba un título inspirado por una canción de Bob Dylan: “Se acabó todo, muchacha triste” [“It´s all over now, baby blue”, 1965]. Una versión posterior se anunció con otro título: “Grandes soledades”. 

De momento, este es el punto y final.

SABER MÁS

http://www.rae.es/academicos/elena-quiroga-de-abarca. Discurso de Elena Quiroga en la RAE, leído el 8 de abril de 1984.

http://elpais.com/diario/1984/04/09/cultura/450309602_850215.html. Ingresa en la RAE con un “retrato imaginario “de Álvaro Cunqueiro, Presencia y ausencia de Álvaro Cunqueiro.


http://hemeroteca.sevilla.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/sevilla/abc.sevilla/1995/10/04/044.html. Fallece a los setenta y cuatro años la académica y novelista Elena Quiroga.

http://www.general-ebooks.com/author/75298742-elena-quiroga. E-boooks.

[Agradecimientos: Al profesor Miguel Ángel Aramburu, que me la descubrió. A Rosa, bibliotecaria del COACAN; a Sabrina, del Conservatorio Municipal, a Phyllis Zatlin y al personal del archivo del Ayuntamiento de Santander].

ALGUNOS TEXTOS

De TRISTURA, luego SECRETO DE LA INFANCIA. MEMORIAS DE UNA NIÑA

La casa y el jardín

“La puerta del jardín se abría desde la cocina [tirando del agarrador]. Había un agarrador del que partía un alambre tenso, en diagonal ascendente, hacia la izquierda, donde el bosque de tamarindos".


“El cuarto tenía siete ventanales, los de los lados no se abrían nunca, y tres camas: dos camas de matrimonio, entrando a la derecha; un diván verdoso, enfrente, al pie de la ventana…a la izquierda, un mueble-lavabo con puertas debajo que tapaban el cubo; encima la palangana, una tarima de mármol rosa veteado, y el espejo. Pegado al lavabo, una cama estrecha, de barrotes de madera, desmontable, donde dormía yo: al lado, un tocador con espejo de tres caras, patas altas y finas, guirnaldas y flores en los cajones, talladas en madera. Tenía muchos cajones y llave, pero yo no podía usarla…”.

“Las ventanas daban sobre la entrada del jardín con su guijo blanco, sobre la puerta. El batiente de la derecha tenía un ventanillo con rejas negras por fuera, y a su lado, en la esquina que formaba con el muro, pendía la campana negruzca de menos de una cuarta”.


“Bajábamos por la escalera de servicio hasta el sótano…nos despedía en la puerta (del sótano)…La puerta cerrada a espaldas nuestras…el jardín desconocido y profundo…correr hacia la explanada de los plátanos…la glorieta, el pozo, corríamos por los senderos…No atravesábamos nunca el césped…el banco curvado de listones verdes al pie de un plátano”.

“Dondevás eran caminitos que arrancaban de allí [de los plátanos]…, caminos de jardín, pero caminos: el del pozo, el de la glorieta, el que pasaba ante el ancho césped frente a la trasera de la casa, con su gran magnolio; el de las dalias, el que llevaba a casa de Venancio [el jardinero], el del estercolero. Para acabar en casa de Venancio el camino se ceñía al bosque; había bolitas duras anaranjadas, con ramas espinosas”.

“El jardín parecía terminarse en los plátanos, fronterizos con la huerta, a la derecha en la tapia que nos dividía de la otra finca cerrada, solitaria; a la izquierda en el bosque, la casa de Venancio; corriendo por detrás del bosque y casa de Venancio, la tapia con la hiedra. No se sabía bien si de los salesianos separaban el bosque y la hiedra-tapia, o el propio muro del edificio, ventanas altas abiertas hacia nuestro lado. Los salesianos terminaban en un tejado picudo, de ladrillos rojos”.


“La casa de Venancio se veía también desde el cuarto de estar, o desde nuestro cuarto, asomándose mucho. Las puertas metálicas abiertas del garaje, se entraba por allí, con la manga de riego más gorda que la del jardín, con un pitón muy largo; al fondo una escalerita fregada, a la derecha una mesa de carpintero llena de heridas blancas de navaja, con una prensa negra en su extremo…El gallinero con una alambrada alta, y la tapia. Contra la tapia la escalera…El paseo del Alta…El prado de Piano, el camino…”.

“Camino del invernadero con sus tiestos de ficus, cosmos, amor de hombre, pensamientos [prímulas, petunias, begonias]. Los pensamientos amarillo-morados, con la cara aplastada. Estaban los tiestos en estantes de madera pintada de verde; había en torno herramientas de jardín, podaderas, tijerones, y las carretillas”.

“Los plátanos estaban al final, pasada la explanada, pasado el ancho césped; altos setos de boj tupido, y los plátanos. Eran copudos, gordos, abundantes, con ramas abriéndoseles, cruzándoseles, en doble fila. Tres bancos verdes de listones de madera, rayados contra el boj; se iban cosas entre las rendijas…”.

“El pozo se cubría con una tapa de madera encajada en la piedra…En verano olía a corrompido…; en primavera salían hierbecillas y en las paredes redondas tufos de florecitas lilas. Cuando empezaba el invierno subía una bocanada húmeda y helada…”.

“La terraza daba sobre el ancho césped, donde estaba el alto, frondoso magnolio, a la derecha. Embalsamaba el aire. Hojas verdes, duras, brillantes, con el revés amarillento, nervuras abultadas; las ponía Francisca en los cacharros…Sin muebles, la terraza grandísima, desconocida, baldosines en rombo y zinc”.

“La antecocina era el comedor de Patrocinio…Una habitación sin puerta de entrada, solo el hueco de la puerta ancha; desembocaba allí la escalera de servicio, puerta de vaivén a la cocina, ventana al fondo, sobre el vestíbulo de la entrada principal. Toda rodeada de armarios blancos tapando las paredes; en la parte alta tenían un  carril negro y, enganchada al carril, una escalera de peldaños al aire. La usaban para sacar vajilla o cristalería de los estantes de arriba…La mesa recubierta por un hule blanco con cuadraditos también blancos, unos brillantes y otros no”.

“El comedor era la habitación más grande de la casa…Había dos puertas de cristales a un lado y otro del comedor: una, para la capilla; otra, a las salas…El comedor grande tenía una puerta sobre la terraza…El comedor, siempre en penumbra, no recibía luz directa, sino a través del vestíbulo de entrada”.

“La caseta de la Diana, entrando, a la derecha, donde los tamarindos…Me la llevé a los plátanos, no por el camino del magnolio, ni por el que pasaba delante del abeto, sino por el senderillo pegado a la otra tapia en donde se alzaba el recinto de boj del pozo”.

Los alrededores

“Del otro lado de la puerta, el paseo del Alta, el prado de Piano, el caminito pedregoso a Cueto: Monte y Cueto, los dos pueblecitos delante de nosotros, con las casas esparcidas por los prados; muy lejos, se adivinaba Cabo Mayor, la mar…El faro…”.

“Por un caminito pedregoso y estrecho, con un muro de piedras apiladas, a la derecha del prado de Piano, bajaban los burros con cuévanos vacíos o con paquetes. Por las mañanas, desde el ventanal de nuestro cuarto, los veíamos llenos de cántaros de leche…”.


Santander, antes de la Guerra Civil y del incendio de 1941

“Bajamos a la ciudad a ver escaparates. La tapia de los salesianos, la Atalaya, torcer a la derecha –enfrente el cuartel- la Atalaya en cuesta rápida, en recodos hacia la ciudad…Un edificio grande, a la derecha, al terminar la cuesta…Es el instituto…La calle de La Blanca partida por la mitad; no sabía cuándo pasábamos de La Blanca a San Francisco, cuando estábamos en San Francisco o en La Blanca”.

“Las calles de la ciudad eran intrincadas, algunas empedradas con adoquines. Había aquellas dos que eran una sola, La Blanca-San Francisco, aquel trozo pequeño antes de llegar al puente (a la derecha, confitería de Varona), el puente sobre calle [Puente de Atarazanas], no sobre río, todo gris renegrido de pronto hacia la catedral”.

“Por La Blanca, a la izquierda, se podía llegar al Muelle. También por debajo del puente, a continuación de Atarazanas. Casas con miradores, en ringlera, dándole cara la mar de la bahía. A trechos, frente a las casas, en la calle misma, dentro de la acera, bajo los árboles, sillas de hierro en dos filas”.

“Si no había encargos, paseábamos por el Alta. A la derecha, pasada la embocadura de la Atalaya, estaba el cuartel…El camino seguía, pasaba delante de casas profundas entre profundos jardines, y a la izquierda campo, pueblo con casitas salpicadas, esparcidas, vacas en los prados.

-    - Aquí vive el duque de Santa Elena. Es primo del rey [Bella Vista, hoy Santa Clotilde]. Avenidas enarenadas, la casa al fondo…
Se podía, por la calleja de Arna, bajar hasta los carmelitas…Llegábamos hasta el alto de Miranda.
También íbamos hacia el otro lado, hacia la izquierda del portalón de casa.
-Vamos a la Media Luna…
Bajábamos por la calle del Monte hasta las Reparadoras”.

De ESCRIBO TU NOMBRE

[En vacaciones de Navidad]. “Había llegado a casa en el coche del colegio que hacía los servicios para las mediopensionistas…Mi casa era la última del trayecto. Cuando embocamos la calle del Monte, ya desde la Alameda Primera, [Cervantes/Los Acebedos/calle Monte] era de noche y empezaban a encenderse los faroles. El autobús, sin peso,…parecía saltar sobre los baches de la calle del Monte, sobre el pedregoso camino del Alta. Estaba encendido el farol del portalón, y la bombilla sobre la puerta grande; las ventanas, cerradas; solo abierta, con la luz encendida dentro, la cocina…Rodeé la casa y entré por la puerta de servicio, alzando el picaporte. Subí las escaleras del sótano hasta la puerta de vaivén…Crucé el office, y seguí hasta el piso de arriba, en donde estaría la abuela. El pasillo encerado, con su tira de alfombra; el vestíbulo, ante el cuarto de estar. Desde la puerta ya, la abuela en su esquina, con su butaca morada, con la manta de piel sobre las piernas”.

“La felicidad del aire libre en el jardín de casa…poder bajar por el camino del pozo, caminos solitarios, caminos tupidos, aquellos caminos que no podían verse, lejos de la terraza, con el sol escurriéndose entre las hojas transparentes de los árboles. Escaparme con Diana…, poder acariciarla, abrazarme a su papada colgante, sentir su calor en mi palma, andar por la huerta fragante de frutales, con las fresas escondidas entre las hojas, acodarme sobre el muro y mirar desde allí a la ciudad, a sus tejados escalonados, al misterio de sus chimeneas y sus ropas tendías, las calles entreverándose, ramificándose, como los vasos sanguíneos en el cuerpo, y, al fondo, la lámina gris de la bahía, el barco carbonero, y a la izquierda Somo y sus arenales, Las Quebrantas”.

“Cuando íbamos con Patrocinio, bajábamos a pie por la cuesta de la Atalaya. Era hermoso bajar la Atalaya hacia el Puente. Después, en vez de continuar por el muelle, cruzábamos a la acera de enfrente, y al llegar al edificio de Correos cruzábamos hacia los jardines. Íbamos atravesando los jardines hasta el embarcadero. El olor fresco nos alcanzaba, sobre todo al salir de los jardines al camino empedrado que llevaba a la dársena. Brea. Vapor de pasaje a Pedreña, cordeles. E Hilario con su pantalón blanco y el jersey azul y el sombrero de tela blanco, de alas flojas, caídas, y el bichero en la mano, aguantando la gasolinera”.

“Mi nuevo cuarto tenía una puerta pequeña, a la derecha, comunicando con el cuarto de la abuela [Tadea ya no duerme en el piso alto, “como si me ascendiesen”]. -Era el vestidor del abuelo…”.

“Mi cuarto…mi cama estrecha, mi cómoda, mi lavabo, y la puerta-ventana que daba al mirador de la abuela. Una cama sobre la que me podía tumbar, una puerta que podía cerrar, un mundo propio, íntimo, una entraña cálida. Abrí la puerta-ventana, vi a través del ventanal los altos árboles ante la tapia; había dos estanterías con libros y aquella mesa de despacho, misteriosa. Una mesa que nadie usaba. Iba a ser feliz allí, entre aquellas paredes. Al menos en mi cuarto iba a ser feliz. Con tal que me dejaran sola”.

“Abrí la ventana que daba a la terraza recubierta de cinc, y vi desde lo alto el jardín, la masa entrelazada de los plátanos, la huerta y después la ciudad despenándose hacia la bahía, y la mar”.

“Bajé al jardín. Hacía viento y frío. Andando – no se corre- la explanada, ante el ancho césped, el camino frente al magnolio, la cuesta hasta los plátanos”.

“La bahía con su perenne barco carbonero y los tejados escalonados de la ciudad, a mis plantas”.

“Largos ratos en el cuarto de estar, haciendo punto con la abuela, mirando revistas viejas [Blanco y Negro, L´Illustration], o sentada sobre la alfombra viendo desde allí, por las ventanas, el campo de Piano, el caminito al pueblo, la humilde gente que subía, que bajaba, las mujeres sentadas de medio lado sobre los burros, con verduras asomando por las albardas de esparto, o cántaros de leche…Aquellos inmensos mares de silencio…La abuela y yo…quizá nos parecíamos en la capacidad de silencio”.

“Entré por la puerta del sótano, crucé el office desierto y subí por la escalera que arrancaba del comedor de Patrocinio hasta el cuarto de estar, junto a la abuela”.

[La vuelta al colegio, 7 de enero de 1931. 6. 30 horas] “Volver. La oscuridad verde del Alta, la bajada por el Alto de Miranda hacia el paseo de la Concepción [hoy, Menéndez Pelayo]…; la oscuridad grisazulada de Lope de Vega. El Muelle con su oscuridad perlina, difusa, salitrosa…”.

“La alameda segunda, la alameda primera, aquella pendiente, cerca de las Reparadoras; subíamos por la Vía Cornelia al Alta, pasábamos ante la plazuela de la Media Luna, y en seguida la tapia del jardín”.

[Verano de 1932]. Acudía a misa de ocho en los Salesianos, leía en casa Historia de un alma [de Teresa de Lisieux]…Iba al jardín, pero no corría con los brazos abiertos, impulsivamente, avenida abajo hasta los plátanos…, no me tumbaba sobre la hierba delante de los macizos de dalias…Comía en el comedor grande con la abuela, después subía con ella al cuarto de estar. Todavía no se habían sacado los muebles de mimbre negro a la terraza”.

“Pescábamos los cámbaros junto a Pedreña [en la gasolinera]…Si llovía o hacía gris, no varábamos en el arenal y salíamos directamente hacia Cabo Mayor, pendientes de pasar la barra…Ver llover en la mar era un espectáculo extraordinario…Las Quebrantas se cubrían de una niebla espesa…”.




viernes, 8 de mayo de 2015

EL JARDÍN DE ABADÍA, EN CÁCERES: DE PRODIGIO RENACENTISTA A RUINA


Declarado Jardín Histórico Artístico por el Decreto del 3 de junio de 1931, el jardín que en su época fue considerado una obra excepcional del Renacimiento italiano, es hoy- desconocido y olvidado- una pálida huella de lo que fue en su día, allá por el  1577.

En esta fecha, Bartolomé de Villalta publicaba  su obra El Peregrino curioso donde hablaba de un jardín -aún no acabado- con este epitafio a la entrada:

“El que viniere a ver esta Abadía
a este jardín y huerto esclarecido,
para notar y ver bien su valía,
muy necesario es que haya corrido
los que nuestro Felipe  [II] poseía
y los que en Flandes han más florecido,
de Italia ha de tener mucha noticia
para su ser preciar gala y pulicia”.

Con estas palabras, quería hacer referencia a los maestros que el III Duque de Alba -propietario entonces de la finca- trae de Italia y Flandes, confirmado en 1919 por el duque de Alba en su discurso leído en la Real Academia de la Historia:  “Con otros maestros de menor renombre figuran Juan Carrera, Enrique  Egas, Juan Guas. De Italia trae al arquitecto Benvenuto y a los hermanos pintores Cristóbal y Juan Bautista Passim... En 1542 encargó el duque a Génova estatuas, cornisas, pilares y otros adornos de mármol...Músicos de capilla, tapicerías, pinturas, armería, artillería ganada en las jornadas de Alemania, Italia y Flandes...”.

No hay que olvidar que Fernando Álvarez de Toledo (n. Piedrahíta, 1507- + Lisboa, 1582), III duque de Alba, fue gobernador de Nápoles y de Flandes, estuvo en la campaña del Danubio contra los protestantes alemanes, en Mühlberg con el emperador Carlos V, y fue capitán general del ejército imperial en Italia.


O a las fuentes, instaladas en tiempos de Felipe II, en la Casa de Campo (Fuente del Águila) y en los Jardines de Aranjuez.

El Peregrino prosigue su paseo describiendo lo que ve con todo detalle: calles de murta (mirto) y arrayán, arte topiaria en forma de mochuelos, gavilanes, ruiseñores, osos, tigres, leones, unicornios, caballos, damas, ninfas, armas, escudos, ballestas... Una fuente muy alta con los 7 planetas y 25 personajes, entre ellos, el Duque de Alba y la Duquesa (María Enríquez) que echaban el agua “por los ojos, por las narices, por los cabellos, dedos, oídos, ombligos, junturas; por manos, miembros, piernas...”.

Más allá, un lago o estanque con 10 gigantes de más de veinte palmos de altura que llevaban sobre sus hombros un monte, en el que se veían diversidad de piedras, conejos, lagartos, culebras, etc. “Había una gigantona que con una saeta los hería, y ella misma era oprimida de un cupidillo”. Los gigantes llevaban en la mano bastones de nudos de treinta palmos de largo. Y echaban agua "con unos chorros tan delgados como hilos y tan altos como dos lanzas".

Pero lo más esencial y lo más principal es una plaza en cuadrángulo  con las paredes cubiertas de hojas de naranjos y jazmines. “Está la tal plaza en medio del jardín, con sus calles que salen a todas las cuatro partes, y en ellas 24 bustos de emperadores, cónsules y capitanes generales de los romanos, cada uno con su tabernáculo”. Tiene sitio para poner sillas y apariencia de cenador.

“De allí prosiguieron por aquellas calles cubiertas de cidras [toronjas], limones, y por las eras del huerto, viendo aquellos cuadros de diversidades de plantas traídas de Flandes y Alemania y de los más remotos confines de la Tierra. Entre ellas notó una que llaman brótano [santolina] y otra que llaman fraula [fresa]. Por una carretera ancha y grande dio el Peregrino en un paseador de 6 ventanas o puertas que dan sobre un río grande [el Ambroz]”.

Habla de la fuente llamada de las uvas, y de ninfas, diosas y damas colocadas en arcadas y tabernáculos... “Si toda la filateria de los significados hubiese yo de declarar, sería cosa prolija”- concluye.

Antonio Ponz, dos siglos después, en su Viaje de España (1772-1794), un verdadero catálogo artístico de las obras conservadas en España antes de la entrada de Napoleón, ya es testigo de su decadencia: “el adorno de los jardines se conoce que ha sido de lo mejor de España, bien que por lo que pertenece al cultivo, juegos de aguas y otras partes está muy deteriorado”.  

Y continúa: “Se divide dicho jardín en alto y bajo. En medio del alto hay una fuente de mármol con estatuas y bustos de la misma materia [mármol]: desde la taza se elevan dos pedestales con estatuas antiguas cada uno, y representan a Higea, diosa de la Salud, que tiene una sierpe enroscada en una mano, y a una villana con traje de tal y en ademán de reírse que con la mano derecha se coge el vestido y en la otra tiene un jarroncillo. Los bustos que sirven de adorno a la expresada fuente están parte de ellos muy arruinados. Esta fuente estaba llena de surtidores de agua escondidos, y lo mismo otra inmediata, sobre cuya taza se levanta un pedestal en el que se sienta un caballo de mármol... ". 

Divide el jardín en dos partes: "Desde el jardín alto, que casi no merece este nombre por lo descuidado que está, se desciende al bajo por dos suaves escaleras de piedra, en muchas partes desmoronados los escalones... Lo primero se entra en una espaciosa plaza cerrada por sus tres lados. En medio está una de las más bellas fuentes que he visto en España. Los balaustres y pedestales que la cercan hacen figura octógona... Encima de los pedestales hay figuras de mármol, que entre todas son 15, faltando una. Cada figura tiene delante de sí una concha, y todas ellas forman otras tantas fuentes particulares. Representan estas figuras niños en caprichosos juguetes y hay otras figuras mayores cuyos desnudos tienen no poco mérito. El principal objeto de esta fuente se compone de 4 tazas o receptáculos de agua. En medio de la inferior hay un pedestal, y encima de él tres figuras de jóvenes de tamaño natural que, alternando con delfines, sustentan la segunda taza; en ésta hay otro pedestal sobre el que están puestas tres figuras aladas que sostienen la tercera; de ésta se levantan tres figurillas que, terminando en hojas por la parte inferior, sostienen con la superior la cuarta taza, en cuyo medio hay una figurilla de Baco que arroja agua por la boca de un pellejo que tiene en la mano... En uno de los pedestales de las estatuas hallé esculpido el nombre del autor y el año en que se hizo la fuente: 1555, Francisci Camilani Florentini, opus... La pared que hace frente a esta espaciosa plaza y al mismo tiempo sirve de estribo al jardín alto, tiene 5 nichos con bustos y estatuas de mármol dentro de ellos: el de en medio, contiene en lo alto el escudo de armas de la casa de Alba;...Las figuras de los últimos nichos son de tamaño natural, y en uno Perseo- y junto al nicho el caballo Pegaso- y en otro Andrómeda- y junto a ella la fiera marina de quien aquel la libertó... El dilatado y espacioso jardín debió ser, en lo pasado, una maravilla a lo que se ve; por tanto, causa más compasión su actual abandono... Hacia el medio de este lienzo de pared que corresponde al lado del río Ambroz,  hay un espacio circular adornado de cuatro nichos con mosaico de piedrecillas que eran antes un órgano hidráulico, pero se perdió este artificio... Se conocen todavía los cuarteles del jardín por los mirtos y arrayanes que hay entre las hierbas, y hay también algunos naranjos y otros frutales... todo reducido a informe espesura”.

Por fin, en 1920, y “aunque advertido de la ruina del famoso jardín”, Javier de Winthuysen, jardinero y pintor, con la beca concedida por la Junta de Ampliación de Estudios (JAE) para investigar los jardines clásicos de España, decide hacer el camino a pie desde Aldeanueva para evocar las sensaciones del “peregrino curioso” de cuatro siglos antes.  Lo primero que ve es el palacio, “un gran caserón sin ningún detalle exterior que significara lujo ni arte”. Esto también lo había resaltado Ponz: “aunque la arquitectura del palacio no tiene cosa notable...”.

Desciende a la parte baja del jardín, “todo él sembrado de pimientos”. En el muro que da al río Ambroz, descubre las arquitecturas de estuco que formaban los balcones, ve las piedrecillas de colores y “en la llamada plaza de Nápoles” descubre la estatua de Andrómeda en mármol, .única que queda emplazada. “De la fuente monumental firmada por el florentino Camilani, de las balaustradas y otras cosas, no había ni rastro”.  Cuando ya se va a marchar, el muchacho que le acompaña, le conduce a un sótano del caserón. Allí, “en montón informe y destrozadas estaban las finas esculturas y los detalles de ornamentación, las piedras del cenador jónico,  y rotas, las medallas, la figura de la aldeanilla y, aparte, su cabeza riendo”.  Y Winthuysen  se aleja de aquellas ruinas con la triste reflexión de que “ni el interés histórico ni el estético han sido suficientes para conservar la obra más característica del Renacimiento”.


Y así llegamos al principio, el Decreto del 3 de junio de 1931. Y a la Carta de Florencia, de 1982 sobre Jardines Histórico- Artísticos en cuyo artículo 9 se dice que “la protección de los jardines históricos- monumentos vivos cuyo material es esencialmente vegetal- exige que estén inventariados o identificados e impone intervenciones de mantenimiento y restauración”.

Y uno se pregunta, tras la visita efectuada en la primavera de 1999, en la que se constata que cada vez quedan menos cosas y más deterioradas, qué significó la declaración del Jardín de la Abadía en 1931 y qué fue de los compromisos adquiridos y de los presupuestos, estudios e intervenciones...

[No obstante, recuerdo haber sentido algo especial, como también me ocurrió en Lebeña – antes del aparcamiento- y en la ermita de Bostronizo, en Cantabria. Como si algo de la energía antigua aún permaneciera…].

NOTA. El Palacio de Sotofermoso y jardín se pueden visitar los lunes (excepto festivos) de 10:00 a 11:15 horas, sin cita previa. Solo yendo allí.







miércoles, 29 de abril de 2015

LAGUNAS, ESTANQUES Y CHARCAS: LUGARES PARA LA VIDA

La primavera es un buen momento para observar la vida en charcas, estanques y lagunas. Y para comenzar un proyecto propio, si se quiere…

Libélulas, efímeras, escarabajos de agua, caracoles, tritones, incluso musarañas, viven dentro y alrededor de estos hábitats. En aguas someras de tan solo unos pocos centímetros de profundidad  es donde se encuentra la gama más amplia de vida silvestre.


Para muchos animales, el terreno alrededor de una charca o laguna es una parte fundamental de su ciclo de vida. Hierbas marginales de bajo crecimiento como la Agrostis stolonifera y la Glyceria species son algunas de las plantas más útiles.

En el Reino Unido, La Fundación The Ponds Conservation Trust lleva años dedicada a la conservación y promoción de las lagunas, con una gran experiencia en su haber. Estos son algunos de sus consejos:

Sobre gestión y manejo

A veces, plantas flotantes como la lenteja de agua o especies alóctonas e invasoras como la Azolla filiculoides pueden ser especialmente problemáticas.

Las dificultades comienzan cuando estas plantas empiezan a formar gruesos mantos sobre la superficie del agua. La causa es casi siempre la presencia de demasiados nutrientes (especialmente nitratos y fosfatos) en el agua. Estos proceden de fertilizantes, heces de patos o ganado de las granjas cercanas.

A corto plazo, puede usarse un rastrillo o un palo para quitarlas, pero lo mejor es asegurarse de que alrededor de la laguna existen extensas áreas de plantas de marisma que transforman el nitrato en nitrógeno y oxígeno, gases que entonces pasan a la atmósfera. La cebada seca o las hojas caídas de los llorones actúan también como un herbicida natural matando las algas.

¿Es mejor plantar o dejar que las plantas colonicen los estanques? 

La opinión de los expertos es que es mejor dejar que las plantas los colonicen de una manera natural. En caso de querer ayudar, es conveniente hacerlo solo con plantas nativas de procedencia local, esto es, que estén presentes en alguna zona húmeda a no más de 20 km de nuestro estanque. Pueden recolectarse semillas o pequeñas cantidades de plantas de lagunas, márgenes de  los ríos o charcas cercanos.

Las plantas se extienden rápidamente, así que, con unas tres plantas por metro cuadrado, en un año puede tenerse una buena cobertura. Las más difíciles de conseguir son las especies sumergidas. Pero sin plantar especies acuáticas, éstas llegarán de forma natural en el plazo de uno o dos años.

¿Hay que añadir abonos?

En la mayoría de los casos, según los expertos, deben evitarse. Con ello solo se incrementa el crecimiento de plantas invasoras como la espadaña.

Algunas sugerencias

La platanaria (Sparganium erectum) de tallo emergente, la espiga de agua (Potamogeton natans) de hojas flotantes, los sumergidos rizos de agua  (Potamogeton crispus) o pequeñas hierbas dulces como las Glycerias son muy adecuadas para aumentar la vida silvestre. Particularmente valiosas en los alrededores de la charca son  la hierba de Hércules (Heracleum sphondylium) o la cicutaria (Anthriscus sylvestris), así como hierbas  y juncos  tales como la menta acuática, la lámula, el berro o el sombrerillo de agua.


Plantas atractivas para entornos urbanos

El aro palustre (Caltha palustris), el lirio amarillo (Iris pseudacorus) o la salicaria (Lythrum salicaria), plantas visualmente atrayentes, son muy apropiadas para los estanques de las ciudades.


Evitar...

Introducir plantas no nativas como la broza del Canadá que, además de invadir las lagunas, pone en peligro las especies autóctonas.