viernes, 12 de septiembre de 2014

LOS PÁRAMOS DE YORKSHIRE, UN LUGAR LITERARIO PARA EL OTOÑO

"No son campos ni montañas; son solo millas y millas de tierra salvaje donde nada crece salvo brezos, tojos y escobas y donde nada vive excepto ponis salvajes y ovejas"-así se los describe en El jardín secreto, a principios del siglo XX. “Sin embargo”, -continúa-, "hay mucha gente enamorada del páramo, sobre todo cuando el brezo está en flor".

Eso es en otoño, la mejor época para visitar Yorkshire.

En Yorkshire nada decepciona. Todo es como lo hemos visto en las películas o como lo hemos imaginado: grandes planicies, el viento, los días oscuros, la lluvia, el sol a ratos...

LAS HERMANAS BRONTË


Eran tres, como las hijas de Eva (de su malogrado hermano Branwell apenas se ha hablado hasta hace poco). Escribían sobre la mesa del cuarto de estar cuando aún Virginia Woolf no había publicado Una habitación propia y, cada cuatro años, se informaban de sus proyectos. (Precisamente, Haworth, noviembre de 1904, será el primer ensayo de Virginia Woolf cuando solo tenía 23 años, muchos antes de que se publicara su primera novela, The Voyage Out, en 1915. Del Museo Brontë recuerda “el pequeño taburete de roble que Emily llevaba consigo en sus solitarios vagabundeos por los páramos y en el que no se sentaba para escribir, según dicen, sino para pensar...”).


TED HUGHES: UN COLIN INTELECTUAL


En El jardín secreto, escrito por Frances Hodgson Burnett en 1911 (su autora se inspiró en los recuerdos infantiles de su primera casa en Manchester (“El jardín que había detrás de la casa estaba siempre repleto de bellezas y maravillas…”) y en su residencia en Kent, Maythan Hall, y su rosaleda),  aparece un chico de pueblo, fuerte, sano, que habla con los animales. Es Colin. Así debió de ser también el poeta universitario de Oxford, Ted Hughes.


Nació en un lugar con resonancias de cuento de hadas o de libro de Tolkien, Mytholmroyd, y en sus poemas se siente cercano a la tierra y a sus seres vivientes, los animales, a los que dedica varios poemas... En los bolsillos de su chaqueta de pana conviven “poemas, truchas frescas y horóscopos”, como le cuenta a su madre la poeta Sylvia Plath, que se convirtió en su mujer.

OWEN ARCHER, UN DETECTIVE MEDIEVAL EN YORK

Parece que los detectives medievales -sean monjes como Cadfael o un capitán de arqueros retirado como Owen Archer -tienen un público fiel. Candace Robb, doctora en Literatura Medieval Anglosajona, es la creadora de este detective a su pesar que se mueve por las calles de York en la segunda mitad del siglo XIV como pez en el agua.


L@s viajer@s literari@s tienen donde elegir…

martes, 19 de agosto de 2014

SÉNECA. SOBRE LA BREVEDAD DE LA VIDA


En esta ocasión son tres cortos “tratados”: Sobre la brevedad de la vida, escrito en el año 49 d. C.- casi ayer. Séneca tenía 53 años (murió con 69); Sobre la felicidad, del año 58, y Sobre el ocio, datado hacia el año 62.

En el primero, se dirige a Paulino, un pariente: “No tenemos poco tiempo, sino que perdemos mucho”. “Nadie aprecia el tiempo; lo usan con descuido, como si fuera gratuito”. “Vivís como si fuerais a vivir siempre…no observáis cuánto tiempo ha pasado ya…Oirás decir a la mayoría: “A los cincuenta años me jubilaré, a los sesenta años me retiraré”. ¿Qué garantía tienes de una vida tan larga?...”. Entonces, según cuenta el propio Séneca al final del texto, a los 50 años ya no te reclutaban como soldado y, a los 60, no te convocaban como senador. Era el inicio de la vejez y de que la sociedad prescindiera de ti…El momento al que se relegaban los disfrutes o la toma de decisiones importantes.

“¡Qué tarde es empezar a vivir cuando hay que terminar! ¡Qué estúpido olvido de la mortalidad es diferir hasta los cincuenta o sesenta años los buenos propósitos y querer iniciar la vida allá donde pocos llegaron!”.

La ciencia de vivir y morir

“A vivir hay que aprender toda la vida y… hay que aprender a morir toda la vida”.

“Tómate algún tiempo para ti… Quien dedica su tiempo a sí mismo, quien programa cada día como si fuera el último, no desea ni teme el mañana”.

“Muy breve y trabajosa es la vida de quienes olvidan el pasado, descuidan el presente y temen el futuro”.

“Es triste la condición de todos los ocupados y aún peor la de quienes no se ocupan de sus cosas, duermen conforme al sueño ajeno, caminan según el paso de otro y, para amar y odiar -las cosas más libres que hay- reciben órdenes. Si esos desean saber cuán breve es su propia vida, que piensen en cuánta parte de ella es suya”.

Reflexiones para 2014…, y para el 4014, pues parece que no hemos cambiado mucho en dos mil años. Seguimos en la inopia…

martes, 5 de agosto de 2014

H.D. THOREAU (3). Sus cartas, recuerdos y trabajos como topógrafo


Os recomiendo que leáis antes (para poneros en situación): 



Tras sugerirle que escribiera un diario en 1837,  Henry Thoreau intercambia cartas con el filósofo Emerson cuando este está fuera de casa -en Londres o en Nueva York-, para darle noticias de su familia y de los acontecimientos en Concord  así como en relación a la revista Dial, de la que Emerson es editor. También para contarle sus pensamientos.

Cartas al filósofo R.W. Emerson (Boston, 1803- Concord, 1882)

El 24 de enero de 1843, Thoreau le recuerda: “He sido pensionista vuestro durante casi dos años”.

El 10 de febrero de 1843 le proporciona noticias sobre sus hijas, Ellen y Edith, entonces pequeñas: “La cena está hecha y Edith [14 meses] con su monosilábica invocación “oc”, “oc”, me hace pensar en la “lengua de Oc”. Debe pertenecer a esa provincia. Como los gitanos, habla un lenguaje propio mientras ella sí nos entiende a nosotros”.

Lidian, mujer de Emerson, escribe a este en los huecos que le deja Thoreau: “… ese amor a la naturaleza en el que Henry es el campeón…”.

Emerson dirá de él -citado por R.L. Stevenson en uno de sus ensayos sobre Thoreau- “No tenía profesión, nunca se casó, vivía solo, no comía carne, no bebía vino, nunca probó el tabaco y, aunque siempre estaba en el campo, nunca utilizó trampas ni escopetas. Cuando le preguntaban qué plato prefería para cenar, él respondía: “el que esté más a mano”.

“H.D. Thoreau, agrimensor”

El 15 de febrero de 1843, Henry se sincera: “Estoy meditando algún otro método de pagar deudas aparte de la escritura y las conferencias”.

Algunos de sus trabajos serán: construir una leñera, blanquear una casa, vender moras en Boston, diseñar y construir vallas de madera… “Cuando dejé la universidad, me dijeron que había estudiado navegación….”.

Desde 1838, él y su hermano John habían mostrado interés por realizar planos y mapas y, en la escuela que ambos montan, utilizan instrumentos  para hacer mediciones en sus excursiones al campo con sus alumnos.

Algunos de sus trabajos fueron: establecer los límites entre Concord y Carlisle, o los de Orchard House, la casa de los Alcott. Bronson Alcott, al parecer, le sugirió que hiciera un atlas ilustrado de Concord en el que apareciera cada casa con su nombre para uso de la comunidad y los colegios. Pero Thoreau murió sin acometer el proyecto. Sin embargo, su hermana Sophia donará a la biblioteca una caja con planos de casi cada granja de Concord.

Musketaquid,  recuerdos de un viaje en barca con su hermano John en 1839


Inédito en España, se publica ahora por primera vez en castellano.

Cuando su hermano John muere de tétanos en 1842, le dedica el viaje que realizan juntos en 1839 a las White Mountains, “nuestra excursión”. Lo titula, en 1849, Una semana en los ríos Concord y Merrimack. “Adondequiera que navegues, navegas conmigo,/Aunque ahora asciendas montañas más elevadas,/ Y ríos más puros remontes,/Sé mi Musa, Hermano mío…”.

Un relato denso, maduro, que revela un lector empedernido e impenitente, omnívoro como Cortázar.

Musketaquid es el nombre algonquino (indio) del río Concord; significa “Río con el fondo de hierba”.

Un sábado, el último día de agosto de 1839, Henry (22 años) y John salen de Concord, río abajo, en un bote construido por ellos mismos. Está dotado de ruedas, dos pares de remos, varias pértigas y dos mástiles. Lo cargan con patatas y melones cultivados también por ellos. Una piel de búfalo les servirá de cama y una tela de algodón hará las veces de techo.
Por delante, siete días para mirar, pensar y escribir.

La entrada de una  jornada – redactada  días después a partir de las notas- puede tener ocho, diez  y hasta quince páginas. “Un flujo de pensamiento” con digresiones varias, a ratos prolijo y profuso, con múltiples referencias a libros y autores tanto universales como de la zona que recorren, contemporáneos como históricos. Con citas y poemas. Descripciones y largas reflexiones.

El primer día recorren unas siete millas y atracan el bote en una pequeña elevación donde instalan su tienda. Recogen arándanos y cenan pan, azúcar y chocolate caliente. “El sonido más constante y memorable de esa noche de verano…fue el ladrido de los perros domésticos”.

Al día siguiente, domingo 1 de septiembre, “el río y el campo colindante estaban cubiertos por una densa niebla”. Mientras reman a través de ella, van poniéndole nombre a los accidentes que se encuentran: “Isla del Zorro”, “Isla de la Uva”, “Isla del Conejo”…El Diccionario geográfico de Nueva Inglaterra es su “navegador” y en él consultan su latitud y longitud, así como datos sobre los lugares por los que pasan. Antes de dormir, escriben su diario de viaje, y se duermen escuchando “los murmullos del río o del viento”.

La rutina es siempre la misma: cuando paran, vacían el agua y limpian el barco.  Con el hacha en mano, buscan combustible y encienden el fuego. Salen antes del amanecer “despertando a todas las ratas almizcleras y asustando a los avetoros y a otros pájaros que dormían entre las ramas”.

En ocasiones, uno de ellos camina junto a la orilla “examinando el campo y visitando las granjas más cercanas (para reponer existencias)” en tanto el otro navega “los meandros por su cuenta (buscando un puerto apto para la noche)”. Luego, se cuentan sus aventuras. “De cuando en cuando nos parábamos a descansar a la sombra de un arce o un sauce, y tomábamos un melón como tentempié, mientras disfrutábamos contemplando el paso del río y de la vida humana”. Las comidas son frugales: “Comimos una hogaza de pan casero, y sandía como postre”.

Conclusiones y observaciones ambientales

Thoreau es un gran observador y saca conclusiones sobre lo que ocurre a su alrededor:
“Las esclusas y los diques han demostrado ser bastante destructivos para el sector pesquero” – confirma cuando se hallan en el Merrimack, el río “Esturión”.

“Los pescadores arrancaron los arbustos de la orilla porque les convenía a la hora de arrastrar sus redes, y cuando el margen quedó desnudo, el viento empezó a levantar la arena de la orilla, hasta que acabó por cubrir unos quince acres con varios pies de profundidad”- constata sobre la destrucción de los bosques de ribera.

“Se construyen ferrocarriles que atraviesan ciertas zonas sensibles, con lo que la hierba desaparece y el viento empieza a traer arena, hasta que unas tierras fértiles quedan convertidas en desiertos”.

La llegada el séptimo día

[El viernes] “hicimos unas cincuenta millas entre vela y remo…Desembarcamos alegres, de un salto, en la orilla, sacamos el bote del río y lo amarramos a su manzano silvestre, cuyo tronco aún conservaba la marca de la rozadura que la cadena había dejado durante las crecidas de la primavera”.

Así termina su aventura de 7 días, dedicados a mirar, a pensar y a escribir. 

viernes, 18 de julio de 2014

JORGE EDWARDS, UN CRONISTA ¿PEREZOSO…?


“Soy un cronista perezoso que ha escrito, que ha terminado por escribir, centenares y más que centenares, miles de crónicas”.

Así comienza el prólogo a sus crónicas periodísticas, El whisky de los poetas, publicadas en 1997.

“Comencé estas crónicas en el año mítico de 1968, después de visitar Cuba, de pasar tres días en plena primavera política de Praga… y pocas semanas antes de que me agarrara la Revolución de Mayo en el corazón estudiantil de París…”.

Cada jueves escribe una con el estilo de Persona non grata, invocando a sus “mayores”: “el señor de Montaigne, Stendhal, Joaquín María Machado de Assis, y el otro Joaquín, al que en casa de  mi abuelo paterno llamaban el inútil”; recorriendo “los espacios de la memoria” y desembocando “en la invención pura”.

Porque eso es para él la imaginación creadora: “una capacidad de ver  y conocer”: “Lo que los grandes escritores inventan es precisamente una visión o una imagen de las cosas”.

Él aúna la observación y la reflexión, la anécdota y el descubrimiento, para crear unas crónicas amenas y pedagógicas en las que aprendemos cosas.

También nos enteramos de sus preferencias: “su novela breve El oso [de William Faulkner] que forma parte de ¡Desciende, Moisés! es una de las obras maestras de la literatura narrativa moderna”; sus costumbres: “mis hábitos de explorador de librerías antiguas y modernas”; sus recuerdos/memorias: “Sardinas y manzanas [crónica], evocación del París de mi juventud”, “A comienzos de los sesenta…yo había comenzado a trabajar como secretario de la embajada chilena en París”, “Cuando llegué a Barcelona, a mediados de 1973…”, “Cuando ingresé al Ministerio de Relaciones Exteriores, a mediados de la década del cincuenta…”, “Regreso al pueblo de Calafell…”, “Empecé a escribir poesía en mi adolescencia…”; sus confesiones: “La generación del antinorteamericano furibundo fue la mía”. Sus amistades: “Mi amigo Rubem Braga…”.

En definitiva, relatos “no ficticios”- según la definición de “ficción” y “no ficción”- escritos como ficción.

Si no se ha leído nada de Jorge Edwards -conforme al hábito de Delibes, “Como lector, suelo iniciarme con un autor por lo más corto que encuentre”-  El whisky de los poetas es un buen lugar por el que iniciarse de este escritor erudito y “vagabundo”, “optimista temperamental y vocacional”.


viernes, 4 de julio de 2014

CARTAS DE UNA PIONERA, ELINORE PRUITT STEWART, EN 1909



Publicadas en forma de libro en 1914, hace un siglo, contienen emociones que no pasan de moda.

Como escribe en la última carta, el 5 de octubre de 1914, “dondequiera que haya seres humanos, hay siempre pequeñas historias”.

No sé por qué pero su lectura me ha traído a la mente Memorias de África, de Karen Blixen (Isak Dinesen) y Las dos ancianas, de Velma Wallis, quizá por ser las tres mujeres contadoras de historias con una vida dura que no se rinden, miran siempre hacia adelante y tienen una actitud positiva ante la vida.

“Me paso el día trabajando…Cuando llega la noche ya he terminado con la mayor parte de la cocina, he ordeñado siete vacas, y he segado todo el heno… Pero también encuentro tiempo para hacer treinta pintas de jalea en conserva y la misma cantidad de mermelada para mí…”.

A pesar de ello, no se queja: “soy una mujer sumamente afortunada por encontrarme con gente encantadora de verdad y por tener experiencias realmente positivas. Siempre me pasan cosas buenas…”.

Aprovecha cada pequeño momento de ocio: “Cuando no hay nadie para quien cocinar, soy libre de ir donde me plazca”. También tiene sus estrategias: “Hace mucho que aprendí que la vía más rápida para conseguir lo que quiero es no quererlo, al menos aparentemente…”.


Wyoming, el estado en que desarrolla su vida a partir de 1909, “no tiene nada de especial, si hablamos de las cosas por separado. En conjunto, es absolutamente hermoso, y al amanecer y al atardecer, “los cielos proclaman la gloria de Dios”.

Sus lecturas, clásicas y actuales

A pesar de no haber tenido una educación formal (“No fui a la escuela ni un día de mi vida”), Elinore tiene cultura y guarda como un tesoro sus “pocos libros” en una “librería-vitrina hecha del bastidor de una cama de nogal viejo”.

En sus cartas a su antigua patrona en Denver, Juliet Coney, Elinore se refiere a varias obras literarias: el cuento tradicional Los niños del bosque, “las historias de lobos de Jack London”, David Copperfield…, y a autores/protagonistas: Mark Twain, Samantha Allen (protagonista de 10 títulos de la escritora Marietta Holley), Leatherstocking (protagonista de varias novelas de Fenimore Cooper), la señora Wiggs (protagonista de la novela de Alice Hegan Rice), Tam O´Shanter (protagonista de un poema de Robert Burns), Becky Sharp (protagonista de La hoguera de las vanidades, de Thackeray)…


Incluso uno de sus libros, los Cuentos de Calzas de cuero, servirán de motivo para una “cena de calzas” a base “de las viandas mencionadas en los Cuentos”: venado, antílope, erizo, cola de castor, faisán, urogallo y truchas.


Elinore no está desconectada del mundo: habla del modisto y diseñador Charles Worth, e incluso se refiere a la I Guerra Mundial (“Estamos hambrientos de noticias sobre la guerra”), en la continuación de las cartas (Cartas de una cazadora, 1915), con quienes comparte personajes y el relato de lo cotidiano.

Ese día a día incluye cuatreros, mormones (“la poligamia se sigue practicando”), cazadores de dientes e incluso una estampida.

También reflexiones: “Un modo tremendamente eficaz de reflexionar las cosas a veces es ponerse a trabajar”. “Los padres deberían alabar más a sus hijos”.

Una viuda rolliza, no muy madrugadora, capaz de llevar un rancho


En las cartas a la señora Coney, en ocasiones, se despide como “su exlavandera”. Se reconoce ignorante y que a veces abruma con sus cartas de “tropecientas mil palabras”. Pero ella cuenta todo lo que ocurre o lo que se le ocurre entre carta y carta. “Siempre sucede algo interesante, y así tengo dos placeres cada vez: mi propio disfrute y contárselo a usted”.

Narra anécdotas divertidas (los comentarios de su hija de cuatro años), describe a los personajes con los que se encuentra o que llegan a su casa: parejas desavenidas, muchachas pretenciosas, historias tristes y tiernas.

A medida que transcurre el tiempo, se atreve a sincerarse: el 16 de junio de 1910 le dice que se ha casado con el señor Stewart, su empleador. En agosto del mismo año le cuenta que ha tenido que “ayudar a amortajar a una pequeña criatura” que solo varias cartas después, y dos años más tarde, revela que es su primogénito. “El dolor ya no es tan agudo ahora y puedo contárselo, cosa que antes era incapaz”.

Las últimas cartas – de esta tanda;  luego le escribirá otras narrándole una cacería de alce- son de noviembre de 1913.

Quizá las cartas estén algo “aliñadas”- como dice ella misma- pero son conmovedoras, además de amenas y divertidas. Ella observa las caras y describe con detalle las casas y los paisajes. Así, aprendemos sobre tejidos: calicó, tartán, guinga…y sobre flores: alisos de mar, zinnias, malvarrosas… “Bajo la ventana este de nuestro comedor tenemos un parterre. Lo llamamos “el lecho de la memoria” pues fue idea de la primera esposa de Clyde y era donde ella cultivaba sus pensamientos…Tengo pensamientos a un lado del parterre en memoria de ella, que adoraba estas flores. Al otro lado, planté alisos de mar en memoria de mi bebé… [su primogénito, James, que murió de eresipela sin llegar a cumplir el año]”.

Cooperación y ayuda femenina

Con sus amigas, la señora Louderer (alemana) y la señora O´Shaughnessy (irlandesa) llevarán a cabo más de un plan “para hacer feliz a alguien”: cocinar en Navidad para los pastores de ovejas “que apenas viven de maíz enlatado y tomates, frijoles, cerdo en salmuera y café”; coser para Cora Belle, una huérfana de 12 años, cabeza de familia, un completo equipo (ropa interior, vestidos y delantales); llevar un árbol de Navidad adornado a una familia de mormones pobres…

Son mujeres de recursos, resolutivas, con ideas, creativas. Con bolsas de azúcar y harina confeccionan enaguas y bragas. “De dos cañas de pescar de bambú rotas hice el armazón para dos biombos”.

Ella cree firmemente en la risa. ”Soy una persona realmente feliz. Es verdad: se me antojan muchas cosas que no tengo, pero eso no me impide estar contenta y disfrutar de las muchas bendiciones que sí tengo”.

Habla del señor Stewart, su marido, que sigue siendo “el señor Stewart” incluso después de casados. Conocemos algunos retazos de él: “No hay nada que le agrade más al señor Stewart que pillarme desprevenida… el señor de la casa es de la opinión de que las mujeres no necesitan herramientas…”. “Lo bueno que es mi Clyde...”, se sincera en 1912.

Sus sueños

“Nunca pensé que me casaría de nuevo… Lo único que quería era andar por ahí descalza y libre y ver la vida como la ven los gitanos. Había pensado ir a ver las viviendas de los moradores de los barrancos [los indios anasazis]…También tenía planeado ir a visitar las viejas misiones e ir a Alaska; ir a cazar a Canadá. Incluso soñé con Honolulú…”.

A cambio, tiene… “mi casa en mitad de las montañas azules, mis niños bien educados, mi esposo limpio y honesto, mis lindas y generosas vacas lecheras, mi jardín del que yo misma me encargo. Tengo montones y montones de flores de las que yo misma me ocupo. Hay montones de pollos, pavos y cerdos que están a mi cuidado. Tengo unos cuantos caballos viejos, lentos y nobles, y una vieja carreta. Puedo subir a los críos y en cualquier momento ir a donde me apetezca. Tengo los mejores vecinos, los más amables, y tengo también mis queridos amigos ausentes…”.

Ella anima a las mujeres a hacer vida de hacendadas. “Cuando leí lo mal que lo pasan los pobres de Denver, me entraron ganas de animarles a todos a que salgan de allí y registren la propiedad de alguna tierra… Es menos fatigoso cultivar mucho para satisfacer a una gran familia que trabajar lavando… Lo que se cultive es propiedad del colono y no hay ningún alquiler de la casa que pagar… Para mí, la colonización es la solución a todos los problemas de la pobreza”.

Aunque es consciente de que no vale cualquiera: “quien tenga aprensión a los coyotes, al trabajo y a la soledad, mejor que se olvide de la vida en el rancho”; pero si es una mujer en paz consigo misma, “capaz de apreciar la belleza del ocaso”, le gusta cultivar cosas y está dispuesta a trabajar duro, “tendrá éxito seguro, independencia, toda la comida que quiera y, en definitiva, una casa propia”.

Una emprendedora de éxito

“Me encanta experimentar, trabajar y demostrar cosas” -le cuenta a la señora Coney en noviembre de 1913. “He encontrado un tipo de calabaza que puede darse aquí… la madura aguanta bien y se pueden hacer ricos pasteles con ella. La joven más tierna se puede encurtir, como los pepinos… Cuando vine me dijeron que no sería capaz ni de cultivar frijoles comunes, pero lo intenté y lo conseguí. También conseguí cultivar montones de tomates verdes… Otra vía de experimentación me llevó a la conclusión de que podía hacer ketchup de grosellas silvestres, tan delicioso como el de tomate… He probado todo tipo de labores que este rancho necesita, y puedo hacerlas todas…”.

Así se describe a sí misma en la última de las Cartas de una pionera. Pero nos ha dejado percibir retazos a lo largo de las 26 misivas.

“Me encanta el parpadeo de la hoguera, el olor de los pinos, el aire puro y fresco”. También le gustan las tormentas y la canción Annie Laurie, una de sus favoritas.

Heartland, la película sobre su vida


En 1979 se estrena Heartland, dirigida por Richard Pearce y protagonizada por Conchata Ferrell, basada en Cartas de una pionera. En 1980 consigue el Oso de Oro en el Festival de Berlín.

SI QUIERES AMBIENTARTE EN EL WYOMING DE 1909

Canciones citadas en ambos libros de Cartas:


http://www.youtube.com/watch?v=HmxQi1RSg_0. The Campbells are coming.

http://www.youtube.com/watch?v=XxKckHuHx_0. Bury me not on the lone prairie.


http://www.youtube.com/watch?v=xnYtJSnxncQ. Obertura 1812, de Chaikovski (“La retirada de Bonaparte”).

http://www.youtube.com/watch?v=3U66j_hdl64. Bingen on the Rhine, recitada.

Y SI TE QUEDAS CON MÁS GANAS…


http://books.google.es/books?hl=es&lr=&id=YVJMzxA1zfgC&oi=fnd&pg=PR9&dq=letters,+elinore+pruitt+stewart&ots=IJxlwOB7zp&sig=tevQcyOllUDV7-dHksIIBV7IIuE#v=onepage&q=letters%2C%20elinore%20pruitt%20stewart&f=false. Libro de Susanne K. George en 1993: The Adventures of a Woman Homesteader. The Life and Letters of Elinore Pruitt Stewart (algunas páginas en inglés del libro).

http://repository.asu.edu/attachments/56261/content/Skipper_asu_0010E_10145.pdf.  Tesis de 2010 (en inglés) de Alicia Skipper de la Universidad de Arizona.

http://www.elinorestewart.com/. Fotos de la colección privada de Jerrine, hija de Elinore.

miércoles, 25 de junio de 2014

ANA Mª MATUTE, UNA MAGA DEL SIGLO XXI: "TODOS LOS ESCRITORES SOMOS UNOS TARADOS".


Tiene en los ojos gotas de luna; por eso puede descifrar el lenguaje de los habitantes del Subsuelo. No cree improbable haber vivido en la Edad Media y se declara de la estirpe de los griegos y contra los fenicios.

A Ana María Matute parece que la raptaron las hadas y la devolvieron extraña al mundo de los humanos, con un ala de cisne para indicar que ella era y sería siempre diferente.  
Ha conservado la memoria de la infancia con ojos de niño (“Yo me he quedado con la mentalidad de una niña de doce años...aún tengo doce años”), algo que no es corriente entre los escritores adultos.

Tras publicar “Cuentos de infancia” (Ed. Martínez Roca), -nueve relatos escritos e ilustrados por ella misma entre los cinco y los catorce años, cuyos originales se encuentran en la Biblioteca de la Universidad de Boston, en Estados Unidos- Destino reeditó en mayo de 2005 “la trilogía medieval de Ana Mª Matute”, integrada por “La torre vigía”, "Olvidado Rey Gudú” y “Aranmanoth”. En 2007, consiguió el Premio Nacional de las Letras Españolas, considerado el más importante tras el Cervantes [que obtendrá en 2010]. Paraíso inhabitado es su última novela [en 2008].

LA OVEJA NEGRA

Ana María nació el 26 de julio de 1925 en Barcelona. De pequeña era un poco la oveja negra de la familia: desastrada, tartamuda, pero con una gran imaginación. Su padre era el que mejor la entendía y, con su madre, una mujer severa, tenía una relación de incomprensión. Ana María no entendía por qué la castigaban cuando tiraban sus cáscaras de naranja mohosas donde ella veía barcos vikingos, y que guardaba como auténticas joyas. Así que desde los cinco años y hasta la guerra civil, dedicaba gran parte de su tiempo a soñar y a inventar historias y personajes en aquel armario oscuro que era terrorífico para otros niños. Luego, grapaba sus cuentos y los ilustraba con las pinturas que su padre le traía cuando volvía de viaje.

NIÑA DE LA GUERRA

La guerra civil fue el despertar, el salir de la campana de cristal. Entonces conoce de cerca las injusticias de la vida, y las representa en su teatro de marionetas. De hecho, Pequeño teatro, escrita a los diecisiete años, aunque publicada once años después, en 1954,  será su primera novela seria.

Ana María es – conforme a la definición que hizo Josefina Aldecoa- uno de “los niños de la guerra”, aquellos que tenían entre 8 y 12 años cuando empezó la Guerra Civil en 1936, algo que los marcó para siempre. El conflicto entre Caín y Abel será uno de sus temas recurrentes y de sus obsesiones novelísticas.

PREDILECCIÓN POR LA EDAD MEDIA

Todo está en la Edad Media: el horror, el odio, el heroísmo, la magia, la superstición, el amor... Ana María siempre ha dicho que es su época de la historia favorita. Aquí sitúa “La torre vigía” y luego el libro que es compendio de toda su vida, “Olvidado rey Gudú”. “Siento una verdadera pasión por lo medieval. La Edad Media es una época increíble. Me gusta particularmente la Alta Edad Media, del siglo IX, época de las invasiones, al XI...En El rey Gudú, una de mis grandes pasiones, los vikingos, tienen mucha importancia en el libro”.

LA TÍA ANA MARÍA

A pesar de todo lo que haya vivido, del dolor, de la pena, Ana María ha creado magia y bienestar a su alrededor. Su sobrina, que firma orgullosa con el apodo que su tía le dio, Sapo Pareja Matute, cuenta como eran sus vacaciones en Sitges, en casa de la tía: “A la tía todo le parecía bien; podíamos comer todos los helados del mundo; ir al cine todas las noches, levantarnos cuando se nos acabara el sueño y sentarnos a la mesa cuando teníamos hambre...”. Ana María, experta carpintera, construía sus pueblos- la sensación de la colonia veraniega- con objetos que encontraba por ahí o que le regalaban (no valía comprarlo): cristales de colores, lentejuelas, frascos vacíos...” Tenía el don de hacer que cualquier cosa se convirtiera, bien por medio de sus manos, bien por medio de sus explicaciones, en algo maravilloso”. Por las noches, les leía cuentos de Andersen o los capítulos de Gudú. Siempre ideando nuevas aventuras, convirtiendo en extraordinaria cualquier tarea cotidiana. Era el sueño de todas las sobrinas.

MI RELACIÓN CON ANA MARÍA

Cuando tenía nueve años una profesora trató de disuadirme de leerla: "No es lectura para niños". Desde entonces, y quizá por ello, se avivó mi curiosidad. Creo que uno de los primeros relatos que leí fue “El tiempo”, en Selecciones del Reader's Digest. Me dejó una impresión de tristeza indefinible: dos adolescentes que no pueden hacer realidad sus sueños y para quienes el mundo de los adultos es hostil. Luego, en una biografía de Rosa Roma (escrita en 1971) que compré en la feria del libro antiguo y de ocasión, en 1988, leí que "Olvidado Rey Gudú"- el libro de su vida- era "de próxima aparición". Pero en 1988 aún no había salido y así, me dediqué a esperarlo casi otros diez años. La torre vigía –publicada en 1971- y los títulos sugerentes de sus capítulos: Jinete solitario, Historias de ogros, El envés del odio... fueron para mí un aperitivo de lo que podía esperar.

A estas alturas (en 2008), Ana María se ha librado del resentimiento, de la venganza, incluso de la soledad. Desde sus cuarenta años de escritora- y, cada vez más- admira la bondad y la educación. Las "gentes de corazón duro, ideas mezquinas y mentiras negras" ya no la abruman, ya no la incapacitan para seguir...”Sólo he tenido un enemigo en mi vida…”.

Todavía, a sus 82 años, antes de empezar a hablar en público, se la ve tímida y nerviosa, pero en cuanto empieza, hace sentirse a gusto a todo el mundo. "Estoy aquí porque soy una inconsciente"- dice- y  pronto hace reír  a todos con sus expresiones de andar por casa, esas que recuerdan a Cunqueiro y  al nonsense, y que también emplea en Gudú: “La madre de Sikrosio murió  de una indigestión de compota...”. 

CON SUS PALABRAS

* Su definición de sí misma: " Dulce, suave, pero de hierro por dentro".
* Por qué escribe: " Escribo porque no estoy contenta. Porque no estoy conforme, ni dormida, ni ciega, ni muerta"...”Escribir es una forma de protestar”.
* Su padre: "Mi padre era un ser dotado de una extraordinaria sensibilidad y fantasía, y cualquier cosa la convertía en mágica. A él le debo gran parte de Rey Gudú".
* Su madre: "Mi verdadera madre fue Anastasia, mi niñera".
* Su hijo: "Es mi razón de vida".
* Julio Brocard: “El gran amor de mi vida”.
* La literatura: "Es mi razón de ser". "A la literatura hay que entregarle la vida como a todas las cosas que son importantes". "Con la literatura- que es una gran mentira- se puede llegar más cerca de la verdad".
* Su visión de los humanos: " Siempre hay unos que aporrean a los otros y no porque sean más fuertes, sino porque unos quieren aporrear y otros no". "Hay seres humanos que no han amado nunca y otros que han nacido para amar". “Podemos llegar a Marte... pero seguimos llorando como en el siglo X. Y, sobre todo, hacemos llorar...”
* Sus obsesiones: “La infancia, Caín y Abel, el paraíso perdido...”.
* Un sueño: “Desde que era pequeña sueño con hacerme una casa de muñecas dentro de un armario. Una casa antigua con chimeneas, escaleras, lámparas que se enciendan, con piano y con todo...Pensaba hacer todo un mundo de gnomos en un armario”.
* Sus libros favoritos, que no deberían faltar nunca en ninguna biblioteca infantil: Peter Pan, Alicia en el País de las Maravillas y Huckelberry Finn.
* Andersen: Es mi padre espiritual...Los cuentos de Andersen con las ilustraciones de Arthur Rakham eran una cosa maravillosa, para soñar. Yo he vivido dentro de sus láminas”.
* Sus escritores favoritos: “... Faulkner, que es la libertad de estilo, y Proust, que es la memoria”.
* De “Olvidado rey Gudú”: “Es mi testamento literario“...Cada escritor lleva una novela dentro, una novela que es la suya, y Gudú es esa para mí. Es el libro que siempre deseé escribir. Nací con él en mi corazón...En él se halla todo lo que he recibido...Este libro representa todo lo que me ha hecho ser como soy. Es como un compendio de las vivencias y de las lecturas...Gudú es mi manera de recuperar los recuerdos,,, Quise hacer de este libro un gran cuento”... Es un enorme cuento de hadas y, como todos los cuentos de hadas, es inmoral, amoral, sanguinario, cruel, poético, dulce, esperanzador, perverso, inocente...Creo que la reina Ardid es uno de los personajes más redondos que he creado... Otro personaje al que adoro es el Trasgo del Sur (que tiene una historia muy triste)... En este libro sale de todo...
* Una novela no escrita aún: “Nunca he escrito una historia de amor…De amor del grande…”

OLVIDADO REY GUDÚ

Es la historia del mundo en un libro; son todos los cuentos. Es un compendio de símbolos y de sabiduría antigua donde cada uno reconoce y ve lo que quiere ver: los hunos, los vikingos, el reino del preste Juan, Carlomagno, Offa's Dyke, Vulcano, los fenicios, la reina de Saba... Eso es lo hermoso: que cada uno sueña e imagina con sus palabras, con las de Ana María,  sus propios sueños.

UN DÍA DE SU VIDA, CUMPLIDOS LOS 80

A sus 83 años, se levanta tarde, “porque me gusta mucho dormir…Me levanto, zanganeo, hago el crucigrama de Fortuny de La Vanguardia, que me despeja mucho; me ducho, me tomo mi café, y después me meto en mi cuarto [a escribir].Cuando llega la hora de comer, me avisan. A veces como con mis hijos, a veces lo dejo para más tarde…”.

[Publicado en 2008 en la revista Pluma y Pincel de la Asociación Cultural Tertulia Goya]

CODA EN 2014

En septiembre, aparecerá en Destino su libro póstumo Demonios familiares. Lo estaremos esperando. Entretanto, os recomiendo El río, una pequeña joya publicada en 1963, dedicado a sus padres, con su pueblo de infancia, Mansilla de la Sierra, como protagonista, un Comala fantasmal.


“Después de once años, he vuelto a Mansilla de la Sierra, el paisaje de mi niñez. El pantano ha cubierto ya el viejo pueblo…todo está ahogado…El agua cubre lo que fueron vegas hermosas y dulces, bordeadas de álamos y chopos…La casa era cuadrada, simple, con ventanas simétricas y un largo balcón de hierro que cruzaba de lado a lado la fachada…Yo recuerdo el río, limitando el prado…El pantano me robó el paraíso…”.

PARA SABER MÁS