miércoles, 31 de agosto de 2016

MATILDE DE LA TORRE GUTIÉRREZ, “LA ALONSA QUIJANO DE LAS IDEAS PURAS”

“Te llaman andariega”- escribe Matilde Zapata en La Región, en 1933…. “eres una Teresa de Cepeda, sin éxtasis divinos…La Teresa de Cepeda de las Casas del Pueblo campesinas…”.

De ella escribió María Lejárraga en Una mujer por los caminos de España: uno de los más positivos valores como inteligencia, erudición y voluntad en la España del siglo XX. Desconocida por ser mujer…”.

Ramón Viadero insistía en ello, en su desconocimiento, en la introducción a Las páginas femeninas de Matilde Zapata, en 2007: “Su nombre no ha sido aún reivindicado por nadie, ni cuenta con una referencia a modo de homenaje en las calles santanderinas”.

En 2016, su nombre ya está en el callejero de Santander en la zona de Valdenoja-La Pereda, y el Centro Cultural Matilde de la Torre, en la calle San Celedonio, también lo lleva desde el curso 1980-1981.


Matilde de la Torre Gutiérrez nació en Cabezón de la Sal el 14 de marzo de 1884. Murió el 19 de marzo de 1946, a los 62 años, en México.

Su padre, Eduardo de la Torre, era notario en Cabezón. Su madre, Ana Gutiérrez-Cueto, era aficionada al canto e intérprete de piano. “Cuando yo, acurrucada en un rincón de la biblioteca, escuchaba a mi dulce madre interpretar a Beethoven…las “Pastorales” de Beethoven [Sinfonía nº 6] y de Scarlatti…”.

https://www.youtube.com/watch?v=LHmWoAj4al0. Sinfonía nº 6, “Pastoral”, de Beethoven.

¿Cómo era…? Sobria en el vestir, y apasionada

Hay quien dice que en Agua de nieve, novela publicada por Concha Espina en 1911, aparece descrita Matilde en el personaje de Regina de Alcántara (en esa fecha, 1911, Matilde tenía 27 años): “moza elegante y gentilísima, de ojos negros y cabellos rubios”. “Era alta, delgada, la piel morena, los músculos recios, desarrollados en una vida de ejercicios corporales, casi continuos…su traje de corte inglés, algo masculino…”. “Voz musical y elocuente”. “Su conversación…demostraba un carácter fuerte y original”… “La ausencia prematura de los desvelos maternales emancipó a Regina de toda tutela familiar. Educóse en bravía independencia…dióse a vivir sin ley ni freno, por campos y playas…”.

Josefina (n. 1902), hija de Concha Espina, la recuerda así: visitando a su madre todos los días, cuando ella era pequeña. “Como se había quedado huérfana, hacía su santa voluntad”. Llegaba cabalgando. Iba a Cabuérniga, a San Vicente… “Una muchacha inteligentísima y culta, valiente…de voz alta y vibrante…con los ojos azules de los Cueto”, llena de alegría y dinamismo, “una criatura luminosa”. Solo discutían acerca de la cuestión religiosa…

En la actuación de Voces Cántabras en el Albert Hall de Londres, en 1932, le preguntan si ella no ha traído su traje regional. “¡Si yo solo tengo otro traje de chaqueta como este [gris], solo que azul marino!...”. Así que sale a escena con sus gafas “muy gordas”, traje de chaqueta gris y un pañuelo blanco en la cabeza que le han prestado.


En las pocas fotos y retratos que he visto de ella, casi siempre la misma, siempre aparece con una camisa blanca y sin joyas, o con un discreto collar.

Con sentido de humor

Al ver bailar al director de la English Folk Dance Society, Sir Douglas Kennedy, con su mujer, una danza del folklore norteamericano, exclama: “¡Vaya, queridos matrimonios españoles, serios como recibos al cobro, que así como os cae encima la Epístola de San Pablo, parece que os atropelló un camión de ocho toneladas…!”.

“Mi familia, tribu de gente rara”

La hermana de su madre, Julia [Gutiérrez Cueto], es la madre del pintor Antonio Quirós.

Su tío, Cástor Gutiérrez Cueto, aparece envenenado, junto a su hermano mayor, Eduardo (+ 1897), entonces de 15 años, en la casa de Santander (calle Menéndez de Luarca).

Otro tío, Enrique Gutiérrez Cueto, es el padre de María y Aurelia Gutiérrez [Cueto] Blanchard.

La biblioteca de Matilde de la Torre

¿Cuál era su biblioteca personal? ¿Qué leyó? ¿Cuáles fueron sus libros de cabecera…?

En la primera página de su primera obra publicada, Jardín de damas curiosas, en 1917 (Matilde tenía 33 años), ya aparecen Shopenhauer, Moebius y Weiningen.

Al final, firma esta novela epistolar como Pulqueria, una emperatriz bizantina, hermana del emperador Teodosio II, que vivió en el siglo V d. C.


En la novela de Concha Espina Agua de nieve (1911), dice de la protagonista, Regina de Alcántara – que Gerard Lavergné identifica con Matilde de la Torre: “dióse a la lectura sin freno, devorando cuantos volúmenes había en la olvidada biblioteca familiar…poesía…novelas de amor…narraciones de viajes y de historia…filosofía…no hubo libro, ni siquiera de medicina, donde ella no clavase los ojos y el pensamiento; repasó estampas, índices, diccionarios y pergaminos…abrió los empolvados volúmenes de su padre…Nietzsche, Schopenhauer, Renán…”.

Otros libros y autores de los que habla en sus escritos


La ciudad de la niebla (1909), de Baroja, citada en La Montaña en Inglaterra, escrito a raíz de un viaje con el grupo de danzas y orfeón Voces Cántabras al Reino Unido, en 1932.

En el prólogo al libro del Doctor Madrazo,  Pedagogía y eugenesia, aparece el nombre del “gran filósofo Michelet”.

Como no existen apenas cartas o diarios, solo sus obras y artículos nos pueden dar algunas claves sobre su pensamiento.

Años 20, El jardín de Academos

En los años 20 funda la Academia Torre en Cabezón, donde aplica los principios de la Institución Libre de Enseñanza (ILE). También crea el orfeón campesino “Voces Cántabras”.

En 1926 (tiene 42 años), en carta a Miguel Artigas, se describe como: “…una mujer madura, casi vieja, de físico no muy agradable siquiera…Mi salud no es  muy buena hace algún tiempo, y el exceso de trabajo – por circunstancias especiales del curso académico- es formidable”.

También le cuenta: “Yo siempre tuve amor a la literatura y…hace bastantes años, escribí un librito, un epistolario [Jardín de damas curiosas, 1917]. El libro fue muy malo…”. 


Dos años después, en 1928 (once años después de su “epistolario”), escribirá Don Quijote rey de España.

De 1925 a 1937 publicó alrededor de 400 artículos: El Diario montañés, La Atalaya, El pueblo cántabro, La voz de Cantabria, El cantábrico, La Región…y La Montaña, en La Habana, fueron sus altavoces.

Su prosa, “humanismo sólido, cerebralismo y razonamiento”

Fernando Mora dice en 1929: “Cuando escribe, esculpe en roca…”. Y Pick, José del Río Sainz, escribe en 1930: “Matilde de la Torre es por excelencia una escritora política. El juego sentimental ni le va ni le agrada…Su estilo es un estilo forense y periodístico…No aspira a conmover, sino a convencer”.

Matilde, conferenciante

Fue muy apreciada como conferenciante. Vehemente, vibrante, apasionada…“Daba gloria oírla hablar”- recordará Nicolás Jiménez Molina, en 1983.


El 13 de febrero de 1926 pronuncia en el Ateneo de Santander la conferencia titulada “Psicología de la prisa”. Y el 26 de diciembre del mismo año, en el Ateneo Popular, habla de “Eva, ciudadana” (presentada por Matilde Zapata).

En 1929, el 28 de junio,  en la Biblioteca Popular de Torrelavega, diserta sobre “La nueva voluntad”.

Esto de la lucha política por un ideal estaba latente en mi sangre… ¡Fuera lo “antiguo”!”…- dirá.

El doctor Madrazo, mentor intelectual


Nacido en La Vega de Pas en 1850, tras terminar el doctorado en Cirugía y Medicina en Madrid, en 1870, viaja por Francia y  Alemania en busca de los más modernos conocimientos médicos. En 1894, funda en Vega de Pas su primer hospital (el segundo sanatorio, en Santander, en 1896) y las Escuelas al Aire Libre de La Vega.

Amigo de Galdós, González de Linares, Estrañi, Emilia Pardo Bazán, Unamuno y  Pereda, o de los políticos Alcalá, Zamora, Salmerón  y Prieto, luchará a favor del ferrocarril Santander- Mediterráneo así como del desarrollo del puerto y del campo montañés.

En 1930 (año en que Matilde publica El Ágora), esta le prologa su libro Pedagogía y eugenesia: “Para verificar la futura superhumanidad hace falta, ante todo, la superescuela…”- escribe ella. “El espíritu del gran filósofo Michelet vive en el doctor Madrazo…en él [el libro] se conciertan la doctrina socialista, la pedagogía y la eugenesia…”. Madrazo era de la opinión de que “en cuanto hagamos hombres como es debido, sobra la urdimbre legislativa…”.

El exilio, la JARE (Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles)

Cuando sale de Burdeos, en 1940, coincide en el barco con Eulalio Ferrer. A él le dirá cómo piensa ocupar su vida en el Nuevo Mundo. “Creo que podré dar clases de música y literatura…”.  En el barco los deleita con su conversación: “ Un día nos habla del románico montañés…otro día, la charla se detiene en Cristóbal Colón…”. Pero la realidad se demuestra muy otra, y en carta, más tarde,  dirá: “Salimos al exilio en edad en la que, aun disponiendo de salud, es difícil eso que llamamos “reconstruir la vida”…Yo, procuré trabajar. Escribí libros que, por lo que fuera, no hallaron editor; busqué colaboraciones de prensa; pero mis gestiones…fueron perdidas” (De Escritos inéditos depositados por la familia de Ramón Lamoneda en el Archivo de la Fundación Pablo Iglesias de Alcalá de Henares).

Ella no tenía titulación académica, a pesar de haber dado clases en su Academia Torre, de Cabezón de la Sal (pero el título, en ese caso,  lo había puesto su pariente, Consuelo Berges). Por eso, quizá, no da clases en el colegio Madrid, en México D.F.,  del cual es director Jesús Revaque, y profesora, Valentina Rivero Gil.

También estaba muy delicada de salud (va perdiendo la vista), lo cual le hace trasladarse a Cuernavaca, por prescripción médica, en 1943. “Llevo dos años entre la vida y la muerte…mis deplorables condiciones físicas…”- escribirá. A los Ferrer, que le visitan en su casa, de cuando en cuando, les dirá: “No me muero porque no me da la gana…”.

Da alguna conferencia (una sobre folklore musical de España en la Sociedad Folklórica de México). Escribe 5 artículos entre 1944 y 1946 en El Socialista, en su edición mexicana. Pero será la JARE quien se ocupe de ella, como diputada que fue por Asturias.

Maltrato, por escrito, de su marido

Matilde se casó con su primo Sixto Gutiérrez en 1913, a los 29 años, y el matrimonio apenas duró unos meses, unos días - al decir de su esposa, años después.

En el testamento ológrafo que redacta en Cuernavaca el 12 de mayo de 1943 – según recoge Carmen Calderón en su libro Matilde de la Torre y su época (1984)- dice textualmente: “Desheredo formalmente de cuantos derechos alegue sobre mis bienes a mi marido Sixto Gutiérrez Galloso (o Gayoso) porque hace treinta años me abandonó a los quince días de casados y desde entonces jamás me escribió ni se ocupó de mi vida sino para maltratarme por escrito inicuamente”.

Jardín de damas curiosas: ¿el de Concha Espina…?


El título que elige para su primera obra es el mismo de un cuadro de María Blanchard, pintado en 1910/1911. En él se ve a dos mujeres hablando alrededor de lo que parece una fuente o un estanque, como haciéndose confidencias. En la portada, de César Abín (Cabezón de la Sal, 1892- 1974), también se ve una masa de agua circular y lo que parece un tejo o un ciprés, junto a hortensias y rosas ¿?

“En esta casa, que tiene en una de sus fachadas el ejemplar de glicina más hermoso de la comarca – plantado precisamente por mi madre el año 1903-… un antiguo jardín con araucarias, donde hay una glorieta con una mesa de piedra toda cubierta de un liquen fino y aterciopelado”- escribe Víctor de la Serna, en 1937.

 “…la gliccinia o la wellingtonia de la glorieta…”- escribe su hija Josefina [de la Maza] en Vida de mi madre, Concha Espina).

1934: Feminismo y pacifismo

En este año, dentro de las “I Jornadas Eugénicas Españolas. Genética, eugenesia y pedagogía sexual”, pronunciará la conferencia titulada “Feminismo y pacifismo”. En ella, habla del mejoramiento de la especie por la regulación de la natalidad y de la maternidad “consciente”. “Sabemos bien que, tras de esas familias “numerosas”, están las oficinas de estadísticas, orgullosas de alcanzar muchos millones de habitantes. No se preguntan por la felicidad o desgracia de esos habitantes; siguen la norma vieja: con que sirvan para coger un fusil o ponerse delante de un cañón o, sencillamente, abaratar el trabajo humano, es suficiente…”.


En el “autoprólogo” de El Ágora (1930), escribe: “Confieso que no siento el patriotismo militar”…”mi deseo más ferviente es que ese sentimiento cavernario estuviera ya olvidado en el mundo civilizado”. Tiene 46 años y ha vivido y oído hablar de la guerra de Cuba (1898), la I Guerra Mundial (1914-1918), la de Marruecos (1925)…

Quizá haya leído la novela de la austriaca Berta von Suttner “Abajo las armas” (1889), la guerra vista desde el punto de vista de una mujer. En 1905, von Suttner recibirá el premio Nobel de la Paz, la primera mujer distinguida con este galardón. En 1891  fundó la Sociedad Austriaca de la Paz y fue presidenta honoraria de la Oficina Internacional por la Paz, radicada en Berna (Suiza).


Cabezón, verano de 1935. El Jardín de Academos.

“Todas las tardes se sentaba al piano y cantábamos y bailábamos las canciones montañesas antiguas”- cuenta Juana Lamoneda, entonces casi una niña. “La medicina era también una de sus grandes pasiones…”. Además, todos los fines de semana iba a Oviedo “a entrevistarse con gente del Partido [Socialista] para ayudar a los compañeros escondidos” [tras la Revolución de octubre de 1934].

La casa de Cabezón es la casa de sus padres y sus abuelos. “Yo había nacido en ella, como ellos nacieron y murieron”. Su sobrina, Mireya Cueto, habla de “los perales de la huerta…”.

A la entrada de los nacionales en Cabezón, su casa fue saqueada, y la biblioteca, incendiada.

1938, Marsella

Allí,  su hermano Carlos era director del Banco Exterior de España en Marsella. Desde su exilio en Marsella, Matilde empieza a escribir en Norte, Revista Iberoamericana, de julio de 1939 a enero de 1940.

En la primavera de 1940, Carlos y ella salen de Burdeos hacia el exilio americano en el  vapor Cuba. Les acompaña su prima, Luz Toca Martínez, enfermera (Cabezón, 1901-México, 1977), quien ayudará a Carlos con su artritis reumatoide deformante.

Su último artículo

Se titula “La era atómica” y lo escribió para el número de El Socialista que saldría coincidiendo con la celebración del 1º de mayo, la Fiesta del Trabajo, en 1946. Termina con un sueño, su sueño (a la manera del de Luther King): “No más ciencia química, no más ambición por lo perecedero de la riqueza. El hombre que quede volverá la espalda a las flores de hierro y acero de la industria y quedara embelesado frente a las rosas y a las violetas, al mugido de la vaca, el amanecer de Dios sobre un campo de luz en el que jugarán sus hijos…”.

Expulsión del PSOE y rehabilitación

Muere el 19/20 de marzo de 1946 sin llegar a enterarse de que le han expulsado del PSOE junto a otros militantes históricos, disidentes de la línea impuesta por Indalecio Prieto (quien la llamaba “Tilduca” en sus años de amistad).

“…A consecuencia de una mal curada pleuresía contraída en un viaje de propaganda por Extremadura…”- contará María Martínez Sierra (María Lejárraga).

Tendrán que pasar 62 años (los de su vida), para que la rehabiliten, junto a otros 36 militantes socialistas, en 2008…


2 comentarios:

  1. Muy interesante, para leerlo despacio y una segunda vez si hace falta

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  2. El enlace al blog "Mirada crítica" sobre la represión y los asesinatos de docentes en la guerra civil española no existe.

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