jueves, 29 de octubre de 2015

ELENA QUIROGA (3): UN REPASO SOMERO A ALGUNAS DE SUS NOVELAS. PRINCIPIOS Y FINALES


La soledad sonora, 1949, primera obra

“Es una obra inmadura, que la autora prefiere dejar en el olvido” -escribe P. Zatlin en 1992 en el prólogo a la edición de Escribo tu nombre para Espasa-Calpe. Sin embargo, como mantiene Zatlin en su estudio de 1977 Elena Quiroga – no traducido al castellano-, “introduce temas y personajes desarrollados más tarde en otros trabajos”. En cuanto a la casa donde Elisa, el personaje protagonista, es criada, “es, sin duda, la misma en Santander que Quiroga describirá con más detalle en las novelas de Tadea”.


“…La casa, la vieja y querida casa; su gran jardín, lleno de flores; la glorieta, el rincón umbrío del pozo, el paseo de los plátanos, y lo que, de niña, con temor y énfasis,  llamaba “el bosque”…

Pero no aparecen las calles y la ciudad citadas expresamente, como lo hará después: “Vivía en la vieja casona de la ciudad norteña…”.

En el ejemplar de la primera edición, disponible en la Biblioteca Municipal de Santander, Elena Quiroga escribe de su mano y letra: “A Polín [Leopoldo] Rodríguez Alcalde, cordialmente. Madrid, 8 junio 1949”.


Debajo, “A la Excelentísima Diputación Provincial de La Coruña” [que, al parecer, patrocina la edición]. En el interior, su padre y  su amiga Blanca Quiroga son nombrados “padrinos” de su primera obra.

Esta abre con unos versos de San Juan de la Cruz: “En soledad vivía,/y en soledad ha puesto ya su nido,/ y en soledad la guía/ a solas su querido,/también, en soledad, de amor herido”.

El libro cierra con la datación: “Mª del Carmen”. Oleiros. Noviembre 1948. Antes, el último párrafo: “Creía escuchar unas notas… ¿Qué era?... Ella conocía aquella música… ¡La Sinfonía Heroica! Pero, esta música, ¿sonaba realmente en la escalera o la llevaba Elisa dentro del corazón?”.

Trayecto uno, una novelita sobre un viaje en autobús (1953)

La edición de “La novela del sábado” está dedicada “a Queca Guillén Salvetti, viajera del “Uno”. La edición de Noguer, en 1970, la dedica “A mis compañeros de autobús Cartagena-Princesa-Moncloa (por Ferraz)”.


Su inicio: “El cristal, a espaldas del conductor, estaba corrido. Por aquel boquete se colaba el aire cortante de la Moncloa…Principio de trayecto. La muchacha se apresuró hacia una de las ventanillas de la derecha…Y el pesado autobús arrancó…”.

El relato termina: “Soltó el freno. Adelante. Plaza de J. Pernas. Desmonte en medio de la plaza. Casas bajas y humildes… Sí. Era bueno conducir un autobús a través de Madrid… El mismo Madrid de la Gran Vía, y de Serrano y de las casas de Lista. Giró de nuevo a la derecha. Calle del General Zabala [Bº de Prosperidad]… Final de trayecto”.

Por él desfilan sus poetas favoritos, las películas y los comercios del momento en ese día, un jueves 15 de enero de 1953, después de las 17.30 de la tarde.

La otra ciudad, otra “Novela del Sábado”


Es otra novelita, en este caso dedicada “a Teresa y Francisco Siso Cavero [periodista fallecido en 1970, nacido en Villafranca del Bierzo]”. Forma parte de “otras narraciones”  en el volumen Plácida, la joven.La otra ciudad es “la de los muertos”, el cementerio de San Isidro, de Madrid. 

Algo pasa en la calle, 1954

Dedicada a su marido, Darío de la Válgoma, la cita que abre es, en este caso, del Juan de Mairena, de Antonio Machado: “- Salga usted a la pizarra y escriba: “Los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa…”. Vaya usted poniendo eso en lenguaje poético.

El alumno, después de meditar, escribe: “Lo que pasa en la calle”.

La novela, finaliza: “Iba despacio el coche por la calle, tan íntimamente unida a sus vidas, y ella estuvo así, con medio cuerpo fuera, hasta que en el recodo el coche fúnebre torció, desapareció bruscamente, y ya desde la ventana no podía adivinar entre el montón de gente la silueta del hijo”. 

La careta, 1955

En la versión de 1974 para Ediciones del Centro, lleva un prólogo, de M. E. Coindreau [traductor y crítico literario], firmado en París en 1959, para la versión francesa de Gallimard  (las novelas de Elena Quiroga se han traducido además al inglés, el italiano, el finlandés, el alemán y el ruso).

Este, cita una carta de la autora  de 17 de enero de 1956 acompañando la obra, en la que le explica de qué va: “Como usted verá, es el problema de un ser humano que sobrevive a la guerra, a su propio terror, a su propia cobardía… El protagonista es Moisés, un hombre en el mundo en tanto que coexiste y vive con los demás. Que es gracias al reflejo, al contacto, al decantamiento con otros, pero que a su vez modela. Ser en cuanto se está en relación con otro o con otros. Por esta relación se es, se define…”.

“La Careta es una novela sin piedad… No hay careta que él [Moisés, el protagonista] no levante”-explica Coindreau en el prólogo.

Unos versos del poeta Luis Pimentel dan paso a la obra, dedicada a su marido, como casi siempre: “En esta frontera de harapos/quisiera clavar una bandera./¿Pero qué ángeles vendrán/ a soplar en estos rincones miserables?”.

Plácida, la joven y otra narraciones, 1956

Está dedicada “A una mujer -y en ella a todas las trabajadoras mujeres del campo gallego- que murió cerca de mí, en octubre pasado [de 1955], sin que hubiéramos cruzado una palabra… Era muy joven [muere de parto]. Se llamaba Plácida”.

La narración comienza: “Que ayer estaba triste porque Plácida ha muerto. Aún hoy, mientras te escribo, me pesa el corazón”.

Y termina: “No parecía posible  que, en la hora dorada y verde de una tarde tan dulce, una mujer que se llamaba Plácida muriera…”. 

Presente profundo, 1973, última novela publicada

Empieza: “Le molesta la voz del hijo…”.

Al final, una nota a pie de página, explicando: “La frase de Theo: “Mi manera de acabar con la burguesía es gastándome el dinero de un burgués”, son palabras de un muchacho publicadas en una entrevista hará unos siete años, en un periódico francés. He perdido la referencia, y ni siquiera recuerdo el periódico en que la leí”.

Después de esta novela, el silencio…

LA APASIONANTE BÚSQUEDA DE GRANDES SOLEDADES, DE ELENA QUIROGA

El detonante fue un Curso de Verano sobre Jardines. En él nos hablaron de una novela de Elena Quiroga (Tristura) que describía la casa y el jardín que actualmente ocupa el Conservatorio Municipal de Música de Santander, en la llamada Finca Altamira (en el Paseo General Dávila, 77; entonces, el Alta).

Tristura, y su continuación, Escribo tu nombre, me parecieron tan apasionantes – no solo en la descripción de la casa y el jardín, del Santander antes de la Guerra Civil y del incendio de 1941, sino de la observación de hábitos y costumbres de entonces (educación en familia, el internado, el paso de la infancia a la adolescencia), la inclusión de hechos históricos…-, que quise saber si en la tercera novela de la trilogía, Grandes soledades, al parecer, inacabada e inédita, también había referencias (aunque fuera en cursiva) a la casa familiar de la infancia y primera juventud.

Empecé entonces mi labor de “ratona de biblioteca” y una apasionante aventura a modo de detective “letrado”. Buscando en periódicos de la época, tirando de hilos que me llevaban a nuevos puntos de inicio (las personas citadas en una dedicatoria, miembros de la familia, personas que la conocieron y escribieron sobre ella, los lugares donde vivió…).

Cada vez que daba con un nuevo dato (una dedicatoria con firma de la autora, una foto inesperada, la sugerencia de una nueva línea de investigación), se me alegraba el ojillo y decía para mis adentros: ¡Biennn!

Ha sido el entretenimiento de este verano de 2015…

[Agradecimientos: Al profesor Miguel Ángel Aramburu, que me descubrió a Elena Quiroga. A Rosa, bibliotecaria del COACAN; a Sabrina, del Conservatorio Municipal, y al personal del archivo del Ayuntamiento de Santander. Y a la Hemeroteca de ABC].




jueves, 22 de octubre de 2015

MANKELL: ARENAS MOVEDIZAS. Superar el impulso de rendirse


“Estoy en pleno proceso ”-escribe el 18 de junio de 2014. “Se ha producido una tregua” -le dice el oncólogo, tras varias sesiones de quimioterapia en la habitación número uno del hospital. “En esa tregua vivo…”.  Hasta el 5 de octubre de 2015...

En esa tregua  y durante ese proceso escribe “Arenas movedizas”, su último libro. “De eso, precisamente, trata este libro. De mi vida. De lo que ha sido y de lo que es… La vida es un viaje tumultuoso entre lo que nos causa miedo y lo que nos da alegría”.

Recuerda que dos de las cosas que más le asustaban de niño eran la muerte tras pisar el hielo quebradizo en un lago o en el río y la muerte tragado por arenas movedizas. Así se sintió los diez días posteriores a comunicarle el diagnóstico de cáncer…, hasta que “supera” el impulso de rendirse. “Las fuerzas oscuras que tratan de sumergirme en un abismo espiritual”.

Salamanca, un lugar en el camino. El camino a Salamanca

“El camino a Salamanca” es precisamente el título de la segunda parte de su libro, y de dos de sus epígrafes.

Es su “caída del caballo”, su lugar de peregrinación (“todos tenemos nuestro lugar de peregrinación”)… al que nunca volvió.

Era agosto de 1985, tenía 37 años, era director de teatro; se encontraba en la plenitud de la vida e iba de regreso a Suecia desde Portugal…, “y debía decidir de una vez por todas a qué quería dedicar mi vida”.

Dos situaciones vividas “en la vieja ciudad española” le harán tomar una decisión, la decisión de su vida: escribir de la ruptura de personas y de sociedades (“los únicos relatos verdaderamente importantes”), “desvelar lo que otros trataban de esconder”.

Ya había publicado antes (a los 20 años escribió su primer drama, Feria popular) y  su primera novela (The Rock Blaster) había salido en 1973, el mismo año en que viaja a África por vez primera.

Un año después de “Salamanca”, en 1986, se convierte en el director escénico del teatro Avenida, en Maputo, Mozambique. Allí, precisamente, sitúa “el instante de su vida en que ha sentido mayor alegría”: el 4 de octubre de 1992, el último día de la representación de “nuestra Lisístrata” [obra de Aristófanes en la que las mujeres se declaran en huelga amorosa para obligar a sus maridos a abandonar la guerra], que coincide con el acuerdo de paz de Roma que termina con una guerra civil de diez años en Mozambique. La actriz principal pronuncia unas palabras, sus palabras, al terminar los aplausos, “lo más emocionante que he presenciado nunca en un teatro”.

Hay muchas más cosas en el libro, pero descúbranlo/descubridlo ustedes mismos, leyéndolo…

POR SI QUERÉIS SABER MÁS…

http://verne.elpais.com/verne/2015/10/05/articulo/1444042190_010356.html. Sus artículos sobre el cáncer (en inglés).


http://henningmankell.com/. Página oficial (en inglés).


jueves, 8 de octubre de 2015

TALLERES DE ESCRITURA (5). QUÉ PRETENDO Y DÓNDE PONGO EL FOCO

Ahí van unas reflexiones y una pequeña teoría -mi teoría-, que va naciendo tras analizar la práctica, a salto de mata...


AUTOCONOCIMIENTO, OBSERVACIÓN, INVESTIGACIÓN: las 3 patas

Mis apoyos, yo digo que son siempre los mismos: la auto/biografía (en cualquiera de  sus formas: autoanálisis, autoficción…); la observación – atenta y consciente- de todo lo que nos rodea (con los 5 sentidos); y la documentación  (e investigación). Carmen Martín Gaite es un buen ejemplo. Aúna en su escritura las tres facetas.

“Un escritor solo precisa arrancar a la realidad un puñado de datos mínimos para montar su ficción”. (Fernando Marías en La isla del padre).

“Nada confiere tanta fascinación a una biografía como ignorarlo todo de ella”. (Fernando Marías en La isla del padre).

Mis “alumn@s” destacan que lo que les más les aportan los talleres es: atrevimiento. También tienen claro que “se puede escribir a partir de cualquier cosa” que les motive, que les impulse: todo puede convertirse en literatura. No hay temas nimios o que sean poco importantes o que no merezcan atención.

En clase, me gusta trabajar la creatividad, la improvisación y la versatilidad. Jugar, en definitiva. Creo que el darse cuenta de que son capaces de responder a mis propuestas -a veces, disparatadas, un poco locas- fomenta su autoestima. Como yo digo, maravillada: “Entran a todo…”.

Para escribir, hay que concentrarse y no dispersarse. Dice Murakami (en De qué hablo cuando hablo de correr), que dos cualidades imprescindibles,  que pueden entrenarse y mejorarse, son: la capacidad de concentración y la constancia, que sirven tanto para correr como para la carrera de fondo que es la escritura.

“SOLO SE APRENDE PARA CONTARLO”

Esto cuenta la paisajista Ana Luengo Añón que decía en clase un profesor suyo. En mi caso, es verdad: tanto para las charlas como para los talleres o mis blogs. Compartir lo que sé y lo que voy aprendiendo.

APRENDER A MIRAR Y APRENDER A CONTAR

Escribe Fernando Marías que “Cada narrador es su mirada”. Cada cual tenemos nuestra forma de mirar el mundo. Hemos de descubrirla y convertirla en única y diferente.

Luego viene el contar aquello que vemos, que intuimos, que pensamos, que imaginamos. Más que “hallar nuevas cosas que narrar”, yo diría que hay que narrar lo mismo (las emociones, las relaciones, etc) de otra manera; una que sorprenda al lector y que le haga desear seguir leyendo.

“MI MEDIO ES LA PROSA”

Lo dijo W. G. Sebald. Y, para mí, fue clarificador, además de un alivio. No la novela o el cuento: la prosa. En un momento en que los géneros cada vez están más diluidos, más imbricados, menos definidos, el optar por escribir una buena prosa, una prosa verdadera, que cautive, que emocione, que anime a leer – me parece una idea revolucionaria (y más fácil para cualquier persona que empiece a escribir). Pueden escribirse relatos de vida, testimonios, impresiones, notas de viaje… No todo se reduce a la novela o el cuento, en sus diversas formas.

OTRAS ENTRADAS EN MI BLOG SOBRE EL TEMA









viernes, 25 de septiembre de 2015

ELENA QUIROGA (2) : ESCRIBIENDO DESDE LA LIBERTAD, A CONTRACORRIENTE

Lo dijo en una entrevista… “Yo he escrito siempre con libertad”.

“Una mujer que en épocas difíciles escribió cosas que entrañaban un cierto riesgo [por ejemplo, sobre el divorcio en Algo pasa en la calle, 1954]”- dijo Carmen Conde al apoyar su candidatura como académica de la Lengua en 1983.

Análisis psicológico y fluir de conciencia (la llamada “novela subjetiva” del monólogo interior) son dos de las características de las novelas de Elena Quiroga que se destacan, junto al tono existencial. En los años 1950 y 1960 la tildaron de “faulkeriana”, pero yo la relaciono más con Virginia Woolf. En los procedimientos formales, utiliza distintas grafías (letra cursiva) para separar pasado y presente, y la técnica del perspectivismo (distintos puntos de vista aportados por diferentes interlocutores) para perfilar a un personaje…

A pesar de que en 1992, Phyllis Zatlin la pusiera al lado de Carmen Laforet, Ana Mª Matute o Carmen Martín Gaite (“Desde hace cuarenta años, Elena Quiroga figura entre las escritoras españolas más destacadas”), en 2015 esto ya no es así y, junto a Dolores Medio, es hoy una escritora que relacionan más con el nombre de un colegio o un instituto que con su obra, inexistente incluso en las Ferias del libro antiguo y de ocasión. La última reedición fue, en 2013, de su novela La enferma, en Cátedra.

LA AUTOBIOGRAFÍA EN TRISTURA Y ESCRIBO TU NOMBRE


En las entrevistas y cartas con Phyllis Zatlin, en 1975,  le confiesa que la protagonista, Tadea, “tiene mucha vivencia mía aunque no sea exactamente mi vida”. Respecto a la experiencia del internado, sí refleja “el ambiente”: “Ha sido nuestro mundo de niñas, de adolescentes y de jóvenes”.

Para Zatlin, “es muy posible que Escribo tu nombre sea el retrato más completo de la paralela experiencia femenina [de estudiar en un internado religioso] en toda la literatura hispánica moderna” -escribe en 1992 en la introducción a Escribo tu nombre para Espasa-Calpe.

LA RELIGIÓN, OMNIPRESENTE

Phyllis Zatlin cuenta que cuando Elena Quiroga tenía nueve años “la mandaron interna a un colegio de monjas cerca de Bilbao… Como adolescente se rebeló en contra del ambiente represivo del colegio, y su padre permitió que fuera a Roma para continuar sus estudios. En navidades de 1937, en plena guerra civil, regresó a Galicia por el sur de Francia… Aprovechó la biblioteca del abuelo paterno -pone la etiqueta “volteriana” a esta colección de libros-, y en 1942, tras la mudanza de su padre a La Coruña, siguió allí sus lecturas en la biblioteca municipal”.

En Escribo tu nombre son constantes los comentarios alusivos al “tempo religioso” y a sus ritos:

“En religión nos tocaba aquel año el Nuevo Testamento y comentarios. En cuarta división daría Historia de la Iglesia. En quinta, Apologética del cristianismo, y en sexta, Apologética segundo… Esta es la asignatura más importante del colegio -decía [la madre Prefecta]”.

“Ni un día sin examen de conciencia, ni una noche sin una oración fervorosa, ni una hora sin un acto de agradecimiento a Dios. Ni una conversación sin el recuerdo de la presencia de Dios. Ni una ofensa recibida sin un perdón indulgente. Ni una culpa sin arrepentimiento. Ninguna buena acción sin humildad”.
-      
“Aquel año no habían colocado la cuna en el pasillo. Nos había repartido a cada una un rosario pequeño, de solo un misterio, que prendíamos a la faltriquera con un imperdible. Se llamaba “conciencia”. Bajabas una cuenta por cada sacrificio o mortificación”.

“- Todo lo que sea molicie, blandura hasta del pensamiento, todo conduce  a lo mismo…pérdida de voluntad…Mientras hablaba había sacado del cajón un grupito de cintas y las había depositado sobre la carpeta. Las desenrollaba  con naturalidad y vi los pinchos del revés de la cinta…- No se deje dominar por la pereza, es una forma de sensualidad…”.
-       
“Recién salidas de Navidades entramos en ejercicios…Andábamos todas a vueltas con  la vocación…Los ejercicios cambiaron de signo: no se nos habló tanto de la muerte, del pecado, de la condenación”.

“…Un tiempo morado, el tiempo de Oficios…por vez primera pensé que tras Pascua de Resurrección llegaría Pentecostés. Y las vacaciones (No pensé: “Vacaciones”. Pensé: “Salir”)”.

“En Pascua dábamos la merienda a los pobres”….

GUARDAR LAS FORMAS, ESENCIAL. PROHIBICIONES Y “LETANÍAS”

 “La forma en todo preocupaba desde que nacíamos… "En casa era el “las niñas no tienen que hacer nada en la cocina, las niñas no tienen nada que hablar con el servicio”.

 “En casa de la abuela, prohibido jugar con tierra y con agua, prohibido hablar de madres y de niños, mirar a la Diana [la perra], tocar a la Diana”.

“Jugar era un deber, tenía sus horas…De once a doce, juego”.

En ambos libros, aparecen muchas de las frases y refranes que los mayores decían a los niños en esa época…: 

-       Ale, a jugar.
-       Con el agua de lluvia crece el pelo.
-       Lo que pica, cura.
-       A correr para entrar en reacción.
-       A tomar el aire.
-       No manches el banco
-       ¿Dónde vas? Se juega en los plátanos.
-       No saltes así. Ten compostura.
-       El pelo, recogido.
-       Tápate las rodillas. No cruces las piernas. Las piernas juntas.
-       No te tumbes en el diván, no te hundas en la butaca.
-       En el cuarto de baño no se tarda: haces lo que vas a hacer y sales.
-       No te cierres por dentro en el retrete.
-       No te mires al espejo. Un día te va a salir el demonio.
-       Las cosas de la religión no se preguntan.
-       No se habla al oído. No se hacen muecas.
-       Las niñas no se aburren.
-       Las niñas no están nunca tristes.
-       No bosteces. Pon la mano delante de la boca.
-       Sin cogerse del brazo. No va uno cogido del brazo.
-       Con las compañías hay que tener cuidado con el contagio.
-       No hables con las muchachas. No vayas a la cocina. ¿Qué tienes que decirle a Mariano? No tienes que meterte en las cosas de los mayores? ¿Por qué miras? ¿Qué estás escuchando? Una niña no escucha, no mira a los lados. ¿No tienes a tus primos para hablar? Juega. No hay que tener las manos desocupadas. A correr, a la comba, jardín entero para vosotras, no salgáis de los plátanos… ¿Qué hacen las niñas frente a las dalias? Las niñas no están solas, las niñas no hacen apartes, todo lo que se habla se puede decir delante de la profesora. En todas partes te ve Dios: en los plátanos, en los pasillos, en la cama. Hasta cuando estás dormida, está Dios. No hay que tenerle miedo a nada. Las muchachas con las muchachas, las niñas con las niñas. ¿Qué tienes que ir donde está la Diana? Los niños no andan con los perros. Deja a la Diana. Todas las horas del día ocupadas. La imaginación es mala consejera. No se echa una así sobre las cosas. Se anda despacio. Buenos modales…. No levantes la voz, no somos sordos. Articula, que la abuela no te oye. ¿Ahora qué te pasa? No se llora. Se traga una las lágrimas. No se puede andar así, exhibiéndose. Pudor. Pudor…Una niña no piensa…”.

En el colegio, interna:
-       (Para dormir). "Las manos a los lados del cuerpo, separadas. La cabeza hacia arriba…Decúbito supino… Boca arriba".

Lecturas – controladas-  en el colegio

“Teníamos una clase nueva; ética, que alternábamos con religión. Seguía habiendo literatura, y se nos permitió leer determinados textos...: Fray Luis, San Juan, Las Moradas, una antología que contenía poesía de Rubén Darío y Bécquer…Yo tenía curiosidad por seguir la obra de Ortega, a quien tío Juan admiraba tanto…Había leído las Sonatas de Valle Inclán en el mirador…En clase terminábamos la novela en Pérez Galdós, y la poesía en Campoamor y en Bécquer. Leíamos Trozos escogidos, de Galdós, que me parecía totalmente exento de encanto, y las rimas lacrimosas de Bécquer. [Pero Machado, revelado por Carola Higuer, compañera de colegio, le fascina].

-… “[la Madre] Nos ha pegado La vida es sueño…
- Será por lo del frenesí.
No me acordaba de nada que hubiera en La vida es sueño.
-¿Qué te crees que tienen las hojas pegadas?...”.

“Los jueves repartían las cartas…La madre Prefecta…entregaba las cartas abiertas…”.

“…la Madre Hornedo trajo a clase: Viajes alrededor de mi cuarto…Nos lo hizo leer en alta voz durante los últimos cuartos de hora de clase. Me aburría profundamente. Nada me interesaba que no tuviera conexión conmigo”.

“Leía la Imitación de Cristo…[el último curso del Bachillerato].

ACONTECIMIENTOS HISTÓRICOS EN LA NOVELA

En Escribo tu nombre, aparecen distintos momentos y circunstancias históricos: La quema de conventos. La visita de Alcalá Zamora a Santander en el Miguel de Cervantes en agosto de 1932…


El incendio del Club Marítimo [Náutico]. La intentona [militar] del 10 [agosto 1932]: la “sanjurjada” en Sevilla. (El general Sanjurjo será llevado a la prisión de El Dueso, en Santoña)…:

“Aquel verano salieron las monjas para votar [1933]”.

“Pusieron una bomba en la iglesia de la Consolación…Quisieron incendiar las Reparadoras…”.

“El 6 de octubre de 1934 no comenzó el curso porque “los ánimos andaban soliviantados”…-¿Es verdad lo que dicen por ahí, que vienen cinco mil mineros asturianos sobre Santander…?”.

“- Está ahí el Alfonso Pérez…Lo han fondeado en la bahía, con ellos dentro…Dicen que están las cárceles llenas, y han tenido que usar el barco…”.

“Empezaban a cubrir los muros de la ciudad letras en rojo, signos que decían; UGT, UHP, FAI, CNT. No sabía lo que significaban, pero perfectamente su relación con los obreros…Habían dejado la huella de esas letras, a brochazos rojos, en los muros de la Catedral, en las tapias de las fincas del paseo de la Concepción [hoy, Menéndez Pelayo], del Alto de Miranda o del Paseo del Alta…CNT UGT UHP se leía en el grueso muro de nuestro jardín y en el de los salesianos…En la universidad, los estudiantes, unos de la FUE y otros de FE o de la CEDA…”.

LA FAMILIA. EL TÍO JUAN, COMO MENTOR

El tío de Tadea es “de ideas avanzadas, votó a la república…una postura de las intelectuales…hablaba de política o de moral…inacabables parrafadas:…las dictaduras eran una disminución del hombre…había que enseñar virtudes cívicas a todos…Austeridad…Libre pensamiento…”.

“- De los del mirador puedes coger los [libros] que quieras; de mi despacho [en la biblioteca de detrás], dímelo antes…Y así comencé aquella formidable aventura de leer…Diario de un poeta recién casado [de JRJ]…De una manera irremediable, la poesía me acercaba al mundo…Había descubierto mi corazón en soledad”.

“El concierto número tres de Beethoven [https://www.youtube.com/watch?v=k46fdX_3xDM]. …de pequeñita te gustaba ya…[le dice el tío Juan]…Te pondré unos discos de La Argentinita, de unas canciones arregladas por García Lorca. Canela fina…Tío Juan dijo que debían llevarnos a ver una gitana que se llamaba Carmen Amaya, que era como de fuego, y tía Concha bajó los ojos y dijo, apretando los labios:
-       No digas esas cosas delante de las niñas”.

“El libro de Aleixandre, el Mesías de Haendel, eran un terreno en común” [con el tío Juan]...
-        [Pedro] Salinas…A lo mejor viene a la universidad de verano…”.

Su tío admirado, que, no obstante, también miente…, y que le decepciona cuando se va dando cuenta de las cosas. “Tío Juan pensaba bien y no obraba de acuerdo”.

EL PROCESO DE CAMBIO Y LOS NUEVOS DESAFÍOS

Y ella, Tadea, intentando entenderse y entender el mundo: “Aquella incapacidad de comunicación me agarrotaba…Me tenía a mí misma por torpe y desdichada…-No se puede leer a través de usted…Es usted cerrada” -le dice la madre Prefecta… No se deja aconsejar. Se defiende…Espíritu crítico. No es conveniente… Me aislaba por dentro, había aprendido a aislarme…”.
-    
“Me pareció que estábamos cambiando… aquella inconformidad con todo…Me exasperaba la pregunta: - ¿Qué habéis hecho?¿Qué vais a hacer ¿De qué hablabais? ¿En qué pensabas?... Mi confesión empezó a ser hosca, defensiva…Escapar fue nuestra diversión continua…¿Qué sucedía porque dos chicas bajaran solas La Atalaya o la calle del Monte?...Me gustaba el cine…Fuimos [su prima Clota y ella, Tadea] a ver Cristina de Suecia”.
https://www.youtube.com/watch?v=Bb-eO8VAT7Q. La reina Cristina de Suecia,1933.

En el caso de los chicos, es siempre diferente:

“Se van a los bailes de modistillas o a bailar con las taxi-girls…-dice su prima Clota, de su hermano Odón, de dieciséis años.

La apertura…que no duró

Pero la ilusión se trunca, en el colegio, y en las calles:

“La Madre Gaytán…nos comprendía y procuró abrirnos caminos, darnos vuelo…No habrá bandas de conducta, no habrá premios, ni puestos en la clase...”. 

Cuando se despiden en junio (hasta octubre de 1936), una compañera de internado le pregunta a la protagonista: "Me olvidaba la cartera...¿Tú no te dejaste nada?...Nada"- le contesta Tadea, en una especie de remedo del final de la novela de Carmen Laforet: "De la casa de la calle de Aribau no me llevaba nada. Al menos, así creía yo entonces...".




viernes, 21 de agosto de 2015

LA ISLA DEL PADRE, SUPERANDO EL MIEDO MUTUO


“Las palabras que elijo para contar quién fue mi padre cuentan en realidad quién soy yo”- escribe Fernando Marías (Bilbao, 1958) al comienzo del libro.

Así, nos enteramos de que siempre odió las matemáticas; que los fortines sitiados le fascinan  desde que vio El Álamo y Beau Geste de niño. Que Grupo salvaje fue la película que cambió su vida (“…resolví que consagraría mi vida, fuese cual fuese el precio, a narrar historias”) o cómo se enamoró en Soldado azul de Candice Bergen (“El cine tiene mucho que ver con el amor”). Que nunca ha viajado con mochila, “ni siquiera de joven”, y que no sabe conducir. Pero también de sus problemas con el alcohol (“maleante en Madrid”).

Elige cinco palabras, cinco nombres: Pagasarri, Árbol, Aurora, Temblores y H.; tres de ellos, “momentos importantes junto a mi padre” en sus excursiones – a lo largo de la vida- al Pagasarri, monte cercano a Bilbao, su lugar de nacimiento y de vida hasta octubre de 1975.

La isla del padre – explica a un conocido-, trata “del miedo mutuo que desde el primer momento nos tuvimos mi padre y yo y de cómo logramos superarlo”. Ese hombre, marino mercante, al que conoce por primera vez, conscientemente, cuando él tiene 18 meses, en uno de sus regresos del mar (“¿Quién es ese hombre…? ¿Y se va a quedar…?”).

Pero también es la historia de la casa familiar y sus rincones, dependencias y objetos (la terraza, el secreter, el mejor reloj del mundo…). “Esta casa en la que, desde 1912, cuando la alquilaron mis abuelos, ha vivido nuestra familia… la casa en la que nuestra madre fue niña y en la que nosotros fuimos niños”.  “Hemos acordado [mis hermanos y yo] entregar las llaves al comprador cuando yo termine este libro”.

Y la explicación de por qué es novelista: “Soy novelista porque en un lugar donde nunca he estado una bala disparada por un viejo fusil mató a un hombre veintiún años y seis meses antes de que yo naciera”.

El encuentro con un mendigo que se parecía a su padre, cerca de Sol, será- debidamente transformado- el embrión de su primera novela, La luz prodigiosa, en 1991, Premio Novela Corta Ciudad de Barbastro, y lo que le decide a seguir por el camino de la literatura.

Un camino que regresa al Pagasarri para cerrar el círculo, y un color, el azul celeste, con el que el autor ve su libro terminado, porque, para él, “todos los libros tienen un color”.

El 13 de junio de 2033 -día de su cumpleaños-, Fernando Marías tiene una nueva cita “en el mismo banco de la misma plaza” para “echar la vista atrás y hacer balance” desde sus 75 años de serenidad. Quizá nos lo cuente, o no...

P.S. Ha sido que no...Murió el 6 de febrero de 2022, a los 63 años...DEP.