sábado, 23 de abril de 2016

CERVANTES Y LAS NOVELAS EJEMPLARES (DE HONESTÍSIMO ENTRETENIMIENTO)

…“No hay ninguna de quien no se pueda sacar algún ejemplo provechoso…los requiebros amorosos que en algunas hallarás son tan honestos y tan meditados con la razón y el discurso cristiano, que no podrán mover a mal pensamiento al descuidado o cuidadoso que los leyera”- así escribe Cervantes en el “Prólogo al lector” que antecede a sus novelas “propias, no imitadas ni hurtadas”. Las publica con 64 años (“al cincuenta y cinco de los años gano por nueve más…”), ya al final de su vida.

LA GITANILLA



La novela comienza con un prejuicio: “Parece que los gitanos y gitanas solamente nacieron en el mundo para ser ladrones…”, del que luego se desquita: “no hay gitano necio ni gitana lerda…”.

Madrid y la fiesta de Santa Ana (26 de julio) serán los que presenten a Preciosa, la gitanilla, quien baila también en la calle Toledo. Después, de la ciudad de Toledo irán a Extremadura, la Mancha y el reino de Murcia (20 días se tarda en ir de Madrid a Murcia: 4 días en llegar a Toledo…).

En la novela, aparecen romances “honestos” y pellizcos de los “caballeros” (que debían ser de lo más habitual pues también aparecen en La ilustre fregona)...

Cómo es Preciosa

Los adjetivos que la definen son: “cortés y bien razonada…aguda, honesta…discreta…libre”. “Honestidad, discreción y belleza” la describen - como a Costanza, la “ilustre fregona” (“tal es su honestidad y su recato…su recogimiento y hermosura”, “estaba tan hermosa y tan honesta…”) o a la señora Cornelia. Según el diccionario Covarrubias de la época, “las doncellas, ni han de ser callejeras ni ventaneras”. Un dicho, de hecho, las mandaba “Al rincón con el almohadilla”…

A pesar de sus 15 años (“para este San Miguel los haré”), demuestra conocimiento de la realidad y dice verdades como puños: “en algunos palacios más medran los truhanes que los discretos”… “Coheche vuesa merced, señor teniente; coheche, y tendrá dinero…”.

También lo tiene claro en el amor: “A mí ni me mueven promesas, ni me desmoronan dádivas, ni me inclinan sumisiones, ni me espantan finezas enamoradas…”. Y los celos no tienen cabida, para ella, en el amor verdadero: “Nuca los celos dejan el entendimiento libre para que pueda juzgar las cosas como ellas son…hacen las cosas pequeñas grandes, los enanos gigantes y las sospechas verdades…conmigo ha de andar siempre la libertad desenfadada, sin que la ahogue ni turbe la pesadumbre de los celos…los amantes que entran pidiendo celos, o son simples, o confiados”.

Enmendando la ley gitana que la entrega a Andrés, Preciosa le dice: “Pues que estos señores legisladores han hallado por sus leyes que soy tuya y que por tuya te me han entregado, yo he hallado por la ley de mi voluntad, que es la más fuerte de todas, que no quiero serlo…Estos señores bien pueden entregarte mi cuerpo, pero no mi alma, que es libre, y nació libre, y ha de ser libre en tanto que yo quisiere…que yo no me rijo por la bárbara e insolente licencia que estos mis parientes se han tomado de dejar las mujeres o castigarlas cuando se les antoja”. Un discurso bien moderno para la época.

En 1940, dirigida por Fernando Delgado y protagonizada por Estrellita Castro, La gitanilla es llevada al cine.


¿Opiniones de Cervantes a través de sus obras…?

“…admiraba y reverenciaba la ciencia de la poesía porque encerraba en sí todas las demás ciencias:…de todas se sirve, de todas se adorna,…llena el mundo de provecho, de deleite y de maravilla”. (El licenciado Vidriera).

“la estrecheza e incomodidades de las ventas y mesones de España” (La fuerza de la sangre). “En aquella posada [la del Sevillano] no daban de comer a nadie, puesto que guisaban y aderezaban lo que los huéspedes traían de fuera comprado” (La ilustre fregona).

“…que no falte ungüento para untar a todos los ministros de la justicia; porque si no están untados…”. (La ilustre fregona).

“traidores pueden poco, aunque sean muchos” (La señora Cornelia).

“…se acogió al remedio a que otros muchos perdidos en aquella ciudad [Sevilla] se acogen, que es el pasarse a las Indias, refugio y amparo de los desesperados de España…” (El celoso extremeño).

Hacer turismo en Toledo

“Pienso ver lo que dicen que hay famoso en ella [Toledo], como es el Sagrario, el artificio de Juanelo, las Vistillas de San Agustín, la Huerta del Rey  y La Vega”. (La ilustre fregona).

PALABRAS DE CERVANTES EN EL (diccionario) COVARRUBIAS


El diccionario Tesoro de la lengua castellana o española, publicado por Sebastián de Covarrubias en 1611, casi al final de la vida de Cervantes, contiene muchas voces explicadas de las que aparecen en sus Novelas ejemplares.

Sebastián de Covarrubias nació en Toledo en 1539 (Cervantes, en Alcalá de Henares, en 1547, ocho años más tarde). En 1567 había sido ordenado sacerdote. Fija su residencia en Roma en 1579, está en Valencia entre 1596 y 1600 y, en 1601, el rey le concede la dignidad de maestrescuela de la Catedral de Cuenca, donde muere en 1613, poco antes que Cervantes.

Quevedo dijo del diccionario que era de “erudición desaliñada”. Lo cierto es que contiene frases, dichos y refranes de la época, junto a hechos, costumbres y curiosidades.

De la voz “Cervantes”, por ejemplo, dice: “Es apellido, y en Toledo, antes de entrar en la puente de Alcántara, están unas ruinas que llaman el castillo de San Cervantes. Está corrompido el vocablo de San Servando, adonde antiguamente hubo un monasterio con el título de San Servando y San Germano, mártires españoles que padecieron en la persecución del emperador Diocleciano…”.

De Madrid, “Villa del reino de Toledo, famosa y ennoblecida con la asistencia de los reyes y su Corte…Lo que se tiene por más cierto es ser nombre arábigo…”.

De Toledo, “Según la opinión de muchos fue población de hebreos, y en su lengua la llamaron toledoth, naciones…se llamó ciudad Imperial desde el tiempo que el rey don Alonso, dicho emperador, se coronó en Toledo”…

De Alcalá de Henares, "Dicha así por el río que pasa cerca de ella...Significa campo cultivado, de donde se han arrancado malas hierbas y maleza...el rey don Sancho de Castilla... otorgó hubiese escuelas en Alcalá de Henares con las prerrogativas que la Universidad de Valladolid...". 

Otras voces:

GITANO: "Quasi egitano, de Egipto. Esta es una gente perdida y vagamunda, inquieta , engañadora, embustidora...Decimos a alguno ser gran gitano cuando en el comprar y vender, especialmente bestias, tiene mucha solercia e industria...los gitanos son grandes trueca burras, y en su poder parecen las bestias unas cebras, y en llevándolas el que las compra, son más lerdas que tortugas". 

QUIXOTES: "En el arnés, las piezas que cubren los muslos, quasi cuxotes, de cuxa en intaliano, que vale el muslo y del latino coxa".

SANCHO y Sancha: "Son nombres antiguos españoles…".
SANCHOS: "Reyes de Castilla…Proverbio: “Al buen callar llaman Sancho”… “Allá va Sancho con su rocino”…usamos de este proverbio cuando dos amigos andan siempre juntos".

CÁRCEL: “…Es el lugar en el cual tienen en custodia los malhechores presos por delitos o por deudas…trae consigo descontento, pues quita al hombre su libertad”.

RECAUDADOR(es): “Los que cobran las rentas reales”.

VENTA: “Comúnmente es una casa en el campo, cerca del camino real…”.

SABER MÁS





jueves, 31 de marzo de 2016

ROBERT WALSER, DESDE LA OFICINA



Siruela acaba de editar las narraciones de Robert Walser sobre el mundo de la oficina, un universo que apenas había sido tratado en el ámbito de la literatura en los primeros años del siglo XX.

En un temprano poema de 1897/1898, cuando tenía 19 o 20 años, Walser escribe: “La luna…/me ve languidecer…/bajo la mirada severa/de mi jefe./…La penuria es mi sino;/…”.

Ahí ya se encuentran varias claves de lo que será su vida -hasta su muerte en la nieve el día de Navidad de 1956: ensoñación, pobreza, naturaleza.

Su hermano pintor, Karl, lo representa por esa época, sentado en una roca, totalmente integrado con el paisaje, en actitud contemplativa y como “fuera de la realidad”.


También pinta “La habitación del poeta”: “Su cuartito triste, descolorido, medio helado…Hacía frío en la habitación, pero de vez en cuando lucía el sol (“Una habitación caliente en invierno ya es mucho” -escribe en Un bofetón y otras cosas)”. Sobre la mesa, el sombrero y lo que parece un paraguas. En la pared, lo que recuerda un grabado del propio pintor. “…jamás desembolsaba más de 18 [francos] al mes por una habitación” – se recoge en el relato “Erich”.


En todas sus narraciones, hay pensamientos que pudieran ser suyos, sea bajo el nombre de Erich, Germer, Helbling, Tanner…, alter-egos o heterónimos, a la manera de Pessoa.

“Soy una persona del todo corriente…Me llaman soñador y dormilón…Me gusta vestir de verde, porque me recuerda al bosque, y también voy de amarillo en días ventosos, frescos, porque armoniza con el viento y el baile…me siento feliz, cuando dan las doce, de poder ir a casa al sol, y cuando llueve abro mi amplio y panzudo paraguas sobre mi cabeza, para que no se me moje el sombrero que tanto aprecio – dice, trasmutado en Helbling.

“No pensaba ni un instante en ascender ni en hacer carrera…Llegar puntual al trabajo le parecía imposible…Ora tenía culpa la nieve, o el sombrero, o la lluvia, o los zapatos…”.

“Vida de poeta” y “El joven poeta” se titulan dos de sus narraciones: “Comenzó muy pronto a escribir poemas en estrechas tiras de papel (Walser, al final de su vida, deja escrito lo que los expertos han llamado “microgramas”, pequeñas anotaciones en escritura minúscula, llena de abreviaturas, que ha costado descifrar)…Una joven alma que se siente llamada a la poesía necesita libertad y movilidad…Amigo declarado de excursiones como era…pasear por la cálida naturaleza libre…el placentero, rojizo, azulado o verdoso vagar, pasear o vagabundear…”.

El campo aparece  a menudo como reparador/restaurador del espíritu. “A él solían atraerle árboles que echan raíces tranquilas, que ocupan el lugar que les dio aquel que los plantó”- escribe en el relato “Erich”.

De oficinista a escritor

“Como escribía con una letra pulcra, bonita, ágil, y mostraba predilección por la caligrafía, el maestro de escritura le aconsejó…que procurase convertirse en oficinista…Pero trabajaba de forma mecánica. Tenía la mente casi siempre en otro lado…así pasaba todo el tiempo añorando el lugar en el que encajaría de acuerdo con su naturaleza…Poco a poco se gustó en ese estado. Le parecía bonito dedicarse a la mera imaginación y contemplar los pensamientos. Nunca se aburría haciéndolo…Era pobre, y algo le decía que lo sería siempre”.

En una de sus primeras narraciones sobre el mundo de la oficina y los oficinistas, habla de su invisibilidad como sujeto literario: “Pese a ser un personaje muy conocido en la vida, al oficinista nunca le han dedicado un comentario escrito…”.

A continuación, detalla las principales características y rasgos del susodicho: “es una persona entre los 18 y los 24 años…es formal, tanto en su indumentaria como en su estilo de vida…no manifiesta el menor gracejo…se permite muy pocos excesos; por lo general no es de temperamento fogoso;…posee laboriosidad, tacto, capacidad de adaptación…”. Y, lo más importante: “su talento para la escritura convierte fácilmente a un oficinista en escritor”.
Eso es precisamente lo que le pasa a él…

Pobreza

Sin embargo, ni como oficinista ni como escritor la vida se lo pondrá fácil: “Es frecuente que un oficinista se quede sin empleo. Bien porque lo han despedido o, lo que acontece con mucha más frecuencia, porque se ha despedido él…”. De ahí los incontables cambios de domicilio y de trabajo que sufrirá Walser a lo largo de su vida (Zurich, Berlín, Biel, Berna….empleado de banca, secretario, mayordomo, ayudante de un inventor…).

Es un ejemplo perfecto de la “teoría de los ociosos”, de Stevenson, que se resume en: “Si una persona no puede ser feliz más que estando ociosa, ociosa debe permanecer”.

Practicando la ociosidad

Que, como escribió Stevenson en su ensayo Defensa de los desocupados, “no consiste en no hacer nada, sino en hacer mucho de lo que no está reconocido en los dogmas formularios de las clases dirigentes”.


Pero eso no es apto para todo el mundo, solo para personas “que se contentan con tener lo suficiente,  sin aspirar a más, y prefieren ser meros espectadores y gozar”.

“Durante toda mi infancia y juventud yo era conocido por ser un haragán. No obstante, estaba constantemente ocupado en lo que era mi personal propósito, que era aprender a escribir. Siempre llevaba en el bolsillo dos libros: uno, para leerlo; el otro, para escribir en él” (R.L. Stevenson, Ensayos).

La filosofía del “saber disfrutar de no hacer nada”.

“En estos tiempos  en que todo el mundo está obligado, bajo pena de lesa respetabilidad, a entrar en alguna lucrativa profesión y trabajar en ella con bríos casi cercanos  al entusiasmo, la opinión de los del partido opuesto, que se contentan con tener lo suficiente, sin aspirar a más, y prefieren ser meros espectadores y gozar mientras tanto, parece que suena un poquillo a bravata y fanfarronería. Y, sin embargo, no debía ser así. La llamada indolencia, que no consiste en no hacer nada, sino en hacer mucho de lo que no está reconocido en los dogmáticos formularios de las clases dirigentes, tiene tanto derecho a mantener su posición como la misma laboriosidad”- escribió Stevenson en 1876.

Walser, entusiasma a los críticos  y a sus compañeros escritores (desde Kafka y Musil, en su época, a Sontag o Vila-Matas, en la actualidad), pero no consigue conectar con el gran público.

Parte de un único libro, siempre el mismo

En una ocasión dijo que sus relatos cortos, bosquejos y sketches eran los capítulos -cortos o largos- de una novela; parte de una misma y larga novela, “parte del libro de mí mismo”.

Otros empleados


La tregua (1959), novela maravillosa de Benedetti, recoge también la historia de un empleado viudo, con una vida monótona y sin alicientes que, por un momento, tiene una tregua de felicidad en su vida.


Y otros trabajos, que también son necesarios…

Como el que realiza Frederick en el estupendo relato ilustrado de Leo Lionni.



SABER MÁS

/http://www.nybooks.com/articles/2000/11/02/the-genius-of-robert-walser. El genio de Robert Walser, por Coetzee (en inglés).

http://www.newyorker.com/books/page-turner/robert-walsers-disappearing-acts. Artículo sobre Walser en The New Yorker (en inglés).

http://www.wordswithoutborders.org/article/an-introduction-to-robert-walser. Una introducción a Robert Walser (en inglés).

/http://www.ndbooks.com/author/robert-walser. Libros de Walser (reseñas en inglés).

http://50watts.com/Traces-of-Robert-Walser-1. Portadas y libros de Walser o sobre Walser (en inglés).





martes, 22 de marzo de 2016

LOS DIARIOS DE EMILIO RENZI. Años de formación


“Había empezado a escribir un diario a fines de 1957…” -dice la Nota de autor que antecede a estos “Años de formación”. “Todo lo que soy está ahí…”.

En esta primera entrega, se consignan 10 años de su vida y de sus diarios (“...ocupan 327 cuadernos…”), de 1957 a 1967. 

“Mi padre [“médico peronista”] había estado casi un año preso porque salió a defender a Perón en el 55…En diciembre de 1957 abandonamos medio clandestinamente Adrogué [el lugar donde nació, en 1941, un 24 de noviembre, “como Laurence Sterne”] y nos fuimos a vivir a Mar del Plata. En esos días, en medio de la desbandada, en una de las habitaciones desmanteladas de la casa, empecé a escribir un diario…”- así cuenta en el capítulo En el umbral cómo empezó todo.

Pero escribir es solo la otra cara de “leer”.  “¿Por qué nos dedicamos a escribir después de todo?...porque antes hemos leído…”. Un itinerario lector, que incluye desde Corazón, de Edmundo De Amicis a La cognizione del dolore (El conocimiento del dolor), novela de Carlo Emilio  Gadda, “pasando por “Llegan barcos a la costa trayendo frutos de afuera”, la primera frase de una lectura en voz alta que tuvo lugar en la escuela de Adrogué, de niño.

“Puedo reconstruir mi vida a partir de los estantes de mi biblioteca…La peste [de Camus] y El oficio de vivir [de Pavese] fueron los primeros libros propios [comprados]”. El de Camus lo compró para poder hablar de él a la chica que le gustaba en la adolescencia. El segundo está firmado con sus iniciales ER [Emilio Renzi, su segundo nombre y su segundo apellido] con fecha 22 de julio de 1957.

No anota todo en su diario. “Escribía lo que sospechaba que no iba a recordar, detalles superfluos…datos imprecisos de mi vida…”. Anota lo que le viene a la cabeza, “sin decidir y sin elegir”. El primero de los relatos de su  vida es el de su historia con Lucía, una de las mujeres (“de las chicas a las que he amado”) que aparecen en sus diarios  (“Se llamará definitivamente Tierna es la noche”).

“La política, la literatura y los amores envenenados con la mujer de otro han sido lo único verdaderamente persistente en mi vida”- escribirá. “Me gustaban las mujeres pelirrojas y me gustaban las mujeres casadas y me enamoraba alternativamente de una pelirroja y luego de una casada, ha sido así mi vida sentimental”. Desde Clara Schultz, su primer amor cuando tenía diez años…

También podría contar su vida a partir de “la repetición de las conversaciones con mis amigos en un bar”; o de los lugares donde descansa, lee y escribe: el café del Ambos Mundos, la confitería Las violetas, el bar Florida, el café Tortoni… “Los cafés en los que me siento a trabajar son para mí un anexo del lugar donde vivo, una mezcla de escritorio y de sala de recibo…”.


“Nunca he tenido…un lugar mío (o propio), vivo en hoteles, en pensiones, en casas de amigos, siempre de paso, porque ese es para mí el estado de la literatura: no hay lugar propio, ni hay propiedad privada”. La casa de la calle Olavarría en la Boca, el departamento de Cacho en la calle Ugarteche, la casa de su amigo Dipi Di Paola en La Plata, la pensión de la calle Montes de Oca, la casa de Piri Lugones... “La literatura para mí depende mucho del lugar donde escribo los libros”.

A Piglia le gusta cambiar de barrio, empezar de nuevo y descubrirlo todo… “Hago siempre la experiencia de estar sin plata y conocer la ciudad caminando, buscando lugares baratos, viajando en colectivo [autobús]…”.

“Si me hice escritor…, fue también a causa de los relatos que circulaban en mi familia…Se cuentan las mismas historias una y otra vez, y al contarlas y al repetirlas mejoran, se pulen igual que el canto rodado…Todas las novelas que he escrito vienen de ahí, narran episodios de esa épica familiar…”. Su madre, en concreto, fue la gran contadora de historias de la familia. “Tenía como narradora una virtud que yo siempre he tratado de usar en mi literatura…no juzgar a los personajes”.

Preguntas y reflexiones de escritor

“El narrador, ¿debe ser turbio o distante…?”.

“Para escribir es preciso no sentirse acomodado en el mundo”.

“Lo mejor que he escrito hasta ahora surge de una mínima situación autobiográfica transformada luego en una historia distinta, donde lo vivido solo persiste bajo la forma de los pensamientos y las emociones que se expresan en el relato” –escribe ya en 1963, con 22 años.

“En la literatura… lo fundamental es tener un mundo propio. En mi caso, ese material es secretamente autobiográfico y depende de la multitud de historias familiares que he ido escuchando a lo largo de mi vida…”.

“He entrado en mi autobiografía cuando he podido vivir en tercera persona…solo escribo sobre mí mismo en tercera persona…”.

“Tengo horror… por todo exceso retórico…la primera de las virtudes, usar el lenguaje con precisión y claridad…Busco una prosa lacónica y elíptica”.

“La imagen debe ser narrativa”.

“Narrar quiere decir centralmente cuidar la distancia entre el narrador y la historia que cuenta”.

“Narrar es tomar decisiones. Nunca sé cómo va a ser la historia hasta que no la escribo. Y mientras la escribo, me dejo llevar por la intuición y por el ritmo de la prosa”.

“El narrador debe expresar lo que todos los hombres alguna vez han sentido o sentirán…debe ser capaz de transmitir las emociones que alguna vez hemos experimentado o imaginamos que eran nuestras”.

“Las ideas en un relato tienen que estar siempre referidas a lo que está por venir, y no para explicar lo que ya se ha narrado”.

“Releer mis cuadernos es una lección narrativa…empiezo a descubrir conexiones, repeticiones, la insistencia de ciertos motivos que reaparecen…los tonos…”.

[Miguel] Briante y yo estamos libres de la fiebre por Cortázar que ha invadido la mayor parte de las escrituras actuales”- escribe en 1965. “…todos escriben a la manera de Cortázar, relatos autobiográficos torrenciales, sin forma, sin estilo, pero “sinceros”…Por eso todos se parecen…”. También intenta escapar “de la gravitación de la prosa de Borges”…

“Mis mejores cuentos dependen siempre del tono de la prosa y no de la anécdota”.

“Estoy de acuerdo en que todo el que escribe puede ser un escritor…solo que siempre habrá muy buenos escritores y también muy malos”.

“Todos los cuentos que dejan una huella se construyen a partir de algo oculto”.

De dónde vienen las ideas

“He escrito por fin un libro. Quizá más definido y más personal que ninguno de los mejores libros de cuentos aparecidos en estos años (Las otras puertas [de Abelardo Castillo, 1961], Las hamacas voladoras [Miguel Briante, 1964], Cabecita negra [G. Rozenmacher, 1961]…”. Se trata de Jaulario (luego, La invasión), su primera obra, publicada en 1967,  integrada por 9 cuentos. De ella forman parte Tierna es la noche (“Lo escribí de modo extraño, a partir de una experiencia vivida que se fue reduciendo hasta ser solo una imagen”), Tarde de amor (“Lo escribí en una noche”; luego pasa de 20 páginas a 12. “Es el cuento que más trabajo me ha dado…es el más arriesgado”), En el calabozo (“Un soldado… me contó la historia”. En 1961, en el Tiro Federal en Mar del Plata), Mi amigo (“surgió extrañamente cuando fui con un amigo a visitar a Helena y él rectificó mi opinión elogiosa sobre Bioy Casares”), La honda (“Caminando por una calle de tierra vi a unos obreros trabajando un día domingo y de golpe descubrí la historia”), En el terraplén (“La anécdota me la contó Lina Flores en el Bosque en La Plata y me gustó el doble final”), Mata-Hari 55 (“La historia me la contó Manolo Comesaña…Los sucesivos cambios de nombre de la protagonista me los sugirió Inés…”), Las actas del juicio (“El argumento surgió en las clases de Historia Argentina que daba Beatriz Bosch en 1963…”).

… “nunca se puede olvidar…la emoción de ver por primera vez un libro impreso con lo que uno ha escrito”.

Comentarios sobre sus lecturas

“Cuando tenía diecisiete o dieciocho años [1958-1959]…leía dos o tres libros por día…”.

“Estoy leyendo Intruso en el polvo, quizá lo más barroco e intrincado que Faulkner haya escrito. No esconde solo lo que ha sucedido, sino lo que va a ser narrado”.

“Leyendo a Conrad, con sus múltiples narradores en una misma historia, con una prosa alta y literaria, se comprende la admiración de Faulkner”.

“Leo La región más transparente de Carlos Fuentes…Le cuesta encontrar la dimensión corta, breve, el momento significativo, el detalle que da realidad”.

“La solemnidad de la prosa de Sabato lo lleva – sin tregua-, una y otra vez, al ridículo”.

“The Sun Also Rises [Fiesta] es de lejos la mejor novela de Hemingway, pero no alcanza el esplendor de Macomber [La breve vida feliz de Francis Macomber], de Kilimanjaro [Las nieves del Kilimanjaro]. Del mismo modo que su novela sobre el pescador cubano [El viejo y el mar] es una pálida versión de After the Storm”.

“García Márquez [en Cien años de soledad] cuenta lo cotidiano como si fuera fantástico…y cuenta lo extraordinario como si fuera trivial…Por un lado, me parece demasiado –profesionalmente- latinoamericana: una especia de color local festivo, con algo de Jorge Amado y también de Fellini. La prosa es muy eficaz y también muy demagógica, con remates de los párrafos muy estudiados para producir un efecto de sorpresa”.

“No puedo entender qué es lo que me desagrada en El perseguidor: están todos los temas de Cortázar, pero el contraste entre el misterioso genio de Johnny y la trivialidad del biógrafo, entre la vida avara de Bruno y las locura genial del artista, me parece demasiado demagógica y trivial y me irrita”.

Sobre él

“…yo, que era hijo y nieto de italianos [nacidos en Pinerolo, Italia, en el Piamonte, cerca de Turín], me he sentido a veces sobre todo un escritor ítalo-argentino…”.

“Postergo y espero que la vida decida por mí…Como siempre, mi acción básica es postergar, dejar para después…”. “Es una característica de los hombres de la familia”- le dice su madre en la muerte de su abuelo. “Nunca toman decisiones…, intentan mantener abiertas todas las alternativas…Tu abuelo era así y tu padre igual, y vos también…, indeciso, inseguro, no respecto a lo que piensan, sino a lo que sienten”.

“La tendencia al aislamiento que se repite desde mi infancia...”.

“Solo necesito una mesa contra la ventana y una lámpara…Escribo contra la ventana del segundo piso que da sobre Riobamba…en un petit hotel”.

“Siempre que estoy enamorado de una mujer me interesa su pasado, como una manera de ver de qué modo ella y yo hemos terminado por encontrarnos en un punto definido e inestable del tiempo”.

“Siempre he sentido atracción por los lugares que no me pertenecen y en los que alguien ha vivido antes que yo y ha dejado su marca en los muebles, los cuadros, los libros”.

“Lo que tememos más secretamente siempre ocurre”. Se apropia de la frase de Pavese (en El oficio de vivir) y la hace suya, ya sin comillas.

“Siempre estamos sin plata”… “Vivo austeramente con el dinero que gano por las clases que doy en la Universidad, viajo a La Plata una vez por semana y me quedo tres días, a veces dos…El dinero que gano con mis dos puestos me alcanza para vivir, si no hago gastos extraordinarios. Pero, como a todo el mundo, solo me interesan los gastos extraordinarios, así que habitualmente estoy sin plata”- escribe en el diario de 1965. “¿Hasta cuándo soportaré la incertidumbre de vivir al día?”- se pregunta en 1966.

 “Para hacer lo que uno quiere hacer, es necesario ser capaz de rechazar y de perder otras cosas”. En 1967 rechaza una oferta de trabajo en un periódico con un horario de 9 a 5 y un dinero seguro todos los meses.

“Miro críticamente ciertas decisiones de mi vida que fueron tomadas en función del futuro de mi literatura. Por ejemplo, vivir sin nada, sin propiedades, sin nada material que me ate y me obligue…Ese tipo de vida define mi estilo, despojado, veloz”.

“He realizado lo que he deseado”- escribe en 1967, a los 26 años. Y cuando transcribe estos diarios, en 2014, con 73, sigue pensando lo mismo, fiel a sus ideas y criticando las mismas cosas que cuando tenía 20.

SABER MÁS  
         
https://vimeo.com/ondemand/327cuadernos/136859892. 327 cuadernos, documental. Los diarios de Ricardo Piglia (2015). Filmar el diario de la lectura de un diario.

https://vimeo.com/33336094. Hotel Almagro. “Cuando me vine a vivir a Buenos Aires [desde Mar del Plata, en 1965] alquilé una pieza en el Hotel Almagro, en Rivadavia y Castro Barros. Estaba terminando de escribir los relatos de mi primer libro…Enfrente está la confitería Las Violetas…”.




CODA: Ricardo Piglia, diagnosticado de ELA en 2014, muere el 6 de enero de 2017, dejando todo previsto...






lunes, 29 de febrero de 2016

LA GUERRA NO TIENE ROSTRO DE MUJER. LA GUERRA, NARRADA POR LAS MUJERES

(Para que no se nos olvide que la guerra no es nunca una “aventura”, un “desafío”; que la guerra, cualquier guerra, “mata el alma”).

“Escribo sobre la guerra…Yo, la que nunca quiso leer libros sobre guerras…”- cuenta en su diario de 1978  la periodista Svetlana Alexiévich, premio Nobel de Literatura en 2015.


“La aldea de mi infancia era femenina. De mujeres. No recuerdo voces masculinas…La guerra la relatan las mujeres…Un día abrí el libro “Soy de la aldea en llamas”, de Alés Adamóvich…la novela está construida a partir de las voces de la vida diaria…Había encontrado lo que estaba buscando…Los relatos de las mujeres son diferentes y hablan de otras cosas. La guerra femenina tiene sus colores, sus olores, su iluminación y su espacio. Tiene sus propias palabras…Yo quiero escribir la historia de esta guerra. La historia de las mujeres…la historia de los sentimientos…la historia del alma…”.

Sus preguntas y reflexiones se entremezclan con los testimonios que selecciona…testimonios de mujeres desde diferentes profesiones bélicas (no solo las que “se les supone”, como enfermeras, lavanderas y telefonistas,  sino francotiradoras, tanquistas, pilotos, zapadoras, conductoras, criptógrafas, partisanas, ingenieras, soldados, telegrafistas, mecánicas, cirujanas…).

“Lo primero que quiero preguntar es: ¿de dónde salieron [las muchachas de 1941. (En julio de 1941 se produce el cerco alemán de la ciudad rusa de Minsk)]? ¿Por qué eran tantas? ¿Cómo se atrevieron a levantarse en pie de guerra en igualdad con los hombres? ¿A disparar, a poner minas, a explotar, a bombardear, en definitiva, a matar?”.

“Al principio, iba y grababa a todas las mujeres que surgían en mi camino…Poco a poco comencé a recibir cartas de todo el país [Moscú, Kiev, Apsheronsk, Vítebsk, Volgogrado, Yalutorovsk, Súzdal, Gálich, Smolensk…]”.

En ocasiones, se filtra el comentario de algún hombre que encuentra en sus desplazamientos en tren: “Nosotros, los hombres, nos sentíamos culpables de que las muchachas combatieran…”. “Con una chica así tal vez iría de reconocimiento, pero seguro que no le propondría matrimonio…Normalmente percibimos a la mujer como una madre o como una novia. Como la bella dama, si me apura… [A las chicas combatientes] no las veíamos como mujeres…eran nuestras amigas, las que nos sacaban del campo de batalla. Nos salvaban, nos curaban las heridas…Pero, ¿acaso usted podría casarse con su hermano…?...Cuando la guerra acabó, ellas quedaron muy mal paradas…”.

Alguna de ellas lo cuenta: “¿Me atrevería a confesar que me habían herido, que tenía lesiones? Si lo reconoces, después nadie quiere darte trabajo, nadie quiere casarse contigo…”.

Diferencias entre ser hombre o mujer (ex)combatiente

“Transcurrieron por lo menos unos treinta años hasta que empezaron a rendirnos honores…A invitarnos a dar ponencias…Los hombres eran los vencedores, los héroes…Nos arrebataron la Victoria…Discretamente nos la cambiaron por la simple felicidad femenina…No compartieron la Victoria con nosotras”- cuenta Valentina, artillera.

“…Esas chicas son casi todas solteras. Nunca se han casado. Viven en pisos compartidos…”- le recrimina a su comandante, ya jubilado. “Habláis del honor, del respeto. Quién se compadeció de ellas? ¿Quién las defendió después de la guerra…?”.

Tras la guerra, temían que enfrentarse a las acusaciones de “fulanas”; “las calumnias y las ofensas de la posguerra”, también por parte de otras mujeres, las que no estuvieron en primera línea…: “¡Sabemos lo que estuvisteis haciendo allí! Os insinuasteis a nuestros hombres…Sois las putas del frente…”.

“Tenemos dos guerras -le cuenta un marido. Ella recuerda su guerra, yo la mía…A mí me pasaron cosas parecidas…Pero yo no lo recuerdo…Se me escapó…En aquel momento me parecía una nadería. Una tontada…”. Y, sin embargo, ahora cuenta a sus nietos la guerra de “ella”, sus historias, su punto de vista… “Me he dado cuenta de que les parece más interesante…Yo tengo más conocimientos bélicos concretos, ella tiene más sentimientos. Los sentimientos son más vivos, más fuertes que los hechos…”.

La guerra femenina. Sus propias palabras

“Me da pena no poder grabar los ojos, las manos…”- escribe la autora en una ocasión. Solo son sus palabras las que están reflejadas en las cintas…

“Nuestras cosas de chicas”

“Yo no me comía el azúcar, lo guardaba para usarlo de fijador del flequillo. Éramos felices cuando conseguíamos una olla para lavarnos el pelo…Buscábamos la hierba suave…y nos limpiábamos los pies”.

“[Como rulos] Usábamos piñas secas de los pinos…Aunque fuera solo un rizo en el flequillo”.

“Cuando teníamos un rato de descanso, nos poníamos a bordar algo…”.

“Para mí, lo más terrible de la guerra era tener que llevar calzones de  hombre…”- dice una tiradora.

“Nos dieron unos capotes grandes, gruesos; parecíamos gavillas de trigo”…- una sargento, comandante en una unidad de artillería.

Las mujeres siempre mencionan la belleza -dice Alexiévich- “independientemente del tema concreto del que hablaran”…: “Solo un temor  sobrevive hasta el final: quedar fea después de morir. Es un miedo femenino”- le explica una técnica sanitaria.

“Estaba dispuesta a estar allí toda la noche [de guardia], hasta el amanecer, con tal de poder oír a los pájaros. Solo de noche podía encontrarse algo que recordara a nuestra vida anterior. De paz”- le cuenta una sargento, conductora.

“¿Volveré a escuchar alguna otra vez el susurro del trigo…?”- se pregunta una técnica sanitaria.

“Antes de la guerra había muchos ruiseñores; dos años después de la guerra, todavía seguían sin oírse…”.

Los olores

“[A una que volvió de permiso tras darle una condecoración] Hacíamos cola para olerla…olía a casa”.

“…Me ahoga el olor a quemado…Usted no sabe cómo huele la carne humana al arder, sobre todo en verano…Por un soldado alemán muerto, quemaban el pueblo entero…”.

“Nunca pude acostumbrarme al olor de la sangre…Después de la guerra pasé varios años sin poder quitarme de encima el olor a sangre…No podía hacer la compra. No soportaba entrar en la sección de carne…”.

“Los combates cuerpo a cuerpo…Recuerdo el crujido…los huesos humanos que se rompían…”.

“En invierno, la sangre pesaba todavía más”- revela una soldado, de la unidad de lavandería.  "Las camisas militares se ponían rígidas de la sangre y el agua heladas…”.

“Dejamos de llorar porque para llorar hacen falta fuerzas…”- manifiesta Valentina, encargada de una pieza antiaérea.

“Cargábamos con hombres que pesaban dos y tres veces más que nosotras…En total, saqué de bajo el fuego a 481 heridos”- explica una instructora sanitaria.

“Los alemanes no cogían prisioneras a las mujeres militares…Siempre nos guardábamos dos cartuchos para nosotras, dos, por si el primero fallaba…”.

“¿Lo que más recuerdo?...El increíble silencio de las salas donde estaban los heridos graves…No hablaban entre ellos…Estaban pensando…”.

“¿Qué es la felicidad? Encontrar entre los caídos a alguien con vida”- explicita una enfermera.

Sus deseos para después de la guerra: “Al acabar la guerra, tenía tres deseos: primero, dejaré de arrastrarme por el suelo, iré en trolebús; segundo, me compraré una barra de pan blanco y me la comeré entera; tercero, dormiré hasta no poder más en una cama con sábanas blancas”- dice una sargento primero.

“Por fin alguien nos quiere oír a nosotras”- le dice una de las entrevistadas.

“Qué puñetera fue esa guerra…Vista con nuestros ojos. Con ojos de mujer…Es horrenda. Por eso no nos preguntan…”.

“Nuestro grito debe guardarse en algún lugar del mundo. Nuestro aullido…”.

“En la guerra, el alma del ser humano envejece”. 

Desconfianza y minusvaloración

“En más de una ocasión me lo han advertido (sobre todo escritores hombres): “Las mujeres inventan…, esas fantasías femeninas…”.

Pero ella lo tiene claro: “Las mujeres, hablen de lo que hablen, siempre tienen presente la misma idea: la guerra es ante todo un asesinato y, además, un duro trabajo. Por último, también está la vida cotidiana: cantaban, se enamoraban, se colocaban los bigudíes…”.

FRASES DE LA AUTORA

“Recordar es, sobre todo, un acto creativo. Al relatar, la gente crea su vida”.

“Los textos están en todas partes”.

“Para mí, los sentimientos son la realidad”.

“Para mí, tanto las palabras como el silencio son el texto”.

 “Es imposible parar [escribir cada uno de sus libros le lleva 3 o 4 años] porque cada vez la verdad es más insoportable”.

ALEXIÉVICH, EN CORTO

Nacida en Ucrania el 31 de mayo de 1948, estudió periodismo en la universidad de Minsk en 1967. Al terminar, trabaja en un periódico y en la escuela local de Biaroza, como profesora de historia y alemán.

El escritor bielorruso Alés Adamóvich la decanta por la literatura a través de la llamada novela “colectiva” o novela “evidencia”, en las que mezcla literatura y periodismo con la técnica del collage que yuxtapone testimonios individuales.

Su primer libro, de 1983, es “La guerra no tiene rostro de mujer”, publicado en 1985. Es la memoria de más de 200 mujeres [500 entrevistas] de un centenar de ciudades y pueblos soviéticos, que se convirtieron en soldados de la ex Unión Soviética en la II GM [más de un millón de mujeres soviéticas entre los 15 y los 30 años estuvieron en el frente en la IIGM].

Enfrentada al régimen autoritario y la censura, abandonó Bielorrusia en el año 2000 y volvió a Minsk en 2011, tras vivir en París, Gotenburgo y Berlín.

En 2015, premio Nobel de Literatura (la primera periodista que merece el Nobel), por su “obra polifónica, un monumento al valor y al sufrimiento en nuestro tiempo”.

SABER MÁS

http://www.alexievich.info/indexEN.html. Su página web (en inglés).

https://actualidad.rt.com/actualidad/view/10346-Solicitan-erigir-en-Mosc%C3%BA-un-monumento-al-papel-de-mujer-en-guerra. Solicitan erigir en Moscú un monumento dedicado al papel de la mujer en la guerra.

UN LIBRO



Ellas solas, de Virginia Nicholson. Dos  millones de “solteras de guerra” tras la IGM. Qué pensaban, cómo sentían, qué hicieron, a través de sus cartas, diarios y testimonios.

También, sobre la guerra, me vienen ahora a la cabeza, dos títulos; no, tres: Kaputt, de Curzio Malaparte. Recuerdo una imagen: los muertos, congelados en la estepa y descongelándose en primavera. En Homenaje a Cataluña, de George Orwell, recuerdo su mención a que la guerra no es eso que contaban, sino suciedad, piojos, malos olores…Como narra una instructora sanitaria en el libro de Alexiévich: “…A veces veo películas bélicas: la enfermera va por allí, paseándose en primera línea de fuego, toda limpita ella, tan recogidita, con una falda en vez del pantalón guateado, y con su gorrito bien colocado…¡Mentira!”. El tercero es de otra mujer: Los diarios de Bagdag, de Nuha Al-Radi. Me viene a la cabeza su sorpresa al darse cuenta de que los grandes congeladores que existen en las casas iraquíes no sirven de nada porque lo primero que cae en una guerra es la electricidad.