jueves, 24 de noviembre de 2016

CONCHA MÉNDEZ, CIUDADANA DEL MUNDO: OTRA MUJER OLVIDADA


“Yo ya no recuerdo cuando era una chica “bien”, en un ambiente de burguesía. Ni cuando era ayudante de médico y dirigía gimnasia sueca. Ni cuando era nadadora en el Cantábrico. Ni cuando intenté arrojarme desde un avión con un paracaídas… Ni cuando di en Londres un primer recital de mis poemas…”- resume en una entrevista para La Gaceta Literaria, en 1929.

Pero eso son solo algunos retazos de su vida, una vida rica, libre, de una mujer vitalista, dinámica, llena de energía.

“Yo he visto nacer todos los inventos del siglo. Nací en medio de la modernidad, del canto a los medios de transporte, a la velocidad, al vuelo. Mis primeros poemas están llenos de estas cosas: de los clamores a la era moderna, de aviadores, aviones, motores, hélices, telecomunicaciones”- cuenta en sus Memorias habladas, memorias armadas…, “armadas” por su nieta Paloma Ulacia Altolaguirre, hoy casi inencontrables y que deberían reeditarse como libro de bolsillo asequible para las nuevas generaciones.

Concha Méndez, por ella misma

En un breve ensayo autobiográfico, escrito en México en 1967 -publicado en 2001 en la edición de James Valender para Publicaciones de la Residencia de Estudiantes-, Concha se presenta así: “Nací en Madrid (España), lugar donde siempre residió mi familia, el día 27 de julio de 1898. Fui la mayor de diez hermanos. A los siete años empecé mi educación en un colegio laico francés, terminada a los catorce…”.

Hacer teatro

“Tendría yo unos trece años [h. 1901] cuando en San Sebastián, lugar donde veraneaba, fui a ver representar con mis familiares la famosa obra del escandivano Ibsen, Casa de muñecas, y recuerdo que salí del teatro con una idea fija: el problema de aquella mujer –la protagonista. El deseo de reivindicación tomó cuerpo en mí. También yo debiera de hacerme oír, que es un modo de reivindicarse. Así lo pensé, y fue hacia el escenario adonde se dirigió mi idea fija. ¿Por qué razón? Porque la idea de hacer teatro la llevaba en la sangre”- cuenta en un texto inédito, de 1942 (Historia de un teatro).

En enero de 1929 estrena en el Lyceum Club Femenino una (lectura de una) obra de teatro infantil  (El ángel cartero), con decorados de su amiga Maruja Mallo.

“La novia desconocida de Buñuel”, pionera del cine mudo

Pero antes, ¡se dedicó al cine! En 1927, escribe un argumento para la película Historia de un taxi, “comedia cinematográfica en cinco partes, original de la señorita Concha Méndez Cuesta”…, que no llegó a estrenarse. No se conserva el guion original, aunque sí una sinopsis del argumento, publicada por los periódicos de la época. “Quiero  ser, a más de argumentista, director, cineasta…”- escribirá en su artículo El cinema en España, publicado en La Gaceta Literaria el 1 de octubre de 1928.


Concha fue novia de Buñuel, su novia “secreta”, entre 1916 (“En uno de esos largos veraneos [en San Sebastián], a la edad de dieciocho, conocí a Luis Buñuel, a quien había de tratar, digamos a diario, durante los casi siete años siguientes”) y 1923.  “Él llevaba doble vida. Nunca nos reunimos juntos con los chicos de la Residencia de Estudiantes. La vida dividida entre los amigos y la novia era una costumbre de la época; me hablaba de ellos, pero nunca me los presentó…”.

Ella creía que el cine tenía su propio lenguaje y que no debía ser deudor de obras literarias. En su breve aventura cinematográfica, es el taxi el que cuenta la historia, toda una novedad.

Primero, poeta

Concha dice haber escrito sus primeros poemas, en francés, cuando tenía 13 años. Pero su primer libro publicado (Inquietudes) no lo será hasta 1926, con 28. Al alcanzar su mayoría de edad, decide “emanciparse” de su familia: “salir a la calle sin la vigilancia de una institutriz, o un familiar cualquiera…; así pude cambiar los tés danzantes por exposiciones, conferencias y las tertulias de  café madrileñas…; asistir a una lectura de poemas de Federico García Lorca [en el Palacio de Cristal del Retiro]: allí encontré mi camino, y esa misma noche empecé a escribir. Tenía veintiséis años”. 

Su primer asesor, a quien daba a leer sus poemas, fue Rafael Alberti, “reciente premio nacional de poesía” [por Marinero en tierra, en 1925]. 

En 1928, publica Surtidor, antes de viajar, sola, por primera vez al extranjero. El último poema del libro, Verbena, remite a un cuadro del mismo título de su amiga Maruja Mallo.


“Cuando Maruja empezó a pintar, me tomaba a mí como modelo. Pintó una chica en bicicleta, que era yo…; hizo una serie de cuadros de las verbenas madrileñas…; en ellos plasmaba muchas de las imágenes que surgían en nuestras conversaciones”. Ella prefiere la palabra “poeta” a “poetisa”: … “me suena a cosa banal, entre merengue y amapola…”.

Viajera intrépida

“Debí nacer con el alma un tanto viajera…”- escribe en su ensayo autobiográfico. Su primera salida al extranjero fue a París, con 13 años, en familia. Pero ya con 7 años, al ver en el puerto de Santander uno de los barcos que zarpaban para América, dijo: “¡En uno de esos barcos me iré un día!”.

Y así fue: primero, a Inglaterra, durante seis meses (“Embarqué en Bilbao – de tripulante-…en un barco de cabotaje de los llamados “vagabundos”- hasta Cardiff. De allí volvió en un pequeño barco carbonero). Luego, en diciembre de 1929, “con un pasaje de emigrante”,  a bordo del trasatlántico Infanta Isabel, que hacía el trayecto de Barcelona a Buenos Aires.

En el primer caso, se gana la vida en Londres dando clases de español. En Madrid, en el Centro de Estudios Históricos, se había sacado el título de profesora de español, que había ocultado a su familia.

En Argentina, colaborando en diarios (La Nación) y revistas, y con un cargo “semi-oficial” en la oficina creada por el Consulado y la Embajada españoles para becar estudiantes con destino a España. La escritora Consuelo Berges, que le prologa su tercer libro, Canciones de mar y tierra (1930) -con ilustraciones de Norah Borges-, dirige la oficina. Por esa época, Berges publica en la prensa argentina el artículo “Hoy creo en la vanguardia”, que comienza: “…Ahora creo en la vanguardia. Porque la he visto…”. Es Concha Méndez, de “mirar luminoso y fuerte”. “Me ha ganado a su fe, optimista y dinámica…Concha Méndez quiere hacer de la vida muchas cosas. Por lo pronto, quiere hacer de la vida arte y, sobre todo, vida…”.

1931-1939. Luces y sombras

Con la implantación de la República, Concha vuelve a España. En Madrid asiste a las tertulias literarias, “la del café de Pombo, que presidía Gómez de la Serna; la de don Ramón del Valle Inclán, en el café La Granja [café Granja El Henar, en Alcalá 40, junto al Círculo de Bellas Artes]; las reuniones de José Ortega y Gasset en La Revista de Occidente…”. En el café La Granja, García Lorca le presenta al impresor y poeta Manuel Altolaguirre (siete años más joven que ella), con quien se casa en 1932. “Testigos de nuestra boda fueron los poetas Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca, José Moreno Villa, Jorge Guillén, así como Francisco Iglesias – héroe de la aviación española- y Carlos Morla – ministro de Chile. De la boda civil lo fueron el poeta Luis Cernuda y el librero Sánchez Cuesta”.

Con su marido, Concha edita la revista de poesía Héroe y la colección Héroe, donde publican Salinas, Razón de amor, y Cernuda, La realidad y el deseo. También idean la revista Caballo verde para la poesía, “cuya dirección se le ofreció al poeta y cónsul chileno Pablo Neruda”.

En esta etapa, ella misma da a la luz El personaje presentido (1931), “Espectáculo en 16 momentos”, escrita en Buenos Aires. Sonia, la protagonista principal, “es un álter ego bastante evidente de la autora”- escribe Emilio Miró- “una mujer soñadora, dinámica, activa, que quiere escapar, que anhela volar y, sobre todo, que busca el gran amor, el amor ideal, el amor casi absoluto…”.

En marzo de 1933 nace su primer hijo, que muere enseguida, origen de su poemario Niño y sombra. Dos años más tarde, en 1935, nace en Londres su hija Paloma, que apadrina Vicente Aleixandre. Dedicada a su hija, escribe El carbón y la rosa,  “una obra de teatro para niños…La presenté en el Liceo [Lyceum] Club el mismo día que Alberti daba una lectura de poemas”.

Al destierro

Al finalizar la Guerra Civil, se exilian (“Los tres salimos al destierro”); primero recalan en Cuba, donde permanecen cuatro años. “En nuestra nueva imprenta [La Verónica] publiqué Lluvias enlazadas –poemas; como prólogo, el retrato lírico que me hiciera Juan Ramón Jiménez. En La Habana escribí la obra teatral La caña y el tabaco, alegoría antillana, en verso; y en verso también el autosacramental El solitario [1941], editado allí con prólogo de la escritora María Zambrano”. Zambrano escribirá: “De todas las bellezas que encierra El solitario: la voz de la luz y de las estaciones, la milagrosa aparición de la sirena, el color del olvido y de las horas, ninguna sin duda como estas que hallamos al hablar del tiempo y al tiempo…”.

Luego parten a México donde comparte su casa, en el número 11 de las calle Tres Cruces, con el poeta Luis Cernuda. “…Publiqué dos libros de poesía, Sombras y sueños y Villancicos” (1944). “Tan sola me has dejado,/ que estoy conmigo y me basta…”-escribe en Sombras cuando Altolaguirre la abandona.

Concha Méndez, vista por otros

Retrato de José Díaz Fernández, en 1928: “Concha Méndez Cuesta: veintitrés años, campeona de natación en los veraneos de San Sebastián, automovilista del Madrid deportivo, risa trepidante en las tertulias vanguardistas. Y, al fin, poetisa. Esta es una muchacha actual, ceñida y tensa por el deporte y el aire libre”.

Retrato de Juan Ramón Jiménez, en 1932: “Su mono añil puede ser de cajista de imprenta, enrolada de buque, fogonera de tren, polizón de zepelín, todo por la Poesía delantera que huye en cruz de horizontes ante las cuatro máquinas…

Concha Méndez era la niña desarrollada que veíamos, adolescentes, con malla blanca, equilibrista del alambre en el casino de verano; la que subía con blusa del marinero del aire, prologuista de la aviación, en el trapecio del Montgolfier cabeceante y recortaba su desnudo chiquito blanco negro sobre el poniente rojo; la sirenita del mar que sonreía secreta a los mocitos en su nicho de cristal…; la campeona de natación, de jiujitsu, de gimnasia sueca. La hemos encontrado en el Polo, el Ecuador, el cráter del  Momotombo, la mina de Tarsis…”.

Ella se retrató en sus poemas…y en sus memorias a su nieta Paloma Ulacia Altolaguirre (Memorias habladas, memorias armadas).


De ellas, dice en ABC Miguel García Posada, en 1990: “…es obra de apasionante lectura…; [memorias] superiores a las de Altolaguirre, demasiado contenidas en general, además de grises estilísticamente…; memorias –estas- llenas de vitalidad…el testimonio de una mujer de posición acomodada que supo romper con los tabúes y restricciones de su clase social; que asumió muy pronto, cuando no era fácil, la emancipación de la condición femenina; que hizo, en buena medida, aquello que le gustaba hacer, y fue, fiel a su destino”.

Deberían reeditarse en alguna colección de bolsillo y ponerse a disposición del gran público; ser distribuida en escuelas e institutos, y que no vuelva a caer en el olvido un modelo y ejemplo de mujer independiente y activa, libre.

Impresora, dramaturga, poeta y pionera del cine mudo, que aún hoy no aparece en los libros de texto cuando se cita a la Generación del 27…

ALGUNOS DE SUS VERSOS

“Vine para algo más que pasar como sombra”.

“…dejar una estela de mi vida/que no pueda acabarse con mi sangre”.

“¿Qué nacerá de mí/ el día que me siembren?”.

“¡Qué lejos está la Sierra, /mi Sierra de Guadarrama!...
Por sus vertientes yo era/patinadora en mi infancia”… - escribe desde México, en 1944. “¡Ay, Manzanares, mi río,/cuánto hace que no te vi!”.

“De altos sueños y anchas luces/encendías el ambiente/
Cuando por mi casa ibas/con los amigos de siempre./
Con Luis, con Pablo, con Delia,/ con Rafael, con Vicente/,
Con Concha, Rosa y Miguel/- ¡que tuvo tu misma muerte!/…”- dedicado a Federico García Lorca.

Me gusta andar de noche (Poema de Concha Méndez, escrito en La Habana en 1939).


SABER MÁS





http://www.residencia.csic.es/bol/num5/maurer.htm. Sánchez Cuesta, el librero “omnisciente”.



domingo, 6 de noviembre de 2016

DOROTHY WORDSWORTH, OTRA HERMANA DE…


Seguro que, de cuando estudiábamos el Romanticismo, much@s recordamos, al menos, el nombre de William Wordsworth, uno de los “Poetas de los Lagos [Lake District], en Inglaterra ”.

Pero es ahora leyendo el ensayo de Rebecca Solnit, “Wanderlust, una historia del caminar”, cuando me entero del nombre de su hermana y de la influencia de esta en el poeta. Muchos de sus poemas recogen, de hecho, la mirada y descripción del paisaje de su hermana.

Ella solo se considera poeta amateur, “detestaría la idea de convertirme en autora”, pero es una estupenda diarista, muy minuciosa, además de escritora de cartas.


En 1794 [tiene 23 años], escribe: “Caminamos mi hermano y yo, codo con codo, de Kendal a Grasmere, unos veinticinco kilómetros, y después, de Grasmere a Keswick, unos veinte más, por la campiña más bonita que he visto en mi vida”. Su tía no parece muy conforme con ese “vagar” suyo “por el campo a pie”, pero ella defiende con valentía la posibilidad de “usar la fuerza con que la naturaleza me ha dotado”, su derecho al placer de caminar -además de ahorrarse el dinero de ir en un carruaje...

En 1800, del 17 al 20 de diciembre, ambos hermanos cruzan en cuatro días los Montes Peninos [Pennines, entre el sur de Escocia y el norte de Inglaterra], una caminata invernal con nieve y el camino congelado.

En 1803, estuvo a punto de publicar su libro de viajes por Escocia junto a su hermano (“Recollections of a Tour Made in Scotland”), pero no encontró editor. El libro solo se publicará en 1874, casi 20 años después de su muerte. (En 2016, sus cartas y diarios están aún sin traducir al castellano).

En 1818 escribió sobre su ascenso al Scafell Pike (Pico Skafell, la montaña más alta de Inglaterra, 978 m.) con su amiga Mary Barker, su doncella y dos locales que hacen de guías y porteadores.

Su trabajo será utilizado por su hermano William en su popular guía sobre el Distrito de los Lagos (Hoy, Una guía a través del Distrito de los Lagos, en el norte de Inglaterra).

El Diario de Grasmere (escrito entre 1800 y 1803) se publica por primera vez en 1897. Dove Cottage, será  de 1799 a 1807, su primer hogar en Grasmere. Escribe William: “D. [Dorothy] está encantada con la casa y, especialmente, con el jardín adyacente; en su imaginación ya ha construido un cobertizo veraniego en la plataforma más alta de nuestra pequeña grada doméstica de la montaña”.

Se surtirán de los páramos cercanos, y de amigos y vecinos, para crear el huerto y el jardín silvestre; plantan: guisantes, tres tipos de alubias (rojas, de riñón y francesas), rabanitos, nabos, brócoli…


En la actualidad, lo que se conserva en Dove Cottage es un jardín semisilvestre que intenta respetar el espíritu de los Wordsworth, donde conviven madreselvas, hiedras y rosales trepadores  con prímulas, heléboros, narcisos, campanillas y otras plantas que aparecen citadas en sus cartas.

sábado, 22 de octubre de 2016

UN PARIENTE: AURELIO HERREROS, MAESTRO LAICO


En casa contaban que, de pequeño, se cayó jugando en La Llana [Sierrapando, Torrelavega] y se rompió la muñeca; por eso, los padres le dieron estudios (en tiempos en que lo más que algunas familias podían dar era un oficio: carpintero, cantero, dependiente de comercio…). Dicen que le pagaron la carrera de maestro en Madrid.

Mi padre piensa que muchas de las fotografías que tienen en la huerta de Sierra se las hizo este pariente, que él recuerda con barba blanca, como un santón. Mi padre nació en 1927, así que cuando él puede recordarle (en 1933/1934, Aurelio podía tener unos 60 años.


En 2016 (24 de agosto), gracias a la ayuda de María, en Ciriego, hemos encontrado que, cuando murió, el 28 de febrero de 1955, con 84 años, vivía en la Avenida Pedro San Martín, número 15, en Santander.  

Aurelio nació en 1872 en Sierrapando (hijo de Fausto Herreros López, “cantero labrante, casi un escultor”, y de Gavina Fernández Díaz de Celis). En el mismo lugar, en 1874, nacía mi abuelo paterno, Alfredo Herreros Hijosa, su primo,  hijo de Hermenegildo Herreros López, cantero, y de Teodora Fernández Díaz de Celis, “dedicada a sus labores propias de su sexo”.


Según la crónica de La Región del 21 de abril de 1936 (“Emocionante homenaje al querido profesor laico don Aurelio Herreros”), desde 1902 era profesor del Centro de Enseñanza Integral y Laica en la calle de Magallanes nº 21 [hoy, 31] de Santander. En el momento del homenaje tenía 64 años.


Según la “Evocación” que hace Eulalio Ferrer para el periódico Claridades de México el 4 de junio de 1955, tras la muerte de "don Aurelio", “había salido, casi huyendo, del remoto pueblo en que nació, cerca de Torrelavega. Sus ideas alarmaban en una de las provincias más conservadoras de España…”. Fidel Campo me contó que su padre, Fausto, le había construido la escuela en la huerta de Sierra.

Retrato de don Aurelio Herreros, “un maestro ejemplar”

“Soy hijo de una escuela y de un maestro, a quienes debo la insaciable ambición de aprender, que es la esencia del autodidactismo”- dirá Eulalio Ferrer en 1981, en México, en los salones del Casino Español. Nunca dejará de reconocer la influencia de su maestro [y de su padre] en la persona que ha llegado a ser. En una entrevista que le hacen en 1972, a la pregunta de “¿Quiénes son los hombres que más han influido en su vida?” – contestará, sin dudar: “Mi padre y mi maestro”. “Que es de montañeses ser leales…”.

Así lo describe en su semblanza: “Alto y bien plantado, tan recto en el andar como en el pensar, de cabeza elevada y rotundamente calva…, tenía unos grandes ojos azules…Era manco de la mano izquierda…Vestía con sencilla elegancia…Parco en el comer, ni fumaba ni bebía…Gustaba de la naturaleza en toda su plenitud…Su pasión era la fotografía…”.


Un bastón ligero de mango redondo y  un sombrero de paja, en verano, completaban su estampa delgada. Su voz era clara, y suave el tono. “Sus frases, sentenciosas. A menudo ocurrentes, con ingenio socarrón”. Pero, al parecer,  eran demoledoras cuando desmontaba cualquier tipo de fanatismo.

En cuanto a su carácter, “su defecto podría ser el de la impaciencia. Su exceso, el de la lógica. Todo lo convertía a leyes naturales, tratando de lograr siempre la comprensión de lo más difícil. Situaba a cada alumno en la medida adecuada de lo posible, dentro de una exigencia que maximizaba con justicia…Era un maestro renovador…postulaba, junto con la libertad de enseñanza, la libertad de pensamiento…lo que más le preocupaba es que de aquella Escuela el individuo saliera transformado en hombre”. 

La Escuela de Magallanes

En sus cartas, Eulalio Ferrer la describe como "el aula húmeda de la calle Magallanes" o "aquellos salones humildemente decorados con citas de Lamennais"; quizá como la conocida  “El derecho y el deber son como las palmeras: no dan frutos si no crecen uno al lado del otro”...

Fotógrafo “amateur”

Así consta en La Región (8 de mayo de 1933) en una noticia sobre “La primera excursión de la Juventud Socialista” [a Sarón y Liérganes]. El párrafo dice así: “El culto profesor y excelente fotógrafo “amateur”, don Aurelio Herrero(s), tiró unas cuantas placas al pie del puente romano existente en Liérganes”.

El 30 de mayo de 1933, su nombre vuelve a aparecer, asociado a la fotografía: “Don Aurelio Herreros, el artista de la cámara oscura y culto profesor, tiró una placa en honor de las lindas muchachas socialistas”…

5 de julio, fin de curso

Según recuerda Ferrer en carta (de 23 de mayo de 1975) a Eusebio del Prado, condiscípulo de la Escuela, el 5 de julio era cuando se terminaba el curso escolar y se repartían calificaciones y premios.


Firma y sello


El 2 de enero de 1937, Aurelio Herreros Fernández, director del Centro de Enseñanza Integral y Laica de Santander, certifica que “el ciudadano Manuel Gándara tiene un hijo matriculado en este Centro, a cuyas clases asiste asiduamente hace seis años”.


Antes, el 13 de julio de 1933, aparece en un listado de “Maestros laicos  históricos de toda España”, aquellos que “han servido en Escuelas laicas privadas durante el dominio de la Monarquía”.



Junto a él (61 años y 30 de servicios, en Santander) aparecen: Elisa Pérez, maestra de 72 años, con 40 años de servicio y residencia en Torrelavega e Ignacio Linazosoro Pérez, de 42, con 20 de servicio y residencia igualmente en Torrelavega. Con residencia en Santander, Amelia Lavín Laspiazu, de 41 años, maestra, con 26 años de servicio; María Mozo, 30 años y 6 de servicio, y Miguel Comos López de Haro, 30 años y 5 de servicio.

Correspondencia

“Guardo la correspondencia de tu padre como un tesoro testamental. Debería publicarse algún día…”- le escribe a su hija, Mercedes Herreros de Andraca, Ceditas, el 29 de mayo de 1955, tras la muerte del padre, en febrero. “Mi deuda con don Aurelio era inmensa. Incancelable…”. 

Un alumno de la Escuela Laica, Eulalio Ferrer

https://ficcionesdeloreal.blogspot.com.es/2016/07/el-santander-de-eulalio-ferrer-con-sus.html. El Santander de Eulalio Ferrer: El “barrio latino”, hoy “Barrio del Buen Vivir”.

Un retrato en 1948

Está pintado por Ángel Medina (Ampuero, 1924- Santander 2009) y fechado el 20 de julio de 1948, el año que el pintor ingresó en la escuela Central de Bellas Artes de San Fernando tras estudiar en la Escuela de Artes y Oficios con Daniel Alegre.



[Gracias a Ramón Viadero, a Antonio Santoveña y a Fernando Vierna por sus fotos e informaciones].

Leer más sobre Historias familiares

https://ficcionesdeloreal.blogspot.com.es/2013/03/mi-padre-tambien-fue-un-nino-de-la.html, RELATOS FAMILIARES. Mi padre también fue un niño de la guerra.


https://ficcionesdeloreal.blogspot.com.es/2013/04/dorita.html. RELATOS FAMILIARES. Dorita y la quina Santa Catalina.





viernes, 7 de octubre de 2016

EMILY DICKINSON, VIDA INTERIOR

Escribe con símbolos, convive con la naturaleza y el silencio y, ahora, protagoniza una película de Terence Davies…


Nace alrededor de la medianoche del 10 de diciembre de 1830 en Amherst, Massachussets; en la casa familiar de la calle Mayor, conocida como The Mansion o The Homestead, construida en ladrillo por su abuelo en 1813, el mismo lugar en el que pasaría toda su vida y en el que habría de morir cincuenta y cinco años después, en 1886.

“Los datos más interesantes sobre su vida los encontramos en sus poemas y en sus cartas” -explica Margarita Ardanaz, traductora de sus cartas. De los 1.775 poemas que escribió, solo 8 se publicaron en vida de la autora y, además, anónimamente. Escribió 1.049 cartas.

El 25 de abril de 1862, le dice en una misiva a Thomas Wentford: “No he escrito ningún verso, sino uno o dos, hasta este invierno…Me pregunta sobre mis compañías: las Colinas, y el Crepúsculo y un Perro…y el ruido del Estanque al Mediodía…Todos son religiosos, menos yo”. “La religión de Emily Dickinson era la Poesía” -escribe Susan Howe, poeta y profesora estadounidense.

En julio de 1862 se autorretrata para Wentford: “No tengo ningún retrato, pero soy pequeña como el Gorrión y tengo el Pelo hirsuto como el Zurrón y la Castaña, y los ojos como el Jerez que deja el Huésped en la Copa”.

“No establecía diferencias entre vida y escritura” (Margarita Ardanaz)

Sus tareas culinarias, domésticas, el cuidado de sus flores y plantas, o los paseos con su perro Carlo, resumían sus actividades extraliterarias.

La casa familiar, y aun más, su habitación, son protagonistas de su poesía. Para ED “el mundo es su habitación”.

La muerte y sus múltiples caras es el tema que más aparece en sus poemas.

“Emily Dickinson no quiere explicar nada. Quiere que el lector entienda” (MA).

La profusión de elementos naturales (fauna y flora), la elipsis, la utilización del riddle (acertijo, enigma) son algunas de las características de su poesía, junto a ecos lejanos de la Biblia y  la asimilación del mundo dramático de Shakespeare.  “Mientras Shakespeare permanezca, la Literatura se mantendrá firme”- escribe a Wentford en 1871.

En 1862, su año más prolífico (escribe más de 1 poema al día), decide dirigirse (el 15 de abril) al director de la revista literaria The Atlanctic Monthly, Thomas Wentford, pidiéndole consejo literario. Es el principio de 72 cartas dirigidas a él.

Tras la muerte de su padre, en 1874, su reclusión se hace más absoluta. Antes, solo algún viaje esporádico a Washington y Filadelfia, en 1855, con su hermana Lavinia, por motivos culturales (Jenny Lind será la única cantante que llegue a escuchar en vivo), o a Boston, por motivos médicos, para consultar sus problemas de visión en 1864, son las únicas salidas del entorno de Amherst.

Al final de su vida, solo se comunicaba con la gente por medio de notas. “La vida social excluye el progreso espiritual” –explica Susan Howe.

En 1882, muere su madre y le visita un juez de Salem, viudo, amigo de su padre, que le hace una propuesta de matrimonio. Pero este muere dos años más tarde, en 1884, sin que nada haya sido resuelto.

En mayo de 1886  escribe su última carta a sus primas de Boston (les escribirá 77 cartas). Solo dice: “Primitas: Me reclaman”. Muere alrededor de las seis de la tarde el sábado 15 de mayo de 1886. El día 19, en el funeral, Tomas Wentford  lee unos versos de su admirada Emily Brontë: “No coward soul is mine…”.

La poeta Susan Howe en Mi Emily Dickinson, escribe: “Emily Dickinson y Gertrude Stein…se ubican entre las precursoras más innovadoras de la poesía y la prosa modernistas”. Influencia de James Fenimore Cooper y amor por la escritura de Dickens, con quien comparte su obsesión/pasión por los nombres alegóricos y los disfraces. “La vida de ED era el lenguaje, y el léxico su paisaje. La distinción vital entre encubrimiento y revelación es la esencia de su obra”.

Usa el simbolismo. “Mi Vida ha sido un Fusil Cargado”. “En la estructura de los poemas de Emily, cada palabra es una cifra; a través de su signo sensible se oculta otro signo”. (Susan Howe).

SABER MÁS



 https://www.youtube.com/watch?v=7C5XaoNrapQ. Tráiler oficial de la película.


sábado, 17 de septiembre de 2016

AURELIA GUTIÉRREZ BLANCHARD, LA HERMANA PEDAGOGA DE MARÍA BLANCHARD


Hay mucho escrito de María Blanchard, la pintora, pero se conoce mucho menos a su hermana mayor, Aurelia, pedagoga y maestra, que fue asesinada en Valladolid en los primeros días de la Guerra Civil.

El caldo de cultivo: algunos hitos educativos

En 1877, Alice Gulick (Boston, 1847, + Londres, 1903) crea  un pequeño internado para señoritas en la calle Rúa Mayor, 21, en Santander, considerado el antecedente del Instituto Internacional de la Mujer.

María de Maeztu (Vitoria, 1881- Mar del Plata, Argentina, 1948), directora de la Residencia de Señoritas en Madrid (homóloga a la famosa Residencia de Estudiantes) estuvo también unos meses enseñando en Santander, en 1902. Compartió (¿??) en Madrid primera promoción con Aurelia en la Escuela de Estudios Superiores del Magisterio (1909-1912). La misma de Gloria Giner (casa con Fernando de los Ríos en 1912) y Mª Luisa Navarro (casa con Lorenzo Luzuriaga, director de la Revista de Pedagogía).

En Santander, en los años 80 (1885) existe una Sociedad de Enseñanza Laica “compuesta por individuos de todos los partidos políticos y de todas las ideas religiosas”, destinada a niños de 6 a 12 años. Su fin: “cultivar y desarrollar la inteligencia de los niños, iniciándoles en todos los adelantos realizados por la ciencia y el progreso, e inculcarles los deberes y derechos del hombre, a fin de que sean hombres honrados  e inteligentes ciudadanos”.

Algo más tarde (sobre 1902), surge la Escuela Laica de Aurelio Herreros, similar a la Escuela Moderna fundada en 1901 en Barcelona por Francisco Ferrer Guardia (a ella acudirán de los 10 a los 14 años (1931-1935) el publicista Eulalio Ferrer o el padre del pintor Roberto Orallo, entre otros).

Y, en algún momento, en la calle San Roque (hoy, San Celedonio), las hermanas Lavín, América y Amelia Lavín Aspiazu, dirigen la Escuela Laica de la calle San Roque.

Aurelia Gutiérrez-Cueto Blanchard. Su “línea de vida” cultural

Nace el 1 de diciembre de 1877 en Santander y es bautizada en la parroquia de Santa Lucía ??? como su hermana María, nacida en 1881.

Los padres (Enrique Gutiérrez Cueto, periodista, director de El Atlántico (1886-1896), natural de Cabezón de la Sal, y Concha Blanchard Santisteban, “dedicada a las labores propias de su casa”, amante de la poesía,  natural de Santander -según el certificado literal de nacimiento de María Blanchard), viven en el segundo piso de  la calle Santa Lucía, 14, en Santander.

Pasan los veranos en Comillas y Cabezón de la Sal (de allí es su pariente Matilde de la Torre Gutiérrez, prima-hermana, nacida en 1884). Su abuela paterna, Concepción Cueto y Sánchez, natural de Cabezón, tiene casa en Comillas. La casona solariega de los Gutiérrez-Cueto. Allí pasan el invierno de 1893 tras la explosión del Machichaco en Santander. Y desde ahí hacen excursiones a Potes, Ucieda, Santillana del Mar o Puente San Miguel.

La afición familiar por la escritura. Una familia con vena artística

Su abuelo, Cástor Gutiérrez de la Torre, natural de Ucieda, había fundado  en 1856 La abeja montañesa. Su padre, Enrique Gutiérrez-Cueto, periodista, fue director de El Atlántico, de 1886 a 1896. En él publica precisamente Concha Espina (se casará con Ramón de la Serna y Cueto, en 1892) sus primeros versos.

El entorno familiar tendrá una gran influencia en su formación: “tíos y primos que eran escritores, marinos, abogados, religiosas…” – escribe A. M. Campoy. Por la casa de Santander pasan Pereda, Menéndez Pelayo o Amós de Escalante.

Su padre, aficionado a la pintura, no dibujaba mal (da clases a su hermana María en 1891, antes de que tenga un profesor particular).

En Madrid, la casa familiar está en la calle Goya (103 ¿??), donde vive Concha Espina. Esta recibe los miércoles a un pequeño número de contertulios, entre los que se cuentan: Ricardo León, Cansinos Assens, Antonio Maura, Antonio Machado, Gerardo Diego, Lorca, Pilar Valderrama y Félix García, un sacerdote escritor amigo.

En 1904, al morir el padre, la familia se traslada a Madrid (calle Castelló nº 7). Aurelia, la hija mayor, tiene 27 años. Estudia en la Escuela Superior del Magisterio (hay quien dice que pertenece a la primera promoción, junto a María de Maeztu, Gloria Giner o Mª Luisa Navarro) y se casa con Manuel Barahona con quien tiene varios hijos, entre ellos Regina Barahona Gutiérrez (1905-1994) y Elena Barahona Gutiérrez (1912-2010).

En 1909 se crea en Madrid la Escuela Superior del Magisterio, “altamente influida por la Institución Libre de Enseñanza” (que reúne la impartición del grado normal y la formación para la inspección de enseñanza primaria). Los estudios duran tres años. En el curso 1911-1912 se permiten 35 alumnas y 30 alumnos. En junio de 1912 sale la primera promoción. Luis de Hoyos Sainz (Fisiología e Higiene escolar) y Luis de Zulueta (catedrático de pedagogía), dos profesores institucionistas, dan clases en la Escuela. También Ortega y Gasset o Rufino Blanco. Se fija en su reglamento orgánico que los profesores deben ser elegidos siguiendo principios científicos y pedagógicos. (Entre las reformas en la política educativa que reclamaba Manuel Bartolomé Cossío figuraba, ya en 1907, el proyecto de crear un grado normal para inspectores y profesores primarios).

En los primeros días de septiembre de 1914, Aurelia llega como profesora (por permuta con Gloria Giner, en Granada) a la Normal de Maestras de Jaén.



En 1919, desde Almería, escribe a María de Maeztu -a quien se dirige como “mi distinguida compañera”- para solicitarle información sobre la Residencia de Estudiantes [Residencia de Señoritas] para dos discípulas suyas de la Normal de Jaén que quieren tomar parte en las oposiciones a auxiliares de Escuelas Normales. En la carta se despide como “su compañera y amiga” y firma con su nombre completo: “Aurelia Gutiérrez Blanchard” (carta disponible en el Archivo de la Residencia de Señoritas, hoy Fundación Ortega y Gasset-Marañón, sita en la calle Fortuny, 53, en Madrid).



Desde Melilla (calle de Polavieja, 35), el 19 de febrero de 1925, Aurelia solicita a la JAE (Junta de Ampliación de Estudios) una beca para estudiar en Italia durante un curso “el actual movimiento pedagógico”. Se presenta como “profesora de Pedagogía en la Escuela General y Técnica de Melilla” y “procedente de la Escuela de Estudios Superiores del Magisterio”. Como referencia, aporta la de “D. José Rogerio Sánchez, entonces profesor de literatura” en dicho centro. Firma como “Aurelia Gutiérrez” y, en la biblioteca de la Residencia de Estudiantes, no consta que esta le fuera concedida.


En 1926 (13 de marzo), desde Melilla (el membrete dice: Escuela General y Técnica), plaza de Hernández, 8, vuelve a dirigirse a María de Maeztu, en esta ocasión para solicitarle una plaza para una hija suya [¿Regina…?] que quiere seguir sus estudios en Madrid, y le gustaría que estuviera en la Residencia femenina de Estudiantes “por merecer mi confianza en todos sentidos”.  Le pide información sobre condiciones y precios “dentro de la combinación más económica posible” y con la única condición de que no la pongan en una habitación que dé al norte “porque habituada a climas cálidos [Jaén, Almería, Melilla]…es muy sensible al frío…”. También le pregunta por los tranvías desde la Residencia  a la calle de Villanueva (¿por la Biblioteca Nacional…?). Se define como “amiga y compañera”, y firma: “Aurelia Gutiérrez Blanchard. Profesora de Pedagogía en la Escuela General y Técnica. Melilla”.


A esta carta responde con prontitud (aunque no aparece firmada  -en lo que parece una copia al carboncillo), el 16 de marzo, María de Maeztu. Se dirige a Aurelia como “mi distinguida compañera y amiga”, y le comunica que -aunque siempre tienen la casa llena- “tratándose de una hija de usted y como ahora son muchos los pabellones”, pueden hacerle un hueco. Le adjunta un reglamento de la Residencia y una hoja de inscripción, y respecto a la habitación soleada, le dice que no debe preocuparse porque pronto empezará el calor en Madrid y lo que se busca en esos momentos es, precisamente, “un cuarto más bien fresco”. También le informa de los tranvías que, desde la residencia, llegan a la calle de Villanueva. Se despide como su “affma. buena amiga”.

En abril de 1932 es Directora interina de la Escuela Normal del Magisterio Primario de Melilla.

Antes,  fue  profesora en el Instituto General y Técnico de dicha ciudad (Mª Ángeles Sánchez Suárez en Mujeres de Melilla hace un amplio estudio de esta etapa).


El Telegrama del Rif, del 28 de junio de 1928 recoge en su portada los “Actos en honor de los catedráticos de la Universidad de Granada”; entre ellos, la visita a la exposición artística del Instituto General y Técnico y la “fiesta teatral organizada por la profesora doña Aurelia Gutiérrez Blanchard…“en la que se representa la obra El sueño del estudiante, “original” de la “citada culta profesora”.


El 24 de junio de 1930, el mismo periódico recoge la noticia de la “Exposición de trabajos de los alumnos del Magisterio”. Es el alumnado de 4º curso, que “asiste a las clases de Pedagogía y Prácticas de enseñanza, dirigidas por la culta profesora doña Aurelia Gutiérrez Blanchard”.


De ser protagonista de la noticia, pasa -en octubre de 1931- a publicar, firmadas con su nombre, sus reflexiones sobre “La reorganización de la escuela primaria”. Habla ya de escuela “activa”, un lugar “donde el niño desarrolle libremente su actividad”; de edificios sencillos, pero alegres, higiénicos  “y con expansión amplia al exterior…Escuela-taller es lo que hace falta”. Abomina de la ratio de “60 a 100 niños en una escuela de párvulos…alineados en las eternas mesas-banco”, hechos que también criticó María Montessori, “la gran redentora de la infancia”. Habla de los “almacenes” de niños; de los maestros, que han de luchar contra imposibles (“no hay sistema nervioso que resista”);  para concluir con un “¿Lo que debe ser?...Ni uno más de treinta niños matriculados”. Se apoya para ello en informes de la Cámara de los Comunes de Inglaterra o en su propia observación de las escuelas de Ginebra, en Suiza (¿Becada por la JAE???).

En un segundo artículo sobre el tema, se explaya sobre la necesidad de que existan suficientes escuelas nacionales para todos, “en tales condiciones que los padres más exigentes puedan mandar a sus hijos con toda tranquilidad… En ellas, los maestros deben defender “fieramente” la calidad de su trabajo. Su papel: “hacer trabajar intensa, eficazmente, con gusto, con alegría” a los niños.

Concluye diciendo que a los buenos maestros “hay que empezar a hacerlos, no desde la Normal… sino en la más tierna infancia”.

Unos meses antes, en El Popular de Melilla, había publicado el 23 de marzo de 1931 -poco antes de las elecciones de abril de 1931- el artículo ¡Mujer, despierta! En él, tras referirse a la carta del juez Kingmann en un diario de Chicago en 1872 sobre lo que significó el derecho al voto de las mujeres (“No solo he visto grandes ventajas y beneficios para la vida pública, sino también para la vida doméstica…”), alecciona a las mujeres de Melilla a que voten,  a que entren en la vida política, a que se acostumbren a “laborar” en el campo político y social, advirtiendo que “solamente los partidos demócratas y socialistas han logrado despertar y unir a ellos la conciencia de las mujeres para la lucha por sus derechos” [En 1931 las mujeres no tenían aún derecho de voto, pero podían ser elegidas diputadas, como de hecho lo fueron Clara Campoamor, Victoria Kent y Margarita Nelken].

Y el 7 de julio de 1931, en Crisol, firma la columna "Hablando con los mineros del Rif", donde expone el resultado de su "investigación". El artículo pasa revista a distintos temas: salario, régimen de vida, la vivienda y la higiene, asistencia de enfermos y heridos, despidos, aspiraciones..."Hay que ponerse fervientemente de su parte [en la exigencia de una enseñanza digna] -concluye-: escuelas donde se formen seres libres, fuertes y conscientes, no borregos para el matadero, no criaturas inermes, carne propicia a toda explotación".


La culta profesora

En los artículos citados, la “culta profesora” doña Aurelia hace referencia a “grandes pedagogos e innovadores modernos, como Claparède, Dewey, Decroly, Ferrière, Cousinet y otros [Herbart, citado más tarde]…”. Se refiere a países que ya han iniciado una renovación total en la enseñanza primaria, como Austria. Y habla de que en España también existen “apóstoles de la Nueva educación” y maestros que, “inspirándose en sus principios vivificadores, realizan una labor interesantísima…”.

Además, ella escribe, o adapta, la obra El sueño del estudiante para ser representada en el Instituto General y Técnico ante los catedráticos procedentes de la Universidad de Granada, que venían a examinar.

Valladolid, punto de destino



El 27 de febrero de 1935, desde Valladolid, (el membrete de su carta pone “Escuela Normal del Magisterio. Profesora de Paidología. Valladolid”, Aurelia se dirige a María de Maeztu por última vez (según las cartas que custodia el Archivo de la Residencia de Señoritas, hoy Fundación Ortega-Marañón).

En esta ocasión, le comunica que se ha enterado por la Gaceta de que ha dimitido la directora de la Residencia de niñas, y se postula – con un amplio CV- como posible candidata. Es una carta muy interesante porque está llena de datos sobre su vida. “…No soy joven ni vieja, 57 años. Estoy ágil y fuerte, gozando de buena salud. Ni dependo de nadie ni nadie depende de mí, ya que de mis cuatro hijos, tres están ya casados. La más pequeña y soltera [¿Elena…?] obtuvo plaza el 31 [1931] y es maestra de la graduada de Fuencarral, así que vive por sí, pudiendo”.


“No me falta experiencia del gobierno de una casa”- continúa- “y 20 años de profesora, diez de ellos en Pedagogía…”.

Además, habla bien el francés y conoce el inglés y el italiano. “Tengo cultura literaria y artística bastante amplia ya que, aparte de la que podría adquirirse en nuestra carrera, mis circunstancias de familia y ambiente me han sido favorables a ella”.


En cuanto a cualidades, cree poseer “tacto social y carácter apacible y transigente sin excluir la firmeza necesaria”.

Por si necesita referencias, le aporta los nombres del Sr. Zulueta [Luis Zulueta, catedrático de Pedagogía] y la señora Cebrián (directora de la Normal del Hipódromo), así como del inspector Sr. Ballesteros [Antonio Ballesteros y Usano, inspector general de Primera Enseñanza] “que conoce bien mi labor como organizadora de la Normal de Melilla” y, fuera del terreno oficial, “a la señorita Maravilla Segura, directora del Colegio Paidós”.

Y termina: “Como voy ahora a parar tres o cuatro días en Madrid…”.

Quizá si hubiera estado en Madrid cuando estalló la guerra, se hubiera salvado…

La investigadora vallisoletana Chusa Izquierdo, del colectivo “Contra el olvido”,  ha estudiado la represión al magisterio tras el golpe de estado de julio de 1936.


Solo en la provincia de Valladolid fueron asesinados (asesinatos judiciales, con juicio, y extrajudiciales, sin juicio), encarcelados, inhabilitados (depuración administrativa y sanciones e incautación de bienes hasta principios de los años 50) y desterrados  más de 200 profesoras y profesores (maestr@s, profesor@s  de instituto y de universidad), entre ellos, Aurelia Gutiérrez Blanchard, defensora de las corrientes de la nueva escuela europea y muy implicada en la renovación educativa de la Segunda República. Ella fue asesinada en el verano de 1936, antes incluso de que salieran las listas de profesores sancionados (desde el 5 de septiembre).

http://www.elnortedecastilla.es/culturas/libros/201507/27/delito-docente-1936-20150727165043.html. El delito de ser docente.

DOS CARTAS EN EL ANTIGUO ARCHIVO DE SALAMANCA, HOY CDMH

El 20 de junio de 1931, desde el Instituto General y Técnico de Melilla, donde ella es profesora de Pedagogía y regente de la sección del Magisterio, dirige una carta al ministro de Estado, Alejandro Lerroux, pidiéndole ayuda  “a favor de una hermana mía y tres hijos, la menor de seis años y el mayor de quince, enfermo de una hemiplejia”.


Al parecer, su cuñado, durante su estancia en América, cónsul en Bogotá, habría caído en desgracia, y le suplica piedad para él y su familia.

Al final de la misiva, le dice: “Si desea informarse de mí, pudiera hacerlo de los señores Barnés y Zulueta”.


El 12 de mayo de 1935, en ese momento profesora de Paidología en la Escuela Normal del Magisterio, en Valladolid, se hace eco de haber enviado al señor director del periódico Libertad cinco pesetas cuyo destino es “la subscripción a favor de los niños huérfanos de los obreros asturianos muertos en la revolución”.


Su hija, Elena Barahona Gutiérrez-Cueto. Y la saga continúa…

Nació en Madrid en 1912 y murió en Barcelona en 2010.

En 1931, fue militante del partido Republicano Radical Socialista.

“…profesora, cenetista, hija de la pedagoga Aurelia Gutiérrez-Cueto Blanchard, asesinada por los franquistas en Valladolid, siendo directora de la [Escuela] Normal de Maestros”- escribe su yerno, Juan Manuel Escudero (Badajoz, 1972), en su blog Revolatura.

En 1974, Elena interpone un recurso contencioso-administrativo contra la denegación de trienios el tiempo es que estuvo separada del servicio, del 1 de abril de 1941 al 24 de marzo de 1957. La sentencia del Tribunal Supremo dicta que se le reconozca este tiempo [16 años], “todo ello sin hacer expresa imposición de costas” (BOE nº 138 del 10 de junio de 1975).

Su nieta, Elena Isabel Miguel Barahona, será “también profesora de primera enseñanza y de segunda, licenciada en Lengua Inglesa por la Universidad de Barcelona”.

Toda una línea de mujeres relacionadas con la educación durante más de un siglo…

SABER MÁS

http://www.rtve.es/alacarta/videos/dias-de-cine/maestras-republica/2447567/. Las maestras de la República, presentación del vídeo.

[Gracias a la Residencia de Estudiantes y a la Residencia de Señoritas, hoy Fundación Ortega-Marañón, y a sus bibliotecari@s, por su ayuda y su amabilidad].

HABLANDO CON LOS MINEROS DEL RIF [Artículo de Aurelia en Crisol]

He aquí el resultado de una investigación hecha en las minas del Rif. Los obreros, libremente, me han dicho cómo viven y lo que quieren. Oigámosles:

Horas de trabajo hasta el día de la huelga: En la Española, diez horas; en la Setolázar, nueve y media.

Salario: 5´50; de este salario, los que residen en Melilla, se costean el viaje de ida y vuelta en camioneta, que les cuesta 1´25 y 1´50, según la mina a que se dirijan.

Cuando no hay bastante carga para el número de vagones que tenemos obligación de cargar, aunque estemos trabajando hasta las cinco y media. Nos pagan solo los tres cuartos del salario.

Régimen de vida: Los que vivimos en Melilla nos levantamos, invierno y verano, a las cuatro de la madrugada; entramos al trabajo en la Setolázar a las seis y media, en la Española, a las seis; a las doce comemos, claro está que por cuenta nuestra, y por cierto que con una escasez o una carencia total de agua, lo cual en verano resulta insoportable. El agua, transportada desde lejos, servía para todo antes que para nosotros; ahora han hecho un depósito y creemos mejorará este punto, pero lo sufrido nadie nos lo quita.

(La experiencia propia acrece mi piedad. Un día de excursión a las minas sufrimos los excursionistas de esa terrible sed de los mineros. Por fin descubrimos agua en unos recipientes herrumbrosos, pero se extraía sumergiendo en ella un cacharro, no menos herrumbroso, que había andado de boca en boca. Nos dijeron la echaban allí trayéndola en mulos, y cuando se acababa volvían a rellenar el recipiente).

De una a cinco y media, trabajo sin descanso, a pesar de la brutal fatiga que nos produce, pues en la cantera es durísimo; el mineral pesa mucho y hay que cargarlo sobre la espalda; esta y las manos se desuellan y sangran; sobre las llagas hay que seguir cargando hasta no poder más; las manos acaban por encallecer de tal modo que parecen de madera.

-       Este -dice uno de los mineros señalando a un compañero de unos veinte años- se halla tan resentido del trabajo, que le tienen que poner con frecuencia botones de fuego.

(La cara, pálida y demacrada del muchacho, atestigua sobradamente la trágica veracidad de la afirmación).

-       En presidio se está mejor – asegura otro-. Yo fui a ver a un compañero preso en Victoria Grande (la cárcel) , y me decía: “Chico, esto es la gloria; por lo menos se come como nosotros no podemos comer”.

Pero la minería les ata al infernal suplicio…¡La miseria, implacable aliada de los opulentos accionistas de las minas del Rif!...Ellos, en Bilbao, Paría, Londres, etc, viven sin preocuparse más que de sus dividendos…

El conflicto actual no se podía solucionar fácilmente; hay que contar con ellos, y están dispersos en gran parte. Entretanto, una ciudad de 60.000 almas, ha pasado dos días angustiosos invadida por centenares de hombres desesperados y justamente agriados por tantas penas. Su comportamiento no ha podido ser, sin embargo, más noble ni más correcto.

Sigamos, pues, buceando en el cúmulo de injusticias de que han venido siendo víctimas durante largos años, aunque no señalamos sino las más salientes.

-       ¡Ese papel es poco! – me dice uno con amarga ironía-. ¡Ahí no caben todas!
Inversión del salario: Ya sabemos lo que ganan. Veamos ahora lo que disfrutan del producto de su trabajo.

La mayor parte del salario se da en los economatos establecidos por la Compañía. Para pagar les entregaban antes, en vez de dinero, unas fichas, por lo que había, forzosamente, que comprar allí, conviniera o no conviniera. Ajora un tanto por ciento (el 30) nos lo dan en dinero y, apuntándolo en libretas, compramos a crédito en el economato los géneros que necesitamos.

En la Española el economato resulta mejor que en Setolázar. En general, sale caro; por ejemplo: una caja de cerillas, que en Melilla cuesta 10 céntimos, en los economatos cuesta 20, o sea el doble; el azúcar, que en esta ciudad (puerto franco) cuesta 60 céntimos kilogramo, en los economatos vale a 90. Dicho está que el menor contratiempo nos sume en dificultades enormes. En casos de apuro, en el economato de la Española facilitan algún dinero, que con mil fatigas y recrudecimiento de miseria se va descontando del salario. En la de Setolázar no se hacen adelantos; únicamente alguna vez por especialísimo favor del ingeniero, han proporcionado una pequeña suma en circunstancias graves. Para enterrar al padre de un compañero hicieron, recientemente, una suscripción entre los mineros; unos céntimos cada uno, que representan, sin embargo, alguna privación para el donante, no ya de lo superfluo sino de lo  indispensable; pero si no se ayudan entre ellos, ¿quién les va a ayudar?

La vivienda y la higiene: Para los casados hay en las minas unas viviendas con dos habitaciones pequeñas donde se hacinan las familias, con frecuencia numerosas. Ya se sabe que cuanto más pobres más hijos tienen. Para ventilación de ambas habitaciones, solo una puerta y una ventana. El espacio, el aire, el sol y la luz han sido tasados avaramente, aunque los solares no costaban nada. Ante todo, ahorrar ladrillo y mano de obra; por eso los techos son muy bajos. Cubiertos de madera, anidan en ellos toda clase de bichos asquerosos. No hay agua corriente. Para cada tres casa, un retrete inmundo, pues, al carecer de agua, se atascan enseguida, Además, como las casa son tan pequeñas, los utilizan para guardar cosas: trastos viejos, carbón, etc…

Si un individuo de la familia cae enfermo, es de imaginar el conflicto: al lado suyo duermen, guisan y  comen sus allegados, expuestos a contraer la dolencia si es contagiosa; pero, no habiendo enfermería, no cabe otra solución.

La vida de los solteros no resulta más placentera ni más cómoda. Para ellos hay unos barracones con el techo de chapa, que deja pasar todo el frío, allí muy vivo en invierno, mientras en verano se caldean como hornos. Están sucísimos…”Allí se vive como los animales, pero a veces”, dice un minero. Las camas son de tablas atravesadas; sobre ellas, un colchoncillo de paja que se agencia el minero, así como la ropa…Abundancia fantástica de parásitos… “La miseria le come a uno allí”, afirman con asco. Carecen de retretes; agua, ni soñarlo; las fuentes están lejos.

Con esto y el corto salario, la limpieza es un lujo: cuesta mucho adquirir la ropa, hacerla lavar y recoserla al que no tiene mujer, y cuando hay muchos hijos, falta para pan y para jabón. Algunos compran una camisa y la tienen encima hasta que se les pudre, Los más limpios se mudan cada ocho días; pero esto, ¿qué es?, si con el polvo y el sudor del minero ya se puede pensar cómo se pondrá la ropa. ¿Lavarse a diario?, ¿bañarse…? ¡si falta el agua hasta para beber!

El que no sea sucio se tiene que acostumbrar a la suciedad y a hacerse poco escrupuloso. Suben allí gitanas con ropas usadas, gorras, zapatos de sabe Dios quién. Muchos lo compran por barato y se lo ponen sin…Lo nuevo sale tan caro y, además, el trabajo lo hace viejo en dos días.

Asistencia de enfermos y heridos: Como ya se ha dicho, no hay enfermería, solo un botiquín.

El médico reside en Melilla, donde tiene su principal clientela y su consulta. Por mucho que corra, es difícil que llegue a tiempo en un caso urgente. Con frecuencia se ven padres que bajan a la ciudad con el hijo gravemente enfermo.

El sistema resulta, pues, inhumano. No se concibe tal abandono donde los obreros están expuestos a tantos accidentes y percances. Además, si el doliente necesita médico, ha de gastar en camioneta para bajar a Melilla si vive en las minas; en cambio, como las curas se las hacen a todos en el botiquín, si reside en la ciudad, ha de subir a la mina, con el consiguiente gasto de camioneta más la molestia de hallarse invalidado fuera de su casa, pues ha de pasar el día allá arriba incómodamente, tirado bajo un árbol o recostado en unas piedras. En invierno, con el mal tiempo, es aún peor.

El soltero, aunque esté herido, mientras pueda ponerse en pie, necesita salir a comprarse alimentos y guisarlos. En la casa de comida le llevan tres pesetas y en la Setolázar solo le pagan 2´75, por lo cual no le llega el socorro para costearlo. En la Española les dan tres cuartos del salario; en la Setolázar, solo la mitad, o sea, 2´75 pesetas.

-       Para que nos den los tres cuartos – dicen- hay que acudir a la Justicia, pero como entonces se vengan echándonos a la calle en cuanto pueden, hay que callar y aguantar el abuso.

Despidos: Siempre se han hecho arbitrariamente, según le parece y conviene a la Compañía.

Esta ha realizado ganancias fabulosas, y siempre ha pagado miserablemente al obrero, tratándole con la inhumana desconsideración que evidencian los anteriores fidedignos datos.

Ahora ha echado a la calle a 250 obreros (CRISOL protestó hace tiempo denunciando el propósito). Así se ha originado el conflicto  no solo a esos infelices y a los que con ellos hubieron de solidarizarse por imperativos de su conciencia moral, sino a toda una ciudad. Melilla se fue a la huelga general sin previo aviso, fue bajo la presión de las circunstancias, y quién sabe si con ello no se han evitado males más graves.

Los obreros melillenses acogieron en sus pobres hogares a sus compañeros de las minas, compartiendo generosamente el pan con ellos. La Compañía admitía esquiroles moros y conservaba los que antes tenía con salarios de 4 y 4´50 pesetas, son contar los numerosos moritos de corta edad que, por un exiguo estipendio, trabajaban como esclavos. Una colisión entre los indígenas y los desesperados obreros españoles hubiera podido tener fatales consecuencias. Funestos recuerdos acudían a la mente de los melillenses en estos días.

La Compañía alega no necesitar esos obreros. Cumpliendo lo preceptuado con respecto a la jornada de ocho horas, trabajo de los niños, etcétera, y utilizando los progresos de la técnica para alivio de los obreros y no para ahorrar mano de obra, no tendría que hacer esos despidos, agravando el problema del paro.

Aspiraciones de los mineros del Rif: No exigen aumento de salario; solo que no se despida a nadie, que se establezca la jornada de ocho horas y que se les transporte a las minas gratuitamente por cuenta de la Compañía, que se higienicen las viviendas y se les atienda mejor en enfermedades y accidentes.

Insisten mucho, y ello les honra, en exigir que el problema de la enseñanza de sus hijos se resuelva mejor; lo que tienen es insuficiente y no les convence en su orientación, inspirada en conveniencias patronales. Hay que ponerse, fervientemente, de su parte: escuelas donde se formen seres libres, fuertes y conscientes, no borregos para el matadero, no criaturas inermes, carne propicia a toda explotación.

-       No queremos que nuestros hijos vivan como nosotros…Volvemos deshechos del trabajo, y ni tiempo tenemos de leer los que sabemos (1).

En este grito dolorido vibra la aspiración recóndita de todo ser humano a su liberación espiritual, que es, en suma, lo que persiguen las masas oprimidas al luchar aparentemente solo por la conquista del bienestar material a que, por lo demás, tienen perfecto derecho.

(Firma) Aurelio GUTIÉRREZ BLANCHARD

Melilla, 7 de julio 1931

(1)  Anoche me ha dicho un obrero que se vigilaban en las minas las lecturas de los obreros, prohibiéndose ciertos periódicos.